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Entrevista a Guillermo del Toro: “El Apocalipsis sucede cada día a todo el mundo”

In Apocalipsis YA, Horror, Versus on 24 febrero, 2010 at 12:20 am

Medio sentado, medio tirado en un sofá, Guillermo del Toro (Guadalajara, México,1964) parece un niño gigantesco al que su madre acaba de limpiar las gafas, vestir con ropa planchada y al que obliga a estarse quieto durante varios días para hacer la promoción europea de su libro, Nocturna (Suma de letras), escrito a medias con el novelista Chuck Hogan. Mexicano de manual y con residencia en la utópica Nueva Zelanda, Del Toro no desentona en Londres, una ciudad cuyos cielos han visto volar a gente como Peter Pan o Mary Poppins. “Esto es el paraíso de los libros. Hay una callecita, Coronation, que tiene las librerías más bellas. No he ido de compras en este viaje, pero viví en Londres y me encanta”, asegura. Aun así, no le da ninguna pena volver a Nueva Zelanda para encerrarse, con su familia y el equipo de El hobbit durante los próximos tres años.

Sabemos cómo pueden trabajar dos directores de cine. Pero es más difícil imaginarse cómo trabajan dos escritores. ¿Haciendo un juego con el cine, cuál ha sido su papel en esta trilogía de novelas?

Guionista y director. Fui gestor de la idea de las tres novelas, que era un thriller médico, pero a partir de ahí, comenzó la coescritura. Yo escribía mis capítulos, y Chuck Hogan escribía los suyos. Nos los mandábamos el uno al otro y nos editábamos mutuamente. Ha sido una coescritura real. Lo bonito es que ninguno de los dos éramos preciosistas a la hora de defender nuestros textos o mutilarnos mutuamente: los dos aceptamos la posibilidad de que el otro iba a meterse con el material. La única ventaja es que yo era el director, de alguna manera. En muchos momentos, le pedía que regresara a cosas que él había quitado de sus textos. Ha sido una colaboración muy bella pero muy inusual en mi vida. Yo ya he coescrito 16 ó 17 guiones. Algunas veces a seis manos. Otras, como ahora El hobbit, a ocho.

Precisamente el elemento biológico tiene mucha importancia. Usted abre en canal a un vampiro y le dice al lector cuáles son sus órganos y sus funciones. ¿Les preocupaba dotarlos de la mayor verosimilitud?

Sí, por supuesto, del mismo modo que Bram Stoker le da verosimilitud a Drácula, plasmándolo en un Londres eminentemente moderno. La gente mira ahora Drácula como un clásico, pero en el momento en que salió era como una novela de Michael Crichton, con cosas tecnológicamente avanzadísimas. Hablaba de transfusiones de sangre, lo que entonces era una locura, usaba máquinas de escribir, cilindros para grabar la voz, y era una novela epistolar, escrita a base de documentos arrancados de las manos de sus protagonistas: bitácoras, cartas personales, telegramas… Es lo mismo, y hay citas puntuales en Nocturna a Drácula: el barco que llega hasta Whitby con el ataúd de Drácula es el avión que llega a Nueva York. O el Abraham Van Helsing es el Abraham Setrakian.

Pero, es cierto que me ha obsesionado la biología vampirica desde niño. Puse un poco de ello en Cronos, bastante más en Blade II, incluida una autopsia. Pero me quedé con muchas cosas en el tintero. Esta ha sido la manera. Investigando para Mimic encontré, por ejemplo, que hay un virus que mimetiza el “cascarón” de una célula sana para penetrar en el cuerpo humano, y se mimetizan con los glóbulos blancos sin atacarlos. Chuck tiene un gran conocimiento de epidemiología, y nos cambiábamos e-mails muy curiosos. Por ejemplo, él me preguntaba de qué color es la sangre de los vampiros. Y yo le contestaba otro e-mail larguísimo, explicándole toda la biología vampírica: por qué era blanca, la falta de oxígeno, cómo los vampiros pierden los órganos sexuales y se les forma una cloaca entre el ano y los genitales, por la que excretan amoníaco… Éramos como dos niños, jugando.

Hablando de Stoker, parece que no le interesaba demasiado el vampiro romántico. Lo suyo recuerda más a zombis, animales irracionales…

Sí, lo que pasa es que la idea de zombi original ha estado siempre confinada a una suerte de gueto mitológico caribeño. Y viene George A. Romero y reformula el zombi a partir del Soy Leyenda, de Richard Matheson. Es decir: el zombi del siglo XX, enunciado por Romero, es un zombi-vampiro. Es la transmisión de la pervivencia. Romero ha dicho que estaba haciendo Soy Leyenda, que es una novela vampírica y viral.

¿Le preocupan las pandemias?

