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David Foster Wallace: El rey pálido

In Hambre on 16 marzo, 2010 at 7:01 pm

A principios de esta semana, The New Yorker comenzaba a destapar el ataúd de David Foster Wallace (1962-2008), bien cerrado a los mirones desde que el escritor se suicidase el pasado 12 de septiembre. En un ensayo-biografía que parece más que nunca un homenaje al escritor (más de 12.000 palabras, párrafos mastodónticos, frases que se estiran), la prestigiosa revista en que firmaron Truman Capote, J. D. Salinger o Raymond Carver se atreve a recrear el proceso de desintegración paulatina en que vivió sus últimos meses el autor a partir de su correspondencia privada y conversaciones con la viuda.

También se esboza la que será conocida como su obra inacabada: The Pale King (el rey pálido, aunque aún no hay traducción oficial). Según TheNew Yorker, que también adelanta un capítulo, titulado Wiggle Room, se espera que el texto sea publicado en EEUU en primavera de 2010. Las reacciones al otro lado del Atlántico no se han hecho esperar, donde el autor de La broma infinta es considerado sin titubeos el escritor con más talento de su generación (y más allá: “Tiene un virtuosismo retórico con mayor maestría, emoción e imaginación que cualquier otro escritor vivo”, según escribió su amigo, el también escritor Jonathan Franzen, en un texto para su funeral). Washington Post, New York Times y Publisher’s Weekly se han hecho eco esta semana de la aparición y publicación de la que hubiera sido su tercera novela.

En sentido estricto, The Pale King es un texto de 200 páginas, aparecido en la casa de Claremont (California) donde el escritor vivía junto a su esposa, la artista Karen Green. En realidad, estamos sólo ante la tercera parte de un original de cerca de 600. Por lo que se ha podido leer (además del fragmento publicado ahora, The New Yorker ya adelantó otro fragmento en 2007 y Harper’s hizo lo propio con otro capítulo), su contenido es cien por cien Foster Wallace: entre sus protagonistas emergen dos aburridos inspectores de Hacienda estadounidenses, enredados en ese abundante léxico burocrático en el cual el escritor ponía tanta atención.

Ideas inconexas

Gran parte el libro se ocupa (de nuevo) en plasmar la preocupación del autor por mantener el control, por la “obligación” de estar despiertos ante todo lo que ocurre a nuestro alrededor, frente a lo que consigue llamar nuestra atención, por encima del aburrimiento y el tedio. Aún así, según confesó el propio autor antes de morir, una de sus preocupaciones con esta novela es superar su estilo “maximalista”. Había puesto en The Pale King todas las  esperanzas para alcanzar una nueva escritura y convertirse en un escritor nuevo.

“Por las partes que he leído y que se han publicado, no se puede ver realmente de qué trata el libro”, avisa el escritor Javier Calvo, traductor de prácticamente toda su obra al español. “Precisamente una de las cosas de las que más se quejaba el propio Wallace era que no había encontrado realmente una trama para el libro; sólo tenía una serie de ideas inconexas. Esto de dar un giro y alejarse de su estilo… no lo veo. Estamos ante un autor con voz. Cuando lees un párrafo suyo, sabes que es él”.

En nuestro país, la editorial Mondadori, propietaria de los derechos del escritor, todavía no tiene claro qué pasará con The Pale King. Será en abril, en la feria del libro de Londres, cuando y donde el sello tenga que volver a negociar los derechos del autor de la nueva novela y, sobre todo, donde pueda conocer de cerca hasta qué punto es “legible”. Calvo también se muestra escéptico: “A nivel de expectativas, no tengo muchas. No creo sea su mejor libro, más que nada por las circunstancias en las que se escribió. No me convence esa práctica de publicar póstumos que el autor no ha tenido tiempo de terminar. Es una controversia vieja. Considero, por ejemplo, que los últimos cuatro libros de Roberto Bolaño que se publicaron en España no son suyos. Porque nadie puede saber exactamente hasta dónde podría haber llegado el autor. En The New Yorker se deja entrever que, finalmente, él preparó una versión del manuscrito para que su mujer lo publicase, pero esto nunca se sabrá con certeza. En última instancia, escapa a la voluntad del autor”.

Pero, ¿aún queda mucho más por publicar? ¿Y traducir? Algo, aunque parece que no mucho más. Por lo pronto, esta primavera, en EEUU se lanzará This is Water, un texto que el autor de La niña del pelo raro escribió como discurso en el Kenyon College. A párrafo por página, la idea es que el texto conforme un libro pequeño, que además irá acompañado de los responsos que le dedicaron en un homenaje en Nueva York en el que participaron familiares y amigos como Don DeLillo, Donald Antrim, Zadie Smith, George Saunders o Franzen.

