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Mi lectura de ‘El atlas de las nubes’

In Lecturas on 4 enero, 2013 at 3:17 am

El atlas de las nubesEl atlas de las nubes by David Mitchell
My rating: 4 of 5 stars

Lo que ya se sabía: David Mitchell buscaba escribir con ‘El atlas de las nubes’ una novela ambiciosa como pocas: está compuesta por seis historias, ambientadas en seis periodos históricos diferentes (desde mediados del siglo XIX hasta un futuro distópico e incluso más allá: hasta el futuro primitivo y supersticioso que nos espera después de ese futuro distópico), escritas en seis géneros o estilos diferentes (diario, correspondencia, entrevista, memorias) y protagonizadas por seis personajes diferentes, si bien existe un hilo que conecta todo lo anterior. Cuando uno comienza a leer desorientado sabe que al final, este libro que va desplegando sus páginas ante el lector como las piezas de un puzle sobre la mesa o como un montón de muñecas rusas que encajan unas dentro de otras, cobrará sentido. O por hablar el mismo lenguaje que Mitchell y usar una cita de uno de sus personajes: que ‘El atlas de las nubes’ funciona como un “sexteto para solistas que se solapan: piano, clarinete, chelo, flauta, oboe y violín, cada uno en su clave, escala y timbre. En la primera parte, cada solo se ve interrumpido por el siguiente; en la segunda, se retoma cada interrupción, en orden inverso”. Ah, claro, y que no se me olvide: también sabíamos antes de leerlo que los hermanos Wachowski han rodado una adaptación que, a juzgar por su tráiler, huele a empanada new age no menos ambiciosa.

Lo que yo no sabía: de entrada, que Mitchell escribiera tan bien. Las historias son irregulares, y cada lector encontrará mayor afinidad hacia unas piezas que hacia otras, pero todas han sido mimadas, cuidadas y escritas de forma magistral, con un gran esfuerzo por diferenciarse entre ellas, por destacar, y cada una a su manera consigue superar las limitaciones impuestas por el autor. Que sean irregulares solo me ha importado en un sentido: que al final Mitchell parece más preocupado en subrayar el sentido total de su obra que en resaltar el papel que juega cada una de estas piezas en este juego literario de 600 páginas. El mensaje final queda claro desde las primeras páginas, en la página 18 se da ya la primera pista: “La paz, por más preciada que sea a los ojos de nuestro Señor, es una virtud esencial solo si el vecino comparte la misma creencia”. Lo que no queda tan claro, decía, es una cierta jerarquía entre estas seis historias, la importancia de una sobre otra y su papel en el destino (trágico) que nos espera como especie. En su lugar, el autor ejecuta un montón de guiños y coincidencias entre los personajes que no parecen justificarse más que como coartada de cara al lector, como si estuviera entreteniéndole con juegos manuales mientras prepara el truco final. Como si estuviera diciéndole “mira, todo esto tiene que ver con esto otro, pero ahora espera un poco más”.

A pesar de todo, no me resisto a comentar aquí cuáles han sido mis piezas favoritas de las que componen este ‘Atlas’: en primer lugar, ‘El tremendo calvario de Timothy Cavendish’, divertidísimas memorias de un editor que parece un cruce entre Tom Sharpe y Martin Amis, y ‘Cartas desde Zedelghem’, la correspondencia de un joven parasitario y bisexual que en torno a 1930 se decide a componer el sexteto ‘El atlas de las nubes’ con una obsesión propia de los grandes compositores. He encontrado también notables las dos historias ambientadas en el futuro, ‘La antífona de Sonmi-451’, que es la responsable de que esta novela se haya vinculado (exclusivamente) de forma errónea con la ciencia ficción distópica, y ‘El cruce de Sloosha y toda la vaina’, donde el autor se esfuerza por recrear el lenguaje propio de una humanidad que ha vuelto casi a la Edad Media, a la magia, la superstición y al miedo aplastante hacia los dioses. Muchísimo más más floja me ha resultado la central ‘Vidas a medias. El primer misterio de Luisa Rey’, donde la cosa tiende al thriller conspiranoico y con la que, confieso, me pudo la pereza. E irregular pero también encantadora es la conradiana ‘El diario del Pacífico de Adam Ewing’, historia con la que empieza y termina el libro, la pieza encargada de activar todo su mecanismo, de pulsar el botón, de hacer ‘click’ en el interior de nuestra cabeza, y conseguir que todo esto cobre finalmente algún sentido. Que lo tiene.

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