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Entrevista a Juan Luis Arsuaga: “El sexo está sobrevalorado”

In Apocalipsis YA, Versus on 16 marzo, 2010 at 5:10 pm

Investigador aún por civilizar. Ahí donde le ven, sesudo y seriote, su lucha diaria es no parecer un ‘torrijo’ a sus hijas: nada peor que un científico serio. De pequeño quería ser…

Un juego: cosas que hacen diferentes al ser humano del resto de animales. La primera podría ser precisamente la capacidad para mantener vivo el interés en jugar a lo largo de los años, aún siendo adultos. Es decir, el juego, esa forma de exploración, de conocimiento y de aprendizaje que realizan cachorros y crías, se mantiene intacto en nosotros con la edad. “Decía Konrad Lorenz, el padre de la etología moderna, que un perro adulto es una persona muy seria. Y es verdad: los perros, que de críos son muy juguetones, luego se hacen muy serios. Los humanos somos juveniles toda la vida porque mantenemos ese afán de exploración”, dice Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca.

Y que nadie salga corriendo al leer “etología”: su tarjeta de presentación como científico serio no es nada seria: “Y de todos nosotros, los peores somos los científicos, los más infantiles e inmaduros. No hay nada peor que un científico serio. Nosotros siempre debemos experimentar, probar, jugar”.

Lo dice minutos antes de quitarse los zapatos, encaramarse sobre un sillón y posar con una pizarra que pone “Salvaje”. A ambos lados, huesos y arcos que parecen sacados de una cueva. “Es la palabra que más me gusta del castellano. Siempre quise ser naturalista, biólogo, palentólogo, geólogo soy, en definitiva, hijo de Félix Rodríguez de la Fuente”, dice, recordando su niñez, en la que ya demostraba sus aficiones desenterrando caracoros y bósiles en Tolosa, según llamaba a aquellas cosas su abuela.

Perdone, pero tiene una pinta de haber sido un empollón… “Eso me dicen mis hijas: que soy un poco torrijo. Yo les digo que ya aprenderán: creo que en la vida no hay que ser gracioso, sino interesante. Pero claro que jugaba a otras cosas. Al fútbol, como todo el mundo. Sin ir más lejos, mi padre fue futbolista profesional en el Real Madrid ocho años. Nací en Madrid porque él jugaba aquí. Y también iba al campo, una constante en mi vida”.

Más cosas que nos diferencian de los animales: el sexo por el sexo, como disfrute. “No: la diferencia está en el amor. Nuestra especie es la única en la que el sexo está disociado de la reproducción”, corrige Arsuaga. “No han caído imperios por el sexo, pero sí por amor. Hay gente que ha perdido reinos, familia y fortuna. El sexo no es una de las grandes fuerzas que han movido la Historia”. ¿Está sobrevalorado? “Sí, está por encima de su importancia real. Nadie hace nada por sexo, nada que implique esfuerzo. Por amor sí, a la pareja, a un hijo, a una creencia o nacionalidad”.

Ya puestos, pedimos a Arsuaga analizar algunos de los rituales sexuales de nuestra especie. Esos que también nos hacen diferentes, como la fiebre por la depilación (“en las mujeres no deja de funcionar como un altavoz de la selección sexual de Darwin: acentúa sus diferencias biológicas con los hombres, que, por contra, deberían explotar el pelo como elemento diferenciador”) o la moda: “Cambiar de aspecto es un lenguaje. Un código, un sistema de comunicación que utilizamos para expresarnos y enviar mensajes. Lo que nos ponemos es lo más deliberado que hacemos en todo el día”. Arsuaga se confiesa presumido como cualquiera y dice que le gustan “las mujeres interesantes: mientras no abran la boca, no me pronuncio”.

El sentimiento religioso, la organización política y la maldición del trabajo también nos hace únicos. Arsuaga no cree en dios, pero sí en la trascendencia, “en no conformarse con el día a día. Trabajamos toda la semana como cabrones para ir al Pryca el sábado. Hay que tener otros ideales, buscar algo más, hasta la divinidad o todo lo lejos que puedas. ¡Esta vida no es humana!”.

Sobre política, “la del día a día me interesa, pero no lo que sale hoy en el periódico. Nadie se acordará de quién insulta a quién”. Y se reconoce workaholic: “La mayor parte de mi vida lo he sido. Es difícil llamar trabajo a lo que yo hago. No me siento explotado por mi mismo”.

Y terminamos como empezamos. Jugando. ¿Qué metería en una cápsula del tiempo para que, quien pise la Tierra en el futuro, se haga una idea de quiénes fuimos? “El Quijote: allí está toda la Humanidad. Dirán: mira esta especie, egoísta, chalada, pero con grandeza”. ¿Seguro? ¿No somos nuestros peores enemigos? Dispara: “Somos una especie lamentable. Grandes productores de mierda y porquería. Y no tiene por qué gustarnos, como dicen en Indiana Jones“.

7 pecados capitales


01. Un libro: ‘El libro de la selva’. Rudyard Kipling

02. Un grupo: Los secretos

03. Una escapada: La sierra de Madrid

04. Una película: ‘Blade Runner’

05. Una prenda: Procuro no tener fetiches

06. Un plato: La paella

07. Un icono sexual: Uma Thurman

Publicado en Público.es el 11/8/2009

Foto: Mónica Patxot

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