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Entrevista a Pere Portabella: “La industria del cine está tocada de muerte”

In Postmoderneo, Versus on 26 enero, 2011 at 3:09 pm

[Adjunto íntegra la larguísima entrevista que le hice la semana pasada al director Pere Portabella con motivo de la publicación del libro Mutaciones del cine contemporáneo para el reportaje El cine después del cine en Público. Portabella es responsable de un prólogo en el que habla, con mucha claridad, de los cambios a los que se enfrenta el cine, que él llama “el mayor espectáculo del siglo XX”, y como las nuevas tecnologías lo han cambiado para siempre, especialmente los modelos industriales de creación y distribución. Una larga conversación que empieza con el cine y termina con la política: al final, la crisis de la industria del cine no deja de ser reflejo de la crisis de un modelo de consumir]

 

¿Qué papel juega la tecnología en todas estas mutaciones que ocurren no sólo en el cine, sino en general en el modelo de producción cultural?

La revolución tecnológica de finales del siglo XX hasta ahora ha producido un impacto y una ruptura más fuerte de lo que supuso la revolución industrial con el paso a la electricidad, el vapor y la maquinaria de finales del XIX, que tuvo un impacto brutal que afectó desde las vanguardias, con un cambio de código adecuándolos a la realidad, a las nuevas tecnologías y los nuevos materiales, hasta dos guerras mundiales y el reajuste de los movimientos.

El cine, como séptimo arte, es el que nació más joven y ha envejecido de manera más rápida. Cuando las otras artes estaban en decadencia, toma los códigos de la novela del siglo XIX y se llenan las salas. Y esto ha sido así por imposición de los productores: el cine ha sido el espectáculo más popular del siglo XX, con una audiencia brutal. Hasta que la propia realidad ha cambiado y ahora está todo obsoleto.

El cambio surge con la aparición en la segunda mitad del siglo XX de las tecnologías, que afectan al propio individuo. Es un cambio de identidad, y es el individuo el que ha creado la concepción de la globalidad gracias al carácter instantáneo de las propias posibilidades de conectarse. Hoy, todo el planeta se reduce, y de forma inmediata conectas y acotas temas culturales y sociales de todo el planeta. Y eso es está al alcance de cualquiera. El planeta antes se tenía en la cabeza, ahora lo tienes delante, lo manipulas y lo manejas.

Unas mutaciones que afectan a toda la cadena del cine, desde la producción (la irrupción del cine amateur) al visionado de cine (gracias a las nuevas pantallas: internet, DVD, teléfonos), pero  también el propio estudio académico del cine.

Es que se ha subvertido. Esa cadena está tocada de muerte. Toda estructura de mercado por donde circulaban lo que podemos llamar productos/mercancía cultural, se ha ido al garete.

Es consecuencia de la socialización de los medios de producción. Son mucho más accesibles, permiten un proceso de producción mucho más rápido; la calidad de lo digital es igual o superior que la química; y permiten un tipo de producción que se puede pensar sin salir de case, con aparatos que no imprimen, sino que capturan imágenes digitales (es decir: son todo números) y con tecnología de sonido fantástica. Con un par de ordenadores en casa te haces una película, un largometraje, un cortometraje, con argumento o sin argumento: lo que tú quieras. Y se excluyen así los costos, que ya no tienen ningún sentido, de las grandes tramoyas de lo que era el cine en manos de esta cadena hegemónica de las grandes majors y distribuidoras. Una de las cosas que caen son los actores mediáticos: no porque sean malos actores, simplemente porque su coste, que viene por su dimensión mediática, a base de publicidad y demás. Todo esto ya no tiene sentido en las películas que se pueden hacer ahora. Con costes de que de ninguna manera pueden ser altos porque no da para sí: es muy difícil gastarse mucho dinero para hacer una película.

Todo esto ha cambiado el paradigma, los contratos sociales, las industrias culturales, las redes que antes controlaban unos pocos, todo el mercado que se movía. La información y la distribución cultural se ha democratizado. Se ha alterado también a través de internet porque la gente compra y vende desde la red. Es un cambio radical.

Concretamente en el cine, está generando y generará nuevos lenguajes. La parte creadora va hacia adelante y desaparecen las dificultades, esa carrera de obstáculos que suponía la exigencia de un productor, la necesidad de hacer un determinado producto, con una determinada factura, una distribución en determinadas condiciones y unos cines con una programaciones concretas que, hasta determinaba la duración de los largos y los cortos, lo cual era absurdo.

Al final de la cadena, también afecta a cómo vemos el cine, con pantalla global de la que hablas, pero también internet, DVD, pantallas portátiles, y a cómo se estudia el cine, gracias a la aparición de comunidades globales.

La crítica de cine convencional nace como promoción y como publicidad de la calidad o no calidad de las películas, siempre de acuerdo casi todas ellas, de una forma directa o indirecta a través de los medios de comunicación y revistas, por parte de las grandes productoras. Nace así el crítico, el que hace el diagnóstico. Hay algunos críticos que han sido estupendos y han hecho grandes trabajos, pero no deja de ser un diagnóstico.

Esto ha pasado con las nuevas tecnologías. Las nuevas narrativas, liberadas de esta especie de armazón condicionado de lo que es el cine convencional, ha pasado a las universidades y centros de estudios especializados. Con lo cual, se lo toman ya como un lenguaje que tiene una incidencia determinada y un interés, y ese tipo de reflexión sobre el cine ayudará muchísimo a las nuevas narrativas. Y es todo lo contrario de lo que han sido las escuelas de cine hasta ahora, algunas instaladas en la universidad y otras como academias, que han sido un auténtico desastre. Las academias eran para repetir constantemente los modelos que servían para la explotación de las producciones de las majors de todo el planeta. Un thriller se hace así, una comedia se hace así, los modelos son estos, que si Orson Welles, que si Howard Hawks… el que sea. Una película épica es esto, una histórica es esto, un documental es esto, etc. Eso ha sido un desastre. Porque todos los profesionales que han formado lo que han hecho al salir simplemente es hacer bien lo que ya está hecho, por decirlo de alguna manera.

¿En qué sentido estas mismas nuevas tecnologías permiten renovar la estructura narrativa del cine, sus códigos, la manera de contar historias, hasta ahora anclados en formas obsoletas, como la novela del siglo XIX?

Las tecnologías, por si solas, no permiten nada: son trastros que tienes ahí. Lo que permiten en relación con los instrumentos que se utilizaban para hacer cine hace 50 o 60 años es que el que los usa es el que puede introducir las ideas y los cambios de estructuras dirigidos a nueva narrativa, con mucha más facilidad y porque el contexto histórico es distintos. Así que las nuevas herramientas sirven tanto para hacer una película convencional, como para hacer otras cosas. Primero porque son más baratas; segundo son más ágiles; tercero porque puedes manipularlas en tu casa, rodar en móvil y montarla. No hay un intermediarios, lo que permite a los realizadores introducir nuevas ideas y propuestas.

Piensa que Godard, por ejemplo, o yo mismo, rodábamos en 35 y en 16 milímetros de una manera muy pesada, muy lenta, con la química para revelar, una cosa casi medieval: la alquímia parecía aquello. Y a pesar de eso, hemos pretendido, bien o mal, hacer nuevas narrativas y apartarnos del modelo de cine, entendido como los cánones de las grandes producciones, que es el 99% del cine.

Escribes en ‘Mutaciones…’ precisamente que “esta ‘era digital’ lleva consigo una nueva definición de la imagen fílmica. Así, por ejemplo, si el cine que conocimos en el pasado se basaba en el registro fotográfico del mundo, ahora, con la imagen digital, podemos falsear ese mundo”.  ¿Cómo afecta eso a la manera en que el cine captura la realidad?

