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Yo quiero tener 500 millones de amigos

In Versus on 24 octubre, 2010 at 8:30 pm

[Recupero la entrevista que publiqué en agosto en Libre, el suplemento de verano de Público, a Ben Mezrich, autor de Multimillonarios por accidente, la novela en la que se han basado David Fincher y Aaron Sorkin para La red social]

 

El Polvo Bus es una institución en la Universidad de Harvard: como se desprende de su nombre, es un autobús con aspecto de furgoneta, asientos de vinilo y olor a alcohol y perfume que hace viajes de ida y vuelta entre el campus y las universidades femeninas cercanas. Es una manera fácil de ligar, de conectar entre chicos y chicas que de otra manera no tendrían forma de conocerse.

Facebook nació con un objetivo similar: que sus principales responsables, Mark Zuckerberg y Eduardo Saverin, dejaran de ser invisibles a los ojos del resto de estudiantes. “Hablamos de dos tipos chalados por los ordenadores que no conseguían acostarse con nadie. Comenzaron Facebook como una forma de llegar a ser alguien y para conocer chicas. Eran dos marginados sociales y querían formar parte de un grupo cool”, resume a Público Ben Mezrich, escritor y autor de Multimillonarios por accidente, un libro cuya subtítulo es igual de explícito que lo del Polvo Bus: El nacimiento de Facebook. Una historia de sexo, dinero, talento y tradición (publicado en España por el grupo Planeta).

Mezrich empleó un año en investigar los alrededores del nacimiento de Facebook, desde octubre de 2003, fecha en la que el prometedor Eduardo Saverin hace lo imposible por entrar en el Club Phoenix-S K en Harvard, hasta mayo de 2008, mes en el que el mismo Saverin se reconoce derrotado por su antiguo amigo Mark Zuckerberg, como tantos otros colaboradores de Facebook antes.

Mezrich reconoce que su historia es “un relato novelado basado en decenas de entrevistas, cientos de fuentes y miles de páginas de documentos, incluidos los archivos de varios sumarios judiciales”. Reconoce haber sido “tan exacto” como ha podido con la cronología y haber utilizado la técnica del diálogo recreado según los recuerdos de todas las partes, así como licencias temporales y escenas reconstruidas a partir de fuentes diferentes. “El libro es una historia verdadera”, avisa el autor: “Esas técnicas son mi estilo: escribo narrativa de no-ficción, lo cual consiste en contar una historia verdadera bajo la apariencia de un thriller”.

Para Mezrich, la aventura de contar el nacimiento de Facebook comenzó con un email de un amigo de Saverin. Una vez frente a frente, con unas copas de por medio, el brasileño empezó a largar “una historia que me enganchó, el drama de dos amigos que hacía mucho que no se hablaban. Allí estaban todos los elementos de los que quería escribir: sexo, traición, dinero”. El único que se negó a colaborar con Mezrich fue el propio Zuckerberg, hoy convertido en todopoderoso CEO de Facebook. No le gustaba todo lo que podía salir de aquellas páginas.

“Zuckerberg sabía que yo estaba hablando con Eduardo y se dio cuenta de que me disponía a contar una historia que él no quería que fuera contada. Tenía miedo de lo que yo estaba escribiendo. No pudo controlarme, como ha hecho con otros autores”, reconoce Mezrich. Después de un año detrás de uno de los hombres de los que más se han escrito en los últimos tiempos, Zuckerberg decidió que no quería hablar ni colaborar para el libro de Mezrich.

Zuckerberg pretendía prohibirle hablar no sólo de Saverin, sino de gente como los hermanos Winklevoss, dos gemelos superdeportistas que durante la gestación de lo que luego sería Facebook estuvieron vinculados a Zuckerberg con un proyecto casi secreto llamado Harvard Connection. Se trataba de una página web donde pretendían poner toda la vida social de la universidad, un lugar donde tipos como los propios gemelos (“que se pasan todo el tiempo remando, comiendo y durmiendo”, según se describe en Multimillonarios por accidente) pudieran solucionar su deficiente vida social. Algo que no era del todo cierto: también pasaban tiempo en el Polvo Bus. Los hermanos interpusieron a finales de 2004 un pleito contra Zuckerberg y Facebook por copiarles su idea, que finalmente se solucionó por medio de un acuerdo que, aunque secreto, podría haber ascendido a 65 millones de dólares.

El salto al cine

Como dice en su libro Mezrich, citando a Balzac, “detrás de toda gran fortuna se esconde un gran crimen”. En el camino hasta los 500 millones de miembros que Facebook anunció a bombo y platillo a finales de julio también se quedó el ilustre Sean Parker, cofundador en su día Napster y que llegó a ser el primer presidente de Facebook. Mucha mejor suerte corrieron los otros compañeros de habitación de Zuckerberg, Dustin Moskovitz y Chris Hughes, ambos perfectamente integrados y colocados en el organigrama de la compañía. Con una lista de nombres así, no es de extrañar que “a Facebook no le guste mi libro. Ellos me llaman el Jackie Collins de Silicon Valley y me han echado a la prensa encima. ¡Y no creo que estén ansiosos precisamente por ver la película!”, dice el autor.

