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La doble vida de Hannah Montana

In Fandom, Hambre, SuperPop on 24 febrero, 2010 at 12:03 am

Como Superman, Hannah Montana tiene una doble vida. Para salvar su intimidad y la de su familia, el superhéroe esconde su cara detrás de las gafas de pasta más grandes del mundo y se convierte en Clark Kent. Y nadie podría reconocerlo con esa cara de pánfilo. La historia de Hannah Montana es similar: una joven de 16 años, Miley Stewart, quiere mantener su privacidad y la de los suyos a salvo del brillo y los focos que acompañan a Hannah Montana, la superestrella pop en la que se convierte con sólo ponerse una peluca.

Con este planteamiento tipo superhéroe para chicas, la serie de televisión se ha convertido en un fenómeno las últimas dos temporadas para un público que va de los 6 a los 14 años. Fenómeno televisivo y discográfico que ahora asalta los cines con Hannah Montana: La película, que se estrena el 8 de mayo en nuestro país y que en su debut en EEUU fue el filme más visto del fin de semana del 10 de abril, recaudando 34 millones de dólares.

Dirigida por Peter Chelson (¿Bailamos?), que ayer confesó que no había visto la serie cuando aceptó dirigirla, la película recupera el espíritu familiar de las comedias de Disney de los años 60.

Su argumento, como en una de Marisol, parece sacado de la propia vida de Miley Cyrus (1992), encargada de interpretar a Hannah Montana y a su álter ego. Temeroso de que la chica se vuelva tarumba por el éxito, su padre se la lleva una temporada a su Tennessee natal, al caserón familiar, donde tendrá que centrarse en cosas más mundanas, como arreglar el granero o cantar bluegrass en el porche con primos y abuela. O enamorarse por primera vez.

Para empeorar el conflicto de personalidades, Miley ha venido a España acompañada del que es su padre en la realidad y en la ficción. “Algún día tendré que dejar de trabajar con él, y será triste porque todo lo que ocurre en pantalla entre nosotros es natural. Pero es verdad que es algo que me vendrá bien para crecer profesionalmente”, dijo ayer, con acento sureño y chicle fijo en la boca, tras confesar qué es lo que le ha vuelto loca de España: los huevos estrellados.

Paparazzi fuera

Ni que decir tiene que la joven Miley Cyrus también creció en ese mismo paisaje de Tennessee, entre calabazas y cowboys. “Ha sido como volver a casa, algo muy importante para mí. Llega un momento en que tienes una doble vida. De hecho, en medio de la vorágine en que se ha convertido todo los últimos años, si no fuera por la película no podríamos haber vuelto a casa, a nuestras raíces, a descansar”, dice.

A pesar de tanto revuelo (“todavía me parece raro ver en las tiendas pañuelos de Hannah Montana y cepillos de dientes: ¡alguien se lava los dientes con mi cara!”), Miley tiene los pies en el suelo: “Es un honor que la gente quiera ser como yo. Pero no me gusta que me llamen ídolo. Una cosa es que haya chicas que quieran tener mi pelo, pero no pueden querer ser yo: eso es imposible, cada uno somos únicos”.

Lo peor, dice, son “los paparazzi y la ausencia de privacidad al trabajar en la tele. Es una locura tener una cámara siempre delante. Hay gente respetuosa y otros que sólo quiere ver cómo pierdes los nervios. Entonces, mejor quedarse en casa. Pero lo bueno compensa con creces lo malo. No se puede decir que estoy perdiendo mi juventud. Me gusta lo que veo desde aquí arriba”, ríe.

Miley es consciente de que ser chica Disney no es algo fácil de controlar. Que se lo digan a Britney Spears. Por ahora, no tiene prisa en abandonar su imagen y saltar a hacer algo… sexy. “Quiero hacer películas, pero no cualquier película. Y si tengo que parar un tiempo para recapacitar, lo haré”. Por lo pronto, no tiene pinta: tras estrenar la tercera temporada de la serie le espera gira mundial (junto a su padre, cantando ambos) y para 2010, una película que ha escrito para ella el escritor cristiano Nicholas Sparks.

