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Archive for the ‘Ruidismo’ Category

Crítica de ‘Slow Focus’ de Fuck Buttons

In Horror, Magia y Psicodelia, Mareo, Ruidismo on 30 noviembre, 2013 at 1:26 pm

Sello: ATP Recordings
Género: post-rock, psychedelia

El salto efectuado por Fuck Buttons en solo tres discos puede que no sea un gran paso para la humanidad, pero es sin duda un notable desafío a la gravedad por parte de Andrew Hung y Benjamin John Power. Y eso que hablamos de un proyecto que, en principio, parecía muy limitado de movimientos en su aplastante y ultracondensado ajuste del ruido, el drone y la psicodelia más cabezona. “Street Horrrsing” (2008), producido por John Cummings de Mogwai, fue un debut lunático a más no poder, áspero, sucio y arenoso hasta el ahogo, en el que pusieron sobre la mesa toda la cacharrería acumulada durante años, incluido un karaoke Fisher-Price, y allí mismo se lanzaron como locos a hacerse pajas sobre sus juguetes, entre meneos industriales y berridos del averno, pellizcando y mordiendo botones como si fueran carne elástica, estirando los sonidos hasta arrancarles un catálogo de zumbidos mareantes y cacofonías. Musicalmente aquello era el equivalente a escuchar a Add N to (X) haciendo versiones de Sunn O))), a unos Animal Collective colocándose con raíces en algún desierto de la Luna, terror, percusiones chamánicas y música cósmica. Y así fue como “Bright Tomorrow” se convirtió en su particular “Mogwai Fear Satan”. Su directo ya era capaz de noquearte con esos desarrollos orbitales de 10 minutos, aunque resultaba difícil quitarse de encima la sensación de que su espectáculo era poco más que un ejercicio de onanismo analógico por parte de un par de guarros procedentes de Bristol.

Mucho más cálido, abrasador por momentos, “Tarot Sport” (2009) les permitió demostrar que ellos también saben redondear sus composiciones hasta hacer algo parecido a hits (“Olympians”, “Surf Solar”), e incluso colarlas en la banda sonora de eventos tan mainstream como las ceremonias de los últimos Juegos Olímpicos. El trabajo de Fuck Buttons crecía en matices, sensibilidad y capas de sonido, esta vez con la ayuda de Andrew Weatherall a la producción, lo que presagiaba un alejamiento del sonido Casio chatarrero que ha terminado por confirmarse ahora. A lo largo de todo su segundo disco, el dúo seguía interpretando y ampliando a su manera las lecciones aprendidas de Mogwai, especialmente el control del volumen y el tratamiento del noise de una manera mucho más visceral que la de otros ilustres fans de los escoceses como Nathan Fake. [Por cierto: ¿para cuándo alguien que analice la sombra de Mogwai en artistas de electrónica?]. Su directo, para entonces, había mutado hasta convertirse en una pista de baile donde la bola de espejos engordaba y engordaba hasta estallar en una tormenta solar, para regocijo de una audiencia calcinada. Cuatro años han tardado Hung y Power en dar continuidad a “Tarot Sport”, y lo menos que se merecen es que encendamos una hoguera en el campo y nos pongamos a hacer el indio alrededor de ella hasta caer exhaustos y con algunos kilos de menos tras el esfuerzo. Por los viejos tiempos.

Desde su diseño de portada, “Slow Focus” ya anuncia un cambio de aires: las postales encantadoramente trance que ilustraban “Street Horrrsing” y “Tarot Sport” han dejado paso a esa extraña reliquia sobre fondo negro digna de Poe, una joya familiar hallada en el desván, todo un caso para el Dr. Extraño. “Slow Focus” es un disco ‘oscuro’, ‘apocalíptico’ y ‘agresivo’, lo dice la prensa seria, y mantiene bien cerradas las ventanas para evitar la contaminación exterior (es la primera vez que el grupo se autoproduce) y conservar el ambiente viciado. Y larga vida a la bendita endogamia. “Brainfreeze” ruge con fiereza al comienzo del álbum, como el estruendo de un millón de tambores, como el fuego de un millón de cañones encargados de dar la bienvenida al oyente a la puerta del infierno de Dante: siete temas, siete círculos, siete islas de pura maldad. Es el sonido de las fábricas y los hornos de Lucifer trabajando a pleno rendimiento. “Year of the Dog” es posiblemente la composición más minimalista en la trayectoria del grupo, un arpegio demoníaco que podemos emparejar con otros recientes arpegios más terrenales (Boards of Canada) y celestiales (Daft Punk) si quisiéramos resumir este verano suavizado por los vientos kosmische que estamos disfrutando tanto. “The Red Wing” peca de lujuria, y es el hit que necesita un disco como este, tan caleidoscópico, tan rojo y burbujeante, tan festivo. Tan pensado para el directo, porque así parece haber sido concebido todo “Slow Focus”: con la épica del directo equilibrando la experimentación cerebral. Y en este sentido no le sobra absolutamente nada.

