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Entrevista a Manuel Vilas: “Busco en la literatura el estallido total, el carnaval interminable”

In Apocalipsis YA, Postmoderneo, Sci-fi on 25 enero, 2012 at 12:37 pm

Si la imaginación pudiera pesarse igual que se pesan las patatas en el súper, el pobre Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) viviría con la cabeza permanentemente aplastada contra el suelo por culpa de la gravedad. Ahí dentro debe de haber toneladas y toneladas de creatividad e ingenio luchando por salir por algún lado, como un jardín desbocado. Su última novela, Los inmortales (Alfaguara), es definida por el escritor como “un volcán de libertad donde todo salta. Yo lo que quiero es ser libre y este mundo no hace más que ponerme impedimentos. Así que busco en la literatura el estallido total, el carnaval interminable. Todo lo que escribo es muy carnavalesco”.

No hace falta que lo jure. Sólo hay que intentar poner algo de lógica a la historia de Los inmortales, una novela inspirada en… esto… la película Los inmortales, de 1986, protagonizada por Christopher Lambert. Una novela que consigue mezclar los libros de caballerías con la ciencia ficción, la Historia con la clarividencia, el progreso humano y el delirio. Una novela por cuyas páginas se pasean personajes como: una reencarnación actual de Cervantes que es fan de Joy Division y que se pone en plan Houellebecq (es decir, muy guarro) con dos prostitutas en Canarias; el papa y la madre Teresa de Calcuta convertidos casi en superhéroes (nombres clave: Ponti y Mother T); y el espíritu de Stalin, encargado de darnos a conocer algo llamado la Teoría del Reciclaje Trascendental.

¿Cuál fue el chispazo de ‘Los inmortales’? Siento esta curiosidad con todas tus novelas: ¿De dónde nació? ¿Cuál fue el gérmen?
Fue la película Los inmortales, de Christopher Lambert [risas].

Me lo estaba imaginando…
Ahí se plantea, aunque no se resuelve, la idea de la acumulación de vida y de saber que puede haber en un ser humano que viva más de 400 años. Esa inmortalidad la vi en un personaje como Saavedra, que es alguien que cree, porque nunca llega a afirmarlo en la novela, que es Cervantes, que es inmortal, que nació en 1547, que lleva 400 años sobre la Tierra, y que lo que hace es aprender lenguas fundamentalmente porque, al estar tanto tiempo vivo, le da tiempo a viajar y conocer idiomas, etc. La idea es alguien que vive la historia y la conoce en cada momento. No como nosotros, que la leemos. Este es el tema.

¿Te interesaba una inmortalidad cotidiana, esto de vivir la historia y el presente, o más literaria, es decir, esa inmortalidad sagrada de la literatura y sus autores?
Yo pensé en el concepto de inmortalidad del arte, de la política, del siglo XX y XXI, incluso de la religión, porque en la novela también salen el Papa y la madre Teresa de Calcuta, llamados Ponti y Mother T, y que se convierten en dos superhéroes. Lo que quería era reflejar lo que el siglo XX ha pensado que era ser inmortal desde la cultura, desde el arte, la literatura, el arte o la política. También sale Stalin y Hitler. En esencia: qué hemos codificado como permanencia en el siglo XX y la historia de estos personajes.

¿Y has llegado a la conclusión de que la inmortalidad se ha tratado de manera diferente en el siglo XX que en otros tiempos?
La novela arranca en el año 22.000 con un personaje que se llama Aristo Willas, un nombre que hace referencia a Aristóteles, en un año en el que la inmortalidad es un bien común. A través del progreso, se ha erradicado la mortalidad, igual que nosotros hemos erradicado el analfabetismo o el hambre. Y yo en eso soy muy optimista: como especie estamos en un estadio evolutivo y creo que vendrán avances tremendos e impensables. Y uno de ellos, que me parece muy expresivo, es no morir. No desaparecer. Pensé que esos inmortales del año 22.000 eran nobles y trágicos, eran shakespearianos, y descubren un manuscrito que narra la inmortalidad desde el siglo XXI. Y esa inmortalidad es cómica, que es la nuestra. En esa antítesis entre lo trágico y lo cómico, se configura la novela.

¿Es un libro sobre libros? Manuscritos, Shakeaspeare, poetas en la Luna, Cervantes reencarnado…
No. Es un libro sobre la vida. El tema fundamental es dar forma narrativa a las alienaciones del post-capitalismo. Y todas las historias están reflejando eso.

