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El PSOE quiere que los videojuegos sean “cultura”

In Sin categoría on 30 enero, 2010 at 8:40 pm

“La industria española del videojuego constituye uno de los sectores más dinámicos y pujantes de nuestra cultura. Se trata de una nueva forma de expresión cultural basada en la interactividad, que recibe una aportación creciente por parte de los autores de obras literarias, plásticas, audiovisuales y musicales de gran calidad”. Si no salto es por que tengo agujetas de una mudanza. Rafael Simancas, ese hombre al que siempre parece que le quedan grandes los trajes, presentó en nombre del Grupo Parlamentario Socialista el pasado 29 de enero una Proposición no de Ley relativa a “la promoción y el respaldo de la industria cultural del videojuego, para su debate en la Comisión de Cultura”. Incluso hasta para mi la palabra cultura se repite demasiadas veces. Aún así, es de agradecer que los políticos de vez en cuando miren un poco hacia este lado. Siempre nos quedará lo bien que luce una ministra en un acto de Nintendo.

Arrancando. Esto no es el BOE, pero como si lo fuera. Una lectura detenida su Exposición de Motivos me hace pensar que ADESE (Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento), que reúne a casi todas las grandes compañías del sector, como Sony, Microsoft, EA, Ubi o Activision Blizzard (y menos Nintendo), ha tocado las teclas que debía y finalmente han dado sus frutos tantos años de estudios optimistas sobre el crecimiento imparable de la industria del videojuego frente a otras formas de ocio como el cine o la música. La idea principal de la propuesta es conocida: vale, España factura 700 millones de euros anuales y es el cuarto país europeo en consumo de software de entretenimiento pero pinchamos en cuanto a desarrollo de videojuegos. Nuestros profesionales no encuentran salida porque nuestra industria esta coja de una pata.

Conectando. El texto es claro y directo, como un dictado de escuela. Nuestras empresas gozan de prestigio internacional pero “los creadores y productores culturales de este sector, sin embargo, sufren una problemática a la que debieran hacer frente con la ayuda de las administraciones públicas. Las grandes corporaciones extranjeras aprovechan el talento extraordinario de los creativos españoles comercializando exitosamente sus productos, sin un reconocimiento justo, tanto en términos económicos, como en términos de propiedad intelectual y prestigio”.

Continúa: “Estas multinacionales aprovechan las dificultades de los creativos españoles para acceder a las fuentes de financiación y a los canales de distribución internacional propios del sector. La financiación de la obra creativa suele ser sufragada por estas grandes empresas, que en contrapartida imponen cláusulas restrictivas en relación a la propiedad y la explotación del producto. En consecuencia, en muchas ocasiones las empresas nacionales tienen dificultades para adquirir la dimensión y la fortaleza equivalentes al talento y el dinamismo de sus artistas y emprendedores”.

El texto en general tiene un tono como muy asesorado, que no puedo más que celebrar. Lo contrario sería la superstición. Informa de que “el videojuego es utilizado tanto por niños como jóvenes y adultos” y representa “una buena oportunidad para experimentar nuevas fórmulas pedagógicas en el desarrollo educativo y en la formación de valores cívicos”. Resalta el esfuerzo de la industria por autoregularse, protegiendo a los menores y luchando contra la piratería. Y por si quedaban dudas, nos informa de que “las empresas del sector han decidido asociarse, unir fuerzas y reclamar el papel que les corresponde en la cultura y en la economía del país”. Tachán, ta-ta-chán, ta-chán.

Conclusión. ¿Qué pide exactamente el sector? Un “reconocimiento público imprescindible” que debe traducirse en una mayor implicación de las administraciones (en concreto, acceso a “las ayudas factibles para la promoción de su actividad, la financiación como industria cultural y la internacionalización de sus iniciativas). En resumen, ser considerado como cultura porque nuestra burocracia premia a quien la practica pero también porque se impone cierto barniz artístico por encima de otras apreciaciones tecnológicas o científicas. Siempre viste más que llames a tu cosa arte.

Por si quedaban dudas: “Los autores de los videojuegos son creativos culturales y las plantillas de su industria están integradas por guionistas, dibujantes, modeladores y directores de arte, a los que se unen profesionales de las nuevas tecnologías. Estamos ante una actividad cultural con un alto valor añadido en el ámbito de la innovación tecnológica y con grandes potencialidades en la creación de empleo cualificado, incluso en un contexto de crisis como el actual”.

Postdata. En Alemania, el agosto pasado, la Federación de Desarrolladores de Videojuegos de Alemania se incorporó al Consejo de Cultura del país. A ver en qué queda lo nuestro. ¿Qué dirá el PP al respecto? ¿Y qué diría el ministro de Cultura?

Publicado en Gamefilia el 10/2/2009

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