In Prog We Trust

Madonna: los 7 pecados de la Reina Madre del pop (en 2012)

In SuperPop on 20 abril, 2012 at 1:00 am

[Versión íntegra sin editar del artículo que publiqué en MujerHoy el pasado 31 de marzo]

Madonna lo tiene complicado. O al menos, lo tiene más complicado hoy que hace 10 años. El trono de la Reina del Pop sigue siendo indiscutiblemente exclusivo de sus reales posaderas, pero despues de una década de discos irregulares y cancion es enfocadas a la pista de baile puede ocurrir que: a) una se despierte un buen día y vea cómo el resto de las ninfas del pop han crecido;  y b) comprobar con horror cómo éstas se han destapado como feroces fieras de exultante sensualidad y eficacia contrastada a la hora de vender discos por todo el globo. ¿Les suena de algo? Estamos en 2012 y, darling, en la tele hay princesas para todo tipo de público. Es como escoger un bolso.

Visto el patio de divas, Madonna reclama lo que es suyo en este 2012: a sus 53 años, estrena película tras pasearla por todos los festivales y recibir las críticas como quien es a prueba de balas, anuncia disco con gira mundial y es posible que matrimonio, el terecero ya, con Brahim Zaibat, según la prensa británica. Teniendo en cuenta que tiene aún calentita la firma de un contrato para tres discos y un millón de dólares estimados por cada uno, todo indica que hay Madonna para rato. Una vez prohibido el uso del tópico “la última reinvención de la reina del pop” en estas páginas, hay que preguntarse qué hay de nuevo, vieja.  En el fondo, ya les adelanto, estamos ante el mismo animal de siempre: una fabulosa superviviente.

  1. Envidia: así está el gallinero

Un repaso rápido a cómo está el panorama de estrellas ayuda a entender el lugar actual de Madonna en el star system. Con inocencia e imaginación, Katy Perry domina al público de instituto con su pop rosa chicle, cantando sobre fiestas y borracheras y corazones a punto de estallar. Algo más macarra, Rihanna se ha terminado mudando al equivalente musical de los barrios periféricos, el territorio asfaltado del nuevo choni pop, marcado por relaciones dramáticas con tuneadores de coches, el falso lujo y toneladas de tinte flúor ideal para ese chunda-chunda que sale del maletero.

En el otro extremo, Adele y Beyoncé parecen de la aristocracia, elegantes y preciosas, siempre tiesas en sus sillas. Y luego están las que realmente podrían suponer una amenza, un parricidio en toda regla: Britney Spears y Lady Gaga. La primera sigue bien las enseñanzas de la Reina Madre del Pop: cuando no hay cómo inventarte y nada profundo que decir, pon a la gente a bailar, siempre funciona. La segunda es la heredera de la etapa más oscura de la cantante de Like a Virgin, aquella chica-artista travesti, dominatrix, en tacones y cuero que jugaba con crucificos y hábitos de monja. Si Spears es la miniMadonna de los noventa, la Gaga es la viva imagen de la artista en los negros 80. Cuidado, rubia, que estas otras (rubias) vienen con ganas.

  1. Ira: Madonna contra todo y contra todos

No podría haberse calculado mejor. La reciente aparición de Madonna en la Super Bowl, uno de los eventos XXL del año, le dio una audiencia de 114 millones de personas para presentar su nuevo trabajo, MDNA. No fue una actuación precisamente tímida, aunque Madonna tampoco tuvo que enseñar chicha, a lo Janet Jackson. No, lo de la Super Bowl fue un espectáculo faraónico donde decenas de bailarines y músicos caían rendidos a los pies de su Cleopatra, entre desfiles, acrobacias, deportes extremos, coreografías, cambios de vesturario, alta tecnología, algo de play-back por si las moscas (no intenten estos pasos de baile en casa) y el medley como arma de destrucción masiva: ¿cómo resistirse a una actuación que encadena sin interrupción Open Your HeartLike a PrayerExpress YourselfVogue y Music, adornada por el popularísimo Sexy and I Know It? Es como zapear por los últimos 25 años de historia de la música pop.

