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Review: Alpinismo bisexual y otros escritos de altura

In Lecturas on 15 enero, 2014 at 9:16 pm

Alpinismo bisexual y otros escritos de altura
Alpinismo bisexual y otros escritos de altura by Simón Elías Barasoain
My rating: 4 of 5 stars

Dos cosas hicieron que me lanzara a leer ‘Alpinismo bisexual’, sin ser yo de alpinismo más allá de lo de subirme por las paredes, y dos cosas que felizmente se han confirmado después de su lectura. La primera: que Simón Elías escribe como los ángeles. En concreto, como un ángel con los ojos brillantitos, coloraos de hachís o de vino o de las dos cosas juntas, lo que hace que se eleve por encima del suelo sin cables ni hélice. Lo suyo parece más bien un vuelo trompetero, que tiene mucho de impertinente y algo de patoso. Es envidiable el punto de vista que tiene de las cosas, el filtro exagerado que aplica a sus recuerdos, el ejercicio de distorsión de la realidad que hace con las pupilas hasta llevar al lector a donde quiere, que normalmente es la hilaridad. ¿Saben todo eso que les viene a la mente cuando alguien se refiere a otra persona como “un profesional”? Bien, Simón Elías parece todo lo contrario.

La segunda cosa tiene que ver con lo anterior, y uno se lo puede tomar como un consejo personal no explícito por parte del autor: no hay nada más sano a la hora de sentarte a escribir sobre algo que te apasiona, tu hobby o tu profesión, sobre aquello a lo que te gustaría entregar la vida, en definitiva, que restarle drama y huir de la solemnidad. Sobre todo cuando intentas transmitir su valor a otros que están fuera. Lo que hay aquí es un anecdotario grotesco porque todo problema o conflicto es insignificante ante los desafíos de la naturaleza. Incluida la labor del alpinista: el autor opta por no ensalzar su figura ni la de otros locos como él (y sería fácil: los alpinistas parecen estar más cerca de ser conquistadores que deportistas, casi no hace falta literatura para eso), sino por retratarse como simios con herramientas, como enanos solo llegan a intuir el tamaño de lo que tienen encima. Me decía la amiga que me regaló el libro que “la gente de campo es así: muy apegada a la tierra, no es solemne. Son conscientes de lo efímero que es todo, de lo pequeños e intrascendentes que somos, ¿no crees?”. Ya lo creo. ¿Hay mejor manera de rendir homenaje a una pasión que integrarla en nuestra tradición más primitiva, que sacarla del interior de nuestros huesos para mostrarla a la luz?

‘Alpinismo bisexual’ es muchas cosas, es casi de todo menos bisexual en sentido estricto. Es un libro de viajes. Es una recopilación de columnas o de crónicas o de entradas de un blog literario. Hay en él también una aconsejable colección de citas ajenas, porque intuyo que Simón Elías es también un lector diario. Pero por encima de todo es un ejercicio gimnástico de romanticismo que empapa al lector con su sudor y el hedor a pies (“un olor agrio, cálido, tan espeso que se podría cortar con un cuchillo y rallarlo sobre una tostada”), te guste o no el alpinismo, que es lo de menos. En sus relatos contagia su mirada y una postura, y en este sentido también es un manual, para quien quiera leerlo así. De todo el librito me quedo con este párrafo. Léanlo y prueben a buscarle alguna aplicación en su día a día o en ese hobby al que se entregan con pasión, a ver si les dice algo:

“Durante años hemos ido a la montaña para buscar espacios de libertad. La escalada, el puro ejercicio físico de ascender, era algo anecdótico; lo importante era compartir un vivac con los amigos, comer una pasta que sabía al té del desayuno y compartir un cigarrillo bajo las estrellas, lejos de toda legislación. En la montaña, en la naturaleza salvaje nos alejábamos de las constricciones sociales y crecíamos como personas, como amigos y como comunidad; luego intentábamos implementar esos valores en la vida urbana para hacer de ese mundo violento un lugar un poco más apacible. Finalmente hemos hecho lo contrario. Hemos traído a la naturaleza la competición, la selección biogenética y los cronómetros. También el respeto a las leyes y la implantación del intercambio comercial como centro de una actividad en la que la felicidad se medía por la cantidad de tierra acumulada en las orejas. Hemos creado un conjunto de reglas inviolables que rigen la vida campestre y que asfixian todo elemento lúdico. Vinimos a buscar espacios de libertad y construimos monstruos normativos. Íbamos a hacer un viaje de escalada y acabamos haciendo turismo de montaña”.

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  1. Acertada recomendación la de esta reseña, a la que he hecho caso omiso. Tras leer este librillo pensaba que si Elías persistiera en seguir escribiendo por esta línea, o por esta cuerda, bien podría transformarse en una categoría en sí mismo. Estos que suben a la montaña buscando un espacio de libertad, cuando bajan no parecen hallarse del todo entre tanto problema abstracto. Puede que sea esta mirada del que cuelga cabeza abajo lo que da a este libro esta perspectiva tan interesante. Recomendable.

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