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Entrevista a Chuck Palahniuk: “Me interesan las experiencias físicas fuertes”

In Carne con moratones, Hambre, Versus on 22 febrero, 2010 at 1:01 am

A Palahniuk (Washington, 1962) mejor leerlo con una caja de tiritas cerca. El autor de El Club de la lucha es una de las voces con más peso de la nueva narrativa estadounidense (la Next Generation, como se llamó en su momento) y, sin duda, el más físico de todos ellos. En sentido literal: sus historias están plagadas de cortes y heridas (El club de la lucha), prácticas poco recomendables (Asfixia), mordiscos mortales (Rent), errores irreparables (la historia de la masturbación en Fantasmas), accidentes tan fatales como el suicidio colectivo (Superviviente) y toda suerte de experiencias extremas (el odio como arma para matar libre y salvajemente, en Nana).

Su nueva novela también tiene como objetivo dejarte hecho polvo en el sofá como un trozo de carne magullada: Rant (Random House Mondadori) vuelve a retomar el mito americanísimo del asesino en serie. Su protagonista, Rant Casey, es un paleto convertido en estrella, que sólo se excita cuando le muerde un animal, inventor de un juego llamado choquejuerga (basado en hacer impactar dos coches a gran velocidad) y responsable de extender una peligrosa plaga por todo el país. Ahora, coge aire.

Rant será un paleto, pero es muy bueno con las citas. Una de las mejores que tiene dice: “Hay gente que nace humana. Al resto nos cuesta toda la vida conseguirlo”. ¿Podría explicar a un personaje que piensa de esta forma tan peculiar?

Uno de mis objetivos cuando escribo es presentar personajes imperfectos con los que el lector pueda identificarse. Adoro a los que lo admiten. De todos mis libros, mi corazón todavía se rompe cuando Marla, de El Club de la lucha, se refiere a si mismo en tercera persona como un “desperdicio humano contagioso”.

Según sus propias palabras, Rant es como la “biografía oral” de un asesino, y sin duda éste es el estilo del libro: sin descripciones, sin narrador, sólo las voces de los personajes, como en una grabadora. ¿Qué ha supuesto este estilo en su forma de escribir?

Cada libro es un experimento. Mi objetivo es encontrar nuevas maneras de empalmar y editar la historia para hacerla tan inmediata y rápida como una película. En El Club de la lucha todo estaba orquestado para poder saltar de un tema a otro, del pasado al presente y al futuro. Rant es un experimento similar, pero usa una biografía de no-ficción para darle más credibilidad a una historia de lo más salvaje.

Las críticas americanas de Rant han ubicado el libro en un algún lugar entre una parodia de A sangre fría, de Truman Capote, y un homenaje a Crash, de J. G. Ballard. ¿Le gusta esta definición para presentar el libro al público español?

Mi comparación favorita es con la versión de La Guerra de los Mundos, tal y como la interpretó Orson Welles en directo por radio. La historia de Rant es increíble, pero el contexto es lo que la hace creíble, de la misma forma que Welles usó falsos noticieros y emisiones para hacer que su invasión de Marte pareciera completamente real.

¿Qué es lo que más le interesaba de Rant: contar una historia sobre el mito de los serial killer o fantasear con una enfermedad masiva como el SIDA, que pone al planeta en alerta roja?

Siento curiosidad sobre cómo la salud pública puede ser usada para reducir las derechos civiles y las libertades. Cada año, la población es amenazada por noticias de una nueva pandemia: gripe aviar, el Virus del Nilo Occidental, ébola… así que no es difícil imaginarse a un gobierno que usa este miedo tan bien incubado para declarar un estado de emergencia.

¿No cree que la figura del serial killer es algo muy americano?

Los americanos adoran las características que hacen de un serial killer algo exitoso: la diligencia, la pasión, la automotivación, independencia, soledad. Fíjate en los inconformistas de Internet que se han hecho ricos rápidamente… bueno, quizá la comparación sea algo facilona.