Allí también se escuchó su primer single, la pegadiza Give Me All Your Luvin’, donde la Ciccone ha recuperado cierto espíritu pop y frívolo de sus inicios. Tiene un estribillo que parece pensado para ser coreada por un ejército de animadoras de fútbol, gags humorísticos, bailes tontorrones, parodias del star-system y autoparodias (¿Dick Tracy? ¡¿Madonna vestida de Marilyn?!), mensaje positivo, heroísmo y feminismo de tebeo, exceso y excentricidad. Parece un cómic, y no otro vídeoclip retro con bolas de espejo y calentadores, y se nota que se lo ha pasado en grande rodándolo. En efecto: el vídeo de Give Me All Your Luvin’ recuerda al divertidísimo Telephone de Lady Gaga y Beyoncé.

Ah, cualquier atisbo de ira en el espectáculo de la Super Bowl no fue cosa deMadonna, sino de una de sus invitadas a cantar en Give Me All Your Luvin’, la estrella del pop underground más guerrillero y militante M.I.A. La peineta a la cámara fue suya, pero el gesto contó con el apoyo de la Reina Madre, así que minipunto para las chicas. Bravas.

  1. Gula: se alimenta de otros y de sí misma

Madonna siempre ha tenido ojo para rodearse de aquellos que saben sacarle partido a sus justos recursos, desde los míticos Nile Rodgers y Prince de los inicios a los recientes The Neptunes y David Guetta, con parada en Nellee Hooper y Björk en los años 90. Aunque su colaboración más frúctifera en la última parte de su carrera ha sido con William Orbit, responsable del giro de la cantante en Ray of Light (1998) hacia un sonido dance moderno (en contraposición al vintage que la ha dominado después) y a la vez muy orgánico y popular, con esa guitarra acústica marca de la casa que también está en Give Me All Your Luvin’ (Orbit es uno de los productores del nuevo disco). En la Super Bowl, Madonna volvió a dar en el clavo dejándose acompañar por dos de los nombres mas radioformulados de los últimos meses: Cee Lo GreenLMFAO.

Y pocos días antes del lanzamiento de MDNA hemos asistido a una paradoja que demuestra el entorno tan canibal que rodea a la cantante. Madonna presentaba un adelanto de apenas 30 segundos de su último video-clip, Girl Gone Wild, y faltó menos tiempo para que florecieran las acusaciones de plagio. La damnificada era ni más ni menos que Lady Gaga, la alumna aventajada que, decíamos arriba, tan bien ha reciclado, entre otros trucos, la imagen sado-chic y homoerótica de la Madonna de finales de los 80. Así que a ver si nos enteramos: más que plago, autoplagio. Madonna copiandose a sí misma.

  1. Soberbia: la coartada artística

La primera película de Madonna como directora, titulada W.E., no busca tanto una coartada política o social de los debuts en la dirección de otras estrellas (Angelina Jolie y su In the Land of Blood and Honey) como el deseo de Madonna de ser tratada como artista, como una personalidad de talento y sensibilidad. La película cuenta la historia de un personaje con el que es difícil que Madonna no sienta simpatía: Wallis Simpson, la mujer que consiguió que Eduardo VIII abdicara del trono británico a favor de su hermano, que terminaría reinando junto a la Reina Madre. Wallis fue una mujer señalada como la divorciada que había casi hechizado al rey, mitificada como criatura sexual y por sus simpatías nazis, en concreto hacia Hitler. La propia Madonna tiene su casa cerca de aquella en la que un día vivió Wallis, lo que termina de vincular aMadonna no sólo al personaje, también a una suerte de sensibilidad british. Aristocracia chic en la monarquía más pop del planeta, la británica.

