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Madonna: los 7 pecados de la Reina Madre del pop (en 2012)

In SuperPop on 20 abril, 2012 at 1:00 am

[Versión íntegra sin editar del artículo que publiqué en MujerHoy el pasado 31 de marzo]

Madonna lo tiene complicado. O al menos, lo tiene más complicado hoy que hace 10 años. El trono de la Reina del Pop sigue siendo indiscutiblemente exclusivo de sus reales posaderas, pero despues de una década de discos irregulares y cancion es enfocadas a la pista de baile puede ocurrir que: a) una se despierte un buen día y vea cómo el resto de las ninfas del pop han crecido;  y b) comprobar con horror cómo éstas se han destapado como feroces fieras de exultante sensualidad y eficacia contrastada a la hora de vender discos por todo el globo. ¿Les suena de algo? Estamos en 2012 y, darling, en la tele hay princesas para todo tipo de público. Es como escoger un bolso.

Visto el patio de divas, Madonna reclama lo que es suyo en este 2012: a sus 53 años, estrena película tras pasearla por todos los festivales y recibir las críticas como quien es a prueba de balas, anuncia disco con gira mundial y es posible que matrimonio, el terecero ya, con Brahim Zaibat, según la prensa británica. Teniendo en cuenta que tiene aún calentita la firma de un contrato para tres discos y un millón de dólares estimados por cada uno, todo indica que hay Madonna para rato. Una vez prohibido el uso del tópico “la última reinvención de la reina del pop” en estas páginas, hay que preguntarse qué hay de nuevo, vieja.  En el fondo, ya les adelanto, estamos ante el mismo animal de siempre: una fabulosa superviviente.

  1. Envidia: así está el gallinero

Un repaso rápido a cómo está el panorama de estrellas ayuda a entender el lugar actual de Madonna en el star system. Con inocencia e imaginación, Katy Perry domina al público de instituto con su pop rosa chicle, cantando sobre fiestas y borracheras y corazones a punto de estallar. Algo más macarra, Rihanna se ha terminado mudando al equivalente musical de los barrios periféricos, el territorio asfaltado del nuevo choni pop, marcado por relaciones dramáticas con tuneadores de coches, el falso lujo y toneladas de tinte flúor ideal para ese chunda-chunda que sale del maletero.

En el otro extremo, Adele y Beyoncé parecen de la aristocracia, elegantes y preciosas, siempre tiesas en sus sillas. Y luego están las que realmente podrían suponer una amenza, un parricidio en toda regla: Britney Spears y Lady Gaga. La primera sigue bien las enseñanzas de la Reina Madre del Pop: cuando no hay cómo inventarte y nada profundo que decir, pon a la gente a bailar, siempre funciona. La segunda es la heredera de la etapa más oscura de la cantante de Like a Virgin, aquella chica-artista travesti, dominatrix, en tacones y cuero que jugaba con crucificos y hábitos de monja. Si Spears es la miniMadonna de los noventa, la Gaga es la viva imagen de la artista en los negros 80. Cuidado, rubia, que estas otras (rubias) vienen con ganas.

  1. Ira: Madonna contra todo y contra todos

No podría haberse calculado mejor. La reciente aparición de Madonna en la Super Bowl, uno de los eventos XXL del año, le dio una audiencia de 114 millones de personas para presentar su nuevo trabajo, MDNA. No fue una actuación precisamente tímida, aunque Madonna tampoco tuvo que enseñar chicha, a lo Janet Jackson. No, lo de la Super Bowl fue un espectáculo faraónico donde decenas de bailarines y músicos caían rendidos a los pies de su Cleopatra, entre desfiles, acrobacias, deportes extremos, coreografías, cambios de vesturario, alta tecnología, algo de play-back por si las moscas (no intenten estos pasos de baile en casa) y el medley como arma de destrucción masiva: ¿cómo resistirse a una actuación que encadena sin interrupción Open Your HeartLike a PrayerExpress YourselfVogue y Music, adornada por el popularísimo Sexy and I Know It? Es como zapear por los últimos 25 años de historia de la música pop.

Allí también se escuchó su primer single, la pegadiza Give Me All Your Luvin’, donde la Ciccone ha recuperado cierto espíritu pop y frívolo de sus inicios. Tiene un estribillo que parece pensado para ser coreada por un ejército de animadoras de fútbol, gags humorísticos, bailes tontorrones, parodias del star-system y autoparodias (¿Dick Tracy? ¡¿Madonna vestida de Marilyn?!), mensaje positivo, heroísmo y feminismo de tebeo, exceso y excentricidad. Parece un cómic, y no otro vídeoclip retro con bolas de espejo y calentadores, y se nota que se lo ha pasado en grande rodándolo. En efecto: el vídeo de Give Me All Your Luvin’ recuerda al divertidísimo Telephone de Lady Gaga y Beyoncé.

Ah, cualquier atisbo de ira en el espectáculo de la Super Bowl no fue cosa deMadonna, sino de una de sus invitadas a cantar en Give Me All Your Luvin’, la estrella del pop underground más guerrillero y militante M.I.A. La peineta a la cámara fue suya, pero el gesto contó con el apoyo de la Reina Madre, así que minipunto para las chicas. Bravas.

  1. Gula: se alimenta de otros y de sí misma

Madonna siempre ha tenido ojo para rodearse de aquellos que saben sacarle partido a sus justos recursos, desde los míticos Nile Rodgers y Prince de los inicios a los recientes The Neptunes y David Guetta, con parada en Nellee Hooper y Björk en los años 90. Aunque su colaboración más frúctifera en la última parte de su carrera ha sido con William Orbit, responsable del giro de la cantante en Ray of Light (1998) hacia un sonido dance moderno (en contraposición al vintage que la ha dominado después) y a la vez muy orgánico y popular, con esa guitarra acústica marca de la casa que también está en Give Me All Your Luvin’ (Orbit es uno de los productores del nuevo disco). En la Super Bowl, Madonna volvió a dar en el clavo dejándose acompañar por dos de los nombres mas radioformulados de los últimos meses: Cee Lo GreenLMFAO.

