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Archive for the ‘Antiguos Maestros’ Category

Mishima, mon amour

In Antiguos Maestros, Queer Conspiracy on 4 diciembre, 2010 at 1:19 pm

 

MISHIMA, EL ÚLTIMO SAMURÁI

Se cumplen 40 años del suicidio del autor japonés más influyente en occidente

 

“Esperaba la muerte como una dulce esperanza”, dejó escrito Yukio Mishima (1925-1970) en Confesiones de una máscara, su obra más autobiográfica. El 25 de noviembre de 1970, a los 45 años, la llevó a cabo abriéndose el vientre mediante la práctica del seppuku (o harakiri), forma tradicional en la cultura japonesa del suicidio y común entre los samuráis, que lo convirtió en héroe en Occidente y en alguien despreciable para su país a partes iguales. Dejó al mundo una vida extrema y un legado literario de, entre otras piezas, 40 novelas, 18 obras de teatro, 20 libros de relatos, otros tantos ensayos y una película, Patriotismo, donde el propio Mishima escenificaba su muerte por seppuku vestido con el uniforme del ejército Imperial. Como dijo su traductor, biógrafo y amigo John Nathan, lo suyo fue una fascinación erótica por la muerte.

Pero además de su obra, fuera de su país dejó una huella todavía más profunda: “A Mishima le debemos en gran parte el interés por lo japonés suscitado en los últimos 50 años en Europa en general y en España en particular”, recuerda Manuel Florentín, editor de Alianza y responsable de la Biblioteca Mishima en esta misma editorial, que estos días saca su artillería en forma de novedades para reinvindicar a un japonés que “todavía es más valorado fuera de Japón: nos sigue atrayendo su genialidad literaria unida a su particular vida y muerte, dentro del contexto cultural japonés”. Fue la puerta para los lectores españoles de autores hoy sobradamente conocidos, desde Kenzaburo Oé a Haruki Murakami, pero también de escritores de generaciones anteriores, como el premio Nobel Yasunari Kawabata y Natsume Soseki. “Fue en su momento el autor japonés más conocido y leído”, remata Florentín.

En primera línea de este “ataque editorial” está la primera traducción directa del japonés de la fundamental, intensa y morbosa Confesiones de una máscara (hasta ahora disponible a partir de una traducción del inglés de Andrés Bosch). Su responsable ha sido Carlos Rubio (junto a Rumi Sato), profesor de literatura japonesa en el CES Felipe II (UCM) y autor de Claves y textos de la literatura japonesa (Cátedra, 2007), el primer manual de literatura japonesa escrito en español. Para Rubio, a Mishima le hubiera gustado el calificativo de maldito, “pero no creo que lo merezca: era un romántico trasnochado que escribía como los ángeles, un autor corroído por un ideario de exaltación de la muerte juvenil y erótica con la que quiso identificarse”, aunque subraya que “ya es hora de separar al Mishima escritor del Mishima de la muerte espectacular, hora de separar excrescencias de sustancias, hora de valorarle como un escritor deslumbrante”. Precisamente Rubio organizó la semana pasada una mesa redonda sobre el japonés en el Círculo de Bellas Artes, junto a Florentín, el escritor Luis Antonio de Villena y la Dra. Kayoko Takagi (UAM).

Entre otras novedades editoriales están las reediciones también por Alianza de El sol y el acero (fundamental para conocer la búsqueda de la belleza en su camino hacia la muerte) y Nieve de primavera, primera de las novelas de la ambiciosa tetralogía El mar de la fertilidad, en la que Mishima ofrece al lector un paseo por el Japón del siglo XX.

La politización del héroe
Dueño de una infancia difícil bajo la presencia asfixiante de una abuela excéntrica y sobreprotectora que le introdujo en la filosofía y la literatura samurái, amante del teatro y del culturismo, atleta e intelectual, casado y homosexual, maldito y patriota, poeta y guerrero, Mishima fue muchas cosas: “Fue un hombre lleno de contradicciones. Por un lado pretendía una vuelta a las tradiciones de un Japón, cada vez más occidentalizado, que las estaba abandonando. Pero al mismo tiempo le gustaba vivir y vestir como un occidental, su casa estaba llena de falsas estatuas griegas y se preocupaba por tener más prestigio en Occidente que en su país”, cuenta Manuel Florentín, para quien su politización se produce a principios de los años 60, en un Japón de movilizaciones de estudiantes izquierdistas contra la presencia norteamericana en el país. Entonces formó el Tate no kai, la Sociedad del Escudo, un ejército sin armas cuya labor sería defender al emperador y devolverle los poderes políticos perdidos tras la Segunda Guerra Mundial.

Mishima empieza entonces a galopar hacia su identificación con el guerrero enamorado de la muerte”, dice Rubio. Llegó a este destino el 25 de noviembre de 1970, cuando junto a un grupo de cuatro fieles miembros del Tate no kai, toman el Cuartel General de las Fuerzas de Autodefensa, en Tokio y toman preso al jefe del ejército japonés. Tras leer un manifiesto en público desde el balcón en defensa del Emperador y la cultura tradicional, por el que fue abucheado por los soldados, se hace el harakiri.

El ritual, planeado con tiempo por el autor, incluía que uno de sus cadetes le diera el golpe de gracia, cortándole la cabeza. Quería emular, entre otras figuras heróicas, a Saigo Takamori, cuya vida ha sido recreada por Hollywood por Tom Cruise en la película El último samurái. Unas horas antes, había entregado a su editor el que sería su testamento literario y político, el último capítulo de su tetralogía El mar de la fertilidad, y dos años antes había perdido al oportunidad de ganar el Nobel, que finalmente fue para Kawabata. “Ya no tengo más que escribir”, había dicho.

Precisamente otra de las novedades editoriales lanzadas con motivo de este aniversario es la atrevida La cabeza cortada de Yukio Mishima, de Fernando Molero Campos (editorial Berenice), novela que juega con la posibilidad de que su cabeza, tras ser separada del cuerpo, tuviera unos segundos “de vida y lucidez para hacer un repaso de su existencia y obra”. A medio camino entre la realidad y la ficción, ofrece una lectura paralela y complementaria a la de Confesiones de una máscara.

Versión extendida del artículo que publiqué ayer en Público.

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‘Los 13 relojes’: un cuento de hadas explicado para adultos

In Antiguos Maestros, De culto, Hambre on 7 julio, 2010 at 12:42 am

Los 13 relojes “es esa clase de libro. Es único. Hace feliz a la gente, como los helados”, escribió Neil Gaiman en el prólogo de lo que él consideraba “el mejor libro del mundo”. Gaiman, autor de libros infantiles como Coraline y de la serie de tebeos The Sandman, no dudó entonces en decir que de Los 13 relojes “puede aprenderse cuanto hay que saber sobre cómo contar historias”: hay un príncipe, una princesa, un duque malvado que tiene congelado el tiempo, y también algunos seres maravillosos que ayudan al héroe, como el Gólux, amo de los acertijos, y Hagga, una mujer que llora joyas.

Precisamente fue a partir de un vídeo en Internet en el que Gaiman se derretía leyendo en voz alta fragmentos del libro cuando el editor Joan Eloi Roca se interesó en publicarlo en España. “Es incomprensible que haya estado inédito hasta ahora”, reconoce Roca a Público, teniendo en cuenta que fue escrito en 1950. “Lo tuve claro: si es el mejor libro del mundo, hay que editarlo”, bromea.

Hoy es considerado en clásico de la literatura infantil, pero Los 13 relojes es una rareza en la obra de su autor, el americano James Thurber (1894-1961), que colaboró en The New Yorker, se movió en el círculo de Truman Capote y llegó a ser portada del Times. Heredero directo de Mark Twain, es considerado esencialmente humorista, ilustrador, periodista y novelista para adultos, pero concibió este relato “como un ejercicio de escapismo y falta de fuerza de voluntad”, uno de esos mecanismos que evita que el hombre moderno se vuelva loco, como dijo. “Cogió la mayoría de los convencionalismos de los cuentos de hadas y luego los retorció y se rió de ellos”, cuenta Roca, para quien estamos ante un caso comparable a La princesa prometida, de William Goldman.

Los 13 relojes ofrece varios niveles de lecturas y “puntos que los niños no cogerán”, juegos lógicos que derivan de la época en que Thurber trabajó para el departamento de codificación del ejército de EE UU. Son juegos en la línea de Alicia, de Carroll, aunque Roca cita a otros autores, como los hermanos Grimm, La Fontaine y Tolkien para terminar de enmarcar a un autor que rechazó el honoris causa de la Universidad de Ohio como protesta a la caza de brujas de McCarthy.