Madonna también ha intentado apuntalar su imagen de artista respetable desde la literatura, en concreto desde la infantil. Su serie de libros ilustrados The English Roses ha sido best-seller y explotados en otros países y otros formatos, como el audiobook. Sobre sus trabajos como actriz, podría darse el caso de que el fracaso estrepitoso de Barridos por la marea, dirigida por su entonces marido Guy Ritchie, barriera cualquier intención a corto plazo.

  1. Avaricia: la rubia ambiciosa

Madonna ha sacado además una línea de ropa con su hija Lourdes María que tiene sus propias divisiones de calazado y perfume. Pero esto no es nuevo. Con la crisis discográfica acusando la caída de la venta de discos, los músicos deben centrar el negocio en los directos. Madonna ha sido una excelente empresaria en este sentido. Según Billboard, la cantante fue la tercera artista más rentable en directo durante la década pasada, solo superada por los incombustibles Rolling Stones y la pirotecnica rock de U2. La cantante terminó 2009 con unos ingresos de 800 millones de euros sólo en directos.

Su acuerdo para trabajar durante 10 años con el sello Live Nation en 2007, que puso fin a toda una carrera bajo la explotación de Warner (desde 1982), fue uno de los denominados contratos 360 y cubre todas las facetas de un artista, desde discos a giras, productos de márketing, películas, venta de DVD y acuerdos de patrocinio. En su día se valoró entre 100 y 120 millones de dólares. El pasado diciembre, a este contrato se sumó otro con la discográfica Interscope (casa de Lady Gaga y Lana del Rey, entre otras estrellas femeninas de hoy) por tres discos, el primero de los cuales es este MDNA. Valor estimado de la operación: 40 millones de dólares.

  1. Lujuria: el sexo a los 50

Poco a poco, el sexo ha ido perdiendo presencia en el trabajo Madonna, dirigido últimamente a reivindicar el más puro hedonismo: himnos a la fiesta, a la música como experiencia sensorial y a todo lo que nos hace sentir bien. Sólo ha recuperado el rol de mujer fatal cuando ha tenido que dar alguna lección a sus díscolos discipulos, como Britney Spears (en el vídeo de Me Against the Music) y Justin Timberlake (en 4 Minutes). Precisamente a Britney y Christina Aguilera ya les dio un buen repaso de las lecciones aprendidas besándolas en la boca en medio de una gala de la MTV.

Y es que hay cosas que no cambian. Precisamente para su nuevo videoclip, en el que le acusan de plagiar a Lady Gaga, ha contado con la presencia del modelo Jon Kortajarena, un español que recuerda a aquel Antonio Banderas al que quiso meter entre sus sábanas. A esa Madonna encaprichada del torero.

  1. Pereza: todo lo que se le perdona

La mala noticia es que, en lo estrictamente musical, la Madonna de los años 2000 ha pasado como de puntillas por nuestra vida, casi sin darnos cuenta. Todo lo que hay entre el fallido American Life (lanzado en 2003, y donde la Material Girl se saltó todos los controles de calidad al recurrir a la estética de icono guerrillero-pop a lo Che Guevara) y su último trabajo, MDNA, es una enorme pista de baile presidida por dos bolas de espejos, los dos discos Confessions on a dance floor y Hard Candy, y un éxito incontestable, Hung Up, donde fusilaba con acierto y estilo a Abba.

¿Ha perdido Madonna el olfato? Hay signos. Ni siquiera su obsesión con la electrónica francesa justifica haber llamado a Martin Solveig, autor de algunos de los hits más artificiales que se recuerdan, como otro de los productores de MDNA. De la misma forma que llamar a Timabaland, Pharrel Williams y Justin Timberlake para que te produzcan un disco en 2008 (Hard Candy) es llegar, por lo menos, un lustro tarde al pop urbano.

Y, en esencia, se le perdona que siga empeñada en llevarnos a la pista de baile por muchos años que pasen, cuando ha demostrado otros registros e intenciones. A Madonna se le intuye, por que así lo ha dejado ver, una vida espiritual cuanto menos activa. Estaría bien que, para variar, dejara de intentar empujarnos a bailar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: