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Vonnegut y el triunfo de la clase media

In Antiguos Maestros, Sci-fi on 25 diciembre, 2011 at 7:00 pm

Se publica Mientras los mortales duermen, un libro que reúne
16 relatos inéditos del escritor estadounidense

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«Estoy loco por ser viejo y por ser estadounidense. Aparte de eso, bien», respondía en una entrevista al final de su vida Kurt Vonnegut (1922-2007), después de haber sobrevivido al suicidio de su madre a los 21 años, al bombardeo de Dresden (y a la visión de la quema de cientos de miles de personas) y a la Administración Bush. Siempre sin perder el humor, y profundamente preocupado por la deshumanización de la sociedad y por la falta de moralidad, Vonnegut ya plasmó sus miedos y reflexiones en novelas fundamentales como Matadero Cinco y Las sirenas de Titán, bajo la apariencia inofensiva de la ciencia ficción. A lo que no estamos acostumbrados es a toparnos con textos inéditos suyos. El año pasado, la editorial Sexto Piso ya rescató algunos de sus relatos sin publicar en Mire al pajarito, y ahora vuelve a hacerlo con el volumen Mientras los mortales duermen, que reúne dieciséis piezas del estadounidense y algunas ilustraciones dibujadas por él mismo [entre ellas, el autorretrato que encabeza esta entrada, trazado con una sola línea].

Vonnegut fue lo que hoy llamaríamos un currante de las letras y estos relatos, pertenecientes a su juventud, nos muestra a un autor construyendo su carrera literaria. “En la era de los slicks (revistas semanales y mensuales que pagaban razonablemente bien por los escritos de ficción), un escritor estaba obligado a tener una idea de lo que vender, por lo que podríamos considerar a este fumador empedernido como a un jornalero, un artesano del relato breve”, dice Santiago Tobon, responsable de la edición en castellano, que resume la experiencia de leer a Vonnegut en formato corto: estamos ante unos textos “refinados, despiadadamente divertidos de leer y con un final impecable y gratificante”.

En ellos hay muchas de las ideas que luego trataría en sus novelas. Por las hojas de Mientras los mortales duermen se pasea un hombre de 64 años que ha dejado a su esposa por una nevera último modelo, a la que llama Jenny y que tiene curvas y voz de mujer; hay tiempo para romances corporativos entre el personal de la sección de ropa femenina y el departamento de atención al cliente de unos grandes almacenes; hombres hechos-a-sí-mismos convertidos en magnates que gastan su tiempo libre con maquetas de trenes; y delirantes transcripciones sobre conflictos aún más delirantes en el entorno laboral.

“El lector de estos relatos se verá impelido a imaginar a un hombre corriente a caballo entre los dos mundos, el de la clase adinerada y la clase trabajadora, entre aquellos que viven sin preocupaciones y los que arrastran dolorosamente el cansancio del mundo. Perteneciente a la clase media, Vonnegut pudo encontrar un empleo sin gran esfuerzo y rehacer su vida tras haber vivido el bombardeo de Dresden y el suicidio de su madre”, dice Tobon, para quien el autor “se retrató a sí mismo como un pobre desgraciado que trataba de hacer lo mejor posible”.

Vonnegut reflejó en estos relatos aspectos de su sociedad, como el automatismo provocado por la tecnología y la maldita burocracia, el adoctrinamiento de los medios, la sexualidad y la violencia y los mitos que surgen alrededor de ellas, y da argumentos a favor del pacifismo, la igualdad socialista y, sobre todo, la necesidad de sentido común.

Unos temas que, según el traductor de Vonnegut, Jesús Gómez Gutiérrez, es difícil no releer bajo la coartada de la actualidad. “Hay pocas líneas de Vonnegut que no sean contemporáneas y que no vayan directas al corazón del mundo en que vivimos; su obra era corrosiva y profundamente irónica en la década de 1950 y lo sigue siendo hoy. No en vano, siempre admitió que escribía por motivaciones políticas, para contribuir a cambiar las cosas”.

Como a Stanislaw Lem, a Vonnegut no se le perdonó que para hablar de cosas tan serias eligiera la ciencia ficción. Ahí está la despiadada Galapagos (1985), donde, partiendo de una pandemia y una crisis económica mundial, dispara a Darwin hasta un futuro proyectado en un millón de años. Objetivo del escritor: divertirse estudiando la evolución humana a partir del reducido grupo de supervivientes del pomposo “Crucero del Siglo para el Conocimiento de la Naturaleza”, aislados durante siglos en un pedazo de roca en la costa de Ecuador y obligados a la endogamia. Las mismas islas que Darwin observó para entender la selección natural. Vonnegut se ríe de sus ineptos personajes, avisa explícitamente al lector de que los matará a casi todos, uno a uno, y nos hace reflexionar: si como especie nos hemos adaptado y sólo los mejores han sobrevivido, ¿podremos superar la estupidez, el egoísmo e incluso nuestra capacidad para mentir de forma similar? ¿Hace falta un colapso, un borrón y cuenta nueva, para forzar una mejora así en los humanos? ¿Es muy descabellado pensar en el futuro como una colonia de individuos de moralidad transparente?

Lo de Vonnegut, en cualquier caso, también va más allá de quienes lo consideran un escritor para escritores, aunque ahora parece que autores como Martin Amis y Foster Wallace podrían deberle mucho a la estructura caótica y autorreferencial de El desayuno de los campeones (1973) y a la confusión de géneros de Matadero Cinco (1969), respectivamente. No hace falta justificarle: “Relativizar la obra de Lem y de Vonnegut porque se asocia a la ciencia ficción solo demuestra que un sector del mundo literario sigue viviendo en el siglo XIX en cuestión de gustos y, peor aún, de estilos. Lo que no le perdonaron a Lem, Vonnegut y otros autores como ellos era algo diferente: que jamás aburrieron a un lector”.

Versión íntegra del texto publicado en Público el 23/12/2011

  1. […] Brothers Vonnegut subraya lo que ya nos contaba hace unos años el editor Santiago Tobón con motivo de la publicación en castellano de algunos de los relatos del escritor en Mientras los […]

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