Harry Potter y su novia, al salir de clase

In Fandom, Hambre, SuperPop on 23 febrero, 2010 at 11:57 pm

No hay magia que pueda evitar los peligros de la adolescencia, dijo David Barron, productor de Harry Potter y el misterio del príncipe. La cita refleja los problemas hormonales de un grupo de estudiantes que, aunque mágicos y prodigiosos, ya rondan los 16. Potter, que se dio un primer y casto beso en la anterior Harry Potter y la Órden del Fénix (2007), es ya un jovencito lampiño, que debe prepararse para un destino terrible mientras se enfrenta a los cambios propios de su edad. Entre ellos, dudas existenciales, triángulos amorosos, la necesidad de pertenecer a un grupo y conflictos con la popularidad en las aulas.

Un tono que también ha subrayado la actriz Emma Watson, encargada de dar cuerpo a Hermione Granger desde la primera entrega. Según dice, El misterio del príncipe “se parece más a una comedia romántica que las anteriores. Hacemos frente al primer amor, a los celos, a la inseguridad y las cosas habituales que suponen salir con alguien”.

Los elixires amorosos están a la orden de día en los pasillos de Hogwarts, que más que nunca aparece como una institución decadente, con fisuras que muestran que el mundo de los magos está tan lleno de mierda y corrupción como el mundo muggle, que es en el que nos movemos el resto. Ni siquiera es un sitio seguro y estrena medidas de seguridad dignas de un instituto tomado por estudiantes armados. Por sus esquinas, los alumnos se abrazan como en una Roma a punto de devorarse a sí misma. Hermione debe resolver un conflicto con Ron Weasly (Rupert Grin), aunque a ninguno de los dos les faltan otros pretendientes de lo más ardientes. Y Harry se ve atrapado en un lío con la hermana pequeña de su mejor amigo, que a su vez está saliendo con otro. El enredo está servido.

En lo fantástico, el mundo de El misterio del príncipe también es como un cristal agrietado a punto de saltar por los aires, preludio del conflicto que estallará en la última entrega, Harry Potter y las reliquias de la muerte, y para el que Harry lleva años preparándose. La película respeta la estructura de las anteriores y se centra en un año académico en Hogwarts. Destaca la llegada de un nuevo profesor al colegio, Horace Slughorn (Jim Broadbent), un snob de cuidado al que le gusta hacer reuniones elitistas con alumnos sobresalientes.

Demasiado viejo para ti

La edad real de los actores, que ha ido por delante de la de sus personajes debido al cambio de política original de rodar y estrenar una entrega por año, ha sido un problema insalvable para algunos, como es el caso de Christian Coulson, intérprete del inquietante Tom Riddle en 2002 en Harry Potter y la cámara secreta, y que hoy tiene 30 añazos. Riddle es una de las claves de la historia, ya que su infancia, mostrada en flashbacks, es la niñez del mismísimo Lord Voldemort. Otro actor, Daniel Radcliffe (Harry), también ha mostrado públicamente su ganas de abandonar un rol que le lastra demasiado a la infancia y su deseo es saltar a propuestas más adultas.

Al igual que en La Órden del Fénix, detrás de El misterio del príncipe está David Yate, cuarto realizador de la serie después de Chris Columbus, Alfonso Cuarón y Mike Newell. Conocido por sus trabajos para televisión, Yates se puso al mando tras el rechazo de Guillermo del Toro y también lo hará en la última adaptación, Las reliquias de la muerte, que se estrenará en dos partes en 2010 y 2011, en un intento por exprimir una gallina que tiene los días contados.

Públicado en Público.es el 13/7/2009

Gráfico: Álvaro Valiño