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Papá Poe

In Antiguos Maestros, Hambre on 27 marzo, 2010 at 1:47 am

Juntar a Julio Cortázar y Edgar Allan Poe produce alucinaciones. El caleidoscópico argentino no sólo fue el encargado de la traducción al castellano más célebre y referencial de la brumosa y espesa obra de Poe, especialmente sus Cuentos completos.

También firmó como prólogo a los mismos la biografía definitiva, la más efectiva de toda una serie de semblanzas destinadas a mitificar al que podríamos considerar la primera estrella de rock de la historia: eternamente enamorado del amor, Poe (1809-1849) se bebió literalmente su etapa en la universidad y malvivió por el orgullo de ser escritor, sufrió adicciones, alucinaciones y episodios sobrenaturales, y aunque en vida gozó de gran popularidad por maldito, murió en completa soledad.

Como dice el escritor Fernando Iwasaki a Público, “Poe sería el Kurt Cobain del siglo XIX”.

Sin ningún complejo, en este año en que se celebra el 200 aniversario de su nacimiento, hasta cuatro editoriales (Galaxia Gutenberg, Páginas de Espuma, Augur y Edhasa) rescatan esta misma edición de los Cuentos completos de Poe, que parece una mágica conjunción de astros y que, como dice Mario Vargas Llosa en la impecable edición de Páginas de Espuma, “pertenece tanto a Poe como al propio Cortázar”. Es sólo la punta del iceberg editorial que se avecina.

Iwasaki, editor junto a Jorge Volpi de este volumen que ha reunido a 67 cuentistas de habla hispana alrededor de la tumba de Poe (además de a Vargas Llosa y Carlos Fuentes), es consciente de que el interés que despierta el autor de El escarabajo de oro tiene mucho que ver con el morbo.

“Poe gusta porque un personaje muy atractivo, uno de los arquetipos del bohemio. Es tan arquetípico que muere de la manera más crápula posible. Esa idea de alguien enfermo y vicioso de la literatura, que bebe hasta morir, casado con una prima de 14 años que a su vez es devorada por la tuberculosis, es algo que abona la leyenda de tipos excesivos; gusta que haya gente que ame a la vida de forma tan exagerada”.

Dos siglos después de su muerte, el fantasma de Poe se resiste a abandonar el castillo. Padre de casi todo y de casi todos, del relato moderno, de los géneros policiaco, de terror y fantástico, del romanticismo estadounidense, inspirador de la poesía simbolista y escultor de la figura del artista moderno que se enfrenta al mundo con su arte, Poe está en todas partes.

Está presente en los nuevos best-sellers del terror, como Joe Hill (hijo de Stephen King, también seguidor de Poe y cuya colección de relatos Fantasmas ningún fan del de Baltimore debería perderse) o Peter Straub (que también ha trabajado con King). Y en autores de género, como Tom Piccirilli, Thomas Ligotti y Richard Laymon. También en escritores españoles, como Elia Barceló y el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Jordi Sierra i Fabra (que este año verá publicada su particular biografía-novela del autor con ilustraciones de Alberto Vázquez).

Opera rock y chicas fantasma

El autor ha protagonizado su propio thriller conspiranóico tipo El Código Da Vinci (La sombra de Poe, de Mattew Pearl). Poe está en la nueva literatura romántica adolescente que arrasa adaptando cierta languidez romántica a los institutos (Tonya Hurley, autora del fenómeno Ghost Girl, se ha declarado deudora) y, claro, en la cultura rock: a finales de noviembre, tras más de un año de trabajo, se lanzó el ambicioso Edgar Allan Poe. Legado de una tragedia, una opera rock en dos actos donde han participado más de 40 músicos.

Como recuerda Óscar Curieses, director editorial de Augur (quien considera a Poe a la altura de Cervantes), también hay Poe detrás del Paul Auster de La ciudad de cristal, ese que se esconde bajo un seudónimo que es su propio nombre. Y, como gran inspirador de los paisajes crepusculares, aparece incluso donde menos te esperas.

Es el ejemplo de Luis García Montero, que se encontró a Poe “cuando estaba trabajando en Federico García Lorca. Todas las imágenes de Nueva York, de las multitudes, de la experiencia de lo contemporáneo, de los muertos vivientes que marcan tanto Poeta en Nueva York, me llevaron a Baudelaire, y de él, a Poe. Cuando estuvo en EEUU, Lorca tuvo cuidado de leer en algunas traducciones a escritores fundamentales, así que estoy convencido de que leyó a Poe como también a Whitman”.

Su consideración como poeta a la misma altura, si no más, que cuentista es algo asumido. Cortázar le llama “el poeta” desde el principio de su biografía. Según cuenta el autor de Rayuela, tras varios intentos de ganarse la vida con sus versos, se dio cuenta de que podía aplicar su habilidad para hacer “poesía de atmósferas” para hacer relatos. Y tener éxito.

