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Review: Creation Stories: Riots, Raves and Running A Label

In Dance usted, Hooliganeo, Lecturas, NoFicción, Nostalgia de mierda on 23 noviembre, 2013 at 5:31 pm

Creation Stories: Riots, Raves and Running A Label
Creation Stories: Riots, Raves and Running A Label by Alan McGee
My rating: 2 of 5 stars

Creation Records ha formado parte mi vida y de mi formación cultural desde antes incluso de que supiera que existía Creation Records ni de que tuviera una formación cultural de la que preocuparme. Por eso me lancé como loco a comprar en Amazon este libro en cuanto vi las primeras reseñas en la prensa británica, tan dada a exagerarlo todo con tanta pasión, con la idea de empaparme y conocer mejor los detalles de una época, un sello y unos discos a través de los cuales, en serio, puedo trazar una línea autobiográfica y hacerlos míos. El título del libro, como siempre, esconde mucho más de lo que parece: es difícil no fijarse en esa gigantesca leyenda que ocupa toda la portada y que dice ‘Alan McGee. Creation Stories. Riots, raves and running a label’. Marca una jerarquía clarísima en los asuntos que trata:

1)”Alan McGee”. El capo que se ponía hasta las cejas en fiestas, con algunos de los grupos más “peligrosos” de la época, se va convirtiendo a medida que pasan las páginas en una diva calva con claros síntomas de ‘attentionwhorismo’. Y, en serio, sus batallitas son lo peor entre mucha, mucha paja de líos familiares, amorosos, sus problemas con las drogas, sus viajes transatlánticos, sus salidas de tono con personalidades y medios de comunicación, alguna pelea, la preocupación por la imagen que cree que todos tienen de él como escocés de acento y modales poco delicados. Poco a poco, McGee aparece dibujado como un tipo que va perdiendo interés en la música y de pertenecer al mundo de rock’n’roll en el papel que sea (con su propia banda, con su propio sello, ejerciendo de manager) e incluso va perdiendo el interés en sus propios grupos: para cuando pilla a Super Furry Animals, que él considera la última gran banda de Creation, allá por 1996, ya reconoce que apenas tiene nada que ver en los asuntos del sello. Lo que vendría después sería cuesta abajo.

2)”Creation Stories”. Aquí debería estar lo bueno. En el backstage, en las negociaciones, en las relaciones que cualquier sello establece con sus grupos. La mirada de McGee hacia ellos suele ser terriblemente condescendiente, del tipo yo-lo-sabía-pero-no-me-escuchasteis, o bien del todo triunfalista (del tipo sois-lo-que-sois-gracias-a-mí), aunque durante esos años la cosa bascula entre una dictadura y la complicidad mutua, como un Tony Soprano que sabe cuidar de los suyos y sabe cuándo tiene que atar en corto o soltar las riendas para que los grupos no terminen frustrados. Depende de quién seas, claro: no es lo mismo ser Primal Scream, un grupo con el que en todo momento se establece una relación de igual a igual (McGee y Bobby Gillespie fueron juntos al cole), que Ride (creo que es de ellos de los que llega a decir algo así como que “es raro que tuvieran éxito cuando todos sus miembros eran tan feos”) o incluso My Bloody Valentine, a los que parece que tiene que soportar como se soporta a un familiar loco. El libro es abundante en lo que quiere, en anécdotas con las bandas grandes, aunque casi siempre centradas en los escándalos, las drogas y en resaltar que, por sus orígenes, McGee se ha sentido siempre mejor entre macarras que entre “genios” como Kevin Shields. Por cierto, aunque personaje cretinesco, McGee fue un genio en muchos aspectos, uno de ellos fue manejando a la prensa, a la que sabía contar buenas historias (aunque no fueran del todo ciertas) y con la que ha terminado ganándose una imagen bien merecida como cretino. Con todo, se aprecia que de vez en cuando reconozca sus propios errores.

