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Katamari Forever: el regreso del Gran Emperador Tomate Ketchup

In De culto, Gamefilia, Magia y Psicodelia on 21 febrero, 2010 at 11:58 pm

Chinchetas, anillos, monedas, sushi, erizos, fresas, caramelos, chupachups, bolas de arroz, naranjas, tazas, ratones, copas, refrescos, platos, jarras, palas, helados, rastrillos, flores, macetas, calcetines, zapatos, peluches, bolsos, sombreros, gatos, perros y atunes, buzones, puertas, ventanas, la fuente de la plaza, la caseta del perro, vallas, verjas, candados, bomberos, bicicletas, músicos de banda, motos, luchadores de sumo, neveras, máquinas expendedoras, coches, furgonetas, camiones, tractores, granjas y pisos de apartamentos, plazas, playas, mesetas, montañas, nubes, el arcoriris, todo el planeta, hasta las estrellas. ¡Su Katamari puede con todo, señoras!

Beautiful Katamari (2007) para Xbox 360 nos dio a muchos la posibilidad de entrar en el exclusivo culto a un tragabolas cubista y adictivo como un chicle, donde la diversión está en que te empuja a mascar y mascar. En lugar de zampar, tenemos que coger todos los objetos que podamos arrollándolos con nuestro katamari, que no es otra cosa que una bola capaz de hacerse más y más grande conforme se le adhieren los objetos que encuentra a su paso. Primero se nos van pegando cosas de tamaño modesto mientras vamos adquiriendo volumen, luego llegan los coches y las casas y un caos delicioso llena la pantalla de colores chillones, nombres y puntuaciones.

Y quizá a los que llegamos tarde no nos importó que Beautiful Katamari pareciera tan peligrosamente una puesta al día de un titulo para PlayStation 2 con algunos añitos ya y mucho camino rodado (en los anteriores Katamari Damacy, We Love Katamari y Me & My Katamari). Y no lo digo pensando en que su intachable acabado artístico se quede retro, ya que no necesita alardear tanto de alta tecnología como de una creatividad a la altura, que sigue fiel a su particular estilo. Pienso más bien en los límites a la hora de estirar una buena idea, como es esta de hacer gigantescas bolas con objetos hasta convertirlas en planetas. Hablando claro: ¿Es que no permite las nuevas generaciones de máquinas ofrecer nuevas experiencias para nuestro katamari, para hacerlos todavía más monstruosos y espectaculares?

Con un titulo original en japonés que incluye la palabra Tribute, no hay duda de que Katamari Forever, lanzado hace nada en España para PlayStation 3, tampoco opta por epatarnos con una nueva escala XXL y que, más que enseñarnos a hacer cosas más grandes (¿qué queda después de rodar sobre galaxias?), recopila sus mejores momentos y ofrece un puñado de nuevos retos rodantes. Sus creadores han metido todos los elementos reconocibles para hacer un katamari de campeonato, incluidos niveles nuevos y viejos, caras conocidas y nuevos patosos colosales, y han vuelto elegir otro genial titulo que huele a sentencia de vida o muerte.

No sé si la marca Katamari tendrá mucho más que ofrecer en el futuro, pero Katamari Forever la exprime totalmente y con toda la razón del mundo: es un grandes éxitos en full HD, como dice el trailer del E3, perfecto para atraer a nuevos seguidores a su iglesia y para mantener en éxtasis a los fieles durante un tiempo. Tiene la jugabilidad y el gusto retorcido intactos, algunas pocas aportaciones jugables (el salto del príncipe, los corzones del RoboRey), así que puede funcionar como una especie de enciclopedia katamari con las entradas más relevantes de la serie, para que las consultemos y comparemos a gusto. Mira, mira, mira. A catalogar todos como locos.

Como manda su poca seriedad, las reglas de cada reto que nos plantean pueden cambiar y por ello también nuestras estrategias para conseguir albóndigas tipo mega: donde antes había que recoger juguetes a mansalva, después serán dulces, joyas o animales. Y en ocasiones, tendremos que engordar el katamari no con cachivaches, sino con nieve, luces o calorías; uno de los primeros niveles consiste en regar y limpiar de barro un escenario tropical. En otras, tenemos que hacerlo a ojo, acercándonos lo más que podamos a un peso indicado. No sé, la verdad, después de tanta variedad qué queda por hacer con la pegajosa bola.