También como Alicia, Los 13 relojes despliega un estilo poético y endiablado, lleno de ternura y musicalidad. De ahí que haya sido el propio Roca el que se haya lanzado a traducirlo. Ha optado por traducir nombres de personajes (Whisper es Susurro), manteniendo el ritmo a toda costa y los juegos de palabras. Y, por encima de todo, “el efecto literario de usar aliteraciones, rimas internas y metáforas recurrentes, crescendos y repeticiones”.

El tuerto es el rey
La editorial Ático de los Libros ha recuperado la edición con ilustraciones de Marc Simont. Thurber ejerció de ilustrador de muchos de sus libros, a partir de sus creaciones en grandes cartulinas, algo que fue abandonando con la edad: Thurber era tuerto porque, jugando de pequeño con su hermano a Robin Hood, perdió un ojo. Al final de su vida (murió en 1961, una década después de escribir Los 13 relojes) estaba ciego, así que mantuvo un control excesivo del trabajo de Simont, al que le pedía que le describiese cada uno de sus dibujos.

Roca tiene un deseo: editar en castellano “las fábulas y novelas cortas de Thurber”, todas inéditas en España. Un trabajo que no será fácil: ahí están libros como The Wonderful O, que Thurber escribió utilizando una sola vocal: la O. Como colofón.

Publicado en Público el 5/7/2010

Los13 relojes “es esa clase
de libro. Es único. Hace feliz
a la gente, como los helados”,
escribió Neil Gaiman en
el prólogo de lo que él consideraba
“el mejor libro del mundo”.
Gaiman, autor de libros
infantiles como Coraline y de
la serie de tebeos The Sandman,
no dudó entonces en decir
que de Los 13 relojes “puede
aprenderse cuanto hay que
saber sobre cómo contar historias”:
hay un príncipe, una
princesa, un duque malvado
que tiene congelado el tiempo,
y también algunos seres maravillosos
que ayudan al héroe,
como el Gólux, amo de los
acertijos, y Hagga, una mujer
que llora joyas.

Borges inédito: la novela que nunca escribió

In Antiguos Maestros on 8 mayo, 2010 at 6:13 pm

Para Borges, enfrentarse a la idea de la novela en mayúsculas, como género literario por excelencia, debía de ser como contemplar su Moby Dick, su Leviatán, algo inmenso y sólo parcialmente visible por su lado más amenazador, como un monstruo primitivo. El escritor argentino, conocido cuentista, poeta y célebre por su afán enciclopédico y bibliófilo, además de por una de las mentes más lúcidas y alucinadas a la vez, nunca fue capaz de escribir la suya, la gran novela borgeana. O nunca quiso hacerlo: ya en el prólogo de su libro Ficciones, calificaba de “desvarío laborioso y empobrecedor” eso de “componer vastos libros; explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos”.

El argentino, más relector de cuentos que lector de novelas, en alguna ocasión culpó a su “haraganería” de no haber cultivado la novela. En realidad, siendo un escritor que se entregó a la poesía, que alabó la brevedad y la capacidad de síntesis, no era raro que rechazase un género que siempre le parecía condenado a dar vueltas sobre su propia trama, víctima de su propia extensión.

Pero el mito alrededor de Borges como escritor único de cuentos, poemas y ensayos se ve amenazado: el próximo día 18, se editará en España un texto inédito, que según los especialistas, podría haber sido el arranque de aquella novela que nunca escribió. Se trata de cuatro páginas manuscritas que hasta ahora habían estado en el archivo de la Universidad de Texas en Austin y que en España será puesta en la calle por Del Centro Editores y la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, con el apoyo de la viuda, María Kodama (que, por cierto, no conocía de la existencia de este texto hasta ahora).

El drama familiar
Fue Julio Ortega, escritor y profesor de la Brown University, especialista en literatura hispanoamericana, quien dio con los manuscritos, “ocultos” junto a otra documentación de Borges que sí había sido publicada, como transcripciones de cuentos, correcciones a mano y mecanoscritos. Él es también el encargado de firmar el prólogo del libro, donde deja claro algunas cuestiones técnica, principalmente: ¿Qué es?. “Borges llama crónica a este relato inconcluso, que no llega a ser un cuento y que bien pudo haber sido la única novela del autor”, escribe Ortega, para quien, en efecto, hay elementos de crónica y de cuento, si bien “de su drama familiar emerge la historia novelada de las fundaciones republicanas, o la novela de la historia de los desheredados de la patria que sus padres liberaron”.

En su opinión, estamos ante un experimento que tiene un poco de todo: crónica, cuento y novela, que “se ceden la palabra, como si los hechos no pudieran ser narrados en un solo género y en torno a un solo sujeto”. Seguramente fue esa diversidad de “entonaciones y tentaciones” lo que hizo a Borges, “que descreía de la novela, abandonar la lección de la crónica a favor del trágico recuento de una familia criolla y patricia venida a menos en las miserias de la Guerra”. Es decir: “Sólo la novela podría haber dado lección cabal de esos hijos del desengaño”.

100 años de historia
Titulado como Los Rivero para esta edición, el argumento del manuscrito “describe magistralmente a una familia descendiente de un héroe de la independencia americana venida a menos. Junto a ella, describe también la historia de América y la de Argentina en particular”, según Claudio Pérez Muíguez, director de la editorial. Una familia heredera de “uno de los padres de la patria”, encallada en la miseria económica y sin ningún tipo de reconocimiento, más allá de la lanza que blandió su antepasado en la batalla y que hoy es su fortuna. De alguna manera, el texto debía recorrer “100 años de historia de esta familia, y en paralelo, 100 años de historia también de la Argentina o de la América que se independiza en el siglo XIX.

Este tipo de descripción extensa de los personajes es “algo que no está en su literatura. En un cuento de Borges, cuatro páginas dan para toda la trama”, lo que hace pensar en su origen como novela o, en el peor de los casos, “un cuento muy largo, algo también atípico en él”, según el editor. Hablamos de un texto muy centrado en los personajes, mientras que la obra de Borges suele centrarse en la historia, en la trama, la idea, en lo que sucede, más allá de que los personajes estén descritos. “Nunca ha habido un retrato suyo con tanta exhaustividad: es lo que hace original” al manuscrito, reconoce Pérez Míguez.

El texto está fechado alrededor de 1950, aunque en realidad el manuscrito no fue fechado ni titulado por el propio Borges. El nombre de Los Rivero era con el que estaba guardado en el archivo y es el que “parece más adecuado por su temática”, dice Pérez Míguez. Fue esa época cuando Borges dejó de escribir a mano por su ceguera. Comparándolo con la caligrafía de El Aleph, por ejemplo, que fue escrito en 1945 y cuyo manuscrito está en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, se puede ver que su estilo “está un poco deteriorado, con las vocales más cerradas y ese tipo de cosas. Bien puede ser de alrededor de los 50, también del 48 o el 52: no hay fecha cierta”, revela Pérez Míguez.

En cuanto al estilo, parece que tampoco hay duda: “Es un texto importante. Toda producción de un escritor de su relevancia lo es. Pero es que además, en estas pocas páginas, Borges da una descripción tan cabal y tan refinada de la situación de esta familia y de la evolución de los 100 años de Argentina, que literariamente es impecable. Uno lee esto y ve la tristeza de esa decadencia, la evolución social… Y todo con su estilo, con su ironía y sentido del humor. Algunos ejemplos de ese estilo: de uno de sus personajes habla de que su ignorancia era casi perfecta. Y otro habla del pan amargo del destierro“, dice. Todo indica que se puede vincular Los Rivero a la parte de la obra de Borges que habla de Argentina, a todos sus cuentos vinculados a la historia de su país.

Miedo a la novela
Pero, ¿podríamos decir que Borges temía a la novela? ¿O fue un sentimiento de rechazo lo que le llevó a no cultivarla a lo largo de su carrera? “Nunca quiso escribir una. Desprecio no le tenía: era un gran lector de novela y muchos de sus autores preferidos eran autores de novela. Pero prefería la variante más complicada, la de reducir un texto a su mínima extensión sin dejar de decir lo importante, que es lo que es el cuento. Él decía que la novela tiene algo de ripio. Y es mucho más difícil, a nivel de técnica, escribir un cuento que una novela porque tiene que decir y crear lo mismo en pocas páginas. Era esto lo que más le gustaba a Borges. Más que desprecio, lo que no le gustaba era escribir novelas”, concluye Pérez Míguez. Los Rivero será presentado y puesto a la venta el día 18, en una edición cuidada y limitada a 100 unidades numeradas.

Una edición tan deliciosa como exclusiva

La edición preparada por Del Centro Editores en colaboración con la Fundación Internacional Jorge Luis Borges es una delicia para amantes de los libros: tirada única de 100 ejemplares, firmados por el editor, numerados, impresos a color y en papel de grabado de alta calidad. Las hojas van incluidas en una carpeta realizada artesanalmente, cubierta de papel estampado a mano, y, a su vez, en estuche entelado. El ‘plus’ es que la carpeta tiene, a su vez, una subcarpeta donde se encuentra el facsimilar del manuscrito original. Es decir: el texto de Borges está transcrito en el libro y en original. Además, hay una introducción de Julio Ortega e ilustraciones del argentino Carlos Alonso.