Es un cambio radical: se puede manipular de tal manera que puedes llegar a crear una realidad, virtual o digital, que no tiene nada que ver con el mundo real pero que puedan tener unas connotaciones “reales” antes impensables. No sé cómo explicarlo: puedes hacer que, por ejemplo, entre el mar en la Gran Vía de Madrid. Es un día de sol y llega una marea tremenda que lo inunda todo. En un sentido poético. Las nuevas tecnologías manejan efectos que son reales (el agua es más agua que agua, las casas son más casas que las casas, y casi las personas son más personas que las personas), pero que no son reales.

Esto es lo mismo que cuando, citando a Sartori, hablas una nueva realidad irreal, virtual, formada por otras realidades que no son reales. Una realidad “que sólo es real en la pantalla. Lo virtual y las simulaciones amplían de forma desmedida las posibilidades de lo real”.

Sartori lo define muy bien, por eso lo cité, cuando habla de imágenes imaginarias, sobre todo al principio de la televisión y el vídeo. Decía que con estas imágenes se podía recrear un mundo y un universo que solo era real en las pantallas. Y para la televisión dejaba el mundo real, la constatación notarial de lo que ocurre en directo.

Fuera de los ordenadores, te hablaba el otro día del gran crack del sistema capitalista a través de esta orgía financiera que ha habido, que ha arruinado a millones de personas y que nos ha dejado en una situación de quiebra, sobre la base en que los números nunca eran reales. Solo lo eran en los ordenadores, separándose de la economía productiva, que nunca pudo haber producido este globo inmenso de valores en cifras. Por eso ha estallado. Si esto aparece como real, imagina lo que puedes hacer con imágenes y sonido a través del cine.

Ahora quiero ir a la parte “global”. ¿Qué implica este cine que ahora es global y qué características tiene este escenario que no existiera hace unos años, cuando se hablaba de globalidad?

Cuando hablamos de la globalidad, un término que aparece en el siglo XX, es hacerlo de un proyecto económico, cultural y social que busca globalizar el planeta. Era una visión, hoy vista como idílica, pero que entonces pretendía reequilibrar de una forma equitativa y al mismo tiempo desarrollar el capitalismo con más fuerza. Dicho de otra manera: enseñar a pescar, no dar pescado. Pero esto en realidad fue un proyecto puramente denunciado: lo que importaba era el mercado. Lo que se ha mundializado, que no tiene nada que ver con la globalización, lo que de hecho ha invadido todo el planeta, es la economía. Y lo demás ha quedado rezagado.

El término global aplicado al cine es distinto: con las nuevas tecnologías tenemos al planeta en un puño. Sabemos dónde está todo, tenemos nuestros GPS, todo instantáneo, conecto con quien quiero, entro en un museo, una biblioteca, en la NASA, donde quiera. Y esto es un cambio fundamental para el individuo, que ahora puede de repente entrar y navegar por zonas que entonces eran patrimonio de los poderosos. Y este es un mundo que parte de un hecho irreal también. Parte de la recreación de esto como una nueva realidad. La nueva realidad, ante la realidad cotidiana.

Pero si me apuras, el espectador de cine, en todo el siglo XX, siempre ha tenido clarísimo que todo lo que se desarrollaba lo hacía dentro de la pantalla, en la semántica del cine. Sabía que lo que estaba pasando allí no ocurría. Veías, por ejemplo, el desembarco de Normandía, pero sabías que no estaba ocurriendo allí. O una historia de amor o un crimen. Había una sensación de realidad, propia del cine y las películas: una puerta es una puerta, un señor es un señor y las cosas que dicen se oyen. Esto ha sido siempre una constante en el cine, lo que pasa es que ahora es mucho más evidente.

¿Tiene alguna implicación en que la frontera de los géneros esté desapareciendo, así como la diferencia entre el documental y la ficción?

