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Foals y el baile después del baile

In Believe the hype, Dance usted, Hooliganeo on 17 mayo, 2010 at 8:00 am

Lo de esos grupos que te enamoran con un primer disco es un sinvivir. Me refiero a lo que esperamos de ellos en el segundo y en adelante. Foals me tuvieron en vilo durante meses esperando la continuación de un debutazo como fue Antidotes (2008), en su día algo así como el atajo gimnástico entre los subidones al rojo vivo de Klaxons y la frialdad matemática de Battles. Se ha hecho esperar. Ahora que lo tengo en mis manos, sólo lamento lo inútiles que son las expectativas que nos creamos en estos casos, y lo conservadores que nos volvemos: ay, virgencita, que se queden como están.

Es raro porque en el nuevo Total Life Forever, título chungo donde los haya, hay poco de todo lo anterior. Poco de ese atletismo para la pista de baile que fue Antidotes (Miami podría ser lo más parecido y directo a su pasado hit Cassius). Y menos aún de cuando Foals sonaban como Bloc Party con decorados 8bit en Hummer EP (2007), aunque el single This Orient recuerde, eso sí, en lo malo a la banda de Kele Okereke. Mucho mejor para ellos: su ecuación definitivamente va más allá nu-rave + math rock, que resulta simplista hoy, visto que en la práctica la colorean lo mismo con afro-indie que con ska trompetero.

El sonido de los británicos es de los que ofrecen diferentes escuchas: primero te tocan los hits y los subidones iniciales. Después te atrapa la manera en que se retuercen de ritmos como guillotinas y los pellizcos a las cuerdas. Pero al final, lo que queda es una atmósfera difusa sostenida en el aire, como el vaho. Ofrece un segundo o un tercer subidón, más breve, más hondo, pero excepcional y evocador. Eso que ya estaba en Antidotes (lo mejor de aquel primer disco fueron los estallidos retardados de Olympic Airways, Electric Bloom, Big Big Love y Tron) creo que es lo más atractivo de este segundo.

Total Life Forever lo colocaría más cerca de eso que se llamado post-dance, o a cómo suena la música de baile después de cerrar el chiringuito. Como un eco en la cabeza, el recuerdo dulce y con grano de una canción, el recurso ese de traernos a la memoria y a la piel lo que una vez fue divertido. Como en su portada, hay algo de acuático en esta música de baile. Como en el Subiza de Delorean, hay algo en sordina, como estar en una discoteca con tapones en los oídos, lo que impregna los temas del mismo tono melancólico que el disco Delorean. Y como TV on the radio, lo de Foals es un poco incómodo: primero te meten un algodón en la cabeza y luego pinchan las yemas de los dedos de los pies para hacer que te muevas. ¡Cabrones!

Total Life Forever no es un disco entero. Yo he elegido las partes que más me gustan, pero también muestra otros caminos por lo que hoy transita el grupo y que pueden dar pistas de su futuro: la alargada sombra de Animal Collective está presente también aquí (en el arranque, Blue Blood y Total Life Forever), al igual que el espíritu cavernícola de TV on the Radio (What Remains), lo que dispara su atractivo como tribu pop. Como decía arriba, no me parece que el single This Orient les haga justicia. Es con las más difusas Black Gold, Spanish Sahara, After Glow y 2 Trees cuando se me viene a la cabeza todo este rollo de la fiesta después de la fiesta y en cómo se escuchan las canciones metido en una piscina.

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