Mezrich se refiere a La red social, película en la que David Fincher (Se7en, El Club de la lucha) adapta Multimillonarios por accidente y que tendrá su estreno mundial en el Festival de Nueva York a finales de septiembre. La cinta llegará a la cartelera de Estados Unidos el 1 de octubre y a España a finales de ese mismo mes. Con un eslogan de presentación que dice “no obtienes 500 millones de amigos sin hacer algunos enemigos” y un reparto que incluye estrellas como el cantante Justin Timberlake, no será difícil ver a Zuckerberg y compañía como aquello en lo que se convirtieron una vez Facebook estalló, “teniendo sexo con chicas y convirtiéndose en estrellas del rock en el campus”, cuenta el escritor, que ha compartido días de rodaje y ha colaborado en el guión con Aaron Sorkin (El ala oeste de la Casa Blanca).

A pesar de que Zuckerberg tiene unos referentes claros (el que más, Bill Gates, que en una conferencia Harvard le hizo asistir a una especie de epifanía y tras la cual se decidió a dejar la universidad para dedicarse de lleno a Facebook), para Mezrich no estamos ante un millonario de caricatura. En su libro, lo describe como un tipo “cuya aura, en general, reflejaba una incomodidad casi dolorosa en un contexto social”. No hay que olvidar que en el germen de Facebook estuvo, aunque sólo fuera por unos instantes (productos de la borrachera y del desplante de una chica), en una aplicación para comparar mujeres ¡con animales de granja! “Él sigue siendo el mismo chaval socialmente incómodo -dice de él Mezrich-. No vive como cualquier otro millonario. Sin yates, ni Ferraris. Él sigue siendo un nerd y vive como tal. Lo cual es de alguna forma admirable”.

Lo que el escritor describe en su libro no puede más que entenderse como la venganza de un tipo raro en un contexto como la universidad americana: después de terminar el primer boceto de lo que sería Facebook (llamado entonces Facemash), según Mezrich, Zuckerberg dejó anotado: “¿Nos cogieron por nuestro aspecto? No. ¿Nos juzgarán por él? Sí”.

La realidad copia a Facebook

En 2010, es difícil escapar a Facebook, que ha pasado a acoger en su interior redes universitarias y profesionales, usuarios de todas las edades y servir de plataforma de promoción para cine y música. A los 500 millones de usuarios se le suman acuerdos con grandes compañías como Microsoft (que tras una puja con Google compró una participación del 1,6% de la empresa por 240 millones de dólares) e integración con sitios como YouTube, MySpace y Twitter. Funciona incluso como herramienta de investigación y plataforma de negocios.

Según eMarketer, se espera una inversión publicitaria para este año de 1.200 millones de dólares (unos 930 millones de euros). “Creo que está cambiando el mundo. Con 500 millones de miembros, es el tercer país más grande del planeta. Ha cambiado la manera de conocer gente, de quedar, de enamorarnos. Ahora es lo más importante que está sucediendo en internet y sólo puede ir a más. ¿Límites? Diría que sólo puede ser limitado por el número de gente que hay en internet. Cualquier día alcanzará cien millones de usuarios. Y no, no creo que sea una moda pasajera. Es demasiado grande, demasiado absorbente”, asume Mezrich.

Incluso la realidad empieza copiar a Facebook: no sería extraño que de pronto todo tuviera un botón de “Me gusta”. Por ejemplo, junto a las etiquetas de los productos de supermercado, a modo de lista de recomendaciones. “Completamente de acuerdo: la realidad es ya una función integrada en Facebook. Vamos a fiestas para hacer fotos que podamos colgar en Facebook, así otras personas pueden verlas, añadirse en ellas y comentar. Facebook dirige nuestras relaciones y viceversa”, dice el autor de Multimillonarios por accidente.

Cuidado con la privacidad

La red de redes (sociales) tampoco se escapa a las críticas, fundamentalmente por la escasa privacidad de los usuarios. Han salido incluso plataformas en contra de Facebook y complejas guías para hacer algo tan simple como dejarlo, abandonar, borrar nuestro perfil. Como el propio Mark escribió durante el primer boom de Facebook en la época de la universidad:

“El problema de internet es que nada se hace a lápiz, siempre es a boli. Si pones algo ahí, luego no puedes borrarlo”. Para Mezrich, la privacidad “es un gran problema. Tienes que ser muy cuidadoso. Cualquier cosa que pongas en Facebook puede quedar al descubierto. Puede que tengas algo de control, pero Facebook es dueño de todos tus datos. Los pones ahí, y algún día la gente podría verlos”. El escritor reconoce que todos estos datos individuales hacen que los gobiernos estén muy interesado en Facebook, aunque “en el caso de que estén controlándonos, todo sería secreto…”.

Era de esperar que, como respuesta a Multimillonarios por accidente, Facebook reaccionara con su “biografía autorizada”: The Facebook effect, de David Kirkpatrick que también editará Planeta en España a partir de enero. Precisamente Mezrich ha sido criticado por periodistas por su manera de novelar en libros anteriores, especialmente Bringing Down the House: The Inside Story of Six MIT Students Who Took Vegas for Millions, en los que fue acusado de inventar pasajes enteros.

Y preguntado por el libro de Kirkpatrick, no se corta: “No lo he leído. Es un buen periodista pero somos diferentes en la manera de escribir. Su libro es como una enciclopedia y el mío es un thriller. Él contó con la colaboración de Mark, que básicamente lo hizo en nombre de Facebook. Pero nunca habló con Eduardo o los Winklevoss. No es objetivo. Mi libro y la película de Fincher están centrados en los años de universidad, cuando Mark creó Facebook en su dormitorio y el drama que rodeó aquello. Y esa, creo, es una historia emocionante, una de esas que a la gente quiere oír”.

 

Ilustración: Mikel Jaso

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