Pilar Adón, una de los 67 escritores que han participado en los Cuentos Completos de Iwasaki y Volpi, también tiene claro que, por encima de cualquier cosa, Poe se consideraba “más poeta que narrador, algo que le vino impuesto, que hizo para ganarse la vida. Se nota en sus escritos, pero sin llegar a la afectación”.

Una forma de vivir

García Montero va más allá: “Él elaboró el orgullo de la conciencia de la escritura, de vivir como artista. Y eso en el paradigma literario se considera que en su depuración última es la poesía. Él pensó que ser poeta/artista es una forma de vivir, no sólo una forma de escribir; pretendió transformar la vida desde la ética del artista”.

Y pocas cosas hay más poéticas que la muerte. “El decía que no hay tema mas hermoso en la literatura que la muerte de una mujer bella”, recuerda Álvaro de Andrés, director de la colección El corazón delator (otro homenaje a Poe) de la editorial de Puerto Norte-Sur, cuyo libro Las mujeres de Poe se centra exclusivamente en su “relación atormentada” con el sexo femenino.

Dos siglos después de su muerte, la tumba de Poe en Baltimore sigue acogiendo rituales durante la fiesta de Halloween que incluyen versos recitados en voz alta y “aguardiente del fuerte, del que le gustaba”, recuerda Iwasaki. Él se pasó por allí en el año 97 y se trajo una curiosa anécdota: en la tumba de Poe, descubrió en quién se inspiró Conan Doyle para ponerle nombre a su investigador, Sherlock Holmes. ¿Poe? Caliente, caliente.

Un año para pasarlo de miedo

Reediciones y ediciones

Es imposible llevar la cuenta de los lanzamientos que este año llevan Poe en el título. A las reediciones de los ‘Cuentos Completos’ de las Galaxia Gutenberg, Páginas de Espuma, Augur y Edhasa, se suman las de su única novela, ‘Las aventuras de Arthur Gordon Pym’, o aquellos que parecen centrarse en determinados aspectos de su vida: su muerte (‘Poe. Una vida truncada’, de Peter Ackroyd, en Edhasa) o su relación con las mujeres, como ‘Siniestras amadas’ (Sins Entido) y ‘Las mujeres de Poe’(Puerto Norte-Sur).

Exposiciones

El espacio Sins Entido acoge una muestra con los retratos que Jack Mircala ha realizado para el libro ‘Siniestras amadas. 22 delirios necro-románticos de Edgar Allan Poe’, un tomo donde el artista de las manualidades se deja inspirar por las mujeres que a su vez inspiraron al escritor de Baltimore y las recrea con cartulinas, tijeras y lápices de colores.

Encuentros

Esta misma noche, a partir de las 20 horas, la librería madrileña Tres Rosas Amarillas acoge un encuentro con lectores y escritores en una lectura pública de los cuentos de Poe. Se esperan disfraces y ambientación.

‘Stylus’, el periódico que no existió

Además de crítico literario, Edgar Allan Poe colaboró estrechamente en periódicos como ‘Southern Literary Messenger’, ‘New York Sun’, ‘Evening Mirror’ y ‘Broadway Journal’ (donde llegó a ser redactor jefe). Como recuerda Iwasaki, «durante el Romanticismo, en los periódicos se publicaban novelas por entregas (en realidad, cuentos que continuaban). Dumas escribió ‘Los tres mosqueteros’ y ‘El Conde de Montecristo’, y Victor Hugo, parte de sus novelas mas ambiciosas en periódicos…”. Poe no pudo ver realizado el sueño de tener una publicación propia, el mensual ‘Stylus’, que llegó a anunciar. Pretendía que fuera un periódico de calidad inusual en todo, desde el papel y los materiales a unos contenidos donde se daba preferencia a la crítica y a los relatos de ficción.

«Edgar Allan Poe era un mezquino»

Jordi Sierra i Fabra. Premio Nacional de Literatura Infantil

A lo largo de 2009, Libros del Zorro Rojo publicará una biografía de Poe escrita por Jordi Sierra i Fabra e ilustrada por Alberto Vázquez. Es una apuesta atrevida, con la estructura de una novela, formada por flashes o escenas y dirigida “al público joven”.

¿Ha intentado evitar los clichés de una vida que se parece demasiado al de un personaje de ficción?
He intentado ser riguroso y sin prejuicios. Su historia es tremenda, digna de un peliculón. Es fascinante como personaje, pero hay que diferenciar entre el Poe ser humano, que era un mezquino, y el genio, que es para quitarse el sombrero. Yo únicamente me he limitado a exponer los hechos y que cada lector deduzca lo que quiera.

¿Se considera discípulo?
Con 12 años, ahorré dos meses para comprarme un librito suyo que incluía El escarabajo de oro. A esa edad, ya había escrito relatos, así que algo debió influirme…

¿Cómo lo definiría?
Como un genio encerrado en un recipiente feo, metido en un envase pobre de espíritu.

Publicado en Público el 17/1/2009

Gráfico: Álvaro Valiño

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