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Un apunte al cierre de ‘Público’

In Asuntos internos, NoFicción on 25 febrero, 2012 at 1:05 pm

Anoche, leyendo la entrada Para cerrar la herida, abran el periódico en el blog Solución Salina de Henrique Mariño, me topé con este comentario de un lector en relación al cierre de Público, que como diría Quinta Tinta, es el periódico que me ha dado de comer en los últimos cuatro años y medio.

«Ahora es cuando algunos os recordarán, con razón, que para qué comprar el periódico pudiendo leerlo gratis en Internet y que lo que tenéis que hacer es adaptaros a los nuevos tiempos y a los nuevos “paradigmas”. Revisad los artículos de vuestro periódico sobre las descargas de música y me entenderéis mejor.

Y no, no me dedico a la música ni nada parecido, pero…»

Mientras lo rumiaba caí en que en realidad le tenía ganas a este debate. Hace un par de semanas mantuve una conversación ejemplar -en cuanto al tono empleado- en Twitter con un productor musical y un periodista especializado en medios digitales. El punto de partida era la incapacidad de la ley sinde para satisfacer los intereses de la industria del entretenimiento y de las tecnológicas al mismo tiempo. Cuando la conversación nos llevó a los “modelos caducos” actuales de la “creación”, en general, y a que nadie estaba tomándose la molestia en repensar estos modelos, me pareció que el mejor ejemplo de todo aquello era mi propia situación en Público, así que le dije al productor de música:

-Mi modelo, el de mi periódico, también está caduco, en crisis y no es rentable.

-Mis artículos pueden leerse gratis en internet a la vez que previo pago en papel.

-Mis artículos pueden leerse gratis incluso blogs de otra gente vía corta y pega.

-No puedo considerar eso un robo porque no sé si toda la gente que me lee en internet estaría dispuesta a comprar el periódico en papel.

Y algo más, que entonces no dije porque la conversación fue avanzado por otro lado: no puedo llamar ladrón a todo el que me lee gratis y decide no pagar en el kiosko. Ni siquiera puedo evitar que dos personas lean el mismo ejemplar en el metro, aunque solo pagara por él la primera. Tampoco puedo cobrar un canon a los bares donde una sola copia de mi periódico es leída por decenas. Toda esa gente que no paga y nos lee es nuestra audiencia.

Así que estamos ante un reto parecido. Si miramos a un periódico con la lente de la industria del entretenimiento, parece que la peor competencia para Público siempre ha sido Publico.es, de la misma forma que la peor competencia para el cine español parecen ser sus propias películas españolas en la red. Más: alguien debería estar exprimiendose el cerebro y pensando en cómo sacar partido a 5,5 millones de usuarios únicos, y de la misma forma, a esa audiencia más millonaria todavía que está pidiendo a gritos (y no necesariamente gratis) acudir a un estreno de cine en el salón de su casa. Una pista para nosotros: no es buen gancho de compra llevar como noticia en portada algo que ya reventó las televisiones o las redes sociales la mañana anterior. Una pista para ellos: es frustrante para el consumidor no encontrar una oferta legal en internet, un ciclo de vida para las películas del tipo estreno en cine-canales de pago-DVD-televisión no es suficiente. Parece que la nariz, no obstante, ya empieza a picarle a algunos.

La diferencia entre estos dos “modelos caducos” creo que está en la actitud. Actitud frente al medio (internet, ese puto Moby Dick ingobernable) y frente a la relación que mantenemos con nuestras audiencias. La información, aunque maltratada y necesariamente pasada por la línea empresarial, se sigue considerando hoy un bien digno de respeto y protección, un derecho al que hay que tener acceso libre, que marca nuestra salud democrática, etc, etc. Somos conscientes de que ya no es lo que era, de los intereses de grupo, de los favores políticos, de la publicidad. Pero seguimos guiándonos por la informacion de los medios de comunicación porque aunque mercancía, las noticias solo pueden ser verdaderas o falsas, y para eso lo mejor es leer también lo que dicen otros. Mi bola de cristal me dice que el verdadero fin de los periódicos solo ocurrirá cuando las noticias no puedan verificarse y se implante la semiverdad y, oh, espera…