Ilustración: Carlos Alonso

Los caramelos amargos de Tennessee Williams

In Antiguos Maestros, Queer Conspiracy on 4 mayo, 2010 at 12:20 pm

Amargos y duros como piedras envueltas en celofán, los “caramelos” que forman el libro de relatos Mal trago (editado ahora por primera vez en España por Errata Naturae y cuyo título en inglés es Hard candy) fueron escritos entre 1941 y 1953. Es decir, en el plazo en que Tennessee Williams (1911-1983) pasaba de ser un escritor de piezas para Broadway a convertirse en un popular adaptador de sus propias obras para Hollywood. Además de tener ya sobre su espalda su primer Pulitzer por Un tranvía llamado Deseo.

Por eso cobran valor las nueve historias de Mal trago: la faceta de escritor de relatos de Williams se conoce menos y lo habitual es encasillarlo como dramaturgo e inspirador de grandes películas de Hollywood de los 50. Y tienen su sello: son relatos que pasan de lo dulce a lo amargo, de la infancia a la vejez, del esplendor a la decadencia, y que recorren el universo de tipos y ambientes de Williams, historias imposibles de separar de la obra de un autor cuyos trabajos, ya sea en teatro, relato o novela, se relacionan directamente con sus vivencias y con la sociedad para la que escribió.

Según Rubén Hernández e Irene Antón, responsables de haber “encontrado”, rescatado y traducido esta recopilación para el mercado en castellano, todos sus personajes se encuentran en los límites de lo que denominaríamos normalidad, sobre todo en relación a la época en la que vivió: cien por cien Williams, “mantienen una relación extraña y laxa con el comportamiento socialmente aceptado. Viven enjaulados, atrapados por ese todo social que los rechaza y por eso están atormentados. Sin embargo, no dejan de reírse de sí mismos y de tener una actitud juguetona y positiva frente a la vida, siempre quieren disfrutarla al máximo, entiendan lo que entiendan por disfrutarla”.

Es el caso de Billy y Cora, los protagonistas de Fiesta para dos: un escritor sin futuro entregado a una “existencia sibarítica”, considerado entonces como una “loca”, y una mujer alcohólica, 15 años mayor que él. Ambos se dedican a vivir “la fiesta”, viviendo en hoteles, de ciudad en ciudad, compartiendo lecho y amantes y entumeciendo el paso del tiempo en whiskies dobles con hielo. Y el caso también de Rubio y morena, la historia de otro escritor solitario, víctima de una “impotencia psíquica” ante las mujeres, que encuentra una mujer a su medida en una misteriosa mexicana. La relación entre ambos es otro de estos caramelos duros, algo que resulta a la vez dulce, violento, extraño y con el poso de nostalgia agotada que deja una fiesta a la mañana siguiente.

Una sexualidad corriente

Otras dos historias merecen atención, Caramelos duros y Los misterios del Joy Rio. Los dos relatos son una variación sobre el mismo tema y emplean el mismo decorado, el Joy Rio, un teatro venido a menos y reconvertido en cine, en cuya parte superior mantenían encuentros esporádicos los hombres de la época. “El resultado, sin embargo, es muy diferente y por eso los compiladores originales dejaron ambas versiones”, comentan Hernández y Antón. “Tennessee retrata la homosexualidad de manera muy abierta. Aparece el deseo y ciertas vías y decorados en los que se materializa de una forma llamativamente evidente (en las obras de teatro y otros relatos las referencias suelen ser más veladas). En este sentido, son novedosas”. Un deseo que aparece a la vez como nefasto, con consecuencias que se relacionan con la enfermedad y la muerte.

No son los únicos homosexuales de estas páginas. En el estupendo La similitud entre una funda de violín y un féretro, se muestran los temblores de un niño que cae en la cuenta de su condición de “pequeño monstruo de sensualidad”. Un texto donde se deja ver la melancolía por la infancia del propio autor, con la presencia de la figura de una hermana querida y malograda, como le ocurrió a la de Williams. Una nostalgia que volvió a mostrar en toda su intensidad en El zoo de cristal. De forma análoga, el inaugural Tres jugadores de un juego de verano, “estudio impactante y conmovedor de la desintegración de un individuo”, muestra la misma intensidad y poder que Un tranvía llamado Deseo.

Pero no todo son territorios conocidos. Mal trago esconde también algo que se podría considerar inédito: se trata de Lo que le pasó a la viuda Holly, un texto más fantasioso, casi surrealista, un tono poco conocido en un autor famoso por dejar en su lector un sabor de boca amargo.

Mark Twain, el diablo se viste de gala

In Antiguos Maestros on 11 abril, 2010 at 4:10 pm

¿En qué se parecen Shakespeare y el diablo (sí, el mismo Satanás)? Según Mark Twain (nombre real: Samuel Langhorne Clemens; 1835-1910), en un hecho: en lo poco que se conoce de la biografía de ambos. “Son los desconocidos más conocidos que jamás hayan respirado el aire de nuestro planeta”, escribe el autor de Las aventuras de Tom Sawyer en el librito ¿Ha muerto Shakespeare?, uno más de los textos que este mes llegan a las librerías, coincidiendo con la celebración del centenario de su muerte.

Con algo menos de 100 páginas, publicado originalmente en 1909 y editado en España por Sequitur, ¿Ha muerto Shakespeare?, no eran en su origen más que unas cuartillas desperdigadas entre los manuscritos inéditos que formarían posteriormente su Diario y Autobiografía. Allí compartía espacio junto a otros “destacados pretendientes” a los que pensaba dedicarle tiempo y reflexión. Entre ellos estaba también, claro, Satán.

Censurado por su familia
Lejos de ser una coincidencia esta presencia del diablo, otros lanzamientos también parecen poner el acento en la manera de entender la religión que tenía Twain, una opinión que en otro tiempo fue considerada políticamente incorrecta e incluso censurada por su familia. Ahí están Reflexiones contra la religión (que tardó 53 años después de su muerte en publicarse debido al “bloqueo” de su hija Clara, una christian scientist) y Cartas desde la Tierra, relanzados ahora por Trama Editorial. Y dentro del volumen Cuentos selectos (Debolsillo) brilla por el mismo tono irreverente el relato Diario de Adán y Eva.

En todos, Twain muestra su visión del ser humano y de su complicada relación con un Dios (o la representación que los hombres han hecho de él) al que no duda en tachar de cruel y al que el Antiguo Testamento ya retrató con “una naturaleza vindicativa, injusta, avarienta, despiadada y vengativa. Siempre castiga”, según escribe en Reflexiones contra la religión, con tono severo pero sin perder su habitual humor. Nuestra religión, dice, está marcada por un comienzo “malvado y pueril”, el del Pecado Original, digno de “haber sido inventado en una guardería de piratas”.

Twain lo tiene claro: ni misericordioso ni moral, ni clemente ni generoso. “Decimos desfachatadamente que nuestro Dios es fuente de toda misericordia, pero sabemos perfectamente que no hay un solo caso auténtico en la historia en el que Él haya mostrado esa virtud. Lo llamamos Padre, pero detestaríamos y denunciaríamos a un padre terrenal que infligiera a su hijo la milésima parte de los dolores y miserias y angustias que Él dispensa a sus hijos cada día”. Durante milenios, la descendencia de Adán, “individuo por individuo, ha sido presa de caza, acosada por mil calamidades en castigo” por tal pecado.

Una Biblia sin copyright
No es propio de un Dios, viene a decir Twain, comportarse de una manera tan baja, tan humana. “Y a lo largo de ese vasto lapso no han escaseado rabinos, ni papas, ni obispos, ni curas, ni párrocos ni esclavos laicos para aplaudir la infamia, sostener su justicia y rectitud intachables y alabar a su Autor en términos tan groseros y extravagantemente aduladores que nadie, sino un Dios, sería capaz de escucharlos sin esconder la cara y sumirse en el disgusto y la turbación”.

Luego, Twain se dedica, al igual que en el caso de Shakespeare, a analizar con lupa algunas de los dogmas y verdades asumidos a través de la Historia, desde la “patética pobreza inventiva” de la Biblia a aquellos conceptos que, asegura, fueron robados a otras religiones “y le ponemos nuestro copyright sin sonrojarnos”, como la Inmaculada Concepción y el Diluvio Universal. La peor creación, en cualquier caso, “su prodigioso crimen”, fue “la invención del Infierno”.

