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En defensa de ‘Eclipse’

In Believe the hype, Hambre, SuperPop on 2 julio, 2010 at 12:39 pm

[Reúno las dos críticas de Eclipse que he hecho para Time Out y Público: en muchas aspectos coinciden, en otros se complementan. De forma conjunta, creo que arrojan algunas ideas sobre el fenómeno e intentan poner algunas cosas en su sitio. En esencia: por favor, basta de comparar Crepúsculo con Déjame entrar o con Entrevista con el vampiro. Si queremos culpar a la saga de algo, que sea de ser mojigata, pero no más argumentos sobre su traición al mito del vampiro. Basta de decirle a las nuevas generaciones qué tienen que ver, leer y escuchar, y basta de tratar de imponerles dónde está el verdadero espíritu romántico del chupasangre. Que a veces nos comportamos exactamente igual que ese pariente mayor que va de listillo. Dejemos que los jóvenes descubran a sus mitos, que ya tendrán tiempo de desprenderse de ellos más adelante]

Director: David Slade
Género: Fantástico / Romántico
Reparto: Robert Pattinson, Kristen Stewart y Taylor Lautner
Duración: 124 minutos

Decir que con Eclipse por fin se le han caído los dientes de leche a las adaptaciones a cine de las novelas de Crepúsculo, que ya pueden presumir de colmillos, no es un chiste fácil. Recordemos que la primera de la por ahora tetralogía literaria (el reciente superventas La segunda vida de Bree Tanner viene a ser un spin-off que su autora, Stephenie Meyer, se ha sacado de la manga para contentar a fans y editores) fue llevada a la gran pantalla en 2008 por Catherine Hardwicke, responsable en su día de aquel drama adolescente más o menos indie que fue Thirteen. Y Hardwicke parecía no ser del todo consciente de qué era lo que tenía entre manos.

Ya fuera culpa de un presupuesto modesto (no todas las reencarnaciones del mito del chupasangre cuentan con Cruise, Pitt y Banderas, como Entrevista con el vampiro) o por una cuestión de materia prima (la primera novela es la más centrada en el romance y vista hoy en contexto, la más inocentona de las cuatro), Crepúsculo se quedó justito a un paso de los telefilmes de sobremesa. Un dramón de instituto sobre una chica insoportable a la que todos se empeñan en proteger de lo que no quiere ser protegida. Lo sobrenatural era cosmética.

Eclipse está más cerca en el tiempo y las formas de Luna nueva (Chris Weitz, 2009), a pesar de que su rodaje se puso en marcha, con mucho olfato, cuando ésta aún no se había estrenado y el fenómeno cinematográfico no terminaba de cuajar en términos similares al literario. Pero se nota que el presupuesto ha crecido paralelo a su consolidación en taquilla. Eclipse, además de estar mejor hecha (repite Javier Aguirresarobe en la fotografía, lo que le dota de un tono apagado y mayor profundidad de campo), supera por suerte la endogámica relación (virginal siempre) entre el vampiro Edward (Robert Pattinson) y la pánfila Bella (Kristen Stewart).

Y funciona mejor cuánto más profundiza en sus márgenes, cuanto más aleja el plano de ambos personajes para mostrar cuestiones como el origen de la familia Cullen, la relación triangular de la pareja con el hombre-lobo Jacob (Taylor Lautner), las verdaderas intenciones de los temibles Vulturis o la aparición de un ejército de neófitos con colmillos que hará que licántropos y vampiros unan sus fuerzas contra un enemigo común. Porque desde el principio sabemos que habrá que esperar todavía para ver el desenlace del maldito romance, que no puede sino estirarse mientras tanto como un culebrón.

Sorprende la elección de David Slade en la dirección, colaborador del sello Warp y cuyos vampiros en 30 días de oscuridad están en las antípodas de los de Crepúsculo y más cerca del terror sobrenatural de Chris Cunningham. Slade corre algunos riesgos y aporta detalles nunca antes asumidos, como cierta violencia estilizada, ironía (menos mal que estas criaturas empiezan a no tomarse demasiado en serio), morbo explícito y, por qué no, escenas de acción para equilibrar lo que a veces parece un desfile de nuevos románticos.

Que quede claro: no es que, a estas alturas, Eclipse vaya a convencer a incrédulos de lo que es y lo que no es, pero lo que no tiene sentido es seguir comparando Crespúsculo con películas como Déjame entrar. Como serie, no ha hecho más que crecer. Y a ver si dejamos de una vez que sus espectadores también se hagan mayores.

Publicado en TimeOut

El tiempo en Crepúsculo también es algo sobrenatural: se puede decir que a estas alturas, la historia está casi, casi igual que al principio. Eclipse, tercera película de la serie de novelas de Stephenie Meyer, arranca con Edward y Bella tumbados, como romanos y bien iluminados, en un campo de flores digno del anuncio de un perfume de Lancôme, intentando enterrar bajo excusas morales el impulso sexual (Bella) y la sed animal de merendarse a la amada hasta dejarla sin una gota de sangre (Edward). Exactamente igual que en las dos primeras.

Por suerte, en Eclipse el romance parece congelarse durante un par de horas para desarrollar historias paralelas, no antes de que Bella llegue a sorprendernos con su concepción del matrimonio (“es sólo un trozo de papel”, le dice al vampiro) y con, por fin, ciertas necesidades sexuales, que para eso es una adolescente. Eclipse ya era la mejor novela del lote, la más oscura y la que ofrece una reflexión más profunda sobre la muerte y sus implicaciones, así que no es difícil que esta sea la mejor de las películas rodadas hasta el momento.

Ayuda su apertura a tramas secundarias autoconclusivas (o no: por ahí vaga Bree Tanner, protagonista del nuevo best-seller de la Meyer, que seguro tendrá su propia película), las secuencias de acción y el trabajo de Javier Aguirresarobe, que dota al filme de un tono adulto y profesional que le faltaba.

Por lo demás, abstenerse incrédulos: Eclipse no enganchará a los que siguen pensando que Crepúsculo juega en la misma liga que Drácula. Igual que High School Musical no tiene nada que ver con West Side Story.

Un reparto que crece

Según dijo en Madrid la guapísima y más bien pija Ashley Greene, encargada de dar vida a Alice Cullen, poder trabajar para tres directores distintos en las tres películas de Crepúsculo les ha permitido que sus personajes crezcan y se enriquezcan… dentro de unos límites. Por Madrid no pasó el trío protagonista (Robert Pattinson, Kristen Stewart y Taylor Lautner), que ya lo hizo hace unos meses con Luna nueva, pero sí estuvo Xavier Samuel, el malísimo de esta entrega. Una pena no poder conocer a Jodelle Ferland, encargada de dar vida a la pequeña Bree Tanner, porque no será la última vez que la veamos.

El director y su música

David Slade es inquietante. Dirigió una película sobre un pederasta atrapado en su propia trampa (Hard candy) y adaptó al cine unos vampiros (30 días de oscuridad) que se parecían a aquella adolescente de cabeza de alien que anunciaba PlayStation. Más interesante es su trabajo para el sello Warp, donde rodó vídeos para LFO y Aphex Twin. Su gusto le ha hecho tomarse en serio la música de Eclipse, aunque paga peaje (sí: Muse, otra vez), ha colado a Battles, The Black Keys, Vampire Weekend y Band of Horses.

Publicado hoy en Público

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