No, ni lo mas mínimo. A mí ni siquiera me preocupa la muerte. Soy en eso un gordo totalmente responsable. Creo que las pandemias ahora son el coco, porque la gente no ha querido creer en la superstición y ha hecho de la ciencia una superstición. Cuando nos declaramos seres racionales, somos capaces de hablar de la pandemia como un niño que habla del coco, con miedo. Pero sentar a un señor con máscara, no va a poder explicarte una pandemia, cómo funciona un virus, cómo se transmite o el riesgo. La pandemia tiene un lado animista y totémico absolutamente desbordado que me parece muy interesante. La manera en que el vampiro puede ser reintroducido al lenguaje cotidiano es a través de la ciencia.

Pero…

O a través del cotilleo, como sucede en otras series vampíricas de literatura: sabiendo a quién se follan, dónde viven, cómo se visten. Un poco la salsa rosa vampiresca.

Le pregunto en concreto por si le preocupa, por ejemplo, la Gripe A y los mecanismos que se ponen en funcionamiento.

No, porque creo que son mecanismos naturales y evolutivos. El mundo que estamos creando todos, en conjunto, es poesía de fósiles. En algún momento vamos a ser un estrato minúsculo en la costra geológica de este planeta, como fueron los dinosaurios, que ahora sirven para alimentar nuestros coches. Si ahora pudiéramos viajar en el tiempo y decirle a los dinosaurios que los huesos y la sangre de sus hijos están destinados a estar dentro de un Peugeot, me tomarían por loco. Nosotros estamos haciendo lo mismo, es la misma puta poesía de fósiles. Desde la película más grande a la más infame, desde la obra literaria más inolvidable al folletín del kiosco más infecto, todo va a quedar en el mismo estrato geológico de mierda que va a formar parte de la costra geológica de la Tierra. Cuando tomas esa perspectiva no te preocupan las pandemias.

¿Y le preocupa el Apocalipsis? Se lo digo incluso en el sentido religioso…

Mira, justamente estoy escribiendo alguna cosilla, que a ver si algún día se publica. Es ficción de otro tipo. Y esas ficcioncillas tratan un poco de esas cosas. Yo creo que el Apocalipsis realmente sucede cada día, a todo el mundo. Cuando a alguien lo sacan de su casa en Ruanda y le meten un tiro en la cabeza a su hijo y le queman la casa, ese es el Apocalipsis. Y sucede todos los días. Al mismo tiempo, hay alguien al otro lado del mundo que se está probando unos pantalones que no le cierran, y se toma un helado o hace el amor con alguien… Creo que el Apocalipsis, como una suerte de escatología sincrónica, que dice que nos vamos a morir todos, no es así. Vamos a decrecer y van a crecer otras cosas. Nos vamos a extinguir lentamente y de manera bastante más aburrida de lo que pensamos. Y el último hombre sobre la Tierra va a estar solo hasta que diga “bueno”. Y se va a acabar. No creo en que todo vaya a suceder en un día. Es bellísimo como ficción. El primer libro de horror que se acuñó fue el Apocalipsis.

Los episodios históricos son algo recurrente en usted. El Espinazo del Diablo, El laberinto del Fauno o Hellboy juegan con cuentos fantásticos en escenarios históricos. En el caso de Nocturna, presenta a un vampiro en un campo de concentración. Dos horrores que se dan la mano.

Llevaba años con ellos. Son episodios que quería escribir desde hace mucho. En la novela hay asuntos muy puntuales, donde se plasman cosas que se me ocurrieron desde chico. Esa es una. Otra es la imagen del niño mirando por la ventana hacia la calle, que ve a un tipo desnudo pasar con una cicatriz en forma de “Y” de una autopsia. Es un episodio que imaginé de niño.

¿Qué le permite la escritura respecto al cine?

Me gusta el silencio, algo que no puedo hacer en cine. Si filmo esa misma escena, queda sin sustento. En la novela puedo hablar de silencios. Lo mismo ocurre en el campo de concentración: puedo decir lo que siente el personaje. En cine puedo mostrar lo que piensa, pero no puedo decirlo. No puedo tener ese momento en que un personaje está frente a un agujero en llamas lleno de cuerpos y llora. Pero llora porque siente que todo en lo que creía ha fracasado. Después de una huida, el personaje dice: “En ausencia de Dios, Setrakian encontró el hombre. El hombre como la peor maldición o la mayor salvación que conoció. Manos anónimas destruyendo y salvando al mismo tiempo”. Para mí es fundamental esto: lo cósmicamente importante es encontrar al hombre. El peor monstruo es, quizás, el nazi que voluntariamente dice, vamos a matar a estos tipos.

Y tanto el vampiro como el nazi, son horrores producto del hombre.

Sí. Si terminamos la trilogía, el origen de todo es muy bello. Porque estamos tratando oblicuamente de reinventar el mito vampírico.