Esta y otras opiniones fueron incómodas en su día. Según escribe Mario Muchnik en el prólogo, Reflexiones contra la religión “no eran, ya entonces, políticamente correctas. Ni parecen serlo hoy: los lectores se las pasan como un texto maldito, como si fueran un vídeo porno sobre un personaje público, como si contuvieran una droga peligrosa”. Según aconseja, en la estantería de “textos infernales”, Reflexiones… debería codearse con Las flores del mal, de Baudelaire.

Desde la editorial Trama, responsables de su edición y de Cartas desde la Tierra (donde Twain da voz al propio Satán a través de cartas, al igual que hace con el primer hombre y la primera mujer en El diario de Adán y Eva), lo tienen claro: estos libros “ideológicamente constituyen la expresión más rotunda de sus convicciones, dudas y escepticismo más profundo. Su postura religiosa está muy clara: Twain pretende buscar la verdad en la realidad”.

Xisca Mas, editora responsable de los Cuentos selectos, la antología de relatos de Twain más completa publicada en España desde los años setenta (incluye once textos que han estado fuera de librerías durante 40 años y tres cuentos inéditos), asegura que “no fue especialmente antirreligioso, o al menos no más que antipolítico, o anticorrupción, o anti lo que fuera que no le pareciera bien. Era, como buen humorista, exagerado, irreverente, y conseguía desacralizarlo todo”.

Para completar su obra más personal, el lector puede acercarse a ¿Qué es el hombre?, un breve tratado de la naturaleza humana y, siguiendo esta estela religiosa, La Biblia según Mark Twain (Valdemar), que recoge relatos, cartas y anotaciones sobre los escritos bíblicos.

Un sabueso tras la pista de Shakespeare


‘¿Ha muerto Shakespeare?’ es un pequeño tomo dedicado al mito gigantesco del también llamado ‘Bardo’, al que, además de con Satanás, compara con “el colosal esqueleto de un Brontosaurio de 57 pies”: gigantesco y fósil, un mito sin huellas. El objetivo es ahondar en la posibilidad de que Shakespeare no escribiese nunca sus ‘Obras completas’. Twain analiza los escasos hechos comprobados de su vida, los inventados y los “conjeturados” por gente que nunca lo conoció, y desmonta  su infancia, su deliciosa educación, sus amplios conocimientos en materias como la estrategia militar o el Derecho. Twain incluso se pone a sí mismo como  ejemplo de escritor popular que deja siempre algún rastro. Finalmente,  concluye, “no creo que Shakespeare abandone su pedestal antes del año 2209”.

Publicado en Público el 11/4/2010

Papá Poe

In Antiguos Maestros, Hambre on 27 marzo, 2010 at 1:47 am

Juntar a Julio Cortázar y Edgar Allan Poe produce alucinaciones. El caleidoscópico argentino no sólo fue el encargado de la traducción al castellano más célebre y referencial de la brumosa y espesa obra de Poe, especialmente sus Cuentos completos.

También firmó como prólogo a los mismos la biografía definitiva, la más efectiva de toda una serie de semblanzas destinadas a mitificar al que podríamos considerar la primera estrella de rock de la historia: eternamente enamorado del amor, Poe (1809-1849) se bebió literalmente su etapa en la universidad y malvivió por el orgullo de ser escritor, sufrió adicciones, alucinaciones y episodios sobrenaturales, y aunque en vida gozó de gran popularidad por maldito, murió en completa soledad.

Como dice el escritor Fernando Iwasaki a Público, “Poe sería el Kurt Cobain del siglo XIX”.

Sin ningún complejo, en este año en que se celebra el 200 aniversario de su nacimiento, hasta cuatro editoriales (Galaxia Gutenberg, Páginas de Espuma, Augur y Edhasa) rescatan esta misma edición de los Cuentos completos de Poe, que parece una mágica conjunción de astros y que, como dice Mario Vargas Llosa en la impecable edición de Páginas de Espuma, “pertenece tanto a Poe como al propio Cortázar”. Es sólo la punta del iceberg editorial que se avecina.

Iwasaki, editor junto a Jorge Volpi de este volumen que ha reunido a 67 cuentistas de habla hispana alrededor de la tumba de Poe (además de a Vargas Llosa y Carlos Fuentes), es consciente de que el interés que despierta el autor de El escarabajo de oro tiene mucho que ver con el morbo.

“Poe gusta porque un personaje muy atractivo, uno de los arquetipos del bohemio. Es tan arquetípico que muere de la manera más crápula posible. Esa idea de alguien enfermo y vicioso de la literatura, que bebe hasta morir, casado con una prima de 14 años que a su vez es devorada por la tuberculosis, es algo que abona la leyenda de tipos excesivos; gusta que haya gente que ame a la vida de forma tan exagerada”.

Dos siglos después de su muerte, el fantasma de Poe se resiste a abandonar el castillo. Padre de casi todo y de casi todos, del relato moderno, de los géneros policiaco, de terror y fantástico, del romanticismo estadounidense, inspirador de la poesía simbolista y escultor de la figura del artista moderno que se enfrenta al mundo con su arte, Poe está en todas partes.

Está presente en los nuevos best-sellers del terror, como Joe Hill (hijo de Stephen King, también seguidor de Poe y cuya colección de relatos Fantasmas ningún fan del de Baltimore debería perderse) o Peter Straub (que también ha trabajado con King). Y en autores de género, como Tom Piccirilli, Thomas Ligotti y Richard Laymon. También en escritores españoles, como Elia Barceló y el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Jordi Sierra i Fabra (que este año verá publicada su particular biografía-novela del autor con ilustraciones de Alberto Vázquez).

Opera rock y chicas fantasma

El autor ha protagonizado su propio thriller conspiranóico tipo El Código Da Vinci (La sombra de Poe, de Mattew Pearl). Poe está en la nueva literatura romántica adolescente que arrasa adaptando cierta languidez romántica a los institutos (Tonya Hurley, autora del fenómeno Ghost Girl, se ha declarado deudora) y, claro, en la cultura rock: a finales de noviembre, tras más de un año de trabajo, se lanzó el ambicioso Edgar Allan Poe. Legado de una tragedia, una opera rock en dos actos donde han participado más de 40 músicos.

Como recuerda Óscar Curieses, director editorial de Augur (quien considera a Poe a la altura de Cervantes), también hay Poe detrás del Paul Auster de La ciudad de cristal, ese que se esconde bajo un seudónimo que es su propio nombre. Y, como gran inspirador de los paisajes crepusculares, aparece incluso donde menos te esperas.

Es el ejemplo de Luis García Montero, que se encontró a Poe “cuando estaba trabajando en Federico García Lorca. Todas las imágenes de Nueva York, de las multitudes, de la experiencia de lo contemporáneo, de los muertos vivientes que marcan tanto Poeta en Nueva York, me llevaron a Baudelaire, y de él, a Poe. Cuando estuvo en EEUU, Lorca tuvo cuidado de leer en algunas traducciones a escritores fundamentales, así que estoy convencido de que leyó a Poe como también a Whitman”.

Su consideración como poeta a la misma altura, si no más, que cuentista es algo asumido. Cortázar le llama “el poeta” desde el principio de su biografía. Según cuenta el autor de Rayuela, tras varios intentos de ganarse la vida con sus versos, se dio cuenta de que podía aplicar su habilidad para hacer “poesía de atmósferas” para hacer relatos. Y tener éxito.

Pilar Adón, una de los 67 escritores que han participado en los Cuentos Completos de Iwasaki y Volpi, también tiene claro que, por encima de cualquier cosa, Poe se consideraba “más poeta que narrador, algo que le vino impuesto, que hizo para ganarse la vida. Se nota en sus escritos, pero sin llegar a la afectación”.

Una forma de vivir

García Montero va más allá: “Él elaboró el orgullo de la conciencia de la escritura, de vivir como artista. Y eso en el paradigma literario se considera que en su depuración última es la poesía. Él pensó que ser poeta/artista es una forma de vivir, no sólo una forma de escribir; pretendió transformar la vida desde la ética del artista”.

Y pocas cosas hay más poéticas que la muerte. “El decía que no hay tema mas hermoso en la literatura que la muerte de una mujer bella”, recuerda Álvaro de Andrés, director de la colección El corazón delator (otro homenaje a Poe) de la editorial de Puerto Norte-Sur, cuyo libro Las mujeres de Poe se centra exclusivamente en su “relación atormentada” con el sexo femenino.

Dos siglos después de su muerte, la tumba de Poe en Baltimore sigue acogiendo rituales durante la fiesta de Halloween que incluyen versos recitados en voz alta y “aguardiente del fuerte, del que le gustaba”, recuerda Iwasaki. Él se pasó por allí en el año 97 y se trajo una curiosa anécdota: en la tumba de Poe, descubrió en quién se inspiró Conan Doyle para ponerle nombre a su investigador, Sherlock Holmes. ¿Poe? Caliente, caliente.

