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Crónica del SOS 4.8: baile y televisión

In Dance usted, NoFicción, Postmoderneo on 3 mayo, 2010 at 10:06 am

Viernes 30 de abril

Inaugurada queda la temporada festivalera. La propuesta del SOS 4.8 ya se puede considerar consolidada. La primera jornada se cerró el viernes con 35.000 personas, un sold out que no fastidió el buen ritmo, la puntualidad y la ausencia de cuellos de botella: resulta inaudito poder ver a grupos como Los Planetas o Franz Ferdinand casi en primera fila y sin agobios. Es un logro, buscado o no.

En lo musical, fue Carl Craig quien abrió boca a primera hora a base de teoría y se encargó de volver a cerrarlas, con práctica, pasadas las 3 de la mañana: a media tarde, ofreció un encuentro reducido donde repasó los 25 años del nacimiento del techno de Detroit, una fecha que también celebra con una gira titulada D25 y que fue el cierre de la noche. Su charla entroncó el techno con otras músicas de raíz negra y americana, como el jazz, el blues y el góspel, y a Cybotron con Stevie Wonder, “que hacía techno antes de que el techno se llamara así”, dijo.

El público entregó sus primeros piropos a La Bien Querida, hasta llegar a hacer sonrojar a la propia Ana Fernández-Villaverde. Comodidad, buen rollo, todos los clichés del indie pop, pero ventilados con palmas y aires castellanos, además algunos problemas con las guitarras y un invitado: Joe Crepúsculo, que poco después también arrancó su chatarrero directo tras superar líos con los cables y lamentarse por el Barça. En el escenario principal, The Horrors tardaron en ponerse en marcha, pero hicieron entrar en calor: tienen canciones, aunque el sonido expansivo de su último disco, que repasaron entero, no ensucia ni amenaza como debería.

Los Planetas fueron los únicos que triunfaron sin hacer bailar, trasladando al directo su visión del flamenco como punto de partida para tormentas sonoras y largos desarrollos de rock espeso y psicodelia arenosa (Yo no me asomo a la reja, Romance de Juan Osuna) y algunos hits, para que no se diga (Santos que yo te pinte, Rey Sombra). Mientras, en la otra punta, los canadienses Crystal Castles ofrecieron, con todo lo contrario, uno de los mejores directos del festival con un estupendo segundo disco recién lanzado: como robots cortocircuitados, fue un ataque físico de punk digital (Fainting Spells), pop electrónico salvaje (Baptism, Empathy) y dance de calculadora (Suffocation). Algunos estribillos suenan tan averiados que son difíciles de bailar si no es haciendo pogo. Dejaron paso a Uffie, francesa de adopción, un terremoto en maillot que conectó pop y baile a lo Justice con los conceptos de cabaret bizarro y burlesque, a los que el festival presta especial atención.

La traca final insistía en el baile. Franz Ferdinand domina ya de tal manera su directo que, visto una vez, visto todas. Nada que objetar: ha asimilado su último e infravalorado material y la máquina se mueve sola, como los pies de su público. A Hot Chip les falta actitud: tienen canciones y un sonido más orgánico que en estudio, lo que les hace parecer una banda de músicos serios haciendo hits de discoteca, un poco Elton John en versión nerd.

Para actitud, Delorean: había curiosidad por ver cómo los de Zarautz trasladan Subiza, un disco dirigido a la pista pero con un sonido muy particular. Cumplieron creando atmósferas, aunque el público todavía parece encogido, esperando alguno de los bombazos de su aplaudido y popular Ayrton Senna EP para ponerse a saltar. DJ Amable fue el encargado de tomarles el relevo y echar el cierre el chiringuito, para los que aún conservaban los pies en su sitio.

Sábado 1 de mayo

Un susto: la segunda y última jornada del festival Estrella Levante SOS 4.8, que volvió a tocar techo de asistencia el sábado con otras 35.000 personas, comenzó con un chaparrón repentino. El agua impuso que se suspendiera la primera actuación (la de los murcianos Varry Brava, prevista para las 18.30 horas) y obligó a parte del público a buscar refugio en el auditorio y el edificio Mustang (donde tras una lectura de poesía de mano de Houellebecq se proyectaba la película adaptación de su novela La posibilidad de una isla). Aunque los nubarrones se quedaron, la cosa paró y el resto se desarrolló con normalidad.

Un fenómeno extraño: hasta medianoche, un impulso empujaba a la gente hacia el escenario Jägermeister, más modesto y especializado ayer en grupos españoles que ya han tocado al gran público de una manera u otra, como We Are Standard, Dorian y Love of Lesbian. “Desde aquí no se ve el final”, decía desde el escenario uno de los miembros de Dorian, impresionado por aquel mar de cabezas que sabía sus letras. Los afectados fueron los grupos del escenario principal: Mystery Jets, enérgico y poderoso, con un líder que impresiona como Blaine Harrison, que se eleva por momentos de la silla a la que está atado a causa de espina bífida. Y los más hippies y familiares, los componentes de The Magic Numbers, que son como ositos de peluche (son dos parejas de hermanos) y que conectan sin dificultad con el público a la hora de la cena.

Lo que valen las tablas: la leyenda del ska pop Madness era uno de los conciertos que había que ver. Formados en 1976, se mostraron en un estado envidiable: son elásticos y entrañables, impusieron el trote como estado de ánimo y parada obligatoria en sus temas más universales (Our House, It Must Be Love). Y otras dos leyendas del buen rollo cerraron el escenario principal, Orbital y Fatboy Slim, tan curtidas en música de baile para estadios que era imposible fallar. Más atmosféricos, Orbital invita al trance y tiene tantos hits que puede soltar de golpe Lush 3, Satan y Chime para dar la bienvenida. Lo de Fatboy Slim es más homogéneo que etéreo, más físico que mental, y deja impresión de verbena pasada, con los lásers y sus gestos de hooligan animando al personal.

Lo más interesante: a la vez, en el escenario Jägermeister, dos propuestas interesantes que juegan con las imágenes. El misterioso Chris Cunningham, conocido por sus videclips tecno-terroríficos para Aphex Twin, Björk y Madonna, consiguió inquietar alternando ritmos retorcidos y crujientes con ambientes opresivos, mientras pasaba imágenes de su universo, túneles, alienígenas, carne rara y un verde tóxico impregnándolo todo. Addictive TV hizo bailar jugando a poner música a escenas de películas montadas con ritmo y guasa: de Antonio Banderas de mariachi a un Star Trek bailongo, Prodigy con dagas voladoras a Guns N’Roses y después AC/DC para hacer el jevi. Así más o menos.

FOTOS: Equipo Helmet

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