Y pocos días antes del lanzamiento de MDNA hemos asistido a una paradoja que demuestra el entorno tan canibal que rodea a la cantante. Madonna presentaba un adelanto de apenas 30 segundos de su último video-clip, Girl Gone Wild, y faltó menos tiempo para que florecieran las acusaciones de plagio. La damnificada era ni más ni menos que Lady Gaga, la alumna aventajada que, decíamos arriba, tan bien ha reciclado, entre otros trucos, la imagen sado-chic y homoerótica de la Madonna de finales de los 80. Así que a ver si nos enteramos: más que plago, autoplagio. Madonna copiandose a sí misma.

  1. Soberbia: la coartada artística

La primera película de Madonna como directora, titulada W.E., no busca tanto una coartada política o social de los debuts en la dirección de otras estrellas (Angelina Jolie y su In the Land of Blood and Honey) como el deseo de Madonna de ser tratada como artista, como una personalidad de talento y sensibilidad. La película cuenta la historia de un personaje con el que es difícil que Madonna no sienta simpatía: Wallis Simpson, la mujer que consiguió que Eduardo VIII abdicara del trono británico a favor de su hermano, que terminaría reinando junto a la Reina Madre. Wallis fue una mujer señalada como la divorciada que había casi hechizado al rey, mitificada como criatura sexual y por sus simpatías nazis, en concreto hacia Hitler. La propia Madonna tiene su casa cerca de aquella en la que un día vivió Wallis, lo que termina de vincular aMadonna no sólo al personaje, también a una suerte de sensibilidad british. Aristocracia chic en la monarquía más pop del planeta, la británica.

Madonna también ha intentado apuntalar su imagen de artista respetable desde la literatura, en concreto desde la infantil. Su serie de libros ilustrados The English Roses ha sido best-seller y explotados en otros países y otros formatos, como el audiobook. Sobre sus trabajos como actriz, podría darse el caso de que el fracaso estrepitoso de Barridos por la marea, dirigida por su entonces marido Guy Ritchie, barriera cualquier intención a corto plazo.

  1. Avaricia: la rubia ambiciosa

Madonna ha sacado además una línea de ropa con su hija Lourdes María que tiene sus propias divisiones de calazado y perfume. Pero esto no es nuevo. Con la crisis discográfica acusando la caída de la venta de discos, los músicos deben centrar el negocio en los directos. Madonna ha sido una excelente empresaria en este sentido. Según Billboard, la cantante fue la tercera artista más rentable en directo durante la década pasada, solo superada por los incombustibles Rolling Stones y la pirotecnica rock de U2. La cantante terminó 2009 con unos ingresos de 800 millones de euros sólo en directos.

Su acuerdo para trabajar durante 10 años con el sello Live Nation en 2007, que puso fin a toda una carrera bajo la explotación de Warner (desde 1982), fue uno de los denominados contratos 360 y cubre todas las facetas de un artista, desde discos a giras, productos de márketing, películas, venta de DVD y acuerdos de patrocinio. En su día se valoró entre 100 y 120 millones de dólares. El pasado diciembre, a este contrato se sumó otro con la discográfica Interscope (casa de Lady Gaga y Lana del Rey, entre otras estrellas femeninas de hoy) por tres discos, el primero de los cuales es este MDNA. Valor estimado de la operación: 40 millones de dólares.

  1. Lujuria: el sexo a los 50

Poco a poco, el sexo ha ido perdiendo presencia en el trabajo Madonna, dirigido últimamente a reivindicar el más puro hedonismo: himnos a la fiesta, a la música como experiencia sensorial y a todo lo que nos hace sentir bien. Sólo ha recuperado el rol de mujer fatal cuando ha tenido que dar alguna lección a sus díscolos discipulos, como Britney Spears (en el vídeo de Me Against the Music) y Justin Timberlake (en 4 Minutes). Precisamente a Britney y Christina Aguilera ya les dio un buen repaso de las lecciones aprendidas besándolas en la boca en medio de una gala de la MTV.

Y es que hay cosas que no cambian. Precisamente para su nuevo videoclip, en el que le acusan de plagiar a Lady Gaga, ha contado con la presencia del modelo Jon Kortajarena, un español que recuerda a aquel Antonio Banderas al que quiso meter entre sus sábanas. A esa Madonna encaprichada del torero.

  1. Pereza: todo lo que se le perdona

La mala noticia es que, en lo estrictamente musical, la Madonna de los años 2000 ha pasado como de puntillas por nuestra vida, casi sin darnos cuenta. Todo lo que hay entre el fallido American Life (lanzado en 2003, y donde la Material Girl se saltó todos los controles de calidad al recurrir a la estética de icono guerrillero-pop a lo Che Guevara) y su último trabajo, MDNA, es una enorme pista de baile presidida por dos bolas de espejos, los dos discos Confessions on a dance floor y Hard Candy, y un éxito incontestable, Hung Up, donde fusilaba con acierto y estilo a Abba.

¿Ha perdido Madonna el olfato? Hay signos. Ni siquiera su obsesión con la electrónica francesa justifica haber llamado a Martin Solveig, autor de algunos de los hits más artificiales que se recuerdan, como otro de los productores de MDNA. De la misma forma que llamar a Timabaland, Pharrel Williams y Justin Timberlake para que te produzcan un disco en 2008 (Hard Candy) es llegar, por lo menos, un lustro tarde al pop urbano.

Y, en esencia, se le perdona que siga empeñada en llevarnos a la pista de baile por muchos años que pasen, cuando ha demostrado otros registros e intenciones. A Madonna se le intuye, por que así lo ha dejado ver, una vida espiritual cuanto menos activa. Estaría bien que, para variar, dejara de intentar empujarnos a bailar.

Lady Gaga se come (crudo) a su público (en Madrid)

In SuperPop on 13 diciembre, 2010 at 7:23 pm

 

[Ahí va la crítica del concierto de anoche de Lady Gaga en el Palacio de los Deportes de Madrid, que sale hoy en Público.es]

Un minuto para la polémica de la jornada: como recordaba Lady Gaga en un momento de su concierto, la primera vez que actuó en Madrid, en febrero de 2009, apenas unas 400 personas pudieron disfrutar de su show. Ayer, la cantante, convertida ya en un monstruo de la celebridad, volvía a la capital para ofrecer un espectáculo de mediano formato para unas 15.000 almas en el Palacio de los Deportes. El problema es que al menos otras doscientas se quedaban en la puerta sin poder verla. Esta vez el motivo era otro: la venta de entradas falsas, según la policía y la organización, a través de Internet, algo de lo que estaban al corriente porque algo similar ocurrió el pasado 19 de noviembre, a las puertas de este mismo recinto, en el concierto de Shakira. Anoche, los rumores llegaron a cifrar en 4.000 los afectados por la falsificación.

Y ahora la chicha. De entrada, siempre es de agradecer, para quien ha pagado su entrada a una media de 75 euros, poder amortizarla con un concierto de dos horas de duración. Pero para eso se necesita un repertorio de bulto, algo que Lady Gaga no tiene a estas alturas de su carrera, con apenas disco y medio en la calle. La artista tiene un arsenal de hits que se disparan, vuelan solos e impactan como pepinos y unos videoclips que ayudan (mucho) a que entren mejor otros que no lo son tanto (ahí está Alejandro y su estribillo más bien tontorrón). Pero sus álbumes lastran temas de relleno, y más de uno activaría todas las luces rojas.

De la misma forma, en cuanto escenografía, es difícil mantener el ritmo 120 minutos entre cambios de vestuario, decoración y telones que suben y bajan, entre proyecciones de vídeo, largas reflexiones obre la fama y, de paso, consejos dirigidos a la autoestima del respetable. “En el instituto fue una freak, pero mi madre me dijo que todos llevamos dentro una superestrella. Vosotros también”, venía repetir una y otra vez.

Mientras en la calle se montaba jaleo a costa de las colas y las entradas falsas, en el interior del Palacio los amigos de la casa Semi Precious Weapons (graban en el sello de la artista, Haus of Gaga) ejercían de teloneros con un garage-rock que es más fashionista que peligroso. Mucho mejor fue la selección posterior de éxitos de Michael Jackson para calentar el frío recinto hasta que la silueta Lady Gaga, armada de unas hombreras desproporcionadas, irrumpió en un escenario que simulaba un callejón, con sus escaleras, sus carteles de neón y su coche aparcado (que resultó esconder un piano).

La bandera por pareo
La selección de canciones fue la misma que en Barcelona: la notable Dance in the dark, con ese recitado final que recuerda tanto al de Vogue de Madonna, fue la encargada de abrir la noche, seguida por la floja Glitter & Grease y el éxito que la hizo popular en todo el mundo, Just Dance. Y a bailar todos. Con Beautiful dirty rich la estrella, sus bailarines y el escenario se volvieron un cabaret, que mutó en discoteca con The fame (y su solo insufrible de ese guitarrista que vestía como Slash). Y paso al primer cambio de vestuario (una túnica cubista de color rojo con la que debe de ser imposible moverse) y el primer speech de la noche. Fin del primer bloque de concierto con imágenes de la artista en plan caníbal, manchada de sangre y con carne en las manos. Telón.

Desde el interior de un pequeño vagón de metro, Lady Gaga salió con otro disfraz reconocible (ese que cruza el hábito de monja con las tiritas en los pezones del rollo sado-maso) y Love Game. “Yo no era valiente. Vosotros me habéis hecho valiente”, decía la artista: “Quiero liberaros. Cuando salgáis de aquí quiero que os améis a vosotros mismos”. Y un “Madrid es sexy” para dar paso a Boys boys boys, su homenaje a su público gay, un tema que en directo y rodeado de tipos en calzoncillos se defiende mucho mejor que en disco (“glamaphonic, electronic, d-d-disco baby“).

Pero a la penosa Money Honey no salva ni una guitarra con teclado de forma piramidal. Todo lo contrario que ese single-comedia que es Telephone (con la voz de Beyoncé grabada), una de las canciones por las que sea recordado este 2010. Bandera de España al aire (y de ahí a su culo) y turno de tocar el piano.

Sus verdaderos fans
“Aún recuerdo aquel pequeño concierto que di la primera vez que vine a Madrid. Me di cuenta de que tenía aquí verdaderos fans”, dijo tras sentarse ante su instrumento e interpretar las dos únicas concesiones a la calma de la noche: Speechless y la muy Elton John You and I, adelanto de su próximo disco, Born this way. La terna formada por So Happy I Could Die, Monster y, sobre todo, Teeth (que fue estirada hasta el paroxismo de la cantante) entrarían sin duda en ese purgatorio de las canciones de relleno de antes, y formaron el bajón de un concierto que ya acusaba el cansancio.

Pero no hay nada que no levante una traca final con Alejandro, Poker Face, Paparazzi y Bad Romance, además de un monstruo en el escenario, un cruce entre piraña y planta carnívora, que no puede ser otro que la maldita fama. Cuatro canciones que reúnen todo aquello que hace a Lady Gaga la mejor en lo suyo: vender pop del siglo XXI, desbordante de tensión sexual, espíritu lúdico, glamour asequible a las audiencias de la tele y buen reciclaje de ideas ajenas, cuanto más extremas, mejor.

De verdad: no tiene sentido comparar a Lady Gaga con ninguna otra artista actual (Britney Spears) o pasada (Gwen Stefani). No tiene que ver con los medios de los que dispone. Ni con el equipo que tiene detrás. Tiene que ver con la gracia. Y ella, si consigues no tomártela muy en serio (ya será el tiempo quien la ponga a la altura de Madonna o a la del retaco Christina Aguilera), tiene una gracia irresistible en todo lo que hace. Además de grandes ideas para sí misma, algo de lo que otras estrellas de sesera hueca no pueden presumir.