Un año para pasarlo de miedo

Reediciones y ediciones

Es imposible llevar la cuenta de los lanzamientos que este año llevan Poe en el título. A las reediciones de los ‘Cuentos Completos’ de las Galaxia Gutenberg, Páginas de Espuma, Augur y Edhasa, se suman las de su única novela, ‘Las aventuras de Arthur Gordon Pym’, o aquellos que parecen centrarse en determinados aspectos de su vida: su muerte (‘Poe. Una vida truncada’, de Peter Ackroyd, en Edhasa) o su relación con las mujeres, como ‘Siniestras amadas’ (Sins Entido) y ‘Las mujeres de Poe’(Puerto Norte-Sur).

Exposiciones

El espacio Sins Entido acoge una muestra con los retratos que Jack Mircala ha realizado para el libro ‘Siniestras amadas. 22 delirios necro-románticos de Edgar Allan Poe’, un tomo donde el artista de las manualidades se deja inspirar por las mujeres que a su vez inspiraron al escritor de Baltimore y las recrea con cartulinas, tijeras y lápices de colores.

Encuentros

Esta misma noche, a partir de las 20 horas, la librería madrileña Tres Rosas Amarillas acoge un encuentro con lectores y escritores en una lectura pública de los cuentos de Poe. Se esperan disfraces y ambientación.

‘Stylus’, el periódico que no existió

Además de crítico literario, Edgar Allan Poe colaboró estrechamente en periódicos como ‘Southern Literary Messenger’, ‘New York Sun’, ‘Evening Mirror’ y ‘Broadway Journal’ (donde llegó a ser redactor jefe). Como recuerda Iwasaki, «durante el Romanticismo, en los periódicos se publicaban novelas por entregas (en realidad, cuentos que continuaban). Dumas escribió ‘Los tres mosqueteros’ y ‘El Conde de Montecristo’, y Victor Hugo, parte de sus novelas mas ambiciosas en periódicos…”. Poe no pudo ver realizado el sueño de tener una publicación propia, el mensual ‘Stylus’, que llegó a anunciar. Pretendía que fuera un periódico de calidad inusual en todo, desde el papel y los materiales a unos contenidos donde se daba preferencia a la crítica y a los relatos de ficción.

«Edgar Allan Poe era un mezquino»

Jordi Sierra i Fabra. Premio Nacional de Literatura Infantil

A lo largo de 2009, Libros del Zorro Rojo publicará una biografía de Poe escrita por Jordi Sierra i Fabra e ilustrada por Alberto Vázquez. Es una apuesta atrevida, con la estructura de una novela, formada por flashes o escenas y dirigida “al público joven”.

¿Ha intentado evitar los clichés de una vida que se parece demasiado al de un personaje de ficción?
He intentado ser riguroso y sin prejuicios. Su historia es tremenda, digna de un peliculón. Es fascinante como personaje, pero hay que diferenciar entre el Poe ser humano, que era un mezquino, y el genio, que es para quitarse el sombrero. Yo únicamente me he limitado a exponer los hechos y que cada lector deduzca lo que quiera.

¿Se considera discípulo?
Con 12 años, ahorré dos meses para comprarme un librito suyo que incluía El escarabajo de oro. A esa edad, ya había escrito relatos, así que algo debió influirme…

¿Cómo lo definiría?
Como un genio encerrado en un recipiente feo, metido en un envase pobre de espíritu.

Publicado en Público el 17/1/2009

Gráfico: Álvaro Valiño

Alicia vuelve a cruzar el espejo

In Antiguos Maestros, Believe the hype, Magia y Psicodelia on 22 marzo, 2010 at 12:46 am

El enredado y exuberante jardín de Alicia sigue hoy sin domesticar, a pesar de que la adaptación de Tim Burton al cine (que se estrena en España el 16 de abril) vuelve a traer consigo la edición y reedición de material alrededor de su protagonista (inspirada en una niña real del mismo nombre, considerada “el primer amor” de Carroll). Quizá por eso sea tan necesaria la vuelta a la canónica y premiada Alicia anotada, publicada en 1984 para España por Akal, que ahora vuelve a estar en la calle. Ilustrada por John Tenniel, que ya en la época de Carroll marcó su estética, está repleta de frondosas anotaciones en sus márgenes, obra de Martin Gardner. Es la mejor salida al laberinto sintáctico de Carroll, que desafió a la lógica, hizo rima con las matemáticas y sumó y restó a base de versos.

Tanto estudio acaba tapando a la misma Alicia. En el prólogo, Gardner se lamenta de la sobreinterpretación a la que ha estado sujeta el relato, incluidas las lecturas simbólicas, políticas, religiosas y freudianas. “Consideremos, por ejemplo, la escena en que Alicia coge el extremo del lápiz del Rey Blanco, y empieza a garabatear por él. En cinco minutos podemos inventar seis interpretaciones distintas. Es bastante discutible que el subconsciente de Carroll tuviera presente algunas de ellas”, escribe.

En realidad, detrás de parte del misterio no hay otra cosa que un idioma elástico como la goma (el inglés), una zona geográfica peculiar (Ingla-terra en general, Oxford y alrededores en particular) y una época (la victoriana). Así que sus chistes sobre políticos y giros a expresiones se quedan fuera del lector del siglo XXI.

David Barba, responsable de otra edición de Alicia (en Sexto Piso, con ilustraciones de Peter Kuper y más pop), dice en su prólogo que “traducir Alicia es algo tan misterioso como acceder de una manera íntima a un proceso de enamoramiento”. Cada tres líneas, “uno se encuentra con un juego de palabras que en otra circunstancia habría resuelto con una nota al pie, o con un poema casi insostenible en castellano”. Pero lo normal no tiene efecto en Carroll, que fue un matemático travieso y llenó la historia de juegos de lógica. Para los atrevidos, se edita Un cuento enmarañado y otros problemas de almohada (RBA), con algunos rompecabezas con los que el escritor jugaba cuando no podía dormir.

Según Barba, Alicia es, más allá de la versión literaria de un amor por una niña real, “una carta de amor a la infancia”, vigorosa, encendida, vibrante. Gardner también cede. Para él, la enseñanza de esta cría es que “la vida, observada racionalmente y sin ilusión, parece un disparate contado por un matemático idiota”.

Quién es quién en ‘Alicia’

El conejo blanco
El tiempo que pasa tiene el pelaje de un roedor

Ni la inocencia de la niña que está a punto de meterse en la boca del lobo ni nada: en el artículo ‘Alice on the Stage’, Carroll ya aclaró que la función del apresurado roedor que da arranque a la historia era ejercer de contraste con Alicia. Allí donde la niña es joven, vigorosa y rápida, él era tímido y torpe. Lleva hasta gafas. “Estoy seguro de que tenía una voz destemplada, que le temblaban las rodillas, y que su aspecto general denotaba un total incapacidad para plantarle cara a una gallina”.

Alicia
El primer amor de Carroll tenía 10 años

Alicia como cuento y personaje nació una tarde dorada de 1862 en el que Lewis Carroll y su amigo el reverendo Duchworth compartieron una excursión en barca por el Támesis con las tres hermanas Liddell: Lorina Charlotte (13 años), Alice Pleasance (10) y Edith (ocho). Bajo el sol abrasador, Carroll (30) improvisó la historia de una niña (aquella misma Alice que fue “su primer amor”) que se metía en una madriguera de conejo. Posteriormente la escribiría e ilustraría para ellas.

El gato de Cheshire
La otra sonrisa misteriosa

“¿Me podría decir por qué sonríe su gato?”, pregunta Alicia a la Duquesa. Según Gardner, hay dos teorías sobre el origen de la expresión de la época “sonríe como un gato de Cheshire”, un personaje que, por cierto, no aparecía en el manuscrito original de ‘Alicia’: una, la de la paternidad a un pintor del condado de Cheshire (donde nació Carroll); la otra, a un tipo de queso, lo que da para caer en el juego de inversión gato-de-queso-que-se-quiere-comer-al-ratón-que-se-quiere-comer-el-queso.

La oruga
Cómo escribir palabras con humo sin toser

Gardner llena de curiosidades este personaje de culto. Según escribe, Carroll corrigió el dibujo original de Teniel: eso que parecen una nariz y una boca son en realidad dos patas. En cine ha dado para mucho: Ned Sparks (‘Imitation of Life’) hizo de Oruga para la versión de la Paramount de 1933. Y fue Richard Haydn (“Sonrisas y lágrimas”) quien le dio voz en la de Disney (1951), uno de cuyos efectos visuales más sorprendentes fueron sus anillos de humo multicolor.