Bueno, sí que lo sé: pendiente le queda un multijugador online, aunque sea también de lo más raro, algo que sí tenía Beautiful Katamari.

Así que, bueno, vale, Katamari Forever se vuelve a parecer peligrosamente a sus hermanos, pero hasta sus peores defectos (el principal, todos juntos: su corta duración) se han matizado y uno tiene la sensación de estar ante la última versión mejorada y actualizada de la marca. Aunque no superada, por mucho que nos regalen también el Modo Clásico, que nos permite jugar los niveles con las reglas originales. Otra cosa es ser un obseso del 100%, porque entonces hay diversión para enloquecer: se puede intentar tener todos y cada uno de los objetos que nos encontramos en el juego en nuestra colección, así como encontrar accesorios y nuevos personajes, los queridos primos, cada cual dueño de una morfología más extraña.

El pulso es lo mejor de Katamari Forever, que dosifica muy bien su desarrollo para que la cosa no consista solo en superar los niveles y adiós. Siempre rezas para que haya alguno más. Vuelves, lo dejas y vuelves de nuevo. Como puzle, su verdadero logro es que una vez acabado un nivel, lo único que queremos es volver a enfrentarnos a él de nuevo para hacerlo un poco mejor o probar en otro modo una vez cogido el ritmo, que ofrecen retos como un control más exigente (Modo Turbo) o ventajas, como eliminar el limite de tiempo (el divino Modo Eterno, si es que lo que queremos es evadirnos haciendo pelotas sin preocuparnos por nada). Todo lo demás es surrealismo pop.

Lanzado por Namco Bandai, responsables de los videojuegos de Dragon Ball, con Katamari Forever no me preocupa subrayar la importancia de los gráficos en su experiencia, porque sí que es puramente visual y entra por los ojos. Diría que en su caso, la tiranía de la estética va de la mano de su adictiva mecánica de comecocos (y ojo con el control porque, aunque sencillo, no es el tradicional). No me imagino esta mecánica con otro aspecto gráfico. Éste, por cierto, también se ha embellecido en el salto a la HD, y ofrece un acabado “a mano”, aunque la desproporción sigue reinando allá donde miremos. Se agradece, aunque sea decorado, porque hay que dejarse arrollar y abrir los ojos de par en par, hacer frente al colapso cromático y geométrico que se nos viene encima en forma de espirales de objetos y datos. Enredarse en las corrientes circulares de basura que llegan hasta el jugador; es muy fácil.

Como en el anuncio de MasterCard, no tiene precio esa estética del exceso, su apuesta por el humor y por salirse de cualquier recipiente, su entrega al absurdo y a lo cotidiano. Hay que saber reírse de un calamar gigante o de un King Kong sorprendido por nuestro imparable katamari en lo alto de un rascacielos. Luego están las peras voladoras.

Katamari Forever tiene sus historias y sus personajes (algunos nuevos, como el RoboRey, que tiene un amigo invisible llamado Tyron, toma ya) y apela, aunque parezca evidente en un videojuego, a la diversión como coartada para divertirse. Ni a la acción, ni al suspense, ni a la fidelidad de su simulación o a la hiperrealidad en los detalles. Hay que tomarse todo en broma.

El Rey del Cosmos, el verdadero responsable de que tengamos trabajo que hacer, tiene Twitter, por cierto, donde hace del Gran Emperador Tomate Ketchup. Le tengo que pedir que no se olvide de poner nuevos retos descargables que alarguen la vida a este Katamari. Al igual que en Noby Noby Boy, que viene a ser su sobrino, las nuevas tecnologías lo que sí permiten en divertirnos con nuevas cosas, especialmente tomar fotos desde el punto de vista del príncipe, aunque en este caso, servidor ha estado bastante perezoso y ha cogido todas estas de la web oficial.

Y aunque su banda sonora vuelve a ser para chuparse los dedos (Sr. Coconut es el responsable del tema con sabor a piña que suena en el video del principio), se me ocurre que nadie como Los Planetas por aquello de nadar entre lo cotidiano y la espiral, en plan ovillo de seres y estares. Y galaxias. Esto daría para una entrada de Bandas Sonoras Imaginarias y todo.

Publicado en Gamefilia el 2/11/2009

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