En una entrevista anterior con Público dijiste que no escribías con ayuda de psicotrópicos (sólo alcohol) y que tienes poderes: “Veo el futuro”. ¿Lo has usado para escribir esta novela?
¿Eso dije? Madre mía [risas]. Hay una parte visionaria en la novela. Me gusta pensar cómo va a ser el futuro, aunque probablemente no acierte. Lo que haces cuando exploras el futuro es iluminar el presente. No sé cómo serán las cosas en el año 22000, pero sí que es posible que seamos inmortales. Con eso, intensifico nuestra mortalidad hoy y nuestra visión como seres que estamos muy poco tiempo en este mundo y desparecemos enseguida. E intensifico que se reflexione sobre esa idea: estamos tan poco tiempo en el mundo que debemos ser más felices y vivir mejor, no estar alienados como estamos. Por eso hay un sentimiento dominante en el libro, que es el amor. Todos los personajes están enamorados, exaltados, se enamoran de todo, porque en la novela se viene a afirmar que el único sentimiento capaz de luchar contra la alienación es el amor.

Te consideras vitalista en este sentido: una la novela como celebración de la vida y el presente. Pero, ¿eres optimista? Es que el futuro está muy negro últimamente.
Sí, siempre. Ahora mismo vivimos una crisis, pero ha habido otras, y probablemente más grandes que la actual. En el mundo ha habido hambre. Así que de esta se saldrá. Probablemente habrá que cambiar muchas cosas. Hay un capítulo en la novela en que se habla de la Teoría del Reciclaje Trascendental. El personaje de Cormac Martínez, el último comunista, un personaje al que se le aparece Stalin, está simbolizando el marxismo como filosofía no superada. Es decir: el marxismo, como teoría política, evidentemente está superada, pero como filosofía no, como crítica del capitalismo todavía está vigente. Así que pienso que de esta crisis se saldrá con otra expectativa del ser humano o con otra expectativa social de progreso, pero se saldrá.

Creo que el marxismo como filosofía sigue vigente porque no hay otra forma de analizar la historia de una forma más precisa y exacta que el materialismo histórico, por ejemplo. En ese sentido yo soy marxista. Es tan lógico como que 2 y 2 son 4: desde el punto de vista filosófico, Marx es 2 +2 = 4.

Es una novela divertida, pero esconde sus críticas: el papel de la historia y los historiadores, o ciertas ideas instaladas desde la Transición, como que Franco creó la clase media en España.
Ahí la novela busca provocar, busca interpretaciones de la historia provocativas pero que son viables, que tienen un fondo de posibilidad. Provoco al lector para que piense posibilidades de interpretación de la historia que nunca se había planteado.

En el futuro, escribes, los historiadores harán su trabajo sin influencia de la ideología. Tu visión de la Historia es que, directamente, que el pasado no existe.
Eso nace de mi perplejidad ante la Historia. Para mí, la Historia es una ficción muy elaborada, muy bien documentada. A ver, los historiadores tienen toda la razón del mundo: lo documentado, así es. Pero a mí, como hombre del siglo XXI, la historia me parece una ficción: no puedo tocarla. Es un problema filosófico: puedo tocar la naturaleza (un árbol), pero la historia es ficción. La historia enfrentada a la materialidad de la naturaleza. La historia como una fabricación humana inmaterial. Este es mi problema: es un producto humano inmaterial. No puedo tocar a Napoleón. No puedo hablar con él. De hecho, una de las cosas que me brinda la novela es que Felipe II y Robespierre puedan tener una charla, y yo necesito traer a Robespierre a este mundo para saber si existió. Se llega a decir en la novela que el pasado es ausencia y el futuro es inexistencia y que lo único que tenemos es el presente. No es una filosofía de la historia, sino una filosofía literaria, probablemente parte de esa misma filosofía vitalista. Como seres humanos nos toca el presente, es lo único palpable y real.

Te has metido como personaje dentro de tu libro. También hay referencias a Aire nuestro, tu anterior novela.  ¿Quieres que tus novelas ocupen un mismo espacio, que el lector entienda que hay relación, o es un truco sin intención?
La intención que hay detrás de ello es generarme a mí como un ente de ficción libérrimo. A mi me gustaría que todo fuera más libre. Que no hubiera tantos estatutos que nos fijan el comportamiento. De hecho, la novela es como una especie de volcán de libertad: todo salta. En la novela se me atribuyen incluso libros que yo no he escrito, porque el estatuto de la realidad salta. Es una novela muy caranavelesca; todo lo que escribo lo es. Necesito pensar en una libertad absoluta. Quiero ser más libre y este mundo me pone impedimentos. Busco en la literatura el estallido total, el carnaval interminable.