Foto: EFE

En defensa de ‘Eclipse’

In Believe the hype, Hambre, SuperPop on 2 julio, 2010 at 12:39 pm

[Reúno las dos críticas de Eclipse que he hecho para Time Out y Público: en muchas aspectos coinciden, en otros se complementan. De forma conjunta, creo que arrojan algunas ideas sobre el fenómeno e intentan poner algunas cosas en su sitio. En esencia: por favor, basta de comparar Crepúsculo con Déjame entrar o con Entrevista con el vampiro. Si queremos culpar a la saga de algo, que sea de ser mojigata, pero no más argumentos sobre su traición al mito del vampiro. Basta de decirle a las nuevas generaciones qué tienen que ver, leer y escuchar, y basta de tratar de imponerles dónde está el verdadero espíritu romántico del chupasangre. Que a veces nos comportamos exactamente igual que ese pariente mayor que va de listillo. Dejemos que los jóvenes descubran a sus mitos, que ya tendrán tiempo de desprenderse de ellos más adelante]

Director: David Slade
Género: Fantástico / Romántico
Reparto: Robert Pattinson, Kristen Stewart y Taylor Lautner
Duración: 124 minutos

Decir que con Eclipse por fin se le han caído los dientes de leche a las adaptaciones a cine de las novelas de Crepúsculo, que ya pueden presumir de colmillos, no es un chiste fácil. Recordemos que la primera de la por ahora tetralogía literaria (el reciente superventas La segunda vida de Bree Tanner viene a ser un spin-off que su autora, Stephenie Meyer, se ha sacado de la manga para contentar a fans y editores) fue llevada a la gran pantalla en 2008 por Catherine Hardwicke, responsable en su día de aquel drama adolescente más o menos indie que fue Thirteen. Y Hardwicke parecía no ser del todo consciente de qué era lo que tenía entre manos.

Ya fuera culpa de un presupuesto modesto (no todas las reencarnaciones del mito del chupasangre cuentan con Cruise, Pitt y Banderas, como Entrevista con el vampiro) o por una cuestión de materia prima (la primera novela es la más centrada en el romance y vista hoy en contexto, la más inocentona de las cuatro), Crepúsculo se quedó justito a un paso de los telefilmes de sobremesa. Un dramón de instituto sobre una chica insoportable a la que todos se empeñan en proteger de lo que no quiere ser protegida. Lo sobrenatural era cosmética.

Eclipse está más cerca en el tiempo y las formas de Luna nueva (Chris Weitz, 2009), a pesar de que su rodaje se puso en marcha, con mucho olfato, cuando ésta aún no se había estrenado y el fenómeno cinematográfico no terminaba de cuajar en términos similares al literario. Pero se nota que el presupuesto ha crecido paralelo a su consolidación en taquilla. Eclipse, además de estar mejor hecha (repite Javier Aguirresarobe en la fotografía, lo que le dota de un tono apagado y mayor profundidad de campo), supera por suerte la endogámica relación (virginal siempre) entre el vampiro Edward (Robert Pattinson) y la pánfila Bella (Kristen Stewart).

Y funciona mejor cuánto más profundiza en sus márgenes, cuanto más aleja el plano de ambos personajes para mostrar cuestiones como el origen de la familia Cullen, la relación triangular de la pareja con el hombre-lobo Jacob (Taylor Lautner), las verdaderas intenciones de los temibles Vulturis o la aparición de un ejército de neófitos con colmillos que hará que licántropos y vampiros unan sus fuerzas contra un enemigo común. Porque desde el principio sabemos que habrá que esperar todavía para ver el desenlace del maldito romance, que no puede sino estirarse mientras tanto como un culebrón.

Sorprende la elección de David Slade en la dirección, colaborador del sello Warp y cuyos vampiros en 30 días de oscuridad están en las antípodas de los de Crepúsculo y más cerca del terror sobrenatural de Chris Cunningham. Slade corre algunos riesgos y aporta detalles nunca antes asumidos, como cierta violencia estilizada, ironía (menos mal que estas criaturas empiezan a no tomarse demasiado en serio), morbo explícito y, por qué no, escenas de acción para equilibrar lo que a veces parece un desfile de nuevos románticos.

Que quede claro: no es que, a estas alturas, Eclipse vaya a convencer a incrédulos de lo que es y lo que no es, pero lo que no tiene sentido es seguir comparando Crespúsculo con películas como Déjame entrar. Como serie, no ha hecho más que crecer. Y a ver si dejamos de una vez que sus espectadores también se hagan mayores.

Publicado en TimeOut

El tiempo en Crepúsculo también es algo sobrenatural: se puede decir que a estas alturas, la historia está casi, casi igual que al principio. Eclipse, tercera película de la serie de novelas de Stephenie Meyer, arranca con Edward y Bella tumbados, como romanos y bien iluminados, en un campo de flores digno del anuncio de un perfume de Lancôme, intentando enterrar bajo excusas morales el impulso sexual (Bella) y la sed animal de merendarse a la amada hasta dejarla sin una gota de sangre (Edward). Exactamente igual que en las dos primeras.

Por suerte, en Eclipse el romance parece congelarse durante un par de horas para desarrollar historias paralelas, no antes de que Bella llegue a sorprendernos con su concepción del matrimonio (“es sólo un trozo de papel”, le dice al vampiro) y con, por fin, ciertas necesidades sexuales, que para eso es una adolescente. Eclipse ya era la mejor novela del lote, la más oscura y la que ofrece una reflexión más profunda sobre la muerte y sus implicaciones, así que no es difícil que esta sea la mejor de las películas rodadas hasta el momento.

Ayuda su apertura a tramas secundarias autoconclusivas (o no: por ahí vaga Bree Tanner, protagonista del nuevo best-seller de la Meyer, que seguro tendrá su propia película), las secuencias de acción y el trabajo de Javier Aguirresarobe, que dota al filme de un tono adulto y profesional que le faltaba.

Por lo demás, abstenerse incrédulos: Eclipse no enganchará a los que siguen pensando que Crepúsculo juega en la misma liga que Drácula. Igual que High School Musical no tiene nada que ver con West Side Story.

Un reparto que crece

Según dijo en Madrid la guapísima y más bien pija Ashley Greene, encargada de dar vida a Alice Cullen, poder trabajar para tres directores distintos en las tres películas de Crepúsculo les ha permitido que sus personajes crezcan y se enriquezcan… dentro de unos límites. Por Madrid no pasó el trío protagonista (Robert Pattinson, Kristen Stewart y Taylor Lautner), que ya lo hizo hace unos meses con Luna nueva, pero sí estuvo Xavier Samuel, el malísimo de esta entrega. Una pena no poder conocer a Jodelle Ferland, encargada de dar vida a la pequeña Bree Tanner, porque no será la última vez que la veamos.

