In Prog We Trust

El superhéroe bipartidista: todos los cambios de chaqueta del Capitán América

In Believe the hype, Cartoon, SuperPop on 5 agosto, 2015 at 4:17 pm

Analizamos los giros ideológicos del héroe de la Marvel. Pasó de cazar nazis a tumbar comunistas, sobrevivió a los años sesenta, chocó con Nixon y vivió la paranoia antiterrorista del 11-S

La segunda fase del asalto de Marvel a los cines marcha a toda máquina. El año pasado, la fabulosa y excesiva Iron Man 3 (Shane Black) volvía a fijar un nuevo techo para la llamada Casa de las Ideas: ¿la mejor película de superhéroes hasta la fecha? Eso mismo se dijo de la aún más fabulosa y excesiva Los Vengadores (Joss Whedon, 2012), que es la cinta que debería marcar el camino para cualquier héroe encapuchado a partir de ahora. O mejor dicho, para cualquier grupo de héroes encapuchados.

Después de años de intentos frustrados y traducciones regulares de los tebeos, parece que alguien ha encontrado una fórmula que equilibra el lenguaje de realismo de carne y hueso del cine y la tradicional ausencia de ridículo propia del cómic, películas tan ágiles como pasar los ojos por una página llena de viñetas.

Este año ha sido el turno de la más floja Thor: The Dark Wold (Alan Taylor), que sigue apostando por el espacio que hay entre Shakespeare y la fantasía épica de bárbaros y elfos oscuros, y para el verano se espera Guardianes de la Galaxia (James Gunn). Ahora le toca de nuevo al Capitán América, cuya segunda película, El soldado de invierno (dirigida por Anthony y Joe Russo) ya ha sido saludada con pasión como un cruce entre los thrillers políticos de los setenta y las películas de acción de los noventa, con presencia de Robert Redford incluida.

Recordemos: su primera parte, Capitán América: el primer vengador (Joe Johnston, 2011) parecía sacada directamente de la edad de oro de los superhéroes, puro pulp: nazis, un héroe congelado en el tiempo, un villano con un cráneo por rostro, un cubo con energía inagotable y una fórmula científica capaz de convertir a un birria de tío en un superhombre. La película funcionó en taquilla (368 millones de dólares en todo el mundo), presentó a Chris Evans como el Capi y ayudó a ponerlo en contexto en el nuevo universo fílmico que Marvel estaba montando a lo grande.

Lo que sigue es un viaje rapidísimo por la historia del personaje como víctima de cada tiempo que le ha tocado vivir, un repaso a algunos momentos que han marcado la(s) ideología(s) de unos de los roles más politizados de los cómics de superhéroes.

1. Hijo de la guerra: la propaganda
El Capi fue creado por Joe Simon en 1940, en la prehistoria de los superhéroes. Como director de arte de una de las publicaciones de Timely (que es como se llamaba Marvel antes de llamarse Marvel), Simon y Jack Kirby ya habían dado vida al hercúleo Marvel Boy y a The Vision. Lo siguiente fue trabajar en una variante de The Shield, un héroe que ya estaba marcado con la iconografía de Estados Unidos en el pecho, creado por MLJ Comics.

“Estuve toda la noche haciendo bocetos”, recuerda Joe Simon en el fundamental Marvel Comics. The Untold Story de Sean Howe (2012). “Ropa militar, brazos y pectorales marcando músculo, mayas ajustadas, guantes, botas por debajo de la rodillas. Le dibujé una estrella en el pecho, rayas desde el cinturón hasta una línea debajo de la estrella, y coloreé el traje de rojo, blanco y azul. Y le añadí un escudo”. En la parte inferior de la página escribió “Super Americano”, pero se lo pensó dos veces y cambió el nombre por “Capitán América”.

Mientras otros superhéroes de la época luchaban contra extraterrestres, ladrones de bancos o villanos encapuchados, los personajes de Timely habían tonteado ocasionalmente con malvados reales, villanos de la Segunda Guerra Mundial. A finales de 1939, Namor había conseguido localizar y neutralizar un submarino alemán en la costa de Nueva York. Marvel Boy había plantado cara a Hitler. La guerra se estaba desarrollando en Europa y los americanos tenían motivos para estar nerviosos por los nazis, a pesar de que les separara un océano. El Capi nacía con una misión clara: derrotar el Tercer Reich.

El Capitán América era un supersoldado. El superpatriota. Su historia, narrada en aquel primer número publicado en 1941 y en la primera película del Capitán América (Capitán América: el primer vengador) gracias al uso de unos sorprendentes efectos espaciales, es la historia de Steve Rogers, un joven esmirriado al que el ejército estadounidense había rechazado para formar parte de sus filas por no dar la talla. En vez de eso, sirvió como conejillo de indias y le fue suministrado el llamado “suero del supersoldado” con el que podría defender a la patria. Su historia era también la de un miles de jóvenes que en la época aspiraban a entrar en el ejército, y la propia cinta muestra al Capitán convertido durante un tiempo en poco más que una mascota de feria al servicio de la propaganda militar.

El número 1 del Capitán América, publicado en marzo de 1941, mostraba al héroe abanderado derribando a Hitler de un puñetazo. El número vendió un millón de ejemplares, sorprendió a unos y a otros y levantó una oleada de simpatía por todo el país, lo que se tradujo en miles de fans que pedían que el personaje y el tono patriotero dirigido a los más jóvenes fueran explotados.

Para el segundo número, el Capitán América (y su fiel compañero Bucky) fueron enviados a Alemania para infiltrarse en un campo de concentración en la Selva Negra. En el original, Hitler soltaba “Dot Yankee schwein vood upzet mein plans” y Bucky le devolvía como respuesta una patada en el estómago. Mientras duró la guerra, Capitán América fue el cómic más vendido de la compañía, en gran parte gracias a una audiencia de soldados que combatían al otro lado del océano y que leían sus aventuras.

2. El aplasta-comunistas: un anacronismo andante

La guerra se acabó y el Capitán América se retiró debido a las bajas ventas en 1949, solo para volver brevemente entre 1953 y 1954 con el antetítulo “Commie Smasher”, o sea: “el aplasta-comunistas”. En aquellos números, se apelaba al lector con mensajes como “¡Mira cómo el Capitán América derrota a las hordas comunistas!”. Pero, de nuevo, debido al escaso interés de los lectores, volvieron a enterrar al personaje: en realidad, fueron años difíciles para todos los superhombres, cuyas aventuras fueron sustituidas por historias de terror y monstruos, ciencia-ficción, westerns y romances adolescentes.

El Capi sería reivindicado y resucitado finalmente en la siguiente década, ya como parte del supergrupo Los Vengadores. Pero en los años sesenta la sociedad estadounidense tenía otros problemas sociales internos que reflejar en los tebeos. “La conexión de X-Men con la lucha por los derechos civiles fue uno de las primeras lecturas hechas con éxito por Marvel de las grietas de la sociedad americana. En pocos años, el concepto de patriotismo polarizaría al país y la idea de reintroducir al Capitán América –un personaje conocido como el Guardián de la libertad y que estaba enrollado literalmente en la bandera de Estados Unidos– podría haber sido casi impensable para una empresa que quería ganarse a los nuevos chavales americanos. Y así fue: el Capitán América que volvió a los cómics en 1964 en las páginas del número 4 de Los Vengadores era un anacronismo andante, un hombre fuera de su tiempo”, escribe Howe en Marvel Comics. The Untold Story.

Que el personaje fuera una reliquia con botas no es una licencia: el Capitán América que volvió entonces había pasado veinte años encerrado en un bloque de hielo en “animación suspendida” (según decía asombrado el propio Capitán al comprobar que no había envejecido), justo tras la Segunda Guerra Mundial, borrando así de un plumazo sus aventuras anticomunistas de los años cincuenta.

El nuevo y resucitado Capitán América “sentía una profunda nostalgia de aquellos tiempos más simples de los años cuarenta. Era íntegro y admirable, como siempre había sido, pero ahora era propenso a ataques de melancolía, y se sentía confundido sobre lo que había pasado con su país”.

Y en realidad había elegido un momento complicado para volver: en el periodo en que Los Vengadores salieron a la venta (septiembre de 1963) y la vuelta del Capi (en maro de 1964), el presidente Kennedy había sido asesinado a plena luz del día durante una visita oficial a Texas.

3. Ni derechas ni izquierdas: hay que vender

Durante la guerra de Vietnam, Stan Lee se lo pensó dos veces antes de mandar a su héroe a luchar en un conflicto que dividía al país. Sus tebeos se habían mojado con temas sociales, pero no estaba dispuesto a perder un gramo de popularidad.

Preguntado en una entrevista en la radio por la cuestión, aseguraba: “No creo que le mandemos a Vietnam. Tratamos a nuestros personajes en tono de broma y pretendemos arrancar risas en los lectores, nos gusta divertirnos con ellos. No sé si sería de buen gusto coger algo tan serio como la guerra de Vietnam y meter en ella a un personaje como el Capitán América… porque entonces tendríamos que empezar a tratarlo de una forma diferente y tomarnos todo lo que le rodea de una forma más seria, y eso es algo para lo que no estamos preparados todavía”.

Como dice Howe, Stan Lee fue entonces un auténtico maestro en tomar “el camino de en medio” y sus historias, ambiguas en lo político, lo mismo podían ser celebradas por la derecha que por la izquierda. Un editorial en New Guard, el periódico de la asociación juvenil conservadora Young Americans for Freedom, elogiaba a Marvel por “el hecho de que sus héroes sigan estereotipos capitalistas como fabricantes de armas (Tony Stark, cuyo alter ego es Iron Man) mientras que los villanos son con frecuencia comunistas (y claramente etiquetados como tal)”. Desde Marvel corrieron a tirar balones fuera y aseguraban que, lejos de imponer una lectura, dejaban que sus lectores sacaran sus propias consecuencias.

“Pero 1968 lo cambió todo. En un periodo de seis meses, la ofensiva del Tet, los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King y una oleada de protestas y manifestaciones a lo largo del país hicieron imposible que publicaciones punteras permanecieran sin posicionarse”, escribe Howe.

4. Negratas y espías en la guerra fría

De esta época son otros personajes importantes en la trayectoria del Capitán, y que no pueden entenderse sin el contexto social y político de los años sesenta. Es el caso del Halcón, que debutó en los cómics en 1969 y que hace ahora su primera aparición en el cine en Capitán América: el soldado de invierno interpretado por Anthony Mackie: nacido en Harlem, crecido “en una comunidad llena de opresión y prejuicio”, tonteó como traficante de drogas y estuvo en paro antes de pasar a la historia como el primer superhéroe afro-americano, aunque por las viñetas de Marvel ya habían pasado personajes negros como el africano Black Panther. Su diseño se basó en la estrella del fútbol americano O. J. Simpson y fue el compañero de colección del Capitán durante un tiempo, en un intento por alegrar las ventas y actualizar al personaje.

También es el caso del coronel Nick Furia y la Viuda Negra, a los que ya hemos visto en Los Vengadores (interpretados por Samuel L. Jackson y Scarlett Johansson) y que repiten en El soldado de invierno: a ambos hay que entenderlos, de nuevo, en el contexto de la guerra fría y los servicios secretos, destinados a moverse por un mundo de amenazas post-atómicas y excesos high-tech propios de la loca carrera tecnológica de aquellos años. Ambos trabajan para S.H.I.E.L.D. (cuya primera aparición fue en 1965 y que cuenta desde el año pasado con su propia serie de televisión), una organización militar con vínculos con el gobierno y la ONU, especializada en contra-terrorismo, creada para mantener la paz y que tiene su contrapartida en la organización neo-fascista HYDRA. Furia, además, era un veterano y había luchado también contra los nazis, en ocasiones al lado del Capitán.

En los años siguientes, el Capitán se dividiría entre ofrecer un entretenimiento escapista y participar de los acontecimientos políticos. Junto al Halcón, a mediados de los setenta vivió una trama inspirada en el Watergate, en medio de una conspiración en la que estaba implicada el gobierno de EEUU, según ha reconocido después el guionista Steven Englehart: “Me había preguntado a mí mismo ‘¿Quién es el Capitán América?’ y había encontrado una respuesta. América estaba cambiando, pasaba del sentimiento general de la guerra de Vietnam a los delitos específicos del caso Watergate. Yo estaba escribiendo sobre un hombre que creía en los valores más elevados de América a la vez que su presidente era un estafador. No podía ignorar aquello. Así que en el universo Marvel, que se parecía tan estrechamente al nuestro, el Capi seguía una conspiración criminal hasta la Casa Blanca y allí veía al presidente suicidarse”.

Englehart nunca mostró la cara del presidente, pero cuando sus páginas llegaron a Marvel le llamaron para confirmar que aquel no era Nixon. El juró por activa y por pasiva que no lo era, “pero una vez impreso no tuve ningún problema en admitirlo”. El guionista afirmó que “con frecuencia me preguntan si Marvel me agobiaba por el tono político en esta y otras series, y la respuesta honesta es que casi nunca lo hicieron. Era un lugar maravilloso para ser creativo. En este caso, yo intenté decir que el presidente era Nixon, pero como no estaba seguro de que Marvel me lo fuera a permitir, me censuré a mí mismo, probablemente de forma innecesaria”.

Englehart no fue a menos precisamente: las siguientes aventuras del Capi estuvieron relacionadas con el Ejército Revolucionario del Pueblo (que había secuestrado en Argentina a un ejecutivo de Exxon) y con el extrañísimo Ejército Simbiótico de Liberación.

5. Churchill, Reagan y el 11-S: Súper-hombres del lado del gobierno

Al Capi hay que presuponerle tan fiel a sus ideales que pueda incluso estar en contra de las decisiones de su presidente. Eso fue lo que pasó durante la conocida Guerra Civil de Marvel, ya en el siglo XXI, un “evento editorial” que traducía al universo Marvel la ola patriotera que recorrió Estados Unidos tras el 11S y la llamada “Guerra contra el terrorismo”.

El Capi tomó parte, pero se permitía cuestionar el método el-fin-justifica-los-medios de su país y se posicionaba como líder de un grupo de resistencia en un conflicto que dividió y enfrentó a unos héroes contra otros mientras el gobierno apostaba por controlar a la población, por pasar por encima de sus libertades individuales en nombre de la seguridad del país. Adiós privacidad, hola miedo. Es por tu bien. ¿Les suena de algo? Su gran rival en esta Guerra Civil fue aquel Iron Man que tanto fervor había levantado entre los jóvenes conservadores décadas antes y que se ganaba la vida, entre otras cosas, gracias al negocio de las armas.

Como señala esta curiosa lista de Los cinco momentos más izquierdistas del Capitán América (también hay aquí para el Tea Party), cuando ha tenido que hacerlo, el Capitán siempre ha dejado claro que por encima de lealtades a los gobiernos, es leal al “sueño americano”. Y más allá de lo manido de la fórmula elegida para expresarlo, tiene toda la razón: es maniqueo pensar que un personaje como el Capitán podría haber triunfado durante tantos años ofreciendo una única cara, dando a los lectores una única lectura de sus convicciones.

Como curiosidad final: además de Nixon, durante su larga trayectoria, el Capitán ha tenido contactos con varios presidentes de EEUU y otros aliados. The Invaders fueron el supergrupo por excelencia de la Segunda Guerra Mundial (aunque, ojo, publicados veinte años después). Según cuenta su historia, fueron reclutados ni más ni menos que por el primer ministro británico Winston Churchill en 1941 con el objetivo de luchar contra los nazis. Entre otros, estaban el Capi y su colega Bucky Barnes, la Antorcha Humana, Namor, y otros dos héroes abanderados, que no dejan de ser versiones del propio Capitán América: Union Jack y Miss America. Según recoge Daniel Wallace en la Enciclopedia Marvel, está última, que también lucía bandera americana en el pecho, fue pionera como una de las primeras mujeres aventureras.

Algunos de esos contactos fueron más afortunados que otros. Reagan y Jimmy Carter aparecen como secundarios dentro de uno de los números de la serie What If… dedicados al Capitán, publicado en 1981. En esta historia alternativa, el Capitán derrota a ambos y consigue convertirse en presidente de los Estados Unidos. Pero con Reagan llegó a los puños en el despacho oval, en un tebeo de 1988. La razón: el presidente había sido infectado con una toxina y se había convertido en un Reagan-venoso con rasgos de serpiente. “¡La serpiente más mortal de todas!”.

Publicado originalmente en El Confidencial el 25/03/2014

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: