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Deadly Creatures: mi vida como un artrópodo

In Gamefilia, Hambre, Horror on 30 enero, 2010 at 9:30 pm

Hay algo fascinante en el hecho de despertarse invertebrado, boca arriba en la cama con seis patas segmentadas y bien articuladas y con la antigua piel sobre el cuerpo como un abrigo, como diría Joe Hill, uno de los hijos escritores de Stephen King. Hill ha publicado en español su colección de relatos Fantasmas, en uno de los cuales retoma el mito kafkiano del hombre-insecto y se lo lleva al siglo XXI, hasta un chico que una buena mañana entiende que nunca volverá al instituto. Nadie con un par de antenas nuevas lo haría. Deadly Creatures, el último videojuego de THQ para Wii, no tiene mucho de cuento filosófico que reflexione sobre la naturaleza humana pero sí algo de suspense y mucho de asco: el que produce vernos reencarnados, no en el dios griego de la guerra, sino en una peluda tarántula y en un escorpión bien crujiente, nerviosos como una mano sobre una mesa, tap, tap, tap, mientras masticamos larvas a mandíbula batiente, chaf, slurp, ahh.

Lo que le falta a Deadly Creatures para hacer de su experiencia algo digamos trascendental (además de un nombre que le haga justicia: este parece dirigido a hipnotizar a niños sabihondos) es representar lo cotidiano como algo tan monstruoso que asuste. Ya saben: el ajetreo humano diario representado a escala XXL a vista de artrópodo, a modo de El increíble hombre menguante, donde las distancias entre los escalones son insalvables y una librería, el mejor escondite ante las ratas y las hormigas.

Es una pena que toda su acción se desarrolle en entornos abandonados de la mano del hombre, en cuevas y desiertos de la América profunda, y que haga tan pocas y tímidas visitas al entorno civilizado (una furgoneta, una gasolinera perdida en medio de la nada). Le habríamos dado el premio al Mejor Drama Urbano Protagonizado Por Un Ser No Humano.

Aun así, estamos ante toda una revelación, vista como está la temporada de tiros (acabaré probando el AquaPanic de DS) e incluso puede funcionar como un beat’em up naturalista en el que las peleas callejeras y la coartada vengativa se han sustituido por ataques depredadores y puro espíritu de supervivencia. Deadly Creatures es el largo y solitario viaje bajo el sol de una tarántula y un escorpión hasta un final boss (que representa lo más alto de la cadena alimenticia), en el que las oleadas de enemigos se van sucediendo y endureciendo con cada nivel superado.

Se empieza con grillos, escarabajos y pequeños bichos, pero la cosa va poniendo cada vez más chunga: avispas, otros escorpiones, lagartos, ratas, serpientes, además de distintos tipos de arañas. A nuestro favor: una amplia variedad de combos y movimientos de ataque y defensa (pocos al principio, pero hay que ir subiendo nuestras habilidades con experiencia), que habrá que ir combinando para acabar con los distintos rivales. En nuestra contra: suelen atacar en grupo.

La buena noticia es que el control, en general, es de lo más acertado. No abusa del sensor de movimiento de la Wii y tira más bien a lo clásico, creíble y coherente en todo momento, lo que ayuda a enfundarse unas patas arácnidas nada ridículas. Cuando el rival está suficientemente débil, se pueden ejecutar movimientos especiales con el Wiimote que se traducen en secuencias algo más espectaculares y levemente gore (a su manera: chillidos, sangre y fluidos verdosos), algunas quizá demasiado humanizadas (¿una araña haciendo la zancadilla a una rata?).

Un par de pegas. Se supone que la posibilidad de volver a recorrer los niveles desde el punto de vista de la araña y el escorpión, cada uno especializado en una mecánica (la primera en la ocultación y el sigilo, el segundo en el ataque directo, envenado y acorazado), debería dar una mayor variedad al desarrollo de Deadly Creatures. Pero en el fondo no hay mucha diferencia entre una y otro, más allá de poder probar rutas alternativas y contemplar el desarrollo de la historia desde ángulos complementarios. Por suerte el juego recompensa la exploración minuciosa de los escenarios.

Precisamente le faltan “personajes desbloqueables”, otros bichos con los que entretenernos una vez los hemos aniquilado, como recompensa. Habría estado bien que su historia implicase manejar a los distintos eslabones de la cadena por la supervivencia, ir pasando de viuda negra a un pequeño roedor, y de este a la serpiente de cascabel, por ejemplo, y que cada uno invitase a aprender distintas técnicas.

Deadly Creatures tiene detalles realmente buenos (la misma pantalla de título: imposible no sentir miedo y repugnancia al ver una mantis lucir un increíble abdomen y sacudir la cabeza, como si esperase salir del televisor, todo bajo un verde amenazante) y unas animaciones ambiciosas y realistas, igual que los modelos de los distintos animales, con sus texturas duras, escamosas o bien cubiertas de pelo. El sistema de cámara no es demasiado sofisticado y cumple su función sin derroches (aunque sí que hay disponible una vista en primera persona), y vaya si funciona: nadie te libra de sentir cierto mareo al andar sobre una pared o boca abajo en el techo.

También tiene pequeños errores (lagartos que parecen nadar en la tierra, caídas inexplicables al cambiar de superficie, animaciones tartamudas) y no resulta demasiado variado ni en escenarios ni enemigos,  pero nada de esto empaña un apartado técnico y un espíritu valiente al que deberían aspirar más juegos de la Wii. Deadly Creatures tiene cierta tendencia salvaje que lo aleja de la corrección política imperante en el catálogo de la consola, pero que lo hace igualmente atractivo para cualquier tipo de jugador.

Su historia se desarrolla en capítulos e implica también, primero solo de manera indirecta, a dos rednecks (estos sí lo son, que me perdonen los cazadores de Big Game Hunter), a los que dan voz Billy Bob Thornton (acordaos lo inquietante que era su interpretación de paleto en Giro al infierno) y Dennis Hopper, más mal rollo imposible. Subtítulos en castellano justificados y alguna que otra vuelta de guión para darle emoción y suspense. Lo mejor que se puede decir de él es que se hace corto: diez niveles, una hora como mucho por nivel.

Deadly Creatures no tiene las ínfulas darwinistas de Spore ni la reflexión microscópica de flOw. Nada de líos, más allá de la supervivencia en entornos extremos y del comer o ser comido. Está mucho más cerca del clásico concepto arcade que del de simulador de nada, directo y asequible. A todos: es hora de sacar el instinto, no el animal, si no ese que es responsable de que apretemos los botones en orden correcto un segundo antes de que ya sea demasiado tarde.

Publicado en Gamefilia el 4/3/2009

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