El director y su música

David Slade es inquietante. Dirigió una película sobre un pederasta atrapado en su propia trampa (Hard candy) y adaptó al cine unos vampiros (30 días de oscuridad) que se parecían a aquella adolescente de cabeza de alien que anunciaba PlayStation. Más interesante es su trabajo para el sello Warp, donde rodó vídeos para LFO y Aphex Twin. Su gusto le ha hecho tomarse en serio la música de Eclipse, aunque paga peaje (sí: Muse, otra vez), ha colado a Battles, The Black Keys, Vampire Weekend y Band of Horses.

Publicado hoy en Público

Hannah Montana quiere pegar el estirón (y no le dejan)

In SuperPop on 1 junio, 2010 at 11:40 am

Tiranías del mundo del pop: Miley Cyrus parece luchar contra todos para poder desprenderse de la piel de Hannah Montana, que durante cinco años ha marcado a una audiencia que ha crecido con ella bajo el paraguas de Disney. Compañía y la propia cantante/actriz/diseñadora y autora de best-sellers quieren que entendamos que es hora de crecer.

No basta con endurecerle el look a base de negro, eyeliner gordísimo y peinado a lo Avril Lavigne: hay una guerra civil dentro de esta chica que va camino de los 18, como dejó ver en la rueda de prensa de ayer en Madrid. El motivo era múltiple: nueva película, disco y concierto este fin de semana en Rock in Rio.

A un lado estaba Cyrus, chica de carne y hueso que quiere dar el estirón: la película, La última canción (estreno: este viernes), no tiene nada que ver directamente con el personaje de Hannah Montana. Es la historia de una adolescente insoportable que termina encontrando el buen camino, escrita por el superventas cristiano Nicholas Sparks.

O sea: se le puede ver con actitudes que nunca se darían en la tele, pero dentro de unos límites, claro. “Disney me ha dejado madurar un poquito”, reconocía ayer. “Estoy muy orgullosa del personaje de Hannah y de haber inspirado a muchas jóvenes. Ahora intento crear mi propio personaje, mi imagen, algo en lo que no sé si los demás tienen mucha confianza…”, lamenta.

Ayuda a verle crecidita que no venga acompañada de su omnipresente padre (en la vida real y en la ficción televisiva) y escucharla hablar de temas impensables en la serie de Disney Channel, como religión y sexualidad: “Soy una persona espiritual, pero mi religión gira alrededor del amor, que es lo que falta en el mundo. Le he dedicado una canción de mi nuevo disco a mi mejor amigo y peluquero, que es gay. Quiero que no se le discrimine”, soltó.

Y al otro lado está su alter-ego de Hannah Montana, cabeza de cartel del día dedicado a la familia en Rock in Rio el domingo, donde esta evolución personal no se verá acompañada necesariamente de un salto en lo musical, y eso que ayer repitió que era fan de Radiohead (a los que considera “un grupo que se porta mal con sus fans”, según dijo): “Mi público es de 12-18 años, y a ellos les gusta el pop”, dijo. ¿Miedo al encasillamiento? “No: no se puede satisfacer a todo el mundo. No puedo fijarme en lo que quieren los demás sino en lo que yo quiero”, zanjó. Esto debe ser la cacareada madurez.

Murakami, el rey del pop

In SuperPop on 16 marzo, 2010 at 6:39 pm

La cuestión es devorar con dignidad, sin morir de indigestión con la barriga hinchada. Consumir seleccionando ingredientes. Engullir las señales que nos rodean, los carteles de las calles, los iconos de las revistas, las marcas de bolsos y zapatos, y lanzar al mundo una bonita pasta de masticado rápido y masivo.

Haruki Murakami (Kioto, 1949) es el Gran Zampador. Sus libros parecen delicadas y equilibradas porciones rellenas de armonía, hechas con los restos de los anuncios de pollo frito empanado y el estribillo en inglés de esa canción que no para de sonar en la radio. Con ellos, como con esas patatas fritas compulsivas, cuando haces pop ya no hay stop.

Su nueva novela, After Dark (Tusquets), sale hoy a la venta en España y promete volver a ser el objeto cultural de la temporada. Murakami es como Auster: el autor de moda, el que todo el mundo quiere leer.

Hemos cogido esta pequeña novela de 250 páginas y hemos separado los ingredientes habituales de sus historias, desde las bandas sonoras que elige de acompañamiento a esos detalles sobrenaturales que dan misterio. Puede que, como más de uno ha dicho, Murakami, con esa pasión que tiene por la música, siempre nos toque la misma canción. Puede. Pero qué bien suena.

La ciudad moderna

Las dos historias paralelas que forman After Dark se desarrollan en Japón (por su panorama repleto de sobreinformación e hiperconsumismo se pasean adolescentes otakus y hikikimoris), aunque bien podrían ser cualquier otra capital mundial repleta de Starbucks y 7-Eleven, con una activa vida nocturna y con exceso de pantallas colgadas de la paredes, que parecen ventanas a otros lugares.

Esto es parte del éxito de Murakami en todo el mundo: que lo que pasa podría suceder en tu ciudad.

Los estereotipos

Una modelo de éxito tan anulada por la soledad que ha decidido abandonarse a un sueño eterno encerrada en casa, un músico de jazz con aspecto de estrella del grunge, una estudiante capaz de dejar la comodidad de una taza de café para ayudar a una prostituta, un oficinista aparentemente anodino que esconde una brutal personalidad… Son los estereotipos de Murakami.

Su función es mostrar las miserias de la vida, especialmente la soledad y las aspiraciones frustradas, todas las expectativas no cumplidas.

También sus personajes son seres universales, capaces de esconder la más profunda reflexión debajo de un diálogo aparentemente localista y superficial. “¿Qué valor tiene una civilización incapaz de hacer a uno las tostadas tal y como las pide?”, se queja uno de ellos al comienzo de la novela ante una ensalada de pollo. Peor: ¿No hay mayor preocupación que ésta cuando todo lo que nos rodea es confort?

La irrealidad

After Dark se desarrolla lo largo de toda una noche. Arranca a la medianoche en una cafetería y se extiende hasta las siete de la mañana. Como uno de sus personajes resalta en un momento, a estas horas el tiempo y el espacio se estiran y deforman, revelando formas extrañas. Murakami es un maestro en capturar la capa de irrealidad que cubre lo cotidiano y hacer brillar en plena oscuridad a unos personajes que parecen fluorescentes. Lo onírico está presente de manera más explícita en el personaje de Eri, la modelo convertida en Bella Durmiente, cuya realidad comienza adquirir el aspecto de una espesa pesadilla.

Suspense y misterio

En estas páginas pasan cosas impredecibles que mantienen al lector alerta, en tensión: un extraño que se sienta a cenar en la misma mesa que una chica a la que no conoce sin pedirle permiso previamente, un acto de violencia en un love hotel, una televisión que se enciende en mitad de la noche a pesar de estar desenchufada…

Murakami es fan de David Lynch y en ciertos momentos, After Dark adquiere la textura de Twin Peaks, o de una película de nuevo terror japonés tipo Ringu: ese horror que emana de la tecnología cotidiana, como teléfonos móviles, cintas de vídeo y televisiones. La imagen de una modelo tumbada frente a una televisión que palpita es puro simbolismo, puro Murakami.

El cine

After Dark comienza con un zoom en toda regla sobre un paisaje urbano y un narrador que parece comportarse como una cámara. Enfoca, aleja, difumina. Incluso avisa al lector de hasta dónde puede ver en las imágenes que le presenta. “Por ahora, eso es todo cuanto podemos juzgar”, dice en un momento el narrador, que siempre busca nuestra complicidad.

La música

No podía ser de otra forma: el título de la novela hace referencia a un tema musical, Five Spot After Dark, de Curtis Fuller. Viejos éxitos de Burt Bacharach, Duke Ellington, Martin Denny, Ben Webster y hasta Pet Shop Boys sirven de hilo musical a After Dark.

Prueba esto

Franz Kafka

Murakami no se esconde: su
novela ‘Kafka en la orilla’ es
un homenaje confeso al autor
checo, que se puede decir que
se levanta de la tumba para
protagonizar la historia de un
adolescente inmerso en un
viaje sin vuelta atrás. En 2006,
Murakami fue galardonado
con el premio Kafka por tener
una sensibilidad similar.

J. D. Salinger

Cuando Murakami publicó su
novela más popular, ‘Tokio
blues. Norwegian Wood’
(1987), muchos lo calificaron
como el Salinger japonés por
mostrar las obsesiones de la
adolescencia (el sexo, la muerte,
la felicidad) y un componente
autobiográfico sobre sus
años universitarios. De fondo,
la canción de los Beatles.

Paul Auster

Sólo Auster puede competir
con Murakami por el título de
“autor de culto que vende más
millones de libros en todo el
mundo”. Como narradores,
ambos creen en la magia de la
literatura (donde todo es posible
y creíble porque la novela
ante todo debe ser ficción) y en
unos personajes sometidos al
antojo de lo impredecible.

John Irving

“Son mi guía, mis maestros
y mis mentores”, ha dicho el
propio Murakami sobre los autores
a los que ha traducido al
japonés, como Scott Fitzgerald,
Raymond Carver o John Irving,
un autor de su misma generación,
también convertido en
‘best seller’ y que siente predilección
por grandes historias
para mostrar cosas pequeñas.

Borges

En una entrevista a un diario
argentino, Murakami echaba
balones fuera: “Borges es
un gran escritor, pero nunca
me sentí muy atraído por su
trabajo. Creo que su imaginación
es, cómo decirlo, mucho
más terrenal que la mía. ”.
Comparten una visión cosmopolita,
un mundo propio onírico
y ciertas obsesiones.

Autor cándido, libro cruel, por Alberto Olmos

Haruki Murakami es un escritor de literatura infantil para adultos. Probablemente es el único escritor del mundo que practica ese género. Hay muchos novelistas que alternan las obras infantiles con las obras “serias”, siendo casi siempre pésimos en ambas. De todos los consejos que he recibido desde que escribo libros, ninguno más repetido que este: escribe libros para niños, te forras.

Murakami se forra en España. Vende mucho y me alegro. Me gusta Murakami. Me gustan los títulos de sus libros y me gusta criticarlo. Al contrario de lo que pueda parecer, uno no es fan de los escritores que lo hacen siempre bien, sino de los escritores que están intentando hacerlo bien. Eso te permite estar de su parte. Con Ray Loriga también me pasa.

Murakami tiene algo que tiene Loriga: mola. Murakami es pop, tuvo un bar, tradujo a Carver al japonés, nos encanta su nombre. Y tiene algo que no tiene Paul Auster: se cree lo que escribe. Mientras que Auster nos engaña una y otra vez con sus estupideces y sus declaraciones enrolladas, el autor nipón es la generosa luz de la inocencia (que diría Aleixandre).

Inocencia de ideas, sobre todo. En sus libros asistimos a una exposición de tópicos casi ofensiva. No todo se aprende en la escuela (Kafka en la orilla), el amor es los más  importante (Sputnik, mi amor), la juventud nunca volverá (Tokio Blues), el dinero no da la felicidad (Al sur de la frontera, al oeste del sol). Estamos a punto de tirar el libro a la basura cuando entendemos el mensaje de Haruki-kun: sé un niño, y cree.

Entonces disfrutamos. Disfrutamos del niño ideal: todo imaginación, sencillez, mirada curiosa. Leemos a Murakami como escuchamos a nuestro hijo venir de la escuela y contarnos lo que ya sabemos. Nos ponemos a su altura para darnos cuenta de nuevo de
que la vida está hecha de cosas maravillosas.

Haruki Murakami, finalmente, lleva la inocencia al mal, y la crueldad en sus libros da escalofríos. El diablo visto con los ojos de un niño da mucho más miedo, porque el niño no le tiene miedo y narra sin parpadear. El resultado es adictivo, como volver a casa. Pocos autores tienen la suerte de Murakami: conseguir que leer sea, por una vez, estar en familia.