Sombrerero Loco, la Liebre y el Lirón
Cómo construir un grupo de personajes a partir de unas cuantas frases chifladas

Las frases “loco como un sombrerero” y “loco como una liebre de marzo” eran corrientes. Según Gardner, los sombrereros se volvían efectivamente locos debido al mercurio utilizado para tratar el fieltro. Les hacía sufrir temblores en ojos, miembros y le afectaba al habla (el temblor del sombrerero). Y también puede tener una correspondencia real: “Hay motivos para creer que Tenniel aceptó la sugerencia de Carroll de dibujar al Sombrerero con el parecido de Theophilus Carter, negociante de muebles de Oxford conocido por su sombrero de copa y su excentricidad: inventó “la cama despertadora”, que lanzaba a quien tenía encima al suelo. Por su parte, “loco como una liebre de marzo” hace alusión a las “frenéticas cabriolas de la liebre macho durante el mes de marzo, época de su celo”. Finalmente, el lirón británico, parecido a una ardilla, es conocido por su hábito de hibernar durante el invierno. Ninguno de los tres personajes aparece en el manuscrito original.

La Reina de Corazones
La cabezona del: “¡Que le corten la cabeza!”

Carroll no dejó dudas sobre la Gran Cabezona: “Imaginé a la Reina de Corazones como una especie de encarnación de la pasión irrefrenable… como una Furia ciega y caprichosa”, escribió. Según Gardner, sus órdenes de decapitación “sorprenden a esos críticos modernos de literatura infantil que consideran que los relatos juveniles deberían estar exentos de violencia”. Para él, “el niño normal lo encuentra todo divertido” y ni ‘Alicia’ ni ‘El mago de Oz’ deberían caer en manos de psicoanalistas.

Jeringóndor
El mayor disparate poético es un dragón

Carroll escribió el que es considerado el poema más disparatado: ‘Jerigóndor’. Y lo introdujo en ‘Alicia’, donde puede verse como un monstruo cuyos “dientes muerden y sus garras agarran”. Tim Burton se apropia de él y lo coloca en el mismo tablero que Alicia, a quien le pone espada y armadura.

Baraja
Un ejército de naipes a los pies de la Reina

“En los palos de la baraja, los picos son los jardineros, los tréboles son los soldados, los diamantes son los cortesanos y los corazones son los diez infantes reales. Son los miembros de la corte”, explica Gardner en sus notas. Carroll transfiere el comportamiento de una baraja de verdad al de sus cartas animadas: “Se quedan planas tumbadas boca abajo, no se las puede identificar por el dorso, se las puede volver fácilmente boca arriba y se curvan para formar los arcos de croquet”.

Dodo
¿Quién es ese? Yo-yo-yo-yo mismo

El Dodo es Carroll: bautizado Charles Dodgson, pronunciaba su apellido ‘Do-Do-Dodgson” debido a su tartamudeo. Un guiño: cuando se incluyó su biogafía en la ‘Encyclopaedia Britannica’, lo hizo delante del término Dodo. Junto al Dodo, está el pato (el reverendo Duckworth) el loro y el aguilucho (las hermanas Liddell).

Patachunta y Patachún
Los dos lados del espejo se dan la mano

Carroll volvió a inspirarse en una canción popular para estos dos personajes, lo que garantizaba que los niños los conocieran. Según Gardner, Patachún y Patachunta son lo que los geómetras llaman “enantiomorfos”: formas idénticas en espejo. Ambos reaccionan “al revés” que el otro.

Las otras Alicias

Cine
La pionera fue una muda
El British Film Institute acaba de
colgar en YouTube “la primera
adaptación de Carroll”. Filmada en
1903, apenas dura 10 minutos y
ya mostraba trucos bien resueltos.

Disney se pone psicodélico
El delirio de este clásico de la
animación (1951) no sólo disparó
la popularidad del cuento: asentó
la mirada exagerada de los dibujos
originales de John Tenniel, a quien
igualó en influencia estética.
El último en llegar: Burton
Burton coge las dos historias ‘Alicia’
y ‘A través del espejo’, las pasa al 3-
D y acentúa la caricatura, el exceso
y aporta épica, algo que nunca
necesitó. Podría haber sido peor:
podría haberse puesto dulzón.

Libros
La edición canónica
Edición de Martin Gardner, con
ilustraciones de John Tenniel y
traducción de Francisco Torres,
publicada en España en 1984 y
ahora reeditada aprovechando el
tirón. Canónica e imprescindible.
La edición con cariño
Andrés y Teresa Barba cotraducen
esta edición de Sexto Piso, con
ilustraciones de Peter Kuper.
En tebeo
Glénat reúne a Xavier Collete para
esta adaptación a viñetas.


Cuentos con lógica

RBA edita ‘Un cuento enmarañado
y otros problemas de almohada’,
dos relatos de Carroll aliñados con
aritmética, álgebra y geometría.

Dejad que las niñas se acerquen a mí

Alicia fue el gran amor de Carroll. ¿En qué sentido? “Si se entiende en el sentido de que quería casarse con ella o hacerle el amor, no hay la más ligera prueba de ello. Su actitud respecto a ella era la de un enamorado”, escribe Gardner, que asegura que “había en la Inglaterra victoriana una tendencia, reflejada en la literatura, a idealizar la belleza y la pureza virginal de las niñas”. “Lo que diferencia a Carroll de otros escritores que vivieron una vida asexual (Thoreau, Henry James) y de los que se sintieron fuertemente atraídos por las niñas (Poe, Ernest Dowson) es la singular combinación que se da en él, casi única en la historia de la literatura, de una completa inocencia sexual y una pasión que sólo puede describirse como totalmente heterosexual”. Su principal pasatiempo era agasajar a las niñas. “Consideraba el cuerpo desnudo de las niñas (al contrario que el de los niños) sumamente bello. De vez en cuando las fotografiaba o las dibujaba desnudas; con permiso de la madre”.

La receta Carroll

Matemáticas
Carroll es un matemático adorado por otros matemáticos. Y en ‘Alicia’ florecen salvajes los rompecabezas numéricos, los engaños (operaciones que usan un sistema de numeración no decimal) y ataques a la lógica desde todos los flancos. Incluso inventó un método de  multiplicación.

Poemas
En ‘Alicia’ hay poemas propios y ajenos a Carroll, que él mismo moldeaba hasta dar con  algo nuevo. Ejemplo de los primeros es el célebre Jerigóndor, que debía leerse en un espejo y que constituye “el más grande de los disparates poéticos”. Entre los segundos, abundan las versiones propias de canciones y poemas populares.

Guiños locales
Habría que haber vivido en Oxford hace más de un siglo para entender todos los juegos de  palabras de Carroll, sus localismos, frases hechas y proverbios, así como las referencias a políticos, gentes y modos de vida de entonces.

Juegos
Carroll dedicó mucho tiempo de su vida a crear juegos y pasatiempos nuevos, como el “billar circular”. En ‘Alicia’ hay varios, desde el croquet al ajedrez.

Humor
El humor de Carroll está unido a la inversión y los retruécanos. En el primer libro de ‘Alicia’, la niña se pregunta si los gatos comen murciélagos o los murciélagos comen gatos. A lo que le contestan que “decir lo que se piensa no es lo mismo que pensar lo que se dice”.  Los cambios de tamaño son constantes y ejemplifican la inversión.

Sueños
Nada hay más propio de Alicia que aquello de la niña que sueña que está soñando un  sueño…

Publicado en Público.es el 21/4/2009

Homenaje a Melville: dentro de la ballena

In Antiguos Maestros, Horror, Mareo on 16 marzo, 2010 at 8:35 pm

“No se necesitan océanos terrestres ni monstruos válidos para todos; cada uno de nosotros tiene sus propios océanos y sus monstruos personales”. La cita debería haber sido de Herman Melville (1819- 1891),  que para eso persiguió al diablo convertido en ballena. En realidad, es de otro escritor, el francés Jean Giono (1895-1970), que durante tres años se enfrentó al mismo mal blanco y espumoso que Melville: la traducción al francés de Moby Dick. En el fondo, se enfrentaron al mismo monstruo.

Después de una tarea tan titánica (compartida con los escritores Joan Smith y Lucien Jacques), Giono quedó exhausto y saciado de mar. Aun así, su editor, el  inmortal Gaston Gallimard, le pidió un prefacio que sirviera de presentación de Mellvile, poco conocido en Francia. Ante su negativa,  Gallimard le tentó: podría hacerlo a su  manera. Con estas tres palabras, encendió su imaginación. Así nació Homenaje a Mellvile (Paidos), editado ahora en español.


Sin ataduras

Giono no se somete a ninguna regla y se salta varias: hay conversaciones y hechos de la vida de Melville que recrea con la fantástica seguridad de quien ha estado delante. Se los imagina. También da pistas sobre su relación como lector con un libro como Moby Dick (que se le “agitaba” en el bolsillo y que, nada más abrirlo, podía escuchar el silbido de los cordajes y a la ballena resoplando) y sobre la traducción. Nos dejamos llevar, reconoce: “Cuando se arponea a la ballena, hay que seguir su rastro; cuando se hunde, hay que  esperarla y cuando emerge, hay que atacarla de nuevo”.