Avanzando en el tracklist: “Sentients” es lo que podríamos entender como un acercamiento del dúo al hip hop (a su manera, claro: según ha declarado Power, aquí han metido “mucho black metal”), y en general al fecundo terreno de las bandas sonoras imaginarias de terror, que también abonan con veneno en la atmosférica “Stalker”. El último tramo del disco es el más electrónico en sentido estricto. No hay que olvidar que, además del post-rock y los soundtracks, la estética warpiana es otra de las coordenadas ofrecida habitualmente para ubicar el trabajo de Fuck Buttons, en concreto el en-ocasiones-aterrador Aphex Twin. “Prince’s Prize” es casi como Autechre con palmas, puro gozo polirrítmico, y en “Hidden XS” le dan a los beats rotos en lo que a la postre resulta ser un broche muy a lo 65daysofstatic. Es probable que sea el tema que les marque el camino a seguir en el futuro, así que bienvenido sea. “Slow Focus” se mantiene de esta forma en equilibrio en un cable que recorre gran parte de los abismos musicales más amenazadores, y sin miedo a mirar hacia abajo. Si gustan, busquen su rincón y celébrenlo con una ceremonia como dios, el de cada uno, manda. Slow-focus, hocus-pocus. El hechizo está asegurado, los sacrificios son opcionales.

Publicado originalmente en PlayGround el 22/07/2013

Y aquí se puede leer un experimento que hice con ellos y con ‘Silent Hill’

Review: La Maquina Blanda

In Lecturas, Magia y Psicodelia, Ruidismo, Sci-fi on 13 noviembre, 2013 at 8:03 pm

La Maquina Blanda
La Maquina Blanda by William S. Burroughs
My rating: 5 of 5 stars

Una de las críticas de música que más me han impactado fue la que el ‘New Musical Express’ publicó en el año 2000 con motivo del lanzamiento de ‘Live at Brixton Academy 1999’ de Atari Teenage Riot. Aquel CD de poco más de 25 minutos solo contenía ruido, puro ruido sin más, ruido blanco como el de un televisor desintonizado, sin cortes, sin canciones, sin nada a lo que el oyente pudiera agarrarse. Su valor iba más allá de lo político y de lo musical: además de documentar un concierto casi suicida, servía para resumir un momento muy concreto del grupo, al que le quedaba poco para separarse, con algunos de sus miembros a punto de morir de un colapso. Literalmente. El redactor de la revista, incapaz de medir aquel ataque sonoro según los métodos habituales de la crítica musical, había dado al disco una nota de 11 sobre 10. Soy muy poco amigo de las notas, salvo cuando se usan para subrayar lo extraordinario de casos como este. Por supuesto corrí a comprar aquel disco, que habré escuchado completo un par de veces, poco más, y porque me obligué a ello. Aun así, lo guardé durante más de 10 años como una de las piezas más valiosas y originales de mi colección de discos, una de esas piezas que muestras orgulloso a los amigos mientras le cuentas la historia que tiene detrás.

Esta crítica me ha venido a la cabeza tras leer ‘La máquina blanda’ de Burroughs, una “novela” que son 167 páginas de ruido indescifrable, caótico e hipersensorial, contado por narrador con mil bocas (de mil dientes verdes) que hablan a la vez y que es capaz de estar en mil sitios y mil realidades a la vez, que funde pensamiento, acción, recuerdos, imaginación, fantasía y vida real, y que lo más que hace por el lector es regalarle, de vez en cuando, nítidas imágenes que hay que agarrar antes de que se pierdan entre las capas de suciedad, de grano, de residuos literarios, como joyas brillantes entre tanta mucosa verbal. Como aquel disco, ‘La máquina blanda’ es una lectura difícil, a veces dolorosa, pero que con perspectiva también aporta otras gratificaciones, otro tipo de placer, menos inmediato, sin lubricar, y que invita a replantearte cualquier cosa que estés leyendo a la vez (en mi caso, ‘Ready Player One’ de Ernest Cline, que más que blanda, a su lado es una novela completamente flácida).

Colocadas junto a este libro, las estrellitas con las que Goodreads nos invita a puntuar una lectura lucirían ridículas y se quedan pequeñas para medir y resumir la experiencia de su lectura, el rumor de sensaciones, la desorientación, el mareo, el éxtasis y el colocón por acumulación, de la misma forma a aquel redactor se le hacía pequeño ponerle un 10 a aquel disco que en realidad era un ataque a los oídos y a la paciencia del consumidor. Pues eso: que le pondría 6 estrellas y me quedaría tan ancho.

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Música para elefantes: mi 2011 en canciones (parte 1)

In Magia y Psicodelia, NoFicción, Ruidismo on 9 diciembre, 2011 at 1:47 pm

Canciones como elefantes. Majestuosos. Lentos o en estampida, incontrolables. Negrísimos y ásperos. Arenosos. Elefantes indios, de colores. Elefantes de circo. Elefantes que tocan la trompeta. Y elefantes que vuelan. Canciones que se mueven como paquidermos fabulosos. Pum. Pum. Pum. Y que luego estallan en llamas.

1. …And You Will Know Us By The Trail Of Dead: ‘Pure Radio Cosplay’ (Reprise)
2. The Go! Team: ‘T.O.R.N.A.D.O.’
3. Cage the Elephant: ‘Shake Me Down’
4. The Vaccines: ‘Blow It Up’
5. Deerhunter: ‘Desire Lines’
6. M83: ‘Midnight City’
7. The Black Angels: ‘Yellow Elevator #2’
8. Tame Impala: ‘Alter Ego’
9. Battles: ‘Ice Cream’
10. Mogwai: ‘George Square Thatcher Death Party’
11. Justice: ‘Civilization’
12. Games: ‘Midi Drift’
13. Gold Panda: ‘Quitters Ragga’
14. James Blake: ‘Why Don’t You Call Me’
15. Tyler the Creator: ‘Yonkers’
16. Smith Westerns: ‘Smile’

Me guardo las otras canciones de 2011 para una segunda parte. El elefante de la foto lo he cogido de aquí. Es obra de Nick Brandt.

