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Arte y videojuegos: el arte de jugar

In Arty, Gamefilia on 22 febrero, 2010 at 12:08 am

Donde una vez el arte estuvo en el centro de la existencia moral, ahora parece posible que el juego, considerado desde sus múltiples significados e imaginarios, ocupe ese papel central”. Quien dice esto es Patricia Gouveia, teórica e investigadora de los medios interactivos y del videojuego como lugar de convergencia entre diferentes artes.

Gouveia es una de las ponentes que estos días ha pasado por ArsGames, primera edición de un festival que desde el pasado martes y hasta hoy quiere reflexionar sobre el componente artístico en el videojuego, a través de exposiciones, talleres, charlas, tertulias y conciertos en La Casa Encendida, el Instituto Cervantes y el espacio Off Limits de Madrid.

No es el único acto que durante este 2009 se plantea un diálogo similar. Sólo dos ejemplos: estos días se puede visitar Estación Futuro, una “experiencia jugable” en Intermediæ/Matadero, comisariada por Javier Candeira, quereúne una selección de video-juegos independientes que buscan demostrar que “el arte cinético del videojuego va más allá de la pura descarga de adrenalina“.

Fuera de la capital, en Gijón, la exposición Arcadia, comisariada por José Luis de Vicente, quiere ser un “observatorio de la cultura lúdica contemporánea, desde el diseño de juguetes al desarrollo independiente de videojuegos, pasando por el gameart“.

Con los videojuegos plenamente consolidados en nuestra cultura, disfrutando cada vez de mejor prensa, con estudios que analizan sus aplicaciones en otros campos y exposiciones que lo acercan a una interpretación más profunda, no hay duda de que ahora, y no hace una década, podemos hablar de su posible condición de arte.

“Más que considerar el videojuego como arte habría que considerarlo un medio para crear obras artísticas“, dice Flavio Escribano, presidente de la asociación ArsGames. “Es un matiz, pero igual que no se puede decir que todas las cosas que se hacen en cine son arte, está claro que es un buen medio para presentar trabajos artísticos”.

Redefiniendo el juego

Más allá del ocio electrónico

El lema de ArsGames apela a una necesidad: “Redefinir el videojuego”. Así que quizá lo primero que hay que hacer es cuestionarse el propio término de videojuego, un concepto que está contaminando su entorno tanto inmediato como lejano, “dejando de ser videojuego como tal. Siempre he creído que es un término que se queda un poco corto para hablar de sus implicaciones y que dentro de poco se va a empezar a hablar de otro término: el postvideojuego. Ya no es una cosa jugada en consola por una franja limitada de edad, sino que influye en otras disciplinas, como la ingeniería industrial, la medicina, la educación, incluso la industria militar. Considerarlo una especie de juego electrónico para un público infantil es una concepción completamente obsoleta”, dice Escribano.

Para Candeira, además, “afortunadamente, gracias a los desarrolladores independientes, las grandes producciones comerciales no son la única opción. Hay videojuegos de 40 horas y de 5 minutos; de amor y de venganza; de pensar y de moverse físicamente; videojuegos narrativos y abstractos”.

Otro problema con los términos radica en la propia palabra “arte” y lo que representa. No todos los libros publicados pueden considerarse arte, aunque la poesía y la literatura son consideradas como tal, por ejemplo. Aún así, según Candeira, “el videojuego es un arte segun varias de sus definiciones. Duchamp decía que “arte es aquello a lo que el artista llama arte”. Y cada vez hay mas artistas (como entendemos las Bellas Artes) trabajando con el medio como forma expresiva”.

Por si hubiera duda sobre si lo comercial quita lo valiente, para Candeira, “también están las artes populares, como pueden ser la literatura y el cine y, en este sentido, los juegos comerciales tienen distintos niveles de logro artístico, como pasa con las novelas o las películas“.

Fijando al artista

Tras Cahiers du Cinema

Pero, ¿quién es el artista? En el lanzamiento de un video-juego participan muchas personas (distribuidores, productores, programadores), y no un único autor, como en el caso de la literatura, por ejemplo. “Yo creo en la teoría del autor que propusieron los críticos de Cahiers du Cinema al afirmar que el autor de una película era su director. En el caso de los videojuegos, este título tiene distintos nombres, de Director Creativo a Diseñador. Preguntarse hasta qué punto los editores de videojuegos son autores es como preguntarse hasta qué punto el Papa Sixto IV era autor de la Capilla Sixtina”, ironiza Candeira.

En este contexto, Escribano establece dos tipos de artistas de videojuegos. Por un lado, artistas plásticos, que llegan a él “como medio para exponer sus ideas o experimentar plásticamente“. Sería el ejemplo del grupo de programación Tale of Tales, “que vienen del mundo del arte, y tras instalaciones y piezas interactivas, han sacado The Path, un videojuego”.