El arranque es revelador. El autor ubica a Melville en1849, regresando a EEUU tras una estancia en Inglaterra. “Llevaba un extraño equipaje. Se trataba de una cabeza  embalsamada, la suya”. Y ahí comienza el viaje.

Un corazón con mástiles
Giono se detiene en la infancia de Melville, y cuenta lo que sus lectores querrían leer: las palabras de un niño de 10 años sobre el mar, cogidas de una carta a su padre. “Esta tarde de invierno, me han llevado hasta el final del espigón que más se adentra en el mar. Había olas gigantescas, más altas que montañas.  Por todas partes, los mástiles de las naves golpeaban el agua cual si fueran látigos”.

En breve, todos se darán cuenta de que “el corazón de un niño lírico contiene más mástiles batientes y más barcos de vela que todos los puertos del mundo juntos”.

Viajes y agua
Según una carta escrita a su hermano, Melville quería “afrontar un gran peligro y dejar por fin de dudar de mí mismo”. Así que durante tres años “embarca y desembarca en numerosas tripulaciones, contrata capitanes, les expresa su agradecimiento, revisa la quilla, calafatea la nave, llena sus bodegas, atrapa los vientos […], simula zarpar, vuelve a fondear, hace uso de la cuerda y de las velas en el puerto, duerme sobre el agua rasa y sufre cuando oye a lo largo de sus días inútiles como su proa, que él querría gloriosa, golpea torpemente su nariz contra el muelle de la dársena”.

El 3 de enero de 1841, Melville se embarca en el Acushnet, un whaler (ballenero) de 359 toneladas, rumbo al Pacífico. Durante 15 meses, piensa lo que luego le hará decir a su héroe: “No veo gran cosa, solamente agua en una considerable extensión”. Cuando haya llegado el tiempo del recuerdo, dice Giono, “de rememorar este agua extendida en horizontes ilimitados, él escribirá ese libro-refugio donde todo el mundo pueda albergar su desesperación”.

Una cabeza en bálsamo
En aquel viaje, a Melville la piel se le acartona. “Desde entonces, lucha con el ángel”, dice Giono: “Le golpean alas terriblemente duras, lo levantan por encima del mundo, lo dejan caer, lo recogen y lo ahogan”. Acaba desertando, viviendo con caníbales, y de todas aquellas experiencias saldrían libros como Taipi, Omú, Redburn y Chaqueta blanca.

De regreso a EEUU, “con la cabeza llena de bálsamo” (según palabras de su mujer),
se decide a cumplir un viejo sueño. Así se lo contaba a su amigo N. Hawthorne. “Voy a ponerme a trabajar. Estos últimos días me acordé de una curiosa historia sobre una ballena. Estaba bajo el viento de la isla de Mocha, en Chile. La atacamos más de cien veces y más de cien veces salió victoriosa. Por su edad, o tal vez por una rareza de la naturaleza, era blanca como la nieve. Todo eso me vino a la mente, no sé por qué. Es algo irrealizable, ¿comprende?”.

Publicado en Público el 5/4/2009

Stanislaw Lem realista

In Antiguos Maestros on 10 marzo, 2010 at 12:04 am

Inmortalizado por una suerte de ciencia ficción filosófica (El invencible), fuertemente psicológica (Solaris) y casi siempre cargada de un humor inusual en un género dominado por las naves espaciales (Diarios de las estrellas), Stanislaw Lem ha pasado a la historia por una literatura más utópica que realista. Pero el polaco tenía todavía un ajuste de cuentas pendiente: la traducción y publicación en nuestro idioma de su primera novela, El hospital de la transfiguración, un relato que nada tiene que ver con las estrellas y sí con el horror terrenal de quien ha vivido el inicio de la Segunda Guerra Mundial, toda una rareza en la producción de Lem, según Enrique Redel, Director Editorial del sello Impedimenta y responsable de que, por fin, podamos tener esta novela en nuestras manos.

Escrita originalmente en 1948, no fue publicada en su país hasta 1955 por ser considerada contrarrevolucionaria por las autoridades polacas. Ni siquiera tuvo versión en inglés hasta 1988. Redel cuenta la odisea de un autor casi empujado por necesidad a escribir ciencia-ficción: Cuando escribe El Hospital…, ensaya un tipo de obra realista en la que describe la situación de los primeros meses de la ocupación nazi y las peripecias de un joven doctor en un hospital psiquiátrico. Lo que ocurre una vez acabada es que las autoridades comunistas lo acosan, intentando poner su obra al servicio de los intereses políticos estatales”. Una auténtica odisea que solo finaliza con la muerte de Stalin en 1956. Lem pronto se da cuenta de que muchas de las cosas que quiere decir y que no le han dejado las puede contar si las filtra en forma de relatos fantásticos. El anhelo de libertad, de igualdad entre los hombres, sus ideas políticas y filosóficas logran pasar la censura mediante novelas sobre astronautas, pilotos espaciales o filósofos enloquecidos.

Los secretos del hospital

El Hospital… sufrió varias reescrituras por el propio Lem, fundamentalmente por exigencias de su editorial. Sus impresiones posteriores respecto a la novela estuvieron teñidas de cierto sabor amargo: fue una primera novela, con lo bueno y lo malo que esto tiene, pero, según Redel, se trató de una obra tremendamente importante para él; su debut literario, su obra más personal y descarnada, a la que le dedicó siete años de su vida. Hasta el final de su vida nunca volvería a hablar explícitamente de de las matanzas de los nazis, el Holocausto, los trenes de la muerte.

Y El Hospital… sigue guardando secretos: Lem se vio obligado a convertirla en la primera parte de una trilogía, que después guardó con instrucciones de que nadie publicase nunca. Eran obras impuestas por el régimen. No sé si podremos leerlas alguna vez, confiesa Redel con adoración.

Publicado en Público.es el 26/5/2008

La vida y la muerte según Charlie Brown

In Antiguos Maestros, Cartoon, Nostalgia de mierda on 22 febrero, 2010 at 12:27 am

“¿Sabes por qué esa niñita pelirroja nunca se fija en mi?”, se lamenta Charlie Brown encerrado en una viñeta. “¡Porque no soy nada! ¡Cuando mira hacia aquí no hay nada que ver! ¿Cómo va a ver a alguien que no es nada?”. La tira es emblemática de lo que fue la vida de Charles M. Schulz (1922-2000), creador de Snoopy, Charlie Brown y los Peanuts, y uno de los historietistas más leídos del siglo pasado. Así lo plantea David Michaelis en su biografía Schulz, Carlitos y Snoopy (Es Pop Ediciones), que acaba de ser publicada en español coincidiendo con el décimo aniversario de su muerte a causa de un cáncer de colón.

Michaelis ha empleado varios años hablando con familiares, ha accedido al archivo del autor, consultado a conocidos de todas las etapas de su vida y ha escrito un volumen en el que lo más jugoso está en su intertextualidad: la idea es que el lector acompañe el recorrido vital y profesional de Schulz con muchas viñetas en las que el autor volcó sus frustraciones, miedos, desgracias y algunas (pocas) alegrías. En el juego de verse como su propia criatura, Schulz dejó escrito bien claro que “Charlie Brown tiene que ser el que sufra, porque es una caricatura de una persona normal. La mayoría de nosotros estamos mucho más familiarizados con el fracaso que con el éxito“.

Según Michaelis, “una persona más sociable y equilibrada no podría haber creado al sufridor pero indómito Charlie Brown; a la malhumorada y a menudo venenosa Lucy; al filosófico Linus; a la masculina Peppermint Patty; al empecinado Schroeder; y al grandioso y ensimismado Snoopy”. Schulz completa a su biógrafo: “Una persona normal no podría haberlo hecho“.

Paradójicamente, y a pesar de la profunda melancolía, incluso dolor, que desprenden muchas de sus tiras -en las que habló, entre otras cosas, de su infancia, la muerte de su madre o su propio divorcio-, Schulz llegó a ser dueño de un imperio sólo comparable al de Walt Disney en términos de merchandising y de impacto en la cultura popular.

Una infancia rara: su madre y su ‘Rosebud’

Estrenada en 1941, Ciudadano Kane, de Orson Welles, fascinó de inmediato a Sparky Schulz, apodo con el que fue bautizado desde la cuna y que fue tomado prestado del nombre de un caballo de carreras. Michaelis no duda en comparar al héroe de la película, Charles Foster Kane, con Charles Sparky Schulz, “que alcanzaría un éxito más allá de sus más descabellados sueños de juventud, y sin embargo debería luchar por amar y ser amado. Toda su vida se sintió solo, pasando la mayor parte de su medio siglo como adulto anhelando ser cuidado, ser comprendido“.