Sigo. No sé qué consideración general o social hay ahora mismo hacia la música, sobre qué tipo de bien es y qué respeto merece. Ni siquiera sé qué consideración de la música tiene más valor, si la que tiene el venerado coleccionista de vinilos o la del chaval que escucha Rhianna en el móvil. Los respeto exactamente igual. Mi consideración personal la tengo clara, y es muy solemne: es la forma más elevada de la creación humana, algo con lo que conectamos de manera primitiva, sin necesidad de aprendizaje, y una forma de expresión autosuficiente que no necesita para explicarse nada más que ella misma. Algo superior. Algo en lo que me he gastado mucho dinero a lo largo de mi vida y que en parte es responsable de que decidiera ser periodista cultural.

Lo que sí creo conocer es la consideración que tiene de la música gran parte de eso que llamamos industrias culturales o del entretenimiento, porque trabajo a diario con ellas: hoy por hoy, es su modelo negocio. La explotación de la música, de cada reproducción que hacemos de una canción. Para hablar en los mismos términos, la industria de la música debería referirse no tanto a la propiedad intelectual sino de una suerte de derecho a acceder a la música como bien superior que es. Ellos defienden su modelo y que se mantenga la cadena que hace posible que una canción o una película llegue a su destinatario, y yo lo entiendo porque también un periódico da de comer a intermediarios, tira de distribuidores, hace promociones y tiene que contentar a los kioskeros. Pero también veo las consecuencias en mi trabajo de ello: hablamos de discos y de películas más en términos de consumidores, de formatos anticopia, de pago por reproducción, de leyes antipirateria, de cuotas de pantalla, y menos de sonidos, de sensaciones, de experiencias.

Y aquí es donde quería llegar. Ahora piensen: qué se puede hacer desde una seccion de cultura de un periódico nacional como Público. Nosotros no destapamos la trama Gürtel, si acaso, el escándalo del Diccionario Biográfico de la Academia de Historia. En la sección enterramos a los ilustres como nadie y estamos atentos, como todos, a lo que diga el ministro Wert. Hemos perseguido como sabuesos a la SGAE. Recomendamos lecturas porque creemos que invitan a una reflexión de actualidad que merece la pena hacer. Escribimos crítica de cine. Nos intentamos adelantar a la rígida campaña de promoción de majors y ser los primeros en publicar una entrevista. Y, ¡claro!, vigilamos por la actuacion de esas industrias culturales porque afectan a la sociedad de la misma manera que los compañeros que llevan Sanidad miran con recelo a la industria farmacéutica o en Dinero a cualquier movimiento que hagan los bancos, por simbólico que sea.

En Culturas (y en Ciencias primero, y a ellos les debo en gran medida la visión que tengo hoy sobre el conflicto cultura/tecnología) hemos intentado luchar contra ideas preconcebidas ya instaladas con el esfuerzo de estas industrias y de la propia prensa (España es un país de ladrones; una descarga equivale a un disco no vendido; ¡los videojuegos son malos!) y la manipulación de lenguaje para contaminar el debate (las descargas son ilegales y son piratas), pero también las medidas desproporcionadas (el canon digital) y lo que son claramente atentados contra derechos fundamentales, como el derecho a una tutela judicial efectiva (Ley Sinde) o el de la intimidad, como vemos con los conflictos recientes con el tratado europeo ACTA pero también aquí mismo. Informar. Enseñar algo a quien no lo conoce. Eso es lo que creemos que debería hacer una sección que hasta ayer se autodenominaba Culturas.

Acabo de ver cerrar mi periódico. Y leo el comentario de arriba. ¿Por qué debería ahora entender mejor a la industria musical? Si la entendiese, ahora mismo debería estar aquí expresando mi relación con los lectores en términos de amenaza, con lo que sólo me quedaría una salida: amenazarles más todavía. Cómprame o me suicido. Me toca hacer autocrítica, eso no se me escapa, pero es internet lo que ahora me permite sentarme, vomitar esto y lanzarlo, algo impensable cuando se me ocurrió que esto de ser periodista pasaba por estar en una redacción el resto de tu vida. Los lectores vienen luego. O no. Como podría ser el caso.

