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Muse contra el Gran Hermano

In Apocalipsis YA, Sci-fi, Versus on 24 febrero, 2010 at 12:32 am

Según describía George Orwell en la anticipatoria 1984, el miedo es la mejor herramienta para dominar a una masa pasiva de cuerpos que no se atreven a levantar la mirada hacia el Partido Único. En una sociedad televigilada las 24 horas, muy pocos se atreven a plantar cara al sistema y organizarse como una resistencia. Silenciosa, oculta, pero resistencia. Este es el concepto ideológico que recorre el quinto álbum de los británicos Muse,titulado precisamente The Resistance y que estará en la calle el 14 de septiembre. Nada raro en una banda que ha vendido ocho millones de discos en todo el mundo cantándole al miedo, el caos, el control de masas, los totalitarismos o la presencia asfixiante de EEUU.

“No hay un concepto único detrás del disco, pero sí un sentimiento: el de ir en contra del sistema. Las letras están muy inspiradas en 1984 porque la historia de Orwell es una historia de amor contra el régimen. Y la manera en que Orwell presenta esta resistencia en el libro sugiere que es un movimiento que está creciendo silenciosamente contra la idea de utilizar el odio para mantener a la gente en fila. Nos hemos sentido así en muchas ocasiones”, dice a Público Dominic Howard, batería de la banda, desde la terraza de un céntrico hotel de Madrid.

Protestas y hooligans

Grabado con total tranquilidad en el estudio privado que Matt Bellamy, voz y guitarra de Muse, tiene en el norte de Italia, parece que el trío ha perseguido precisamente alejarse de “esa sensación de vigilancia constante que tenemos en Gran Bretaña”, reconoce Howard. “Incluso en el proceso de hacer un disco te sientes observado por un montón de gente, todos dando su opinión. Inglaterra es un país así, en el que la autoridad quiere tenerlo todo bajo control y todo tiende a hacerse público. Imagino que no es muy diferente a otros países. Pero el ejercicio de leer el libro y mirar a nuestro alrededor ha sido noqueante”, concluye.

El sonido y las letras del disco apuntan por ahí, como también la propia forma de producirlo que han elegido. “Ellos no podrán forzarnos / Ellos no podrán degradarnos / Nosotros saldremos victoriosos”, canta Bellamy en el arranque del disco y primer single, la militar Uprising, con sus coros oi!: “Es como una multitud de jugadores de fútbol agitándose a la vez”, ríe Chris Wolstenholme, bajista de la banda. “Buscábamos transmitir la pertenencia a un grupo que lucha contra algo. No hay nada más ruidoso que unos hooligans“.

Profundizando en las letras, temas como Uprising y Resistance, según Wolstenholme, “tratan del tipo de sensación que tiene la gente ante muchos acontecimientos políticos: la frustración que siente ante cómo funciona el mundo y el hecho de que no podamos hacer nada”. El grupo habla en términos como “contraatacar” y de que el pueblo sepa “que la voz importante es la suya”.

Howard completa a Wolstenholme: “No puedes sentirte avergonzado ni tener miedo por protestar. Mucha gente se siente así y se cree una excepción. Y no lo son. Todos estamos frustrados y no hay nada malo en luchar contra ello. Siento que los gobiernos que nos lideran nos quieren callados y quietos. No sientas esto. No sientas lo otro. Y creo que nuestro álbum habla de poder sentirse frustrado”.

Por si no hubiera suficiente carga ideológica, otro autor al que Bellamy ha citado como influencia en la temática del disco es el politólogo polaco Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Jimmy Carter, que pensaba en el mapamundi como un tablero de ajedrez en el que Europa y Asia debían ser controlados por América para asegurar el suministro de petróleo. United States of Eurasia precisamente retoma esta idea ya planteada por Orwell.

Aparatos y canciones de amor

A pesar de lo dicho, el grupo no se cansa de repetir que este es “nuestro álbum más personal”. En lo musical debe serlo, ya que es el primero en el que el trío se pone a los mandos del estudio y se lanzan a las tareas de producción. En las letras, también hay algo… inédito: “Los últimos dos álbumes hablaban de cómo iba el mundo y lo negro que era todo. Este incluso tiene un par de canciones de amor ¡y nosotros nunca habíamos hecho antes ninguna canción de amor!”, dice riendo Wolstenholme.

En lo estrictamente sonoro, The Resistance ha querido alejarse de los patrones conocidos del grupo (progresivo, oscuro, electrónico, rotundo, 100% reconocible), que para ello ha hecho lo más parecido a un borrón y cuenta nueva. Adiós técnicos habituales de los anteriores discos y bienvenida sea una nueva forma de democracia que no tiene nada que ver con la tiranía habitual del productor: aquí cada uno toca de todo un poco y todos opinan sobre lo que han hecho el resto. Es lo bueno de ser un trío: siempre hay alguno que consigue que la balanza vaya para un lado o para el otro. Wolstenholme recuerda el proceso de producción de su anterior disco, Black Holes and Revelations, como algo que debían superar. “La libertad de no tener productor es importante. Normalmente, llega con muchas ideas al estudio, algunas buenas, otras son malas. Su proceso se basa en probar y ver qué pasa, con lo que hay una pérdida de tiempo considerable y además, en muchas ocasiones, da por terminado cuando en realidad nosotros sentíamos que sólo estábamos empezando”.

Con el “fichaje” de Mark Spike Stent para las mezclas, que ha trabajado con artistas como U2, Madonna, Oasis o Gwen Stefani, Muse ha subrayado su intención de acercarse a “sonidos contemporáneos que se emiten en la radio”, según Howard, especialmente R&B moderno de artistas como Timbaland. “Nos lo hemos tomado como un viaje. Sin una meta fija porque la mayoría de las veces esta iba cambiando. Todos hemos opinado sobre la forma de tocar de los otros y hemos probado instrumentos, como programaciones, sintetizadores, samples…”.

Y sin estrés, que para eso uno se va a grabar a Italia. “Lo mejor ha sido la comida”, recuerda Howard: “Viendo imágenes grabadas por nosotros, alucino con la cantidad de veces que salimos comiendo. Con frecuencia, se nos oye discutir de un tema y decir: bueno, vamos parar para comer algo”.

Himnos y sinfonías

Un grupo como Muse es ya veterano en crear expectación a través de la Red. En el proceso de grabación de The Resistance, han jugado un papel importante herramientas como Twitter, desde donde han ido encendiendo el ánimo de sus seguidores con pequeños comentarios. Durante un tiempo, Bellamy sostenía que el disco contendría un solo de space rock de 15 minutos. Finalmente, el disco se cierra con una pieza en tres partes titulada Exogenesis Symphony, donde “hemos hecho la sinfonía que nunca tuvimos huevos de hacer antes”, dice Howard. Lo que le faltaba a la banda más sinfónica del rock británico.

Un tema que posiblemente nunca puedan traducir a sus directos “porque ir de gira con una orquesta no es práctico”, dice Howard. Y eso que, según anuncian, sus explosivos directos también se verán alterados: “Hasta ahora hemos sido muy tradicionales: tres tipos, pantalla de fondo y luces. Ahora estamos pensando en algo muy teatral, con una gran construcción, muy industrial”. A la altura, vaya, de U2, a los que telonearán en parte de su gira por Norteamérica. Para comprobarlo, en España habrá que esperar hasta finales de noviembre.

The Resistance (Warner)

Hace una década que Muse ya planteó la ecuación de mezclar Chopin y hard rock oscuro y torturado, y sabemos a qué suena: un poco a los Radiohead más grunge, un mucho a los Queen más rococó. Con una sola escucha permitida a ‘The Resistance’ antes de su fecha de lanzamiento (el mánager del grupo viajó viajó a Madrid con un puñado de iPods, que los periodistas pudieron escuchar, pero casi no tocar), la cosa no parece muy diferente a lo oído en ‘Absolution’ y ‘Black Hole and Revelations’. El disco arranca con los ritmos marciales y los coros oi! de ‘Uprising’, el tema que mejor resume lo inflamable que quiere ser este disco, que continua muy bien en la primera mitad, con ‘Resistance’, la muy Depeche Mode ‘Undiscloserd Desire’ y ‘United States of Eurasia’. La cosa se desinfla en las más blanditas ‘Guiding Light’ y ‘Unnatural Selection’ y ponen el pilóto automático en ‘MK Ultra’. ‘I Belong to You’ es toda su concesión al R&B. Los 13 minutos de ‘Exogenesis Symphony’ no creo que pasen de la anédcota.

Publicado en Público.es el 2/9/2009

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