Cuestión de oído

En España, además de The Pale King y This is Water, queda “alguna cosa más, pero yo no soy partidario de revolver los cajones para sacar todo lo que haya, con ningún autor”, advierte Claudio López Lamadrid, editor de la casa. Eso teniendo en cuenta que “hemos reeditado todas sus obras. Sus libros se venden. No en exceso, pero tiene un goteo, una base con muchos seguidores”. Es el caso de la revista Quimera, que este mes de enero dedicaba su número al autor de Entrevistas breves con hombres repulsivos, en la que toda una generación de escritores españoles se declaraba en “orfandad”: Ricardo Menéndez Salmón, Manuel Vilas, Robert Juan-Cantavella, Eloy Fernández Porta y Agustín Fernández Mallo, entre otros. De todos los textos, quizá el más revelador sea Juan Trejo, que despeja la incógnita W. El caso de Foster Wallace, dice, “sirve para trazar la delgada línea roja que indica el corte generacional en España”. Es una cuestión de oído: sus textos despliegan una frecuencia de onda “que la generación anterior (tanto de escritores como de críticos) no captan en su totalidad”. Un ultrasonido que sólo percibe el oído cuando aún no ha sufrido “la costumbre de escuchar siempre, y de forma voluntaria, un único tipo de música”.

Todo Wallace: Regalos y pastelitos

Burocrático
Como hijo de su tiempo, la escritura de Foster Wallace está hecha con cosas que están al alcance de todos: el formulario que hay que rellenar ante la Administración, el prospecto de un medicamento, la lista de ingredientes de un pastelito industrial, las notas a pie de página de un libro de texto.

Manierista
Por algo Franzen bromeaba sobre la habilidad de Foster Wallace para incluir más de 100 palabras en una sola frase. Calvo, que conoce bien su estilo por haberlo traducido, no lo duda: “Es muy manierista, muy decimonónico, muy Herman Melville”. El autor adora también a Dostoievski.

Realista
‘Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer’ recoge algunos ensayos de un autor que estudió filosofía y que también practicó el periodismo, llevándolo a su terreno (y al de la alta literatura), como demostró en la recopilación ‘Entrevistas breves con hombres repulsivos”.

Imaginativo
Con el tiempo y a pesar de algunos de sus propios esfuerzos, Foster Wallace se dio cuenta de que no hay escritor posible sin ficción. Aunque en muchas ocasiones, lo suyo parezca todo menos ficción: referencias reales, cultura popular y recursos propios de estudios y ensayos.

En breve…
Foster Wallace ha publicado relatos en revistas, que luego ha reunido en libros (con títulos excelentes) como ‘La niña del pelo raro’, ‘Extinción’ o el más reciente ‘Hablemos de langostas’, donde se incluye el viaje que hizo para ‘Rolling Stone’ en 2000, siguiendo la campaña política de McCain.

…Y en largo
En realidad, Wallace es autor de sólo dos novelas, sin contar con la inacabada ‘The Pale King’. La primera, ‘The Broom of System’, no ha sido publicada en castellano. La segunda, ‘La broma infinta’, vale por las tres: un tocho de más de 1.000 páginas que sólo hace  referencias a sí misma.

El espejo iluminado, por Eloy Fernández-Porta

Como otros autores norteamericanos nacidos a principios de los sesenta, David Foster Wallace se formó en un medio protagonizado por el movimiento posmodernista, con el que mantuvo una relación ambivalente. Por una parte, dio la espalda a las prácticas metaficcionales y a la literatura de segundo grado representadas por John Barh, a quien satirizó, con acritud manifiesta y reverencia impostada, en uno de sus relatos más conocidos. En cambio, descubrió un nuevo mundo en Donald Barthelme, y en particular en su planteamiento de la narración como crisol de voces y fláses del paisaje mediático. Pues para el escritor de hoy la televisión, según declara su ensayo E Unibus Pluram, es un espejo, pero no ya el añejo vidrio realista, dispuesto a lo largo del camino, sino “el espejo de baño sobreiluminado donde el adolescente examina sus bíceps, buscando su imagen idónea”. Con la tv recorren su obra todas las textualidades del consumo: los cuestionarios de revista,la literatura científica y corporativa y el articulismo de autor, que también practicó, yal que insufló aliento novelístico y sorna sociológica.

En todo ello el autor de La broma infinita fue virtuoso, si bien no fue ni pretendió ser modélico. La mediasfera es una condición envolvente, y nadie empieza a escribir sobre ella a partir de esa novela. No,Wallace no es el espejo en quese miran los nuevos narradores, aunque los neones de su estilo y su musculatura verbal parezcan dignas de imitación. Sí hay un aspecto que lo hace singular y renovador: su talento para la caracterización psicológica. Cuando él empezó a publicar el código de descripción dominante demandaba actos, diálogos y externalidad. Él le opuso ese característico modo de introspección, moroso, sarcástico y punzante, que ha dado algunos de los grandes retratos de las letras actuales, desde el asesino de autoestopistas al artista anal. En este aspecto –en su esbozo de la psique contemporánea– su verdadera influencia aún está por llegar.

* Eloy Ferández-Porta es escritor, autor del libro ‘Homo Sampler’ (Anagrama)

Publicado en Público el 7/3/2009

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  1. […] estoy acostumbrado a hacer, y que no pudo comenzar mejor: "Me han dicho que me prepare. Que llega El Rey Pálido. Que tengo que traducirlo". Y qué ganas de leerlo, […]

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