Yo también lo creo, y de hecho, es una de las cosas que más me gustan de tus libros, donde no sé lo que va a pasar a continuación porque tu único límite es la imaginación.
Exactamente.

¿Y cómo consigues trasladar todo lo que tienes dentro de la cabeza, ese torrente de imaginación, inmaterial y fabulosos, a una hoja de papel y que tenga algo de sentido?
Un poco zumbado estoy [risas]. Hay algo de locura en mi literatura, una pulsión de demencia, de delirio, pero nunca toco lo irracional ni el absurdo porque no me interesan. Me gusta que todo tenga un sentido, aunque sea delirante. Exploro esas partes. Y me estresa mucho escribir en esos límites, porque psicológicamente me deterioro, mi cerebro se deteriora porque es como ir un sitio donde pasan cosas tremendas, como si te invitan a una fiesta donde todos están muy colgados porque, ojo, te puedes quedar igualmente colgado. En ese sentido, practico una escritura peligrosa porque me meto en berenjenales que son límites propios de la ficción. Pero también sin saltarme esos límites la literatura no me interesa: necesito ponerme nervioso. Buscar límites. Mi literatura es también una lucha contra el aburrimiento. El aburrimiento forma demasiado parte de nuestra vida.

Ahí entra el humor. En otra entrevista contigo, me hablabas de que “el humor lo ha sido casi todo en la literatura. La novela moderna nació desde el humor”. Imagino que te sirve de balanza para no volverte un “colgado”…
El humor es amor, también. Es una forma de crítica contra la autoridad. Cuestiona la autoridad. Nos hace más libre. Nos quita solemnidad, esa pátina de tragedia que tiene la vida humana. Y nos comunicamos mejor si tenemos sentido el humor. Desde lo trágico no existe comunicación: existe formalismo, porque lo trágico es formal. El humor es expresivo, es natural y es lo que nos determina también como especie: somos capaces de pensarnos humorísticamente.

Y hay tres grandes escritores que me fascinan y que son humoristas: Cervantes, Kafka y Joyce. Así que la vinculación entre novela y humor es absoluta. Tres grandes escritores generadores de novela y teoría novelística eran humoristas. Y en España hay grandes: Buñuel…

…y José Mota, ¿no? Entonces me dijiste que “el hombre más importante de España es hoy el genial humorista José Mota”. ¿Sigues pensando lo mismo?
Sí, lo que pasa es que ahora está explotado. España ha visto que tenía un gran humorista, y lo explota porque todo el mundo quiere que le hagan reír. El caso de Mota es que, de pronto, se nota cansancio, se nota superproducción. Creo que ahora se necesita otro humorista.

Tengo muy reciente la lectura de ‘Galápagos’, de Kurt Vonnegut, que también proyecta la humanidad al futuro, que también habla desde la inmortalidad y que también usa mucho el humor. ¿Algún autor que te haya marcado para ‘Los inmortales’?
Hay otros que ya me han comparado con Vonnegut, pero no, no hay un escritor que patrocine esta ficción. No me he encomendado a nadie. Es muy cervantina la novela, así que, en ese caso, sería de un clásico total.

¿Pero crees en la inmortalidad a través de la literatura? Bernhard escribía en ‘Antiguos maestros’ que cuando te falta alguien, nunca viene el arte o la literatura, esos libros que llevas acumulando toda la vida no te salvan de nada porque no es posible que nada te llene ese hueco que queda. ¿Crees en la literatura como algo que nos puede salvar?
En mi caso, y en el de esta novela, es una parodia. Bernhard tiene toda la razón: la literatura no deja de ser un ocio pequeño burgués, y cuando uno tiene una urgencia vital, la literatura no le sirve. ¿Y qué sirve? Es una buena pregunta.
Pero yo soy un poco punk. Así que no me interesa lo pequeño burgués, porque está muy limitado. Pero si traspasas esa frontera de lo pequeño burgués, a lo mejor entonces sí puede servirle a alguien, sobre todo si le quita alienación de encima.

Estamos haciendo literatura porque somos seres reflexivos y la literatura ayuda a reflexionar y a iluminar lo que somos. El pintor pinta y el cineasta dirige porque tiene que reflexionar sobre la condición humana y sobre qué hacemos en este mundo y cómo es el presente histórico que vivimos. Mi literatura es una indagación en lo que estamos haciendo ahora, explora en eso desde la ficción.