Todo eso al carajo. Pero al carajo. Los géneros y la diferenciación entre cortos y largos han respondido a intereses de productores y salas de cine. Es que es artificial. Para llegar a hacer una ficción tienes que manipular la propia realidad. Un documental sólo puede ofrecer la realidad desde el punto de vista del que lo hace y lo monta, así que aporta una objetividad falsa. El simple hecho de colocar la cámara en un lugar y no otro ya deja de ser objetivo. El documental es una crónica de una mirada de alguien que de una manera u otra se implica. No hay nada inocente.

¿Qué influencia ha tenido la apertura al cine asiático en los cánones del cine occidental?

La presión del mundo occidental sobre al asiático ha sido muy fuerte. En Asia aparece el cine como fenómeno de masas y popular más tarde. Pero fíjate que, por ejemplo, el género de artes marciales siempre se ve como algo de allí, por mucho que te lo haga un hortera aquí: es un código, un lenguaje, una manera de plantearte el cuerpo del individuo frente a otro. Hasta ahora hemos tenido una visión en occidente bastante impermeable a estas influencias culturales. Mientras que en Asia han resistido muy bien, los tiempos, la duración de los planos, la forma, las miradas, toda la tradición de teatro chino, por ejemplo, el kabuki, el teatro Nō, ha mantenido un cine popular muy arraigado allí, con una identidad muy fuerte.

También mencionas que la crítica de aquí no puede separarse de una mirada con cierta condescendencia al cine de allí, que siempre se subraya el exotismo.

Es que nosotros aquí hemos tenido una mirada colonialista, paternalista, nos hemos creído el centro del mundo. La etapa colonial del siglo XVIII y XIX ha quedado en el chip de los europeos y norteamericanos y todo lo que está ajeno a nuestro área se ve con exotismo, como un parque temático. Siempre con salvedades, pero se analiza como una cosa curiosa. Y si lees los textos de Confucio, el teatro o la ópera china, no tienen nada de eso. Te quedas en lo superficie. Es exótico igual que nosotros lo somos para ellos, pero son lenguajes de una riqueza fantástica en el mundo abstracto. Llegan mas lejos con economía y con gestos y movimientos, que la verborrea brutal de nuestras películas, que aburren hasta las cachas. En el momento que un tío dice “te quiero matar”, ya te puedes ir: si lo mata finalmente o no, ya se decidirá, pero al decir como espectador, yo ya me doy por enterado. El mundo oriental tiene un margen tremendo para que el individuo entre y haga el viaje, en definitiva. Tiene más capacidad para ser abstracto.

El cine es sin duda el espectáculo del siglo XX, me decías ayer. No sé muy bien qué relación tiene con la televisión y con cierto tipo periodismo en televisión, que cada vez parace que imita más los recursos del cine.

Han salido realizadores como los del Free Cinema, y muchos realizadores de la entreguerra han salido de la televisión, buenos y conocidos; salidos de la primera experiencias de la televisión como potenciales cineastas y se han pasado  a cine muy bien. Pero la realidad es que la convivencia entre ambos se ha mantenido. Ahora, hay un tipo de cine que está en las series, como aquellas películas de Fu Manchu, que acababan con el “continuará…” y a la semana siguiente la veías y la otra también. Eso lo que han cogido ahora las grandes series norteamericanas y anglosajonas, que para esto son muy buenos. Es una forma de poner la cámara en un solo escenario o dos, y todo se basa en la presencia, no tanto en la actuación, de actores de género pero con capacidad con su presencia de saber que es un camarero, o una puta, o un cirujano, en sus diálogos. Eso el cine se lo ha ahorrado. Ha pasado a la televisión porque es más efímero, no requiere tanta complicidad. Y en esa habitación cohabita con ellos de forma familiar: contra más espejo, mejor. Si el espectador se ve que es el espejo del mundo que él conoce a fondo, entonces es cojonudo.