O sea, no habéis acabado el tercer volumen.

Estamos a punto de entregar el segundo volumen (Oscura) y el tercero (Eterna) se va a parar por mi parte hasta que acabe de rodar El Hobbit. En la posproducción, espero recuperar mis madrugadas solitarias. Se publicaría en 2012 o 2013. Pero Oscura lo tendrás en un año.

¿Cómo es su vida en Nueva Zelanda, ahora que prepara El Hobbit?

Vivo allí desde hace cerca de ocho meses, y visito y me visitan. Pero para definir Nueva Zelanda, las palabras se me quedan cortas. Siempre digo que es el paraíso. Me repito, pero me repito sinceramente: me ha tomado 44 años aprender a vivir como un niño. Me levanto y para empezar, escribo. Tengo una casita junto a la playa. Luego me voy a jugar con mis amigos, hacemos monstruos todo el día y escribimos juntos.

Son los mejores amigos que uno puede desear, como Peter Jackson. Por la noche, completamente alucinado, tengo otras dos horas para escribir solo. Y mientras no llega la familia, me despacho una buen Call of Duty o Left 4 Dead. Juego una hora, mato algunas cosillas, y voy a dormir con el ruido del mar en la noche. Nunca había dormido en el Paraíso. De niño fui un niño muy tortuoso. Era un niño que vivía como un viejecillo de 70 años, ponderando la muerte, la enfermedad, el pecado original, los deméritos de la masturbación y todas estas cosas. Ahora soy feliz, por primera vez.

Hablando del Call of Duty, ¿es usted de los que apuesta por cierta renovación del cine de la mano de los videojuegos?

Sí, en el caso de las grandes producciones, aunque no en el cine de autor. Es decir, no postulo que veremos a Jarmusch, a Lynch o Almodóvar haciendo sus películas a través de los videojuegos. Pero sí creo que es una plataforma ideal para las películas de espectáculo y que permite su continuación.

La mayoría conoce el videojuego por la prensa de derechas. Cuando claman al cielo porque GTA IV es una mierda porque matan viejecitas, estoy de acuerdo, pero no conocen algo tan bien planteado en términos de espectáculo como Call of Duty, más allá de sus convicciones políticas. Es una película de acción montada de puta madre. Igual que hay momentos de profundo miedo lynchiano en BioShock. Es una vergüenza que los narradores se nieguen a explorar el videojuego por encontrarlo plebeyo. Es un purismo de academia detestable.

‘El Hobbit’ y los mil proyectos de un hiperactivo

¿Respetará Del Toro la trilogía de Peter Jackson?

Dice Del Toro que ‘El Hobbit’ será un hijo con dos padres, él y Peter Jackson. “Si ves las películas de Peter y las mías, y te imaginas un hijo de las dos cosas, eso es lo que va a ser”, asume. El mexicano, que rechazó dirigir ‘Narnia’ o ‘Harry Potter’ porque eran universos en los que no se encontraba cómodo, reconoce que en el mundo de Tolkien no puede sentirse más en casa. “Siento absoluta empatía con ese mundo”, dice. Del Toro, que reconoce que se harán dos películas –“y no más”– de ‘El Hobbit’, asegura que “con Peter tengo una gran amistad creativa y un profundo respeto. Me han dejado hacer con total libertad”.

¿Realmente tiene tantos proyectos en la recámara?

Parece que sí. Guillermo del Toro asegura que “todas esas cosas que salen anunciadas no significan que sean películas. Tengo escritos aproximadamente diez guiones que no se han filmado. Eso no significa que tenga diez películas, sino diez documentos que dicen que este gordo quiere hacer ‘Montecristo’ o ‘Las montañas de la locura’, de Lovecraft”, argumenta.

¿Dirigirá la adaptación de ‘Jeckyll y Hyde’?

No, pero Del Toro la producirá. Las que sí llevarán su firma son ‘Frankenstein’ y ‘Matadero 5’. “Muchos de los proyectos que tengo son como productor. Por ejemplo, ahora mismo, en otro piso de este hotel, está el guionista con el que estoy colaborando en la adaptación de ‘Drood’, de Dan Simmons, que dirigiré yo”, dice el artista en Londres.

¿Mantiene la efectividad cuando escribe novelas?

El salto a la literatura fantástica de Del Toro no es tan sorprendente como pudiera parecer, dado el éxito que ha obtenido con películas como ‘El laberinto del fauno’. ‘Nocturna’, primera parte de una trilogía, es una novela llena de acción, drama y espectáculo. El libro se beneficia de la imaginación desbordante de Del Toro y de la técnica narrativa de Chuck Hogan, que anteriormente había escrito una novela negra titulada ‘El príncipe de los ladrones’ y que ya prepara su salto al cine.

Publicado en Público.es el 9/6/2009

Foto: Carmen Valiño

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