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Haciendo ruido con la PS2 y un MTV Music Generator 2

In D.I.Y., Gamefilia, Ruidismo on 30 enero, 2010 at 9:02 pm

No he sido el primero ni seré el último en utilizar una PlayStation 2 para componer música, y mucho menos con todo lo que todavía tienen que dar de sí títulos como Guitar Hero y Rock Band, que empujan al jugador a coger los instrumentos y aporrearlos al gusto. En mi caso, una copia de MTV Music Generator 2 me ha tenido colgado prácticamente los últimos seis años, lo cual se dice pronto. En sentido amplio, es con diferencia el juego que más he utilizado en la consola de Sony. En sentido estricto, ni siquiera es un juego. En realidad es un maravilloso artefacto de aspecto naif para modelar el ruido.

Su interfaz es de lo más sencillo, y en esencia funciona como un editor y grabador de sonidos, que podemos ir colocando según su función: ritmo, bajo, melodía, voz. Lo bueno es que su biblioteca de sonidos puede manipularse de manera casi ilimitada e incluso permite crear tus propios samples con un piano a partir de otros sonidos. O conectar un micrófono y grabar en directo tus muestras. Y videos musicales con fluorescentes. A partir de aquí es como un collage o un puzle que puedes resolver usando las matemáticas o persiguiendo el más puro de los presentimientos.

Se supone que la presencia de grupos como Gorillaz y Apollo 4.40, incluso el apadrinamiento de David Morales, debía ser suficiente para que MTV Music Generator 2 ahuyentara a todo aquel no tuviera aspiraciones a DJ, lo cual es un error. Su biblioteca de sonidos incluye pistas e instrumentos separados por géneros, incluidos el pop, el rock y el indie (como estilo), y estructuras pensadas para componer según los patrones del trance, el uk garage, el house o el r&b. Otra cosa es que consigamos componer una canción pop “de libro”, donde todo suena más o menos enlatado (las voces disponibles en la biblioteca, por ejemplo, suenan a rayos). Mucho más divertido me parece poder coger sonidos, incluso fragmentos de temas, y alterarlos, estirando sus notas, aplicando efectos y filtros y dándoles, en definitiva, un sentido distinto al que tenía al principio.

Más allá de los remixes (y hay temas enteros de artistas conocidos para triturar y masticar), como herramienta para la creación me parece notable, aunque mi experiencia con este tipo de programas era cero (luego ya me procuré probar otros de la competencia e incluso el Fuityloops). Lo más interesante: poder recrearme en dos de los aspectos a los que pongo más atención cuando escucho música: las bases rítmicas y la atmósfera.

Para lo primero, como decía más arriba, son buenas las matemáticas, aunque MTV Music Generator 2 permite crear ritmos aleatorios, que superpuestos pueden llegar a tener efectos secundarios y funcionar como un mantra superenredado (con el que se puede jugar, a su vez, a ir deshilachando). Me he lo he pasado pipa a base de retorcer ritmos desequilibrados, que a menudo se rompen de forma atropellada para seguir otros patrones y que se mueven a distintas velocidad, calculando a oído y con una libreta qué debería venir luego, si esto o lo otro.

También le he dedicado mucho tiempo a intentar que sonidos no sean fácilmente identificables (transformar un bombo y unos platillos en dos palos contra la puerta de un coche, por ejemplo) y divertirme alterando el papel que se supone que tiene que tener cada instrumento dentro de una canción. La idea, salvando las distancias, era producir en el oyente esa sensación que te hace pensar durante un momento: ¿esto es una guitarra o un teclado?

Pero para aleatorio, la creación de atmósferas. Aquí sí que los accidentes y puro error tienen mucha responsabilidad en la proliferación de chasquidos y quejidos digitales por todas partes, como si el lector de CD estuviera pasando por una capa de grava. Me he divertido emborronando melodías y probando instrumentos dentro de una tubería, aplicando retardos, estirando los ecos, levantando cuidadosamente capas y capas de sonoridades frías y rugosas. Tonos bajos y graves que me inspiraban más tonos bajos y graves.

