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Cómo sobrevivir diez días a la Wii (ay, que me vuelvo casual)

In Asuntos internos, D.I.Y., Gamefilia, NoFicción on 26 enero, 2010 at 11:53 pm

Es lo que tiene irse de vacaciones a los Alpes con la familia: uno sabe que puede morir por sobredosis de Wii para combatir el frío. Todavía con los acertijos del Profesor Layton en la cabeza (me resisto a cerrar la DS y enfrentarme al tan poco fiable Wiimote; suspiro de resignación), he decido organizar por categorías todas mis posibilidades de triunfar como jugador casual/esporádico con la consola de Nintendo, con la que llevo un tiempo que ni me hablo. En resumen, el desafío que me lanzo a mi mismo puede plantearse así: ¿es posible que el jugón que hay en mi sobreviva con algo más de media docena de juegos de aspecto facilón, a una temperatura de seis grados bajo cero y con una familia numerosa loca por hacer el ganso frente a la pantalla? Les aseguro que lo he intentado todo.

Opción A: Empacho navideño de turrón y novedades

Tanto tiempo intentando hacer un chiste cultureta con Trauma Center: New Blood (que si sus excelentes títulos de crédito recuerdan a Anatomía de Gray, no, mejor recuerda a Doctor en Alaska), y al final, he sufrido lo que Steven Poole llama “pánico cognitivo” en Edge, pero en versión domestica, es decir: estrés por un tubo. El simulador de cirujano (es un decir) de Atlus me ha puesto malito de los nervios, hasta el punto de llamar puta a una de las pacientes, creo recordar que una pobre niña que necesitaba urgentemente un transplante de marcapasos. Mi madre no creía lo que estaba saliendo mi boca. La cosa, que se resume en mover con rapidez y habilidad instrumental como el bisturí, la aguja y las jeringuillas mientras luchamos contra el tiempo y las constantes vitales del paciente, fue a peor: en un momento determinado, debemos eliminar una extraña enfermedad degenerativa llamada Estigma con un láser quirúrgico, en plan shooter pero rodeado de bazos y riñones palpitantes por todos lados. La experiencia me trajo a la cabeza al dúo de música electrónica Matmos y su disco A Chance to Cut Is a Chance to Cure, creado a partir de sonidos extraídos del cuerpo humano. Hmmmm. Tras esto, lo intente seriamente con Wii Music, pero tras un par de horas me resulto el titulo menos serio del catalogo de Miyamoto. Unas veces me parece un producto casi infantil destinado a educar el oído, otras el hermano tonto de Guitar Hero; la mayoría, un juego a medio cocinar. Al lado de su contención sonora y sus trajes de etiqueta tan bien planchados, Samba de Amigo ha sido el colorido chute de calorías necesario en estas fechas: tan fractal y tropical como una piña, las maracas me parecen lo de menos ante el buen rollo que destila. ¿Alguien ha probado a jugarlo borracho? Al menos, es uno de esos juegos que se dejan ver mientras otros lo juegan. En este momento, lamento la selección de juegos que metí en la maleta y no haber pensado un poco más en mí mismo. No pido disparos ni aliens, me conformaría con haber traído el contemplativo Endless Ocean y sacar fotos a mantas y delfines bajo el mar; cuánta paz. Probabilidad de sobrevivir con éxito: 35 por ciento.

Opción B: Mi primo Wario nunca falla

Cierto que los clásicos nunca fallan, el problema es otro: ¿Cuántas variantes de Mario puede soportar el ser humano en poco más de una semana? Super Mario Galaxy sigue siendo unos de mis juegos favoritos de Wii. Tiene tantos detalles, secretos y posibilidades que volver a el es casi una necesidad después de un tiempo alejado del reino champiñón. Te hace apreciar todo lo que hace diferente a los videojuegos: sus excesos sencillamente no serian viables en otro medio de expresión. Habría sido mi salvación… si no fuera por Super Paper Mario, ahora si, posiblemente mi juego favorito de Wii. Volver a jugarlo (también con su trillón de puertas escondidas y sus estrellas esperando a ser coleccionadas) es una gozada animada que me recuerda a la época mas arty de Nintendo, junto al fantabuloso Zelda: The Wind Waker (cachis, también lo deje en casa). Pero no seria ético pasar mi tiempo con ellos teniendo en mis manos el más reciente Wario Land: The Shake Dimension, que, sorpresa, resulta ser un plataformas en 2D en la más pura tradición de Nintendo. Siento predilección por el personaje y su vuelta a un genero de los saltos es un viaje en el tiempo a la Super Nintendo, con esos encantadores fondos y su scroll lateral. Y el uso del Wiimote no es demasiado traumático para mi honor. El nuevo Animal Crossing prefiero dejarlo para cuando tenga alguien con quien comprobar sus cacareadas bondades on line: desde un cantón suizo en el quinto pinto de Europa no puedo mas que limitarme a probar las mejoras (naturales, por otra parte) respecto de la versión de Nintendo DS. Sencillamente, no tengo todo el tiempo que requiere. Probabilidad de sobrevivir con éxito: 75 por ciento.

Opción C: Pasar de todo… coño, estamos en vacaciones

Y mira que la adaptación a Wii de ¿Quién quiere ser millonario? es una de las adaptaciones más estupida que he visto (bueno, la de DS era peor): utilizar el comodín del público ante una pregunta sobre reyes godos  tiene poca gracia (nunca se equivocan, oye), pero es que la “traducción” del comodín de la llamada es ridícula (¡quien diablos telefonearía a un niño de 8 anos para resolver una duda de cultura griega!). Sin dinero que jugar no hay riesgo ni demasiada emoción, pero si encima las preguntas se repiten mucho más de lo deseable en un juego de este estilo, apaga y vámonos. Con todo, en casa nos hemos picado y reído bastante… a costa del propio juego, lo cual no tengo claro si es del todo bueno, pero si muy divertido. Solo me come una duda: ¿como es posible que los programadores no contemplaran la posibilidad de mas de dos jugadores? Nosotros lo resolvimos haciendo equipos. Como no podía ser menos, hemos acabado todos haciendo ejercicios con Wii Fit. Contra todo pronostico, la Balance Board ha sido mi verdadero descubrimiento estas navidades y ya planeo hacerme con una propia y montarme una tabla de ejercicios para adelgazar todo lo que he engordado estas fiestas. Es época de buenos propósitos, ¿no? Probabilidad de sobrevivir con éxito: 90 por ciento.

Opción D: ¡¡Descargas a mi!!

Tras las experiencias anteriores, conectarme a la consola virtual y ponerme a descargar viejos juegos como loco me hace parecer un yonqui del píxel. World of Woo, en juego indie del año para muchos (lo siento, yo elegí Braid), lo tiene todo para enamorarme, con esa mezcla de las físicas de Little Big Planet, la plasticidad de LocoRoco y lo rezumante de Blob. Es ya una obsesión que, mucho me temo, me acompañara en mi vuelta a España. Y dejo para los dos días que me quedan dos revival de altura: el gusanudo mecanudo Earthworm Jim de Megadrive y Impossible Mission II de Commodore 64, que me hacen volver a creer en una maquina que tiene todavia que ofrecer lo mejor. Probabilidad de sobrevivir con éxito: 110 por ciento.

Publicado en Gamefilia el 6/1/2009

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