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Edición de lujo para ‘La casta de los metabarones’

In Carne con moratones, Cartoon, Queer Conspiracy, Sci-fi on 27 marzo, 2010 at 2:22 am

De lo que se trata es de hacer un sacrificio. Por tradición: ocho páginas, que describen el sangriento ritual por el que un padre mutila un oído y parte del lóbulo cerebral derecho de su hijo para sustituirlo por fríos órganos mecánicos (tal y como hizo antes su padre con él mismo y su abuelo y el abuelo de éste con sus propios vástagos), fueron el embrión de una de las historias más grandes jamás escuchadas a lo largo del universo.

Ocho páginas que acabaron siendo doce, y finalmente cerca de 600, para narrar el devenir por el espacio y el tiempo de La Casta de los Metabarones; todo un árbol genealógico narrado en viñetas y trenzado con los huesos y la carne y el metal de los que posiblemente hayan sido la familia de guerreros más salvaje de la Galaxia.

Y de lo que se trata también es de celebrarlo. Ideada ya hace cerca de 15 años bajo la extraña conjunción de dos astros llamados Alejandro Jodorowsky (historia) y Juan Giménez (dibujo) y editada a lo largo de una década por Norma editorial, la serie de Los Metabarones ya tiene edición integral, cortesía del sello Reservoir Books de Mondadori. Así que a robots y humanos no nos queda otra que celebrarlo.

Humanoides asociados

Según recuerdan Jodorowsky y Giménez, lo suyo no fue, ni de lejos, un flechazo a primera vista, a pesar de los puntos en común que se les pueden presuponer a un chileno místico y a un argentino loco por el diseño industrial. Haciendo un poco de memoria, en una entrevista en su página web, Giménez recuerda que fue la editorial francesa Humanoïdes Associés la que los sentó a ambos en la misma mesa.

Allí Jodorowsky planteó su idea primitiva para el Metabarón, “un tipo pelado con una oreja de lata”, donde “un millón de naves atacaban a un millón de tipos. Una historia que al principio me fastidió un poco, porque no era lo mío, hacer esas armaduras y fantasía…”, según el dibujante.

La versión de Jodorowsky del no-romance, incluida en un anexo al final de esta megaedición, no es muy diferente, aunque tiene otro tono: “Gentes malintencionadas se aprovecharon de mi reputación sulfurante para presentarme como un espantoso gurú que va por ahí degollando niños”. Al final, la cosa salió como Jodorowsky intuyó en su día: “El realismo y la sensualidad” de Giménez hizo posible “una epopeya llena de ruido y de furia, de pasión, de dramas, de choque del metal y de la carne, otro aspecto de la ciencia ficción luminosa y espiritual que se había inaugurado con Moebius”.

Sherezade en la Luna

Con sus tradiciones salvajes y su concepción del honor y la nobleza interplanetaria; sus robots serviles y navíos orgánicos; su fauna mutante de arañas gigantes, gatos voladores y monos inteligentes; y su sistema de clases en el que la aristocracia y la piratería se confunden, Los Metabarones “cruza con acierto la estética de la ciencia-ficción con la lírica de los Cuentos de las mil y una noches”, según recoge el escritor Rafael Marín en su serie 50 obras maestras del cómic de ciencia ficción (www.bibliopolis.org/umbrales), donde ocupa el puesto 29.

A grandes rasgos, la serie narra el fulgurante ascenso de los Castaka en un universo en descomposición moral, donde “guerra, poder, religión, ciencia, todo es lucha y degeneración”. Desde sus orígenes, con el tatarabuelo Othon, quien comenzó la tradición de mutilar a su hijo y someterlo a un duro aprendizaje, hasta el último de la estirpe, sin nombre conocido y cuyos robots actúan en esta historia, tal y como decía Marín, como una suerte de Sherezade y su sultán: aburridos ante el paso de las horas, no les queda otra que contarse historias del Metabarón para matar el tiempo. Las mismas leyendas que ahora nos llegan en esta edición absoluta.

Árbol genalógico

Othonel el tatarabuelo
El principio de todo, el pionero en desafiar al Imperio, castrado y casado en dos ocasiones.

Honorata la tatarabuela
Originalmente, una monja-puta concebida como regalo a Othon. Finalmente, la Eva de  esta historia.

Agnar el bisabuelo
Destinado a ser ‘el hermafrodita divino’, su sangre les permitió volar a él y a sus  descendientes.

Oda la bisabuela
Voluptuosa y sensual, se enfrentó a la decapitación de su propio hijo a manos de su marido.