¿Crees que a Cervantes le hubiera gustado Joy Division?
Sí, porque a Cervantes le gustaba su tiempo y sacaba personajes de su tiempo en su novela. Así que entiendo que los personajes de la cultura de mi tiempo pasen a mi novela como ocurre en El Quijote. En ese sentido, no estoy haciendo nada que no hubiera hecho Cervantes antes. ¡Si es que no inventamos nada! Puede llamar la atención, porque no lo ha practicado la novela que normalmente leemos: que aparezca Ian Curtis como personaje. Pero si lo hace en mi novela es porque ha sido un personaje cultural de importancia. Al menos para mi generación.

¿Te interesaría escribir sobre la crisis o el paro?
Sí. Sobre el paro no lo sé, porque no sé cómo lo haría. Pero sobre la crisis, sí.

¿Y como se ve la crisis a través del filtro Vilas?
A ver, yo creo que en Los inmortales está presente la crisis. Cuando Stalin le dicta a Cormac Martínez la Teoría del Reciclaje Trascendental, esos diez puntos tienen que ver con la crisis. Son delirantes y literarios, pero la crisis está detrás del reciclaje trascendental.

Dices que la poesía tiene que estar vinculada al mundo real y que cualquiera, desde un banquero a un bibliotecario, puede ser poeta. ¿Cómo conviven poesía y novela en tu cabeza?
La poesía y la narrativa en mi caso no están separadas. Las fusiono en un orbe que podría ser La Literatura de Vilas. En eso sí que me esforzado: en que mi estilo sea reconocible. Me manifiesto en estos dos géneros. La poesía es más exigente formalmente, tiene otras modulaciones, exige otros puntos de vista, pero en mi cerebro conviven de manera muy natural.

¿Crees en el progreso?
Sí, firmemente. Creo que somos perfeccionables y que la historia es un ejemplo de ello. Creer en el progreso es evidente. Ahora no entendemos nuestra responsabilidad con el tercer mundo, como hace 100 años no se entendía lo que hacíamos con el proletariado.  Son mecanismos de evolución  que se irán dando.

Pero el progreso es malo, sobre todo cuando viejos modelos no se adaptan a él: uno de los guiños de Los inmortales que más gracia me ha hecho es que dices que el sector de la enseñanza de idiomas pasará una crisis muy gorda tras los implantes cerebrales de idiomas. Es imposible no acordarme de la crisis actual de algunas industrias ante el progreso.
Yo creo que en el tema del aprendizaje de lengua no hay progreso. No tiene sentido que una persona dedique 12 años a aprender una lengua. Igual que viajamos en avión y tenemos telefonía móvil, a veces fabulo sobre injertos cerebrales que permitan hablar varias lenguas. A veces incluso pienso que hay intereses oscuros en que no se desarrolle…

Pienso que el ser humano es cultural. Y que una vez después de haber comido, necesita reflexionar, pensar y divertirse. Necesita cultura. El problema es la excesiva vinculación entre cultura y ocio. La cultura es una necesidad vital, no es simplemente entretener cuando estás aburrido. Es crecimiento intelectual, saber más de uno mismo y saber más de lo que ocurre. Es un derecho que el Estado proteja culturalmente a los ciudadanos. Si no, ¿qué sentido tiene estar aquí? ¿Trabajar y morir? Ahora mismo con la crisis, la cultura es la peor parada porque es la única que nos quita el peso de las alienaciones que llevamos encima. Ya es el paraíso para mí tener un trabajo estable, etc… si no puedo manifestarme como ser cultural, es una contradicción.

 Creo que tenías material que se te ocurrió una vez enviado el libro al editor, como el caso del SMS de amor entre Saavedra y Eva Braun… ¿Te quedaste algo más en el cajón?
Lo fundamental era eso: se me ocurrió el contenido de los SMS, porque creo que sería muy divertida la hipótesis de que en los últimos días de la Alemania nazi hubiera móviles. Pero no son más que fantasías históricas [risas].

Versión íntegra de la entrevista publicada hoy en Público.

FOTO: Manu Fernández

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  1. […] En mi nueva vida espero organizaré mi propio festival literario, si no en Cartagena en algún otro rincón del Caribe, y nunca invitaré a monjas, ni siquiera a monjas guerrilleras como la tal Leonor Esguerra que dijo sandeces del tipo “me hice del ELN porque en mi época aún no era famosa la Madre Teresa de Calcuta” (Mother T para Manuel Vilas). […]

  2. Información Bitacoras.com…

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