¿El 3-D es el último intento de la industria, tal y como la conocíamos por atar a la gente a las salas?

Sí, es un fogonazo, una especie de parche. Sabes que las 3-D ya aparecieron hace muchos años y se fueron porque a la gente les terminó por aburrir, con eso de las gafas. Era en el momento álgido en que el cine estaba creciendo en potencia y popularidad. Ser arrollado por un tren que sale de la pantalla: ¡Para eso no voy al cine! Y volvieron sensatamente a lo que era el cine. Pero esto demuestra hasta qué punto está obsoleto todo lo que se está haciendo, desesperadamente, se están convirtiendo la salas de cine en parques temáticos pequeñitos. El 3-D en el fondo quiere retardar el proceso de decadencia a la que está sometido todo esto: partidos de fútbol, óperas, las visitas del Papa. Todo para llenar cines. Pero el 3-D es el canto del cisne. Va a durar 2 días. Y ahora que dicen que la tele va a tener 3-D, y si el AVE ya me entra hasta la cocina, para qué el cine.

En un momento hablas de este público que es activo, participa, hace sus contenidos. Y el cine no será 100% hasta que no permita una respuesta más inmediata del espectador. En este sentido, ¿qué te parecen los videojuegos?

El fondo de la cuestión es que en los últimos años se ha pasado de aceptar que el espectador de cine, como el de teatro, asiste sentado al espectáculo y ve, como un voyeur, la representación que le proponen. Lo que pasa en el escenario es algo que el espectador ve, con lo que se puede congratular, identificar con un personaje, reír, llorar, y luego se va a casa y adiós. Pero esto se va al garete con la figura del usuario, una persona que “usa”. Esta interactividad ya hace que sea que él quien propone. Y que propone creativamente. Esto existe y es también global. Los individuos intervienen en la realidad.

Todos esos creadores y escritores que están ofendidos porque dicen que se les roba, tratan la red como si existiera una separación entre los otros y ellos. Y en la red estamos todos. No es un mundo aparte, es el mundo que hay ahora, es el que está transformando todo. Y habrá que buscar la manera y la solución de que los trabajadores de la cultura nuevos contratos sociales para vivir de su trabajo. Descargar no es robar: hay propuestas legítimas de gente que propone que otros las vean, las descarguen y se la den a otro. Todo se tiene que resituar. Es un espacio nuevo que cambia toda esta escala de valores. Una cosa es creación individual y otra son las industrias culturales, que son quienes están monopolizando este debate y la hegemonía del mercado en todo el siglo XX.

Llevado este usuario a la máxima, surgiría un problema: no habría distinción entre artista y píblico.

Ah, la inteligencia colectiva, un tema que tendrá una fuerza enorme en el futuro y que genera una cantidad de problemas muy complejos que se resolverán en el mismo proceso. Lo que no se puede negar es que eso está así y que es un mundo nuevo donde todo se resitúa. A partir de aquí, los cambios son imparables. Y es estúpido hacer una ley para hacer que 200 páginas se cierren. Constantemente se están transmitiendo cantidad de cosas que son creadas por los usuarios. Estamos en un mundo en que todo es copiable y reproducible. No se puede considerar una catástrofe, no puedes volver atrás y decir que la hegemonía es de unos.

Una cosa muy importante con todos estos cambios afecta al valor de la posesión, que está dejando lugar al valor del uso: esto es una liberación muy importante. Van a acabar hasta las bibliotecas de casa. Y los DVD durarán cuatro días. Es un cambio radical: este fetichismo de tener las cosas está desapareciendo. Sin embargo, el valor de uso, que es el auténticamente cultural, es fantástico. Que te tengas que comprar un CD por una pieza que te interesa no tiene sentido. Son cambios simples, pero cambios radicales.