Hijo de un barbero alemán y de una ama de casa de antecedentes noruegos, la infancia de Sparky fue la de un “niño modelo” (su padre Carl le definió como “muy educado y muy ordenado”). Dibujaba viñetas desde los 6 años, se consideraba invisible ante los demás niños y nunca le faltó de nada, salvo atención por parte de sus padres: el retrato que se ofrece es el de una familia más bien fría, poco dada a expresar sentimientos e incluso al contacto físico.

Durante años, cuando un periodista le preguntaba por su vida, él nunca empezaba por su nacimiento, el 26 de noviembre de 1922, sino por la muerte de su madre, el 1 de marzo de 1943, a causa de un cáncer de colón. “Hasta que fue al ejército, sólo había pasado dos noches separado de su madre”, escribe Michaelis.

El día anterior, Sparky, entonces de 19 años, presenció una escena que, según recordaría en múltiples ocasiones, no superaría en toda su vida. Antes de regresar al cuartel de su permiso de un día, entró al dormitorio y anunció a su madre que debía marcharse. “Sí -dijo ella-, supongo que deberíamos despedirnos”. Le miró y completó: “Bueno. Adiós, Sparky. Probablemente nunca volveremos a vernos“. Michaelis muestra cómo Schulz hizo de Ciudadano Kane y su madre el tema de algunas tiras. Cuando no el mismo tema: en una se puede ver a Charlie enfermo y postrado, soltando un gemido lastimero: “Rosebud”.

‘Sparky’ se hace mayor: El ejército y el amor

La muerte de su madre pilló a Sparky en el ejército, el lugar donde aquel niño “limpio y organizado” pudo hacerse mayor, aunque observaba espantado un lenguaje trufado de blasfemias y de “las peores vulgaridades imaginables”. Además de unas condiciones lamentables para comer y dormir y una imagen de la mujer como “peligroso receptáculo de la lujuria” y de enfermedades venéreas.

Con todo, aquel “hijo de mamá” ganó 12 kilos y se endureció: pasó de cabo a sargento, de segundo al mando de la unidad de metralletas del Primer Pelotón (debido a su buena puntería) a sargento de personal. Llegó a viajar con el ejercito a Europa, en 1945, donde la muerte de Hitler le pilló de camino a Munich. Fruto de una suerte de histeria colectiva, incluso llegó a disparar por accidente contra un compañero. Preguntado por el impacto de conocer el campo de exterminio de Dachau, donde cuatro demacrados supervivientes se lanzaron a abrazar los tanques norteamericanos, respondió: “No vi gran cosa”.

El recibimiento frío por parte de su padre tras su vuelta, que ni siquiera le dio un abrazo, así como el episodio del disparo, lo plasmó posteriormente en viñetas protagonizadas por Charlie y Linus. Según sus propias palabras, el chute de autoestima y confianza le duró exactamente “12 minutos. Luego volví a ser el de siempre”. En un tira, Charlie celebra su vuelta del campamento, y se encuentra con Lucy: “¡Hola Lucy, he vuelto!”. “¿Que has qué?”, le responde. “¿Es que te habías ido?”.

Aunque él mismo reconoce que “quería ser un buen soldado” y trabajó “duramente para conseguirlo”, nunca dejó de dibujar viñetas cada noche y enviarlas a la mañana siguiente a periódicos y editores, con la esperanza de “encontrar una grieta por la que colarse en el mundo de las historietas sindicadas”. Quería ser historietista, pero no sabía cómo.

Su crecida autoestima llegó al punto de romper la “maldición” que hasta entonces había tenido con las chicas, ante las cuales era incapaz de articular palabra (ahí está de ejemplo Charlie Brown, que suele estar callado mientras las chicas hablan por él). Después de ver cómo algunos de los amores de su infancia se casaban con otros, en 1948, Schulz encontró a Joyce, una chica más joven que él con un carrerón en la vida: a los 19 años se había fugado a Nuevo México con un cowboy, que la había dejado embarazada y luego había desaparecido.

 Schulz, que llegó virgen al matrimonio, tuvo una ceremonia modesta el 18 de abril de 1951 con Joyce; ambos tuvieron cuatro hijos y se divorciaron tras 22 años de matrimonio. Schulz no perdió oportunidad: en otra tira ya emblemática, Charlie echa a Lucy del equipo de béisbol. “¿Verdad que es agradable no oír su voz?”, pregunta el chico.

El éxito: Penauts S.A. y el arte de los cabezones

Primero fue la tímida viñeta con gags Sparky’s Li’l Folks, luego llegarían los más refinados Peanuts. Primero la tira se incluyó en diarios locales (debutó el 2 de octubre de 1950), y para 1958 el cabezón de Charlie Brown (su morfología no fue casual: Schulz dibujaba niños y sus limitaciones físicas y para ello observaba de cerca la forma de sentarse y moverse de Frieda Mae, una compañera enana del Art Instruction, con una altura adulta de 121 centímetros y una cráneo desproporcionado) estaba impreso en 400 publicaciones.

Según John Updike en The New Yorker, en 1975 Schulz ganaba cuatro millones de dólares. Recibiría, “en los 25 años siguientes, hasta 62 millones al año por los beneficios de la tira de prensa más distribuida del mundo y licencias de mercadotecnia”. Todo un logro para un tipo invisible en cuya esquela, aparecida en los periódicos dominicales del 13 de febrero junto a su última tira, rezaba: “En el momento en que dejó de ser historietista, dejó de ser”.

¿De quién es esta cara de pan?

Charlie Brown
Según Schulz, cada personaje muestra algo de él. Charlie tiene su insipidez y determinación; Lucy, su sarcasmo; Linus, su dignidad y sus “pequeños pensamientos extraños”; su perfeccionismo y devoción por el arte se refleja en Schroeder; y su impresión de tener un talento inapreciado para los demás, en Snoopy. Según Schulz, “el rostro redondo y vulgar” de Charlie estaba inspirado en su “rostro indefinido” de niño, aunque lo cierto es que hubo al menos un par de Charles Brown “reales” en su vida. Uno de ellos, antiguo compañero de trabajo, después de vivir a costa de ser “el Charlie Brown real”, de aparecer en programas y periódicos, empezó a no diferenciar realidad y ficción e incluso intentó suicidarse.

Snoopy
‘Spike’, el segundo perro de Schulz, sirvió de modelo. Su madre siempre pensó que ‘Snoopy’, término cariñoso noruego (‘snupi’), sería un nombre perfecto para una mascota.

Lucy van Pelt
Como tantas mujeres que pasaron por la vida Schulz, representa un modelo americano: la joven con carácter. Sus gritos se hacían con un rotulador B-3.

Linus van Pelt
Aunque no está claro, su inspirador podría ser el bien hablado, reflexivo y educado Philip van Pelt. Era el personaje que a Schulz más le gustaba dibujar.

Peppermint Patty
Homenaje a la prima de Schulz, Patricia Swanson, aunque, después de que el personaje fuera reclamado por grupos de lesbianas, se ocultó ese dato.

Schroeder
El artista de los ‘Penauts’ es como el Schulz más obsesivo, el que le ataba a una mesa a dibujar. Schoreder prefirió siempre el metrónomo a las chicas.

Schulz y Charlie, revolucionarios

Los ‘Peanuts’ rompieron con muchas convenciones de las tiras de la época.

El referente
“Carlitos y Snoopy son los padres de ‘Los Simpson’ y de ‘South Park’, igual que Elvis fue el padre de los Beatles y de los White Stripes”, dejó escrito Rich Cohen en ‘L.A. Times’.

Moderno
Según Bill Watterson, creador de los inolvidables ‘Calvin y Hobbes’, los ‘Peanuts’ “definen la tira de prensa moderna: los dibujos limpios y minimalistas, el humor sarcástico, la inquebrantable sinceridad emocional, los pensamientos privados de una mascota, el tratamiento serio de los niños, las fantasías alocadas, la comercialización a escala gigantesca… En muchos sentidos, Schulz abrió el camino que todos han querido seguir”.

Clase media
Dice Michaelis que fue en sus primeros trabajos de oficina donde Schulz hizo “uno de los descubrimientos esenciales de su carrera: identificar al tipo de personas que formaban su audiencia natural; había visto de primera mano la transacción esencial que le vincularía a ellos”.

Dolor infantil
“La asunción generalizada en Norteamérica era que los niños eran felices y la infancia un momento dorado; eran los adultos quienes tenían problemas. Schulz revirtió el orden natural de aquel universo mostrando que un niño experimenta el dolor con más intensidad que los adultos y que las derrotas infantiles se sienten y recuerdan con mayor vehemencia”, escribe Michaelis.

Publicado en Público el 7/2/2009