Cabeza de hierro el abuelo
Su mutilación fue la peor: la cabeza. Llegará a ser el más canalla de todos, y casi un robot  completo.

Vicenta la abuela
La más frustrada y noble de las mujeres de la familia y la única que dio a luz a una  hembra.


Aghora el padre-madre
Cerebro de hombre y cuerpo de mujer. La dualidad omnipresente del Metabarón en estado puro.


El sin nombre
Su figura planea, misteriosa, durante las 600 páginas de ‘La casta de los Metabarones’. El guerrero más poderoso de la galaxia pero, también, el último de los Castaka. Se negó a  tener descendencia para no revivir horrores pasados, vistos los estragos causados por su  familia.

Metadiccionario

El lenguaje del futuro: lo que pudo ser y nunca fue

Paleomarx y paleofreud
En el futuro, todo lo que hace referencia al tiempo que vivimos ahora es ‘Paleo’. La historia de los Metabarones está repleta de guiños que, con mucho humor, nos traen a la cabeza ciertos personajes.

Technoaspirinas y technopapas
Las primeras son lo que toman los robots para evitar el dolor de circuitos cuando se calientan o se sobreemocionan. Los Technoobispos y Technocardenales hacen referencia a los cargos eclesiásticos, que llegan, ni mas ni menos, hasta el Technopapa.


¡Mecacretino lo serás tú!

Los insultos ideados por los androides hacen referencia, claro, al cuerpo humano. Junto a este, hay otros, tan directosc omo ‘homeoputa’.

Cetaborgs, tarantulobas y macropiojos
En el futuro, las especies se cruzarán sin límites. También la flora: habrá hasta árboles vampiros.

Alejandro Jodorowsky: “Me interesaba escarbar en la bisexualidad del alma humana”

¿Qué tenía de especial el personaje del Metabarón para que lo sacaras de ‘El Incal’ y le dedicaras una colección propia?
Concebí La Casta de los Metabarones viendo una trilogía de teatro clásico griego, Los  Atridas. Desde el comienzo supe que sería un árbol genealógico. Me interesaba  desarrollarlo porque era el mejor guerrero de la Galaxia, sin piedad, perfecto, libre, desembarazado de cualquier debilidad humana.

¿Cómo conseguiste convencer a Giménez para que dibujara algo que no tenía que ver con su estilo?
Juan Giménez se parece mucho más al Metabarón, espiritual y físicamente. No lo  convencí yo, sino la posibilidad que tuvo de ganar mucho dinero. Dibujar cómic es un oficio de orfebre y el Metabarón es un sagrado mercenario.
¿Crees que hubiera sido posible con otro dibujante? Por ejemplo, con Moebius, a partir de aquellas mismas páginas de “El Incal”.

Con Moebius hubiera sido diferente. No hubiera resultado. Escribir cómics requiere trabajar ligado a la personalidad del dibujante; se escribe parasu estilo. Y Giménez adora las máquinas. Esto me permitió crear robots, navíos espaciales y armas increíbles.  Moebius es aéreo, delicado, espiritual, con una sensibilidad muy distante del todopoderoso mercenario. Las mujeres tienen un papel muy importante. Es más: los Metabarones cada vez van siendo más femeninos.

¿Hasta que punto te interesa esta dualidad?

Estoy cansado de vivir en una civilización donde hace milenios se expulsó a la Diosa Madre y se puso en su lugar a unDios Padre. Cuando se ve una fotografía de los dirigentes del mundo, se observa un conjunto de testículos y falos. Estaba cansado de la proliferación de héroes masculinos en historias monosexuales. Le abrí las puertas de mi imaginación a mujeres igual de poderosas. Más aún: escarbé en el alma humana, donde anida la bisexualidad y mostré el aspecto femenino del macho y el aspecto masculino de la hembra.
Algo personal: preguntado por tu máxima, una vez contestaste: “De joven era ‘Amor y Cultura’. Ahora es ‘¡Nada para mí que no sea también para los otros!”. ¿Podrías profundizar?
Basta de egoísmos primarios. Todos estamos, en un nivel superior, unidos. No somos individuos aislados sino una Humanidad. Cada humano debe aprender a compartir.

¿Has releído ‘La casta de los metabarones’? ¿Cambiarías algo?
No releo. Vivo en el absoluto presente y respeto mi pasado. Y tengo una imaginación exuberante. ¿Para qué modificar historias viejas si puedo inventar nuevas?

Publicado en Público el 15/11/2007

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