Mogwai Firsts: este sí que es su mejor disco

In Nostalgia de mierda, Ruidismo on 14 marzo, 2011 at 2:03 am

Dando vueltas a cómo escribir una reseña para el blog sobre Hardcore Will Never Die, But You Will, el último disco de Mogwai, he tropezado con varios obstáculos que parecían estar esperándome ahí desde hace años. El primero es que empieza a ser inevitable repetirme. Difícil no hacerlo después de tanto tiempo: llegué a ellos en 1997, durante mi primer verano en Manchester, borracho perdido de prensa musical, y los ví por primera vez en directo en un (hoy) impensable Festimad al año siguiente, donde compartieron escenario con Laika y Dandy Warhols. Desde entonces les he seguido la pista con interés y me han inspirado como pocas bandas, aunque hace tiempo que eso que hacen ha dejado de sorprenderme y he tenido que buscarles en otros grupos, como Fuck Buttons o Nathan Fake. Su gran mérito entonces fue acercarme al post-rock de una manera bastante carnal, nada que ver con lo que el placer cerebral que me producían entonces grupos como Tortoise. Primer cliché: molan porque en vez de jazz echaron Black Sabbath a su música y aquello resultaba que se encendía solo de lo inflamable que era.

Uno tienen una relación muy egoista y particular con los grupos que adora: espera que evolucionen a cada paso que dan, pero sin perder lo que, en sus inicios, hizo que nos rindiéramos antes ellos. Una vez comprobado que la fórmula calma-ruido-calma llevaba a un callejón sin salida, la imagen que me ha ido quedando de sus discos desde Happy Songs for Happy People (2003) es la de un globo que se deshincha con un silbido vergonzoso. El concepto épico aplicado a la música puede ser muy noble para otros (recuerden: “Music can put the human being in a trance-like state, because music is bigger than words and wider than fiction”), especialmente Sigur Ros, M83 y Explosions in the sky, pero siempre he tenido claro que lo que yo quería era que los nuevos temas de Mogwai fueran más parecidos, no sé, al Arpeggiator de Fugazi o, después, a los discos de Pelican o 65daysofstatic. Segundo cliché: es mejor morir joven que hacerse viejo y quedarse dormido mirándose el ombligo.

Con todo, el gran cliché que me repito una y otra vez desde el blandengue Mr. Beast (2006) es eso de que “el mejor disco de Mogwai aún está por llegar”. Y una mierda. Quince años de carrera no son ninguna tontería para una banda. A muchos con esa edad correríamos hoy a llamarles dinosaurios. Siempre he pensado que Rock Action (2001) fue disco del año para gran parte de la prensa porque en su día no se valoró con suficiente cintura Young Team (1997) y había que hacer justicia. Pero afirmar que el mejor disco de un grupo fue el primero es hacerle un flaco favor. Con todo, me sigue pareciendo que su mejor material es el que va desde Ten Rapid (1997) a EP+6 (2001). Así que la idea de que detrás de Hardcore Will Never Die… estuviera Paul Savage, el mismo que les ayudó a parir Young Team,  disparó mis expectativas. Cuarto cliché: mejor no ir por “Mogwai vuelven por fin a sus orígenes con su nuevo disco” o te la cargas.

Digo todo esto porque del resto de sus trabajos posteriores a 2001, digamos que desde My Father My King, algunos sin escuchar desde hace mucho, mucho tiempo, sólo recordaba con cierto estremecimiento sus primeros temas. Los primeros de cada disco, digo. Pocas cosas me siguen desarmando tanto como Yes! I Am a Long Way From Home y tengo claro que temas como Hunted by a Freak debe estar entre lo mejor del grupo. Esto me llevó a pensar en retomar una lista de Spotify con las gloriosas primeras canciones de mis discos favoritos y, finalmente, a pensar que el mejor disco de Mogwai lo hemos tenido siempre ante nuestras narices: sería una recopilación de sus primeras canciones. Un Mogwai Firsts.

White Noise, el arranque de Hardcore Will Never Die…, además de hacerme llorar con un título que tiene mucho de autoparódico (y el disco entero está plagado de clichés autoparódicos: ahí está la portada del single Mexican Grand Prix, que actualiza la de Ten Rapid, y el final de fiesta en la versión de Spotify, con los 23 minutos de, jojojo, Music for a forgotten future), creo que ha pasado la prueba del algodón. Un amigo me dijo que era un arranque muy sinfónico, lo cual celebro. A mi me parece que desprende melancolía (de la buena) y que funcionaría muy bien como broche para ese disco de primeras canciones, como un canto a lo que pudo ser y no fue, como el recuerdo de lo que Mogwai llegó a significar para mí.

Todas las notas que tomé para la reseña del disco (que si ecos kraut, que si alegría contenida, que si citas a Summer, Tracy y al piano de With Portfolio, que si vuelven a la concreción, que si las concesiones pop, que si funciona como puente a Rock Action), todas esas notas, digo, las tiro a la basura. Y aquí pongo el enlace al disco definitivo de Mogwai, hecho de algunos de los mejores momentos de su carrera. Aclaro que Hardcore will never die… me ha gustado mucho más que cualquier cosa que hayan sacado desde hace diez años. Ahora sólo me falta ver cómo lo defienden en directo en el próximo Primavera Sound.

Me quedo mucho fuera. De entrada, Ex-Cowboy, mi tema favorito y cuya maraña psicodélica planteó un fantasmal camino que nunca volvieron a tomar (si acaso, en Stanley Kubrick). Lo dejo para otra ocasión, junto a otras tantas otras canciones que nunca fueron primeras pero que podrían haberlo sido. Y me voy ya, porque estoy a punto de citar Xmas Steps y eso ya sí que sería repetirme.

Mogwai Firsts

1. Summer
2. Yes! I Am A Long Way From Home
3. Punk rock:
4. Sine Wave
5. Hunted By A Freak
6. Auto Rock
7. I’m Jim Morrison, I’m Dead
8. White Noise

Del sofá a la ducha: 2010 en 53 canciones y dos listas de Spotify

In D.I.Y., Dance usted, De viaje, Magia y Psicodelia, Ruidismo on 5 enero, 2011 at 2:05 am

 

La idea principal consistía en hacer dos mixtapes con los dos lados musicales de mi cerebro, como en año pasado. Pero estos días estoy fuera de España y no tengo acceso a ese juguete que hace que me zumben los oídos que es Virtual DJ. Así que he optado por hacer dos listas de Spotify, algo más socorrido y asequible, especialmente cuando cada lista ha terminado superando las 25 canciones y la hora de duración. Eso permite zapear entre los temas sin tener que soportar el resto del tirón.

Los dos lados los he tenido siempre claros. Adoro los extremos en la música, así que era de cajón hacer una lista de canciones luminosas y otra para las oscuras; una para las ligeras, otra para las pesadas; una para con los temazos que se pegan inmediatamente, otra para los que se desarrollan con el tiempo. Al final, aquellas que se pueden tararear en la ducha han ido a parar a la primera y las que te dejan clavado al sofá, en plan viaje interior, a la segunda. Otra vez: por un lado los estribillos, por el otro las atmósferas.

La primera aclaración sobre la elección de temas es que son solo canciones y no representan a sus respectivos discos. Algunas ni siquiera son las mejores en lo suyo, pero me venían bien dentro del contexto y el desarrollo de cada lista. Unos los álbumes lo he quemado, otros ni siquiera los he escuchado enteros de una sentada. Hay ausencias deliberadas (Arcade Fire, sin ir más lejos, por una cuestión de empatía, pero también Lady Gaga: sencillamente no sabia detrás de que canción debía ponerla). Pero sobre todo hay ausencias por necesidad: son aquellas que no estaban en Spotify (desde mis queridos Foals a los recientes Games).

Son, en resumen, 53 canciones con las que me he topado en los últimos 12 meses y que me han hecho tilín por una razón o por otra. Me las encontré por sorpresa en directo o gracias a amigos, en el iPod o desde Spotify, que para hacer descubrimientos es mejor que casi cualquier blog (de donde también he cogido muchas). Me gustaron por sus videos o sus portadas. Y creo que ha sido un año estupendo en cuanto a diseño de portadas.

Además de los link a ambas las listas en Spotify (que también están pinchando en las fotos), he copiado los links individuales de canción. Todo sea por ponerlo fácil.

CARA A: Para cantar en la ducha

Lo Mejor de 2010 Parte 1

1. Anamanaguchi – Scott Pilgrim Anthem
2. Weezer – Memories
3. Titus Andronicus – Titus Andronicus Forever
4. Triángulo de Amor Bizarro – De la monarquía a la criptocracia
5. LCD Soundsystem – You Wanted A Hit
6. Radio Dept., The – Heaven’s On Fire
7. Surfer Blood – Twin Peaks
8. Vampire Weekend – Horchata
9. The Drums – Me And The Moon
10. Best Coast – When I’m With You
11. Los Punsetes – Los Cervatillos
12. Sleigh Bells – Run The Heart
13. Gorillaz – Superfast Jellyfish (Feat. Gruff Rhys and De La Soul)
14. Caribou – Odessa
15. Yeasayer – O.N.E
16. Magnetic Man ft Angela Hunte – I Need Air
17. James Blake – CMYK
18. Kanye West – Runaway – Explicit Version
19. The Black Keys – Tighten Up
20. Broken Bells – Meyrin Fields
21. Hot Chip – Take It In
22. Delorean – Real Love
23. Toro Y Moi – Low Shoulders
24. Beach House – 10 Mile Stereo
25. Deerhunter – Memory Boy
26. Abe Vigoda – Crush
27. Japanther – What The Fuck Is The Internet

CARA B: Para viajar desde el sofá

Lo Mejor de 2010 Parte 2

1. Pendulum – Genesis
2. El-P – Meanstreak (In 3 Parts)
3. Noisia – Machine Gun – 16 Bit Remix
4. Hype Williams – Blue Dream
5. Salem – King Night
6. Zola Jesus – Night
7. Silje Nes – Rewind
8. Darkstar – Aidys Girl Is a Computer
9. Pantha Du Prince – The Splendour
10. Four Tet – Plastic People
11. Emeralds – Summerdata
12. Crystal Castles – Celestica
13. The Chemical Brothers – Another World (Radio Edit)
14. A Sunny Day In Glasgow – Daytime Rainbows
15. Warpaint – Majesty
16. Solar Bears – Trans Waterfall
17. Holy Fuck – Latin America
18. Gonjasufi – Kowboyz&Indians
19. Tame Impala – Lucidity – Pilooski Remix
20. Ariel Pink’s Haunted Graffiti – Butt-House Blondies
21. Dylan Ettinger – The Waterfront
22. Wooden Shjips – Contact
23. Lüger – Swastika sweetheart
24. Der Ventilator – Supernova
25. 65daysofstatic – Tiger Girl
26. Ikonika – Look (Final Boss Stage)

Hidden track (Like Like Like Like Like Like Like)

Crónica Primavera Sound 2010: esplendor y mugre en Barcelona

In Dance usted, Hooliganeo, NoFicción, Nostalgia de mierda, Ruidismo on 31 mayo, 2010 at 1:19 am

Jueves 27 de mayo: no es mugre todo lo que reluce

Dos maneras de comerse un filete: atacando el centro, donde está la chicha y la sangre, o devorarlo desde los márgenes, buscando el nervio y sin evitar la grasa, que es donde muchos encuentran la gracia. El suculento Primavera Sound se presta a meter cuchillo de ambas formas, en función del hambre del oyente, que en ningún caso se va del recinto con el estómago en su sitio. El jueves arrancó la primera jornada con la mirada puesta en marcas anteriores: más actuaciones que nunca y la previsión de que se tocará techo en asistencia, unas 100.000 personas a lo largo de tres días. Proteínas por un tubo, que para eso el festival cumple diez ediciones. Felicidades.

La chicha: los noventa son nuestros. No es que la década de Kurt Cobain esté de nuevo aquí: es que en el caso del Primavera Sound, nunca se fue. El jueves The Fall fueron los encargados de recordarnos que el mundo ya existía antes. Dicen que su líder, Mark E. Smith, ha perdido kilos pero en escena no le falta ni un gramo de mala hostia. Su banda suena actualmente antipática, por aquello de buscarle coartada con la crisis económica, y sus estallidos encuentran equilibrio en los recitados verborréicos marca de la casa, como un mantra cabreado y hoy algo cascarrabias.

Tras The Fall, con las actuaciones de Superchunk y Pavement, el escenario principal quedó consagrado como templo a la nostalgia. Vale, suenan profesionales (adiós al lo-fi) pero con todo el calor que exigen este tipo de reuniones, en muchas ocasiones fofas y en baja forma. No es el caso de Stephen Malkmus, que lleva más de una década al margen de Pavement, y que se creció bajo unas lucecitas que recordaban a Terror Twilight (1999). El llenazo lo consagró como el concierto del día a nivel popular: el publico llegaba hasta la pradera frente al escenario, donde los que no coreaban sus uh-uh-uhs aprovechaban para echarse un sueñecito. Era la hora de irse al hotel. O visitar la zona del kebab para tomar fuerzas.

Pero no es mugre todo lo que reluce: el escenario ATP ofrecía un viaje por los noventa más experimentales. Es el caso de Circulatory System, proyecto de Will Cullen Hart, uno de los responsables de hacer cool el acid folk desde el colectivo Elephan Six en la época. Su concierto, eso sí, sonó más folk que acid. Y de Tortoise, para recordar que entonces el post-rock llenó páginas sesudas sobre el futuro de las guitarras. Supergrupo de virtuosos, su concierto tuvo algo de fiesta privada, donde son los músicos los que se lo pasan chachi sin importar que el público se quede a medias. Y fue muy noventas incluir Bis, el neo-grunge de Comanechi y hasta Chrome Hoof, capaces de sonar a Chemical Brothers con guitarras de Slash. Aunque para eurodisco, Delorean: ellos han saltado de los ochenta a los noventa para reivindicar el eurobeat, que en el Primavera sonó, ahora sí, a las mil maravillas, y con buena mano para adaptarse al formato directo: coros al cielo y líneas de piano que, recordemos, en su día no eran del gusto de ningún indie kid.

Los márgenes: la radiofórmula desintonizada. Había ganas de ver a The XX y The Big Pink, habituales en las listas de lo mejor del pasado 2009. Los primeros ofrecieron el otro llenazo de la jornada con un concierto que creció como una bola de nieve: tan frágiles, parecen más adecuados para una sala, aunque el repaso de su único disco terminó siendo inmenso (y breve) con Infinity como supernova. Su inusual apuesta por la limpieza y el minimalismo y su apoyo en voces tímidas chocó con The Big Pink, que entraron en escena como elefante con la trompa fuera. Saturados y con mucho de pose, pusieron broche a un concierto oscuro y ruidoso con su gélida y dormilona versión de Sweet Dreams de Beyoncé.

Pero si hay que elegir un concierto sería el de Fuck Buttons. El salto que ha dado el dúo (que ya nos dejó mareados en el Primavera 2008) es espectacular: del amateurismo y onanismo por los cacharros han pasado a ser jefazos de la pista, gracias a Andrew Weatherall, otro nombre imprescindible para entender los 90. Cómo explicarlo: hacen bailar a base de ruido, como una radio desintonizada marcada por arañazos y chirridos. Tenían hasta su propia bola de espejos. En cierta manera, su directo fue como aquel mítico de Animal Collective hace un par de años en cuanto a valentía y entrega de público. Tras ellos, y con los oídos llenos, lo de Moderat, a las 4 de la mañana, no consiguió levantar ni a los que seguían con ganas de fiesta.

[Lista del primer día en Spotify]

Viernes 28 de mayo: Pero siguen siendo los reyes

Después de la calma llega la tormenta. ¿O era al revés? Segunda jornada del Primavera Sound marcada por las aglomeraciones y las actuaciones solapadas, lo que en algunos casos llegó a ser dramático. Hubiera sido un día para no salir del reducido Auditori, aunque allí tampoco había manera de librarse de algunos desajustes en los horarios: ¿Owen Pallet y su proyecto de orquesta-pop a las 16 horas? ¿Pero es que aquí no duerme nadie? Algo similar ocurre con programar a los soleados A Sunny Day in Glasgow a las 18: es una cuestión de luz. Hay demasiada luz.

Mejor arrancar con uno de los hypes de la temporada, Best Coast, que con tres singles y la promesa de un disco ha levantado expectación y más de una ceja. Como una Courtney Love recién encendida (tiene su propio pasado como emergente ídolo pop), la tía encandila aunque su fórmula hoy esté de moda: pop rollo 50-60s difuminado entre capas de baja fidelidad, ecos de California y, ay, un tontorrón magnetismo melódico. Que alguien suba al escenario y le bese, por dios.

Como aquellos que son capaces de predecir el mal tiempo viendo moverse las hojas de los árboles, el inexplicable éxito de público de una propuesta lateral, como es Beak> (proyecto kraut del Portishead Geoff Barrow: menudo directazo fue el suyo) debía habernos avisado de lo que estaba por llegar al escenario ATP.  El horror, el horror: los esperados Beach House y una marea de gente que desde una hora antes se movía torpemente buscando dónde acoplarse, arriba, abajo, a los lados o en el escenario de atrás, donde gracias a su impoluto sonido, cristalino y expansivo, temas como 10 Mile Stereo conseguían colarse entre canción y canción de unos Wire que, siendo ya casi abuelos, no parecen bajar la guardia nunca.

Lo de Wilco, digámoslo ya, es para dormir a las ovejas. Beeeeh. Es decir: nada que objetar a su impecable técnica, un repertorio sobrado y bla-bla-bla, pero no hay que olvidar que son casi habituales cada año en el Primavera y en España, cuyo público les ha visto crecer. ¿Correctos? ¿Profesionales? ¿Es que se podía esperar otra cosa? Lo mejor para despertar fueron Japandroids: nada del otro mundo, más allá de un cabreadísimo dúo formato guitarra-batería que, de nuevo, trae a la cabeza el estruendo de Nirvana.

A partir de aquí la cosa sólo pudo ir a peor. Dramático fue tener que correr para ver quién salía victorioso entre una promesa (Panda Bear), un veterano con tablas y vozarrón (Marc Almond) y una novedad chulísima (Cold Cave). Panda Bear ofreció posiblemente el peor concierto del día: en lugar de playero, su directo fue una versión aguada de Animal Collective o como ver a El Guincho enredado en una eterna prueba de sonido, ante un público desconectado, casi zombie, y encima se permitió el lujo de no tocar sus hits más reconocibles. Almond es de una especie en extinción, entregado y agradecido, pero apenas consiguió llamar la atención de menos de la mitad del aforo del escenario Ray-Ban, que se desangraba para ir a coger sitio para los Pixies. Por eliminación, victoria para Cold Cave con un directo más rudo que en disco, y una facilidad pasmosa para pasar del techno-pop al ruidismo.

Y entonces llegaron los Pixies para salvarnos la vida (y el día). La banda lo había avisado en su Twitter: éxitos de todos los discos y algunos que temas poco tocados desde su reunión en 2004. Su actuación no tuvo nada que ver con el frío espectáculo del Festimad de aquel lejano año; casi se podía apreciar buen rollo entre un Frank Black con el piloto automático y una educadísima Kim Deal. Eso fue lo que ofrecieron ante cientos de móviles que les enfocaban desde la arena: himnos de dos minutos (todos, de las más punk a las más pop, de Debaser a Wave of Mutilation, de Here comes your man al bis Where is my mind?), dos versiones (de Neil Young y Jesus & Mary Chain) y temas que se les resistían, como U-Mass y Dig for Fire. Decir que la gente estuvo como loca (por la pradera corrían chicas en bikini, de verdad que no era una alucinación) es quedarse corto. Salir de allí para ver a otro de los hypes de la temporada, Yeasayer (autores de la tema del anuncio televisivo del festival), tampoco valió la pena, ni siquiera por las pullas al anunciante. Para entonces ya estábamos de vuelta al duro hormigón del Parc del Fòrum. Qué rollo.

[Lista de segundo día en Spotify]

Sábado 30 de mayo: Volando voy, volando vengo

Lo prometido es deuda: visto el sold out del viernes, que hacía del Parc del Fòrum a ratos un infierno con superpoblación (35.000 almas vagando de un escenario a otro), el sábado era obligado hacer parada en el Auditori. Van Dyke Parks (1943), colaborador de Brian Wilson y los Byrds, visitaba Barcelona con un recital centrado en piezas de piano más allá del pop, sin orquesta, con citas añejas al espíritu de Nueva Orleans y mensaje político omnipresente, del racismo al ecologismo (el tema Black Oil está inspirado en el desastre del Prestige, como explicó). Anécdota: en una esquina del anfiteatro estaba sentado J, de Los Planetas.

Pero la actuación que más éxito atrajo en el Auditori fue “Camarón. La leyenda del tiempo 30 años después”, un homenaje all-star a artista y obra tres décadas después, “desde la alegría, no desde la nostalgia”, como dijeron sus responsables, el guitarrista Juan Gómez Chicuelo y el cantaor Duquende. Una propuesta entre el flamenco (que no suele entrar en la programación del festival) y el jazz que emocionaba a la audiencia conforme hacían aparición colaboradores como la bailaora Rafaela Carrasco, y, sobre todo, Kiko Veneno en la recta final. “Un día vino Camarón a mi casa, me escuchó esta canción y desde entonces me ha alegrado la vida”, dijo, para inmediatamente darle al volando voy, volando vengo.

Y volando a la zona de escenarios. Había ganas de ver cómo ha digerido el éxito Florence + The Machine y si sus nuevos temas acentúan su condición de diva pop o le dan nuevos estados de euforia con una banda que no es en absoluto de acompañamiento. De entrada, el exceso de drama de Florence no desentonó en un show onírico, con ese aspecto de haberse saciado en un festín griego, entre su ropa y el arpa. Sus seguidores celebran el histrionismo (hizo cantar Happy Birthday) y ella les regala Dog days are over. Sobre el nuevo material, parece que no se le han subido los pulmones a la cabeza.

Dentro de los homenajes a los 90, en el escenario principal, The Charlatans repasaron entero su disco Some Friendly (1990), y confirmaron que, aunque llenazo, y por comparación, el sábado no pudo haber sold-out. La otra mirada a la década es en dirección opuesta a Madchester: Sunny Day Real State, hardcore hiperemocional desde Seattle, a flor de piel, que es como se veía a su público, ejemplar y endogámico, sentir aquello. Con Gary Numan retrasándose 20 minutos en la otra punta, era la hora de ir a cenar. Con ZA! de fondo.

Pet Shop Boys se repartieron entre su último disco, Yes (estupendas Did you see me coming? y Love etc), y unos grandes éxitos para cualquier público imaginable: Go West, Always on my mind, It’s a Sin o West End Girls. Aparatosos en el escenario (a sus espaldas, un muro de cubos se tira y se levanta una y otra vez, haciendo formas), llegaron a dar pereza en las partes más tranquilas (Being Boring, parece un chiste pero no lo es) y con unos bailarines que lo mismo hacían coreografías tontísimas disfrazados de edificios que escenifican una pelea de pareja entre bailes de salón.

La de Orbital fue la última gran actuación de la noche y del festival por este año (también el último rastro de los 90): menos flexibles que en el SOS de Murcia, consiguen estropear su propia electricidad cuando cuelan fragmentos de Bon Jovi y Berlinda Carlisle. Como si les hiciera falta. Una pena que Health coincidieran en horario. Volando, y viniendo.

[Lista del tercer día en Spotify]

FOTOS: Mª Ángeles Torres

Lüger: viva la psicodelia española (y olé)

In Magia y Psicodelia, Ruidismo on 14 abril, 2010 at 3:59 pm

Desde que a finales de los años 60 y principios de los 70 surgieran en España grupos como Máquina!, Smash y Triana, eso de la psicodelia, la música de aquellos barbudos, melenudos y fumetas que se liaban con largos y espesos mantras sonoros, estaba de capa caída. Ni los ochenta, ni los noventa ni el comienzo del siglo parecían ser buenos momentos para recuperar los viejos vinilos y reivindicar un sonido que en su día estuvo vinculado a la contracultura, las drogas, la experimentación sensorial y musical, la estética oriental, los viajes mentales, el alma y los escenarios cósmicos. ¿Demasiado hippie para la modernidad?

Desde Madrid, los cinco componentes de Lüger se proponen hoy recuperar aquel espíritu aunque sin más ambición que la de “juntarnos para tocar y ver qué pasa”, según dice a Público.es Raúl Gómez “Rulo” (batería, theremin, samplers, efectos y voces). Según el incendiario texto de promoción, ellos suponen “el final de la infancia para la psicodelia española y la carta de madurez para toda una escena experimental y subterránea”, algo que Rulo prefiere matizar: “No creo que signifiquemos el fin de la infancia de nada. La psicodelia española, como toda, sucedió de 68 al 73, y no nos podemos comparar con ellos. No somos huérfanos, pero es verdad que no nos sentimos cerca de ninguna escena. Es más automático: ensayar y lo que salga, sin meternos en nada. No nos sentimos partícipes de nada”.

De la luna al kraut

Tal y como su nombre parece indicar, Lüger no sólo recupera la psicodelia británica y americana de la época: también se atreven con el rock cósmico alemán que sirvió de contrapeso entonces, el de grupos como Neu! y Can: de ellos cogen el sonido matemático y metronómico, “la idea de una base rítmica minimalista, repetitiva, los loops… un sonido a base de capas y de experimentar. Poca floritura y que suene como un disparo: contundente”, resume Rulo, que aclara que “tampoco tenemos ninguna intención política”.

Junto a Raúl, le acompañan en su aventura sonora Diego Veiga “Folleto” (vocales, efectos, guitarra), Fernando Rujas “Lopin” (percusiones, voces), Daniel Fernández (bajo y voces) y Mario Zamora “Lauki” (órgano, sintetizadores, voces). “Todos nos conocíamos ya… especialmente de los bares”, resume Rulo, aunque en realidad todos estuvieron antes en grupos como Los Imposibles, The Awesome J’Haybers, Steelwood, Jet Lag y Tres Delicias. Sin una idea clara sobre qué buscaban, se juntaron, ensayaron… y salió un sonido que en su MySpace es definido como “si cogieras un saco de bombillas y le pegaras con una vara de avellano mientras intentas subirte a un taburete para poder otear por encima de un muro que te impide la visión de la destrucción”.

Un sonido que se esterna mañana “en sociedad” con un concierto en la sala Sol de Madrid y con el lanzamiento del álbum Lüger (Giradiscos) en vinilo, un material que lleva en la web ya unas semanas disponible para descargar gratis (luger.bandcamp.com) y que ha funcionado bastante bien: “1.500 descargas y no lleva ni un mes. Nos llena de orgullo. Hoy dia no tiene sentido que convivan las ediciones digitales con el CD. Nosotros siempre hemos sido compradores, pero de vinilo. Y esta decisión implica que la descarga no impide que quien compre vinilo lo haga igualmente. Desde luego, nos ayuda a que la gente nos conozoca y quiera vernos en concierto. Si lo miras honestamente, salimos ganamos nosotros”.

Sobre su directo ya se ha dicho que es explosivo, expansivo y todo tipo de adjetivos que se aplican a la música más o menos progresiva. Para mañana en Madrid, avisan, “vamos a hacer lo de siempre: subir ahí y montar el mayor escándalo que podamos. Liarla lo más parda posible”.

Publicado en Público.es 14/04/2010

Hydra Head: Corazón de metal

In Ruidismo on 24 febrero, 2010 at 1:03 am

Igual que el pop de hoy no tiene por qué rendirle cuentas necesariamente a un pasado glorioso de estribillos dulzones y minutaje asequible a todos los públicos, no hay razón para que el metal del siglo XXI siga identificándose con tópicos del heavy, desde los gorgoritos al cuero y la melena o el gusto por la imaginería satánica. El sello Hydra Head puede servir de escaparate de gran parte de lo que podremos entender por metal en el siglo XXI, empezando por el público tan heterogéneo al que atraen. Algunos de sus grupos, como Pelican, ni siquiera tienen cantante: las guitarras densas y pesadas se bastan por sí solas para establecer un discurso.

“El único punto en común entre los fichajes de Hydra  Head es que son bandas que nos gustan, simple y llanamente. Suelen ser experimentales dentro del género en el que operan y la mayoría son, de una forma u otra heavy: no son necesariamente bandas de metal, pero su música destaca por la densidad, los sonidos graves, el énfasis en los bajos y los tempos lentos”. Al habla Aaron Turner, capo del sello desde 1993 y guitarrista de otro grupo tan poco convencional dentro del metal como es Isis.

Del dormitorio al más allá

Turner comenzó con Hydra Head en su propio dormitorio, desde donde distribuía bandas casi locales de su ciudad, Santa Fe (Nuevo Mexico), con el objetivo de “diseminar nuestra música favorita. Empecé sin más expectativas que divertirme y sacar referencias de calidad. En un momento dado, empecé a estar a disgusto distribuyendo discos producidos por otros, así que me lancé a explorar ese campo. La idea principal era lanzar a bandas que encontraba interesantes y crear un packaging tan valioso como el interior del disco”.

A pesar de que el diseño que acompaña a los álbumes busca “reflejar ese sentimiento de experimentación y aventura” sónica de sus bandas, Turner afirma que no hay ninguna intención explícita en Hydra Head de coronarse como defensores de la vanguardia del metal. “Hydra Head es una mezcla de cerebro y sensualidad. Y la música siempre es lo primero”.

Precisamente hablando de música, aunque el sonido del sello sea más o menos reconocible por su oscuridad y gravedad, su catálogo de artistas es suficientemente amplio como para que alguno termine enganchándote: rap (Dälek), rock (Cave In), electrónica (Jesu) y varias decenas de variantes del metal, desde el post o art metal (Pelican) al drone (Boris) e inclasificables como Xasthur (que toca su metal de baja fidelidad disfrazado).

Un futuro negro

“Hoy es un sello de tamaño mediano: no operamos desde un dormitorio pero tampoco funcionamos como un conglomerado corporativo”, dice Turner. Es decir: ya no es una empresa unipersonal, sino que acoge a siete trabajadores, cuatro de ellos a jornada completa. “No tenemos grandes beneficios pero tenemos suficiente para pagar a los grupos y seguir lanzando nuevas referencias. ¿Alguna sorpresa para el futuro? Nah: seguiremos el mismo camino que hasta ahora: cosas extrañas y oscuras”.

Tres platos y postre

Pelican: ‘After the Ceiling Cracked’ DVD

Quien ha visto a Pelican en directo sabe por qué no tiene interés seguir oyendo discos de Mogwai. Sonido aplastante, rítmica matemática y, en los últimos tiempos, un lirismo inusual. En este DVD recogen una actuación en directo y, de regalo, un EP.

Boris (with Merzbow): ‘ Sun Baked Snow Cave’

Tres japoneses y muchas ganas de hacer ruido. Un peso pesado del ‘psycho metal’ (Boris) y el rey de ‘ruidismo’ oriental. Resultado: una ‘suite’ de una hora de tormentas lunares. ‘Sun Baked Snow Cave’ fue su primera colaboración.

Jesu: ‘Conqueror’

Jesu es la última reencarnación de Justin Broadrick (ex miembro de los industriales Godflesh y Techno Animal). ‘Conqueror’ (2007) es una maravilla: guitarras ambientales, electrónica oscura, polución y melodías enfermas.

Dälek: ‘Deadverse Massive’

Un rapero obsesionado con el ‘wall of sound’ de Phil Spector sólo puede grabar en sellos como Hydra Head, Ipecac o Tigerbeat6. Tras el densísimo ‘Abandoned Language’ (2007), lleno de ruido blanco, ha publicado sus rarezas en ‘Deadverse Massive’.

Publicada en Público.es el 18/3/2008

Entrevista a Alec Empire: “Me gusta explorar el impacto de la música en la mente”

In Ruidismo on 23 febrero, 2010 at 12:34 