Dos impresiones después de leerle: sus libros son físicos de alguna manera. Sus páginas están llenas de mordiscos, heridas, puñetazos, accidentes…

Todos mis libros están llenos de drogas, enfermedades, sexo, violencia… todo tipo de experiencia física fuerte. Muchos libros llaman la atención sobre la mente o las emociones, pero si puedes evocar de manera comprensiva una reacción física, has atrapado al lector completamente.

La otra impresión: todos sus libros desprenden tienen cierta sensibilidad apocalíptica, casi pesimista. ¿Cómo se imagina el futuro?

¡Ja! Yo soy un romántico. En todos mis libros, los personajes sacrifican su soledad para formar parte de una comunidad, y así, comprometerse con otra persona. Mis libros son simplemente historias de búsqueda del romanticismo clásico, en las que un héroe es puesto a prueba en una lucha por ganar el amor.

Sólo por curiosidad, ¿ha leído los últimos libros de sus compañeros de generación, David Foster Wallace, Michael Chabon, Jonathan Lethem o Jonathan Franzen?

He leído cosas de ellos, pero no sus últimos trabajos. Bueno, vale, no he leído a Franzen. Lo siento.

Hablando de citas, hay una suya que me impactó mucho hace algunos años: “Hoy, tienes que escribir libros que puedan competir contra videojuegos, videos musicales, lucha libre y el resto de cosas con que la gente emplea su tiempo libre”. ¿Todavía escribe teniendo esta máxima en la cabeza?

Si. Hay algunas historias que sólo pueden ser contadas en libro, y esta es la mayor resistencia de la novela frente a las películas.

Por cierto, creo que El club de la lucha es como Tekken o Virtua Fighter, es decir: el equivalente en literatura del género de lucha en los videojuegos. ¿Qué influencia tienen éstos en su literatura?

Ups. Soy todavía un gran fan del pin ball, pero nunca he jugado con videojuegos.

En su web oficial, da cursos on-line de escritura a sus lectores. ¿Qué tipo de ejercicios les hace?

En la web intento enseñar a la gente lo básico del estilo minimalista que practico y que me encanta. Cada ensayo que ofrezco describe una regla de este estilo y luego le pido al lector que escriba un texto de acuerdo a esa regla. Por ejemplo: le propongo que no utilicen verbos abstractos para referirse a actividades mentales, como pensar, conocer, recordar, lamentar, creer, esperar… En cambio, les pido que representen las circunstancias que crearán tal actividad mental dentro de la mente del lector.

O sea, que cree, al igual que otros muchos escritores, en la eficacia de este tipo de talleres de escritura, aunque el suyo es por Internet.

La verdad es que… me incomoda bastante la atención que recibo de Internet. Al ofrecerme a dar clases, intento redirigir todo ese foco de atención que genero y la energía de la gente a su propio trabajo. Si alguien aprende, aunque sólo sea un buen truco de mí, este le servirá mucho mejor que 100 años de elogios sobre mi obra.

¿Hay momentos en los que teme la reacción de algún lector fanático?

Cada vez que salgo de casa.

Ultima pregunta: también en su página oficial se venden camisetas oficiales de libros suyos, como Asfixia y Superviviente. No acabo de entender por qué otros escritores no hacen lo mismo. Es como el merchandising de un autor, y puede ser ideal para ese mismo publico que compra camisetas de los grupos de pop que escucha, por ejemplo. ¿Cómo se siente haciendo estas cosas, alejadas de su actividad habitual?

Cualquier cosa que haga que los libros y los escritores sean menos pomposos es bueno. Es por eso que intento crear actos tontos durante las presentaciones de mis libros: para el próximo, Snuff, que saldrá en 2008, voy a sacar a la calle miles de de muñecas hinchables, de las sexuales. Esto recompensa a la gente que nunca ha ido a una lectura publica de un autor, y hace que la tarea de escribir sea más apetecible. Y lo más importante, esto hace que mis tareas sean divertidas para mí. Y cuando el trabajo es diversión, siempre estoy feliz de estar trabajando.

Publicado en Público.es el 28/11/2007

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  1. […] una entrevista con motivo de su anterior novela, Rant, me adelantó que para la promoción de Snuff en América quería llenar la calle de muñecas hinchables. ¿Pudo hacerlo […]

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