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Oh, no! More Larry

In Cartoon, Gamefilia, Nostalgia de mierda, Oh no! on 7 febrero, 2010 at 11:57 pm

Oh, no: ¿Alguien pidió nuevo juego de Larry? Yo no. La vuelta de Sam & Max, a pesar de que parezca hecha en Flash, tiene gracia a costa de lo inamovible que resulta y sospecho que nadie se hubiera acercado a su primera temporada si no fuese una aventura gráfica a la vieja usanza, tal y como se esperaba. La de Larry es confusa: Box Office Bust, su última entrega, lleva al héroe del porno blando al terreno de las aventuras en 3D pero al final resulta estar mucho más cerca de los dos últimos videojuegos de los Simpson que de un GTA. Pobre Larry: quiere ser tan digno e irreverente como un dibujo animado para adultos con serie propia pero en realidad no deja de recordar a uno de esos muñecos de plástico que dan de regalo con un Happy Meal. Me pareció ver un tobogán…

Su propia mecánica de mundo abierto es la condena de Leisure Suit Larry: Box Office Bust. Con Larry Laffer, el salido cuarentón creado por Al Lowe en los 80, disfrutando de una merecida jubilación, es su sobrino Larry Lovage el encargado de adaptar la franquicia a los nuevos tiempos, que ya se estrenó, intuyo que con algún éxito comercial, en Magna Cum Laude (2004). Es en esencia, lo dicho, una aventura en 3D a la que el traje le viene grande.

Lo intenta pero no llega aunque haga alarde de un entorno abierto que en realidad no es otra cosa que un parque temático, con su zona de western, de película de terror (picante) y de parodia de Titanic. Sus misiones están pensadas a partir de las situaciones propias de quien se viste marcando paquete. Podemos y debemos recorrerlo todo con libertad, a pie o en coches que parecen carritos de golf, aunque en conjunto es frustrante e infantil en el peor sentido de la palabra.

Imagino que su salto a las consolas incluye peaje. El más obvio es una rebaja en la dificultad, consecuencia posiblemente de querer llegar a un público más amplio que estrictamente adulto. Parece inevitable una concesión a la acción. En determinados momentos, debemos pelear con enemigos, para lo cual tenemos dos movimientos disponibles: ataque y defensa. Ya. También hay algún que otro tiroteo.

Sus misiones suelen consistir, en su mayor parte, como en un GTA, en ir a un determinado objetivo y no hay puzles más allá de la búsqueda de trofeos escondidos en los escenarios pensados para un juego de plataformas. ¿Este Larry lo es todo a la vez? Más le gustaría, lo importante sigue siendo desplazarse, ir de un sitio para otro. En eso debe de consistir toda la libertad de juego de la que presume.

Pero es que como aventura abierta en 3D solo funciona a medias. Por ejemplo: Larry puede tomar prestados los coches pero nunca será perseguido por la policía, acusado de robo con violencia o por conducir con exceso de velocidad. Y sólo puede interactuar con unos pocos personajes. La mayoría está tan de relleno que no reaccionan de ninguna manera ante nuestra presencia, ni siquiera se permiten el lujo de morir si los atropellamos, si es que decidimos ponernos salvajes. Para qué: está claro que hacen el trabajo de extras y que son los primeros que no creen demasiado en su papel. Nuestros actos no suelen tener consecuencias, más allá de lo establecido en su historia.

No ayuda precisamente el que apenas podamos influir en el comportamiento de los secundarios, más allá de las chicas con las hay que ligar, a las que hay que convencer y engatusar a base de palabra. A pesar de lo que puedan parecer, estos minijuegos de seducción siguen siendo la sal de todo Larry, aunque en Box Office Bust no suponen ningún riesgo en nuestro avance ni para la salud del ligón cabezón.

Son, posiblemente, la única herencia jugable de la serie original aunque reinterpretados aquí como desafíos inofensivos. Basados en elegir la frase correcta en una conversación, si nos equivocamos a la hora de responder, siempre podemos rectificar sin coste hasta conseguir llevarnos a la cama la chica que tenemos delante. Nada de imágenes explícitas, como es tradicional en la serie, más allá de las tetazas exageradas dignas de un dibujo animado.

Todo lo que no enseña, Larry lo suelta por su bocaza. Su guión es lo suficientemente agudo como para no aburrirnos con los juegos de palabras sexuales que busca hacer constantemente. Los encargados de traducirlos merecerían el premio gordo. Muchas frases de diálogo harán a veces frenar en seco y agitar la cabeza: ¿he oído lo que creo? Lo de El bueno, el feo y el falo es imposible que se me vaya de la cabeza cada vez que oiga el título original.

Entiendo que la presencia de actores como Jay Mohr (Jerry Maguire) y Carmen Electra debe funcionar como garantía de que esta gente de Funsta (según leo, pertenecen al imperio Codemasters) se han preocupado algo por que esto no parezca demasiado a un título “a precio reducido”.

El gran problema, por jugar un poco con los espejos, es que me resulta difícil distinguir cuándo Box Office Bust funciona como una parodia y cuando resulta ser de manera involuntaria la parodia de una parodia. Los edificios parecen de galleta y termina influyendo el hecho de que nos movamos por los escenarios de unos estudios de cine (porno), repleto de cámaras, paredes falsas y tipos sobreactuados. Todo aumenta la sensación de estar ante una imitación, un fake. No termino de entender la imagen de Larry que quieren ofrecerme: si la de un listillo con mucha cara o la de un tontorrón con mucha suerte.

Creo que Box Office Bust es un juego forzado a ser y comportarse como no quiere ser. O al menos, como no sabe ser. Las experiencias sandbox son geniales, pero esto no deja de ser una sucesión de retos facilones. Lo que hay de relleno produce empacho porque obliga a visitar cada punta de un escenario abierto haciendo recados aburridos.

Cuidado, porque viene un tópico: este Larry es el ejemplo de cómo un personaje de primera se va al garete por culpa de un producto de segunda. Me produce el mismo rechazo que enfrentarme al relanzamiento de una vieja serie de televisión con actores nuevos. O eso, o bien es que Larry nunca fue un personaje de primera, lo que es una sospecha como muy de pureta. Una ruina, en cualquier caso. Hala, al final lo solté.

Publicado en Gamefilia el 7/05/2009

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