Al individuo se la ha dado una capacidad enorme de decisión para intervenir y se convierte por primera vez en sujeto, capaz de determinar las cuestiones. Y tiene que remodelarse todo el sistema por donde circulaba el arte y la cultura, en estos nuevos espacios, gracias a la explosión de la tecnología. Y ha creado un nuevo individuo, con nuevas exigencias. Y con unas experiencias inéditas: un tío que interviene en el proyecto de otro, entra y sale, y hay intercomunicación. Y ya no hay vuelta atrás

Llegados a este punto: ¿esto es un cambio político?

Claro que sí. En los años que separa la primera edición de Mutaciones… de ahora, se ha acabado el sistema capitalista. Estamos arruinados. Todo lo que vemos son reajustes: intentar vendernos la moto de nuevo, la nave del capitalismo quiere arreglarse pero es inviable. La propia crisis en la que estamos metidos ahora muestra que hay un cambio de valores y conceptos, que paradójicamente están poniendo en evidencia las contradicciones y que van a generar al individuo una nueva disponibilidad, sobre todo para intervenir mas, y segundo, con unas concepciones para actualizar y modernizar lo que hoy ha envejecido. No solo han envejecido las dictaduras, han envejecido las democracias también. Están torpes. El individuo es mucho más ágil y pide más. La liturgia de las democracias está pasada. Es como la ceremonia de los Oscar en el cine: alfombra roja, pase de modelos, matrimonios que se miran, actores que se aplauden entre ellos… es una cosa de barraca de feria.

Quizá funciona por la distancia insalvable que separa al espectador y del espectáculo…

Claro: le es ajeno. Ahora el sujeto es el individuo. Y en términos políticos también. ¿Por qué han envejecido los partidos? Eso de “militar en un partido”, meterte en un círculo cerrado y corporativo… no tiene sentido con los medios que hay. ¿Qué son esas campañas electorales? ¿Qué son esos viajes de los del G20? Como el Papa sigue paseándose, todavía hay esa idea de autoridad, sacralizada, de gente por encima del bien y el mal. Menos mal que ha venido Wikileaks y han demostrado que son tan humanos, y por tanto tan jodidos, como nosotros.

Volviendo al cine: de las pocas certezas del libro es que la mutación sigue: no es un catalogo cerrado de mutaciones. Coinciden todas las voces en esto. ¿Hacia dónde va el cine?

Las salas de cine durarán hasta que no vaya nadie. La inercia propia de todo un siglo de éxito del cine durará todavía varias generaciones. Pero ya no es tan rentable para las grandes productoras. Y los cines sirven para otra cosa. Han cerrado miles ya, y otros se han convertido en otras cosas. Son los efectos de algo que se está retirando, que está en decadencia y perdiendo audiencia.

¿A dónde conducen las mutaciones? Las mutaciones buscan adaptarse a los nuevos cambios históricos, climáticos o territoriales. El cine va en esa dirección. Se muta en la medida en que, ante esa caída de estructuras, un realizador pueda crear una gramática y una sintaxis fuera de las fórmulas tradicionales del cine. Las películas no tendrán importancia y una de 2 minutos y otra de 3 horas serán considerado lo mismo. También la forma de tratar los temas. Y mientras sea rentable, se podrá hacer cine tradicional.

¿Cómo afectará al usuario? Las mutaciones sirven para avanzar y adaptarse a las nuevas situaciones. La adaptabilidad es la cuestión. Es el tema de las metahabilidades: es tan complejo el mundo en el que vivimos, tenemos que manejar tanta información y saber un poco de todo de manera multidiciplinar, que se nos exige que adquiramos más habilidades. Se nos exige tener la habilidad de adquirir nuevas habilidades. Esto que parece un retruécano muestra mejor que nada cómo estamos de mutación y de mudanza. Antes el cine era el cine, la pintura era la pintura… y hoy tienes que saberte mover por todos lados. Hace 20 años, todos estaban centrados en los suyo, el pintor que es erudito, encerrado, a solas con su ombligo. Ahora tenemos la posibilidad de convertirnos en artesanos de algo que no pudieras haber soñado y colaborar con otros en ello. Desde el punto de vista higiénico es fantástico. Los que vais a vivir parte del siglo XXI, a mi me queda poco, vais a divertiros. Veréis cosas caer hasta ahora inimaginables.