3) “Riots, raves and running a label”. Bueno: “riots” hay aquí pocas, quizá más en la época de J&MC, cuando el grupo conseguía que su público destrozara los locales y todo el mundo terminara en el hospital con algo roto. Eso mola. Las “raves” de aquí son las que se pegó McGee durante su época más flipada, en la que viajaba a menudo a Manchester, carentes de interés musical, más allá del yo-fui-quien-abrí-la-mente-de-Primal-Scream-a-las-raves y de lo que supuso en ese contexto un disco como ‘Screamadelica’, que supo conjugar rock y música de baile. El resto, el “running a label”, se resume, en los primeros años, en los sucesivos amagos de quiebra y de posterior recuperación económica, casi siempre debido a golpes de suerte (ya se sabe: grupos que venden mucho ayudan a que los que no venden tanto puedan editar sus trabajos) y, en los últimos tiempos, en un intento desesperado por llegar a un acuerdo con una major a la que vender Creation. A veces, como lector, dudo de si no fue esa la intención inicial de McGee: especular con la música, con las bandas (como lo hizo a la hora de negociar derechos y licencias en Estados Unidos, por ejemplo) y de inflar y especular con el valor de su propio sello para su posterior venta. “¡Ya soy multimillonarios!”, grita McGee en un momento dado, triunfal.

Durante la lectura, trufé el libro con subrayados con la idea de hacer un post largo para el blog solo con las palabras de McGee, que fueran ellas las que lo describieran como personaje, algo que ahora me parece un tremenodo coñazo. Me cansé de subrayar frases en las que hablaba de todo lo que se drogaba y de lo que sufría su cuerpo con ello. Me cansé de subrayar frases en las que hablaba del dinero y que iba a convertirse en multimillonario. Uno tiene sus límites: el mío está en leer sus anodinas anécdotas con Tony Blair. He de confesar que no acabé este libro: al 65%, la historia de Creation echó el cierre. Atrás quedó un acuerdo millonario con Sony. Su último disco fue uno de mis discos favoritos de todos los tiempos, ‘XTRMTR’. Lo que vino después, según lo he hojeado, fue un nuevo sello, Poptones, una nueva época, el siglo XXI, y una nueva superbanda en la que centrarse, The Libertines, lo dejo para cuando recupere algo las ganas. Es casi la mitad del libro.

Pero, eh: ha habido cosas importantes que he hecho durante estas páginas. He descubierto o profundizado en grupos como The House of Love o Felt, que resulta que no están tan alejados de mis gustos ochenteros (de la rama Cocteau Twins). He recuperado discos de shoegaze que aún no tenía y me he enterado de por qué la trayectoria de Ride fue tan errática. Y me ha servido para escuchar después de algunos años el primer disco de Oasis, que justifica por si solo la existencia y la estupidez y el devenir y la decadencia de los hermanos Gallagher. Adoro cómo suena ese disco.

Y he elegido una cita que creo que podría resumir el libro y el ego de McGee y resumir también su labor en Creation durante sus años de vida:

“I’d always love Malcolm [McLaren]. I’d even tried to ‘be’ him for a while when I was managing the Jesus and Mary Chain. We’d met first in 1996 when we’d done an interview together por ‘Punch’ and I pulverized him in it. I was a right cunt. I said if I’d had the Sex Pistols they’d still be going, I’d have sold 60 millons records. He couldn’t really answer back about that, because I had the biggest group in the world by then in Oasis.

Of course, to be fair, with the Sex Pistols he changed culture and I never did. Unless you count inventing Shoegazing”.

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  1. […] nunca había oído hablar de este disco, ‘The Man’. La primera vez fue precisamente leyendo la autobiografía de Alan McGee, ‘Creations stories. Riots, raves and running a label&…, donde Drummond aparece de refilón. Fue solo hace unos días. Por alguna conexión cósmica que se […]

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