* Alberto Olmos es escritor, autor de los libros ‘Trenes hacia Tokio’ y ‘Tatami’

Publicado en Público.es el 6/10/2008

La doble vida de Hannah Montana

In Fandom, Hambre, SuperPop on 24 febrero, 2010 at 12:03 am

Como Superman, Hannah Montana tiene una doble vida. Para salvar su intimidad y la de su familia, el superhéroe esconde su cara detrás de las gafas de pasta más grandes del mundo y se convierte en Clark Kent. Y nadie podría reconocerlo con esa cara de pánfilo. La historia de Hannah Montana es similar: una joven de 16 años, Miley Stewart, quiere mantener su privacidad y la de los suyos a salvo del brillo y los focos que acompañan a Hannah Montana, la superestrella pop en la que se convierte con sólo ponerse una peluca.

Con este planteamiento tipo superhéroe para chicas, la serie de televisión se ha convertido en un fenómeno las últimas dos temporadas para un público que va de los 6 a los 14 años. Fenómeno televisivo y discográfico que ahora asalta los cines con Hannah Montana: La película, que se estrena el 8 de mayo en nuestro país y que en su debut en EEUU fue el filme más visto del fin de semana del 10 de abril, recaudando 34 millones de dólares.

Dirigida por Peter Chelson (¿Bailamos?), que ayer confesó que no había visto la serie cuando aceptó dirigirla, la película recupera el espíritu familiar de las comedias de Disney de los años 60.

Su argumento, como en una de Marisol, parece sacado de la propia vida de Miley Cyrus (1992), encargada de interpretar a Hannah Montana y a su álter ego. Temeroso de que la chica se vuelva tarumba por el éxito, su padre se la lleva una temporada a su Tennessee natal, al caserón familiar, donde tendrá que centrarse en cosas más mundanas, como arreglar el granero o cantar bluegrass en el porche con primos y abuela. O enamorarse por primera vez.

Para empeorar el conflicto de personalidades, Miley ha venido a España acompañada del que es su padre en la realidad y en la ficción. “Algún día tendré que dejar de trabajar con él, y será triste porque todo lo que ocurre en pantalla entre nosotros es natural. Pero es verdad que es algo que me vendrá bien para crecer profesionalmente”, dijo ayer, con acento sureño y chicle fijo en la boca, tras confesar qué es lo que le ha vuelto loca de España: los huevos estrellados.

Paparazzi fuera

Ni que decir tiene que la joven Miley Cyrus también creció en ese mismo paisaje de Tennessee, entre calabazas y cowboys. “Ha sido como volver a casa, algo muy importante para mí. Llega un momento en que tienes una doble vida. De hecho, en medio de la vorágine en que se ha convertido todo los últimos años, si no fuera por la película no podríamos haber vuelto a casa, a nuestras raíces, a descansar”, dice.

A pesar de tanto revuelo (“todavía me parece raro ver en las tiendas pañuelos de Hannah Montana y cepillos de dientes: ¡alguien se lava los dientes con mi cara!”), Miley tiene los pies en el suelo: “Es un honor que la gente quiera ser como yo. Pero no me gusta que me llamen ídolo. Una cosa es que haya chicas que quieran tener mi pelo, pero no pueden querer ser yo: eso es imposible, cada uno somos únicos”.

Lo peor, dice, son “los paparazzi y la ausencia de privacidad al trabajar en la tele. Es una locura tener una cámara siempre delante. Hay gente respetuosa y otros que sólo quiere ver cómo pierdes los nervios. Entonces, mejor quedarse en casa. Pero lo bueno compensa con creces lo malo. No se puede decir que estoy perdiendo mi juventud. Me gusta lo que veo desde aquí arriba”, ríe.

Miley es consciente de que ser chica Disney no es algo fácil de controlar. Que se lo digan a Britney Spears. Por ahora, no tiene prisa en abandonar su imagen y saltar a hacer algo… sexy. “Quiero hacer películas, pero no cualquier película. Y si tengo que parar un tiempo para recapacitar, lo haré”. Por lo pronto, no tiene pinta: tras estrenar la tercera temporada de la serie le espera gira mundial (junto a su padre, cantando ambos) y para 2010, una película que ha escrito para ella el escritor cristiano Nicholas Sparks.

Harry Potter y su novia, al salir de clase

In Fandom, Hambre, SuperPop on 23 febrero, 2010 at 11:57 pm

No hay magia que pueda evitar los peligros de la adolescencia, dijo David Barron, productor de Harry Potter y el misterio del príncipe. La cita refleja los problemas hormonales de un grupo de estudiantes que, aunque mágicos y prodigiosos, ya rondan los 16. Potter, que se dio un primer y casto beso en la anterior Harry Potter y la Órden del Fénix (2007), es ya un jovencito lampiño, que debe prepararse para un destino terrible mientras se enfrenta a los cambios propios de su edad. Entre ellos, dudas existenciales, triángulos amorosos, la necesidad de pertenecer a un grupo y conflictos con la popularidad en las aulas.

Un tono que también ha subrayado la actriz Emma Watson, encargada de dar cuerpo a Hermione Granger desde la primera entrega. Según dice, El misterio del príncipe “se parece más a una comedia romántica que las anteriores. Hacemos frente al primer amor, a los celos, a la inseguridad y las cosas habituales que suponen salir con alguien”.

Los elixires amorosos están a la orden de día en los pasillos de Hogwarts, que más que nunca aparece como una institución decadente, con fisuras que muestran que el mundo de los magos está tan lleno de mierda y corrupción como el mundo muggle, que es en el que nos movemos el resto. Ni siquiera es un sitio seguro y estrena medidas de seguridad dignas de un instituto tomado por estudiantes armados. Por sus esquinas, los alumnos se abrazan como en una Roma a punto de devorarse a sí misma. Hermione debe resolver un conflicto con Ron Weasly (Rupert Grin), aunque a ninguno de los dos les faltan otros pretendientes de lo más ardientes. Y Harry se ve atrapado en un lío con la hermana pequeña de su mejor amigo, que a su vez está saliendo con otro. El enredo está servido.