Estas atmósferas creo tienen que tienen que ser extrañas y reconocibles a la vez, así que me he preocupado casi siempre de colocar algún asidero en medio de las tormentas sonoras, aunque algunas partes carecen totalmente de control. Una imagen: un invernadero al que aplicas algún tipo de combinación extraña de productos y en el que las plantas crecieron de forma desmesurada y anómala. A todos los temas le hubiese venido bien alguna poda, porque tanta rama acaba por pinchar.

Al final me han salido unas treinta “composiciones”, a las que desde el principio agrupé bajo el nombre de En Construcción porque de forma casi obsesiva, durante un periodo de tiempo, estuvieron en estado de permanente mantenimiento. Cualquier escucha podía acarrear cambios, que a su vez llevaban a otros cambios y que al final dejaban al original o algunas partes irreconocibles (perdí algunas buenas ideas así). La foto elegida como portada es un fragmento del cartel del concierto de un grupo escocés sacado de la parte final del antiguo NME, en el que los grupos anunciaban sus giras a página completa. Los estudios La Cocina del Invierno no tienen dirección postal ni consta inscrita en ningún registro legal.

Si intento juzgar lo que escucho, creo que todos los “temas” pecan de sobreproducción (ejem), una saturación que hace difícil que el que escucha pueda reconocer o agarrarse a algo durante mucho tiempo porque siempre llega algo para distraer su atención, pero también creo que, quizá porque han salido de algún lugar de mi cabeza, es eso lo que me invita a fijarme constantemente en sus desarrollos e intentar identificar lo que escucho. Otro juego más.

En ese sentido, tampoco se me escapa que en general, lo haya querido o no, todas las composiciones suenan como podría sonar la banda sonora de un videojuego disparatado, que tartamudea a causa de un bug y en la que de pronto se oyen saltos por allí, disparos, campos de fuerza y campos en guerra, naves espaciales, tribus primitivas, rugidos animales, algo de suspense, terror, el acelerón de la velocidad…

Siendo benévolo conmigo mismo, en general, el sonido barato y de aparato estropeado me parece encantador, igual que muchas transiciones entre las partes de un tema, aunque se confirma que soy malísimo con los finales. No hay chimpún que valga. El “riguroso mono” fue sobre todo una imposición por mis precarios métodos de grabación. Porque, cuidado, LA pregunta es: ¿cómo coño podía pasar los temas desde una memory card de Ps2 a mi ordenador, y a un formato que fuera reconocible? Aquello fue una chapuza. Todo quedó perdido de sangre…

Y si tuviera que ponerme estupendo, me gustaría imaginarme todos estos extraños fragmentos sonoros como si estuviesen hechos de mercurio tembloroso (uyuyuy), deshaciéndose con facilidad en partes más pequeñas y juntándose para formar a otras nuevas, todo completamente irregular e inestable. Que desprendieran eso que llamamos sonido magmático, como algo que se desborda de su recipiente. Considero un acierto que al menos algunos “pasajes” estimulen mi imaginación de lector de ciencia-ficción. Aunque eso tampoco es muy complicado.

Ni que decir tiene que me lo he pasado como un indio.

¡Eh, tú! Aquí un pirado ha hecho un FAQ donde incluso se sirve de ‘Smell Like Teen Spirit’ de Nirvana para poner ejemplos de las posibilidades de MTVMG2.

¡Sí, tú! Aquí lo que salió de mi PS2, ilustrado de forma dramática. Efectos secundarios: dolor de cabeza, mareos, cacofonías, pitidos.

Publicado en Gamefilia el 18/2/2009

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  1. […] que vemos recuerda a un editor de música, tipo MTV Music Generator (el vídeo). La pantalla es barrida de un extremo a otro por una franja luminosa que, como si fuera […]

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