Por otro, están los desarrolladores, “gente que viene de la ingeniería o programación, que conocen muy bien el lenguaje del videojuego y que, aunque no introducen elementos diferenciadores, sí que consiguen experiencias fuera de lo común”.

Una vez establecida su condición de arte, ¿con qué disciplinas puede emparentarse el videojuego? ¿Con el net art, el software art? ¿El cine? Según Escribano, “para mí es una hibridación. Cada vez hay menos barreras y todo es más promiscuo“. ¿Y sirven para el videojuego los parámetros utilizados para analizar otras artes? Para Candeira, cada arte requiere un conjunto distinto de herramientas para su análisis, igual que “el soneto requiere distintos criterios que la novela, y ambos que la canción ligera o que el libreto teatral“.

Arte interactivo

No sólo contemplar

En este punto, quizá quede aislar algunos elementos que hacen único al videojuego. El principal es la interactividad. Y “el videojuego es el arte interactivo por excelencia“, afirma Candeira. Así que, si quiere ser arte, no sólo debe esforzarse en parecerlo estéticamente, sino también en permitir que se juegue como arte. El problema, dice Escribano, poniendo como ejemplo The Night Journey, el videojuego para PS3 de Bill Viola, es que lo jugable “tiene unas normas muy definidas, y a los artistas las normas les joden bastante. A veces las rompen y sale algo interesante, en otras, un coñazo”.

Como otras artes antes, el videojuego es utilizado hoy para describir lo que nos rodea. “Antes se decía es de película para situaciones increíbles. Ahora decimos es como un videojuego para referirnos a interfaces complejas pero efectivas. De hecho, el videojuego se esta convirtiendo en la metáfora principal con la que encarar el mundo moderno“, apunta Candeira.

Una última aproximación al videojuego como arte es concebirlo como una suma de todas las disciplinas. Para un sólo juego son necesarios diseñadores, músicos, guionistas y dibujantes, entre otros. “Absolutamente”, remata Escribano. “El arte monumental imaginado por Kandinsky es el videojuego“.

Del surrealismo a la guerra fría

Cojamos una corriente artística: el surrealismo. Esta ha salpicado todas las artes, desde la literatura al cine y la pintura. ¿Puede el videojuego también verse empapado por ella? “Los videojuegos participan de la estética de su tiempo, y no podría ser de otro modo. Influyen en las demás artes y viceversa: ahora estamos en un movimiento ‘retro’ en el que vuelve la música de los ochenta y los videojuegos también adoptan una estética de 8 bits. No existe ninguna experiencia humana aislada de todas las demás”.

Así pues, el videojuego es hijo de su tiempo, dice Escribano: “Nace en el contexto de la Guerra Fría y sigue con esa paranoia de la dualidad de la que no hay quien le saque: el miedo a la invasión, al otro, el hipermilitarismo… la mayoría de juegos ‘mainstream’ tiene esta herencia, porque tecnológicamente proceden de la experimentos de la Guerra Fría”.

Por qué los videojuegos no deberían ser (según qué) arte

Por John Tones

Desde hace tiempo (no mucho: me cuesta recordar reivindicaciones de este calibre en los tiempos del modesto pero honesto Spectrum 48k), los aficionados a los videojuegos vemos periódicamente cómo se intenta ensalzar el medio del entretenimiento digital como un arte más, a la altura de la pintura, la fotografía o el cine. Es una corriente de opinión a la que le agradezco las buenas intenciones, pero con la que no termino de comulgar. Sobre todo porque el concepto de arte que se esgrime es rancio, caduco y algo necio: el que identifica “arte” con “lo que cuelga en los museos”.

Por eso, cuando se ponen ejemplos para esgrimir que los videojuegos son arte, se habla de grafismo pictórico o clásico; de argumentos comparables a los de una novela-río; de madurez narrativa en términos de complejidad estructural, pero no de construcción de mundos intraducibles a otros medios (de los laberintos de Pac-Man a los campos de batalla de Quake). No se tiene en cuenta que los videojuegos son la industria más poderosa del mundo porque son sencillos de consumir, un detalle que no debería jugar en su contra… pero tampoco en su favor.

En definitiva, los videojuegos son, según sus propios defensores, un arte derivativo y de segunda categoría. Un ejemplo diáfano de esta especie de complejo de inferioridad: las horrorosas versiones orquestales que se hacen de bandas sonoras clásicas de videojuegos. Intentos de dignificar por la vía del arte clásico lo que es un lenguaje propio, que merece interpretarse bajo sus propios códigos.

Los videojuegos son arte, sí. Pero no nos demos prisa en colgarle la etiqueta al medio hasta que este, para empezar, no haya aprendido cómo matar a sus padres.

PD: En la versión impresa de Público de hoy, que es donde publico el reportaje, además hay una infografía sobre una (de las posibles) historias del arte de los videojuegos, desde la prehistoria al hiperrealismo 3D de hoy.

Publicado en Público el 22/11/2009

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