AGRADECIMIENTOS

Pero yo en realidad he escrito todo lo anterior para poder ponerme un poco tontorrón y colgar esta foto de los primeros días en Público (sí, en los que rellenábamos ocho o diez páginas del tirón cada día sólo en la sección de Culturas). Y hacer una hueco para los agradecimientos a todos los que han pasado por ella y que ya se fueron (Eduardo Bravo, Jesús Centeno, Isabel Repiso, Guillaume Fourmont, Braulio García Jaén, Rocío Ponce) y los que se han quedado (Jesús Miguel Marcos, Paula Corroto, Carlos Prieto, Rebeca Fernández, Alejandro Torrús), a Magda Bandera y Javi Salas como guest stars, y a Sara Brito que estás en el sierra, así como a los colaboradores, corresponsales y columnistas que han firmado en nuestras páginas: Santiago Alba Rico, Kiko Amat, Roberto Arnaz, Carlos Barreiro, Daniel Basteiro, David Bollero, Elena Cabrera, Álex Carrasco, Miguel Ángel Criado, Roberto Enríquez, Víctor Fernández, Carlos Fuentes, Pablo G. Polite, Patricia Godes, Abel González, Ana Gorría, Bernardo Gutiérrez, Eulalia Iglesias, Antonio J. Rodríguez, Antonio Jiménez Morato, Beatriz Juez, Víctor Lenore, Luis Matías López, Luna Miguel, Alberto Olmos, Antonio Orejudo, Carlos Pardo, Néstor Parrondo, Gonzalo de Pedro, Isabel Piquer, Rubén Romero, Iñigo Sáenz de Ugarte, Marta Sanz, Lorenzo Silva, John Tones, Joan Vich, Paul Viejo y el increíble Álex Vicente. Y seguro que se me olvida más de uno.

Un recuerdo especial a los primeros redactores jefes de Culturas, José Manuel Costa, con quien dimos nuestros primeros pasitos, y sobre todo a Peio H. Riaño, que plantó después las raíces de la sección y le puso el corazón.

Y a Nacho Escolar, claro, por aquella portada de GTA4.

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  1. En primer lugar, decir que lo que más voy a echar de menos del cierre de Público es la sección de cultura, pero de verdad, no lo digo de boquilla. Desde el primer momento me gustó que no apostárais únicamente por esa cultura ya establecida que no necesita apoyos, sino por esa otra que rara vez encuentra espacio en medio de comunicación generalistas y no especializados en cultura.

    Estoy contigo, el papel del periodista es informar y enseñar. Y creo que hay espacio para los dos formatos: el papel, que pide una lectura más reposada y calma, y el digital, perfecto para seguir acontecimientos de última hora. Creo que si hago un repaso a mis gastos, casi todos mis sueldos se han ido en una parte importante a comprar “bienes culturales”. Prefiero un vinilo a un jersey nuevo, un concierto a una camiseta pintona, un libro a un corte de pelo…

    Hacer autocrítica está bien, pero no olvidemos que el principal papel del periodista es informar, y éso, en la sección de cultura, lo conseguíais con creces.

    Mucho ánimo, Jesús. y enhorabuena por el trabajo realizado.Espero leerte pronto en otro medio.

  2. Muchas gracias, Carolina, por tomarte un rato para leer y comentar, y por tus palabras. Qué te voy a contar a ti de cómo veo la cosa… Un abrazo.

  3. […] que algunos esperar a que llegue el finiquito para hablar, así que habrá que seguir atentos. Jesús Rocamora, último Redactor Jefe de Culturas, habla sobre “modelos caducos” en “Un apunt…. Por si os da pereza hacer clic (superadla y no os perdáis el penúltimo párrafo), yo os pego […]

  4. Se te olvida alguno, Jesús… Pero vaya, eso es lo de menos ahora.

    Un abrazo fuerte.

  5. Arreglado, Lorenzo, faltaría más 😉

    Otro abrazo.

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