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Archive for the ‘Sin utilidad’ Category

Lista de peticiones de Rage Against the Machine a la organización de Rock in Rio

In Sin utilidad on 12 junio, 2010 at 1:05 pm

[Fotografía de la sala de prensa del festival por Néstor Parrondo]

Entre otras cosas que no alcanzo a leer: 10 pastillas de jabón, 6 pares calcetines y calzoncillos de algodón limpios, agua embotellada, cerveza rubia y negra (x30), Coca Cola y Pepsi, Red Bull y Ginger Ale, té verde y con limón helado, zumo de naranja natural, una botella de vino tinto merlot o cabernet, otra de whisky Jack Daniels, champán Dom Perignon (x2) y Veuve Clicquot, 4 limones, salsa picante, guacamole de calidad, una bolsa de tortilla chips y una barra de pan francés.

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Mi hormiga de terciopelo

In NoFicción, Sin utilidad on 21 abril, 2010 at 4:51 pm

Wingless wasp, the velvet ant.
The cow on slanted land settles
to the lower most corner of the pen.
Chicken wire and it’s either side imprisonment,
and the windows all stacked up under the farm barn awning.

Two small girls and a handful of dressed men
walk a cage full of goats across a basketball court,
goats with rectangled pupils.

A rattle snake caught in a wheel well.
Strawberry in an ostrich throat.

All this and more at a Pyramidi video shoot.

Photo: haciendoelpino
Lyrics: cLOUDDEAD

Noby Noby Boy: Katamari como patria

In De culto, Gamefilia, Magia y Psicodelia, Sin utilidad on 30 enero, 2010 at 10:01 pm

La serie Katamari es como una religión arrolladora: o te dejas llevar o te quitas de en medio. O crees en el Rey del Cosmos y en su infinita aleatoriedad, o bien este tinglado te parecerá el escape mental de un japonés (Keita Takahashi) con caleidoscopios en los ojos, algo difícil de digerir en occidente. Anoche su majestad bajó a verme, vía PlayStation Store: traía Noby Noby Boy, su último Videojuego Altamente Adictivo e Imposible de Describir con Palabras. ¿Acaso puede definirse cualquier Katamari como un juego en el que hay que crear bolas de forma obsesiva con objetos cotidianos que vamos atrapando al más puro estilo del escarabajo pelotero? Pues el manual de Noby Noby Boy dice esto: “En este juego tienes que estirar el cuerpo de Boy e interactuar con diferentes personajes y objetos”. Si no tienes fe, ni sigas leyendo.

Un manual de juego, por otro lado, completamente inútil. Y no sólo porque, como avisa Noby Noby Boy desde su pantalla de arranque, aquí no hay que hacer nada más que estirar y estirar (en este videojuego no hay que disparar ni hacer bolas, avisa el hada encargada de recibirnos), sino porque podemos acabar mandando al chicloso y tragón de Boy a que se lo coma literalmente. El manual, letra a letra.

Para aclarar un poco: en esencia, Boy es como un gusano de plastilina pero con unas pequeñas patas, al que controlamos por sus dos extremos, digamos cabeza y cola (cada uno recibe órdenes de un stick), y cuyo cuerpo podemos alargar indiscriminadamente. Boy es un comilón, así que podemos mandarlo a que devore prácticamente cualquier cosa, incluidos los propios menús del juego. Necesitará comérselo todo para poder tener chicha que estirar.

Así que con los dos sticks, como si utilizáramos ambas manos de manera directa, podemos modificar la longitud de su cuerpo, hacer nudos con él, delimitar espacios abiertos o montar un tirachinas entre dos árboles marca ACME. No hay una explicación oficial sobre estas habilidades secundarias ni siquiera para qué sirven, pero tenemos completa libertad para probar cualquier cosa que se nos ocurra. Para eso nos movemos libremente por niveles repletos de las mismas cosas que pueblan el universo Katamari, cortadoras de césped, jirafas, alienígenas, chimeneas, molinos de viento. Ese tipo de cosas sin relación alguna que suelen moverse dando saltitos.

¿Para qué tanto estirar? Al menos, algo parecido a un argumento: en Noby Noby Boy, nuestra “misión” es ayudar a Girl, una chica interplanetaria que sueña con conectar todos los astros de la galaxia “con el objetivo de que todas las personas sean amigas”. La clave radica en que su cuerpo va creciendo conforme lo hace el de Boy, así que cuanto más logremos alargar nuestro rosado apéndice, más distancia habrá recorrido la bienintencionada Girl. Nada de caras raras: ni que fuera el primer dogma de fe que lleva el cuerpo hasta sus límites.

En realidad, las distancias entre planetas son “recorridas” gracias a los jugadores de todo el mundo, que tienen la posibilidad de contribuir a aumentar el tamaño de Girl estirando sus propios Boys. En todo momento, podemos contabilizar cuánto hemos conseguido alargar al nuestro y “subir” a la red esa distancia en metros para que se haga oficial y quede constancia de nuestro trabajo. Gracias a la labor conjunta de todos los jugadores, se van alcanzando nuevos planetas y con ellos, más niveles disponibles para poner a prueba a nuestro gusano.

En el momento de escribir este texto, según la web oficial de Noby Noby Boy (http://o–o.jp/), el cuerpo de Girl medía, a 11 de marzo, 1.003.178.946 metros. Solo ayer había aumentado 34.238.640 metros gracias a la ayuda de 2.339 Boys. Girl alcanzó la Luna el pasado 24 de febrero (gracias a 26.979 Boys), y esperamos que no tarde demasiado en llegar a Marte. Más rollo trascendental: su disfrute solo es total cuando se participa en comunidad.

Cada vez que arranquemos el juego con conexión se nos avisa de la distancia conseguida (entre todos) en el último día y del tamaño total de nuestra oh querida Girl. Y gran parte de su diversión no es entendible sin esta comunidad online. Noby Noby Boy aprovecha la última actualización del software de PlayStation 3 para permitir hacer fotos en cualquier momento. Todas las que ilustran este texto están sacadas directamente de este modo. También vídeos, con mención explícita a la posibilidad de subirlos a YouTube. He aquí mi primer engendro elástico, con subida de puntos a la red y scratch final incluidos:

Jugar a Katamari es un poco como ver una película extranjera en la que hay algo que se te escapa, que no te enteras del todo por una cuestión cultural y porque unos detalles llevan a otros, pero que cada cual interpreta como puede. Creo que a Noby Noby Boy le gusta tener esta facilidad para ser interpretado con libertad y también se divierte escondiendo más de lo que muestra. Cuando acabamos de jugarlo y apagamos la consola, nos vamos sabiendo lo mismo del videojuego que el día anterior.

No seré yo quien le ponga nota, pero si tuviera que calificarlo de 1 a 10, le pondría 11 para subrayar la imposibilidad de medirlo con cualquier escala y porque no es posible compararlo con otro videojuego más que si mismo o con los Katamari (atentos al tutorial, un rompecabezas sin pies ni cabeza). Los elementos que utiliza son los mismos, sobre todo estéticos, ahí están la sobredosis cromática al límite (esto parece aquel anuncio de M&M), la dictadura de la geometría, las coartadas artísticas (que si Miró, que si Alicia), unos personajes ultranaif, el inevitable rollo Playskool, tantos dummies feos por todos lados. Y espirituales: tiene una personalidad arrebatadora y, a falta de bolas antiestrés, ofrece el inexplicable placer de estirar gominolas hasta el sadismo. También es algo totalmente inexplicable.

Publicado en Gamefilia el 12/3/2009