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Los caramelos amargos de Tennessee Williams

In Antiguos Maestros, Queer Conspiracy on 4 mayo, 2010 at 12:20 pm

Amargos y duros como piedras envueltas en celofán, los “caramelos” que forman el libro de relatos Mal trago (editado ahora por primera vez en España por Errata Naturae y cuyo título en inglés es Hard candy) fueron escritos entre 1941 y 1953. Es decir, en el plazo en que Tennessee Williams (1911-1983) pasaba de ser un escritor de piezas para Broadway a convertirse en un popular adaptador de sus propias obras para Hollywood. Además de tener ya sobre su espalda su primer Pulitzer por Un tranvía llamado Deseo.

Por eso cobran valor las nueve historias de Mal trago: la faceta de escritor de relatos de Williams se conoce menos y lo habitual es encasillarlo como dramaturgo e inspirador de grandes películas de Hollywood de los 50. Y tienen su sello: son relatos que pasan de lo dulce a lo amargo, de la infancia a la vejez, del esplendor a la decadencia, y que recorren el universo de tipos y ambientes de Williams, historias imposibles de separar de la obra de un autor cuyos trabajos, ya sea en teatro, relato o novela, se relacionan directamente con sus vivencias y con la sociedad para la que escribió.

Según Rubén Hernández e Irene Antón, responsables de haber “encontrado”, rescatado y traducido esta recopilación para el mercado en castellano, todos sus personajes se encuentran en los límites de lo que denominaríamos normalidad, sobre todo en relación a la época en la que vivió: cien por cien Williams, “mantienen una relación extraña y laxa con el comportamiento socialmente aceptado. Viven enjaulados, atrapados por ese todo social que los rechaza y por eso están atormentados. Sin embargo, no dejan de reírse de sí mismos y de tener una actitud juguetona y positiva frente a la vida, siempre quieren disfrutarla al máximo, entiendan lo que entiendan por disfrutarla”.

Es el caso de Billy y Cora, los protagonistas de Fiesta para dos: un escritor sin futuro entregado a una “existencia sibarítica”, considerado entonces como una “loca”, y una mujer alcohólica, 15 años mayor que él. Ambos se dedican a vivir “la fiesta”, viviendo en hoteles, de ciudad en ciudad, compartiendo lecho y amantes y entumeciendo el paso del tiempo en whiskies dobles con hielo. Y el caso también de Rubio y morena, la historia de otro escritor solitario, víctima de una “impotencia psíquica” ante las mujeres, que encuentra una mujer a su medida en una misteriosa mexicana. La relación entre ambos es otro de estos caramelos duros, algo que resulta a la vez dulce, violento, extraño y con el poso de nostalgia agotada que deja una fiesta a la mañana siguiente.

Una sexualidad corriente

Otras dos historias merecen atención, Caramelos duros y Los misterios del Joy Rio. Los dos relatos son una variación sobre el mismo tema y emplean el mismo decorado, el Joy Rio, un teatro venido a menos y reconvertido en cine, en cuya parte superior mantenían encuentros esporádicos los hombres de la época. “El resultado, sin embargo, es muy diferente y por eso los compiladores originales dejaron ambas versiones”, comentan Hernández y Antón. “Tennessee retrata la homosexualidad de manera muy abierta. Aparece el deseo y ciertas vías y decorados en los que se materializa de una forma llamativamente evidente (en las obras de teatro y otros relatos las referencias suelen ser más veladas). En este sentido, son novedosas”. Un deseo que aparece a la vez como nefasto, con consecuencias que se relacionan con la enfermedad y la muerte.

No son los únicos homosexuales de estas páginas. En el estupendo La similitud entre una funda de violín y un féretro, se muestran los temblores de un niño que cae en la cuenta de su condición de “pequeño monstruo de sensualidad”. Un texto donde se deja ver la melancolía por la infancia del propio autor, con la presencia de la figura de una hermana querida y malograda, como le ocurrió a la de Williams. Una nostalgia que volvió a mostrar en toda su intensidad en El zoo de cristal. De forma análoga, el inaugural Tres jugadores de un juego de verano, “estudio impactante y conmovedor de la desintegración de un individuo”, muestra la misma intensidad y poder que Un tranvía llamado Deseo.

Pero no todo son territorios conocidos. Mal trago esconde también algo que se podría considerar inédito: se trata de Lo que le pasó a la viuda Holly, un texto más fantasioso, casi surrealista, un tono poco conocido en un autor famoso por dejar en su lector un sabor de boca amargo.

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