A ver los cambios sociales acompañan a estos cambios…

Lo hará, por las buenas o por las malas. Las demoliciones controladas son una cosa, pero puede fallar el control y te puede caer por el lado contrario. En los cambios la cuota de riesgo es para todos. Los que tenían su mercado se la juegan. Nos la jugamos todos. Y requiere imaginación.

Darle la cara es la única solución. Cuando las cosas están bien nos las derriba nadie. Pero en una situación como ahora se permite reaccionar. Formas mas humanas, más equitativas. Y el salto tremendo que hay que pasar de esa concepción de consumidores feroces y voraces instigados por los grandes poderes económicos, financieras y políticos. Hay otra vida que no implica esta orgía, que no es el derroche, ni el horterismo de tener dos coches en vez de uno. Calidad de vida, relación con naturaleza, aquello de que “otro mundo es posible”. Es que este se ha ido a la mierda. Hay que ir a la calidad de vida.

Y hay que buscar la calidad de la relación con los objetos: no consumirlos, sino que nos transmitan ideas.

Exacto. Este es el tema. Han creado mentalidades insolidarias, liberalizadas, en donde el nivel se medía por cosas estúpidas y no por su valor. Han llevado a la ruina al propio sistema capitalista. Y no te digo nada cuando entremos en temas como la bioquímica, la ingeniería y en estas cosas…

 

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  1. Me llamo Marcos Ley y soy un joven escritor de Barcelona.
    Lo primero que quiero decirle es que soy un fiel seguidor de su trabajo.
    Me encanta su forma de comunicar. Le sigo. Lo siguiente viene enlazado, le explico.
    Tengo un Blog en el que escribo un poco de todo, pero sobretodo, y, últimamente,
    escribo Nanorrelatos ( historias ultra-breves de 10 palabras )
    Pongo cada día todo mi empeñó y mi ilusión, con el objetivo de
    escribir cada día mejor. Mi deseo es muy sencillo, ser leído. Nada
    más. ¿Por qué le cuento todo esto? Pues, sin más dilaciones, y
    espero que sin demasiada osadía, lo que le quiero decirle es que me
    encantaría, si puede, y por supuesto, si quiere, es que le echase un
    vistazo a mis Nanorrelatos ¿Por qué? Porque considero y confío en
    su criterio y seguro que de él puedo aprender mucho. Para mí sería
    un privilegio. Paradójicamente no he sido muy breve, pero eso es
    todo.

    Por último quiero agradecerle su tiempo y atención. Muchas gracias.

    Un cordial saludo

    Dirección de mi blog:
    http://marcosleyjimbo.blogspot.com
    marcosley@hotmail.com

    Marcos Ley González.

    • Hola Marcos, muchas gracias por tus palabras (¡hablémonos de tú!). Acabo de llegar a tu web y a tu twitter y he visto que tienes intención de publicar, pero así de pronto, me parece que internet es la mejor herramienta para darte a conocer y para expresarte en relatos tan breves: mira lo bien que le funciona a Jodorowsky ;). Les hecho un vistazo y te mando un mail para intercambiar impresiones, con toda la humildad que me da sospechar que tu blog es mucho más leído que el mío, jeje.

      Saludo,

      Jesús

  2. […] Culturas (y en Ciencias primero, y a ellos les debo en gran medida la visión que tengo hoy sobre el conflicto cultura/tecnología) hemos intentado luchar contra ideas preconcebidas ya instaladas con el esfuerzo de estas […]

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