En lo fantástico, el mundo de El misterio del príncipe también es como un cristal agrietado a punto de saltar por los aires, preludio del conflicto que estallará en la última entrega, Harry Potter y las reliquias de la muerte, y para el que Harry lleva años preparándose. La película respeta la estructura de las anteriores y se centra en un año académico en Hogwarts. Destaca la llegada de un nuevo profesor al colegio, Horace Slughorn (Jim Broadbent), un snob de cuidado al que le gusta hacer reuniones elitistas con alumnos sobresalientes.

Demasiado viejo para ti

La edad real de los actores, que ha ido por delante de la de sus personajes debido al cambio de política original de rodar y estrenar una entrega por año, ha sido un problema insalvable para algunos, como es el caso de Christian Coulson, intérprete del inquietante Tom Riddle en 2002 en Harry Potter y la cámara secreta, y que hoy tiene 30 añazos. Riddle es una de las claves de la historia, ya que su infancia, mostrada en flashbacks, es la niñez del mismísimo Lord Voldemort. Otro actor, Daniel Radcliffe (Harry), también ha mostrado públicamente su ganas de abandonar un rol que le lastra demasiado a la infancia y su deseo es saltar a propuestas más adultas.

Al igual que en La Órden del Fénix, detrás de El misterio del príncipe está David Yate, cuarto realizador de la serie después de Chris Columbus, Alfonso Cuarón y Mike Newell. Conocido por sus trabajos para televisión, Yates se puso al mando tras el rechazo de Guillermo del Toro y también lo hará en la última adaptación, Las reliquias de la muerte, que se estrenará en dos partes en 2010 y 2011, en un intento por exprimir una gallina que tiene los días contados.

Públicado en Público.es el 13/7/2009

Gráfico: Álvaro Valiño

Pain: la canción del verano es un videojuego

In Carne con moratones, Gamefilia, Pildorazos, SuperPop on 21 febrero, 2010 at 11:27 pm


Digo que igual que hay canción del verano, debería haber videojuego del verano. Venga, el mío es Pain. Es fresquito, inmediato y pegajoso. Y sencillo: cuanto más daño, mejor. Es de disfrute inmediato y está pensado para ser tomado de forma repetida pero en sorbos cortos, como una canción pop. O sea, funciona mejor a base de repetición. Es un no-parar, una y otra vez, pim-pum-pam: imposible quitarme de la cabeza esas animaciones elásticas, esas colisiones tan fabulosamente aparatosas, esa exhibición de agilidad y destrucción. Es puro Jackass, es amor por la tirita. Como lanzarse a una piscina sin agua. Debe de ser este calor.

El otro día, a raíz de espectaculares explosiones de Red Faction: Guerrilla, pensé en lo gratificante que viene siendo desde los primeros tiempos de Mario o el Arkanoid eso de destruir el entorno. Pain es destrucción y, bien encajado, dolor y carcajada a partes iguales, porque consigue transmitir ese algo que te empuja a llevarte las manos a la entrepierna de forma inconsciente cuando vemos una de esas caídas indeseables sobre un patín. Y como un Skate sin tabla (esto es más parecido a disparar al fabuloso hombre bala desde un cañón, a ver dónde rebota), invita a grabar los hostiones y colgarlos de YouTube. Ahí van mis primeros tortazos.

¿Acabará algo tan machacón empalagando cuando llegue septiembre? Por lo que he visto, es algo rácano en posibilidades y escenarios: tiene disponible nuevos modos delirantes y más gansadas para descargar en PSNetwork que prometen estirarle la vida como un chicle, pero que suponen un robo a mano armada. También otros modelos que lanzar contra las paredes, como David Hasselhoff, al que siempre da gustirrinín usarlo como saco de boxeo. Como fenómeno a explotar me parece la leche. Cinco minutos más y lo dejo.

PD: Después de los diez días de vacaciones, tengo el bolsillo de las canciones del verano lleno. La Gaga me ha perseguido, desde Dublín a Jerez de la Frontera: parece que ser que todos escuchamos lo mismo. Todo su disco es un disco de verano, imposible de olvidar después de un par de escuchas. Genial la tía, tenga pene o no, como dice la rumorología popular.

Y sino les gusta, tengo otra. Está va con letra, para poder tararearla a gusto.

Y sino otra.

Y otra, que arrastro desde el verano pasado en Ibiza.

Y otra (uuuuuuuh!).

Y otra, de las evocadoras.

Y otra.

Y una para las noches de chiringuito hippie.

Al final me salió un disco entero.

Publicado en Gamefilia el 15/8/2009

¡Los Beatles en Rock Band!

In Antiguos Maestros, Gamefilia, Hambre, Hooliganeo, Pildorazos, SuperPop on 30 enero, 2010 at 9:34 pm

Ya es definitivo y oficial, después de que MTV soltara la liebre en octubre: los Beatles contarán con su propio Rock Band, siguiendo el ejemplo de otras bandas como Metallica y Aerosmith, que ya han probado el éxito de los videojuegos musicales en sendas versiones de Guitar Hero. Tal y como está la industria, debe de ser más rentable que cualquier reedición en estuches deluxe.  El grupo, un clásico de la inamovilidad y del combate con dientes por sus derechos, terminó hace poco cayendo bajo la dominación del todopoderoso iTunes (algo que parecía impensable tras su largo contencioso contra Apple), y ahora lo hace bajo el no menos influyente Rock Band. Definitivamente, algo está cambiando. Solo pido una cosa: ¡El Sgt. Pepper completo, por favor!

Más o menos fusilo de la nota de prensa. Se trata de un acuerdo entre Apple Corps, S.A., Harmonix y MTV Games, filial de Viacom’s MTV Networks y será lanzado en una fecha mágica: el 9 del 9 del 2009. Estará disponible en varios formatos (incluido un cofre en edición limitada), para Xbox 360, PlayStation 3 y Wii. Lo mejor está casi al final: “El juego ha sido concebido por Sir Paul McCartney y Ringo Starr, junto con Yoko Ono y Olivia Harrison”. Y se espera un aluvión de material descargable previo pago. Inevitable peaje.

Agridulce como manzanas, pero felices, coño.

Web oficial para fans con nata: http://www.thebeatlesrockband.com/

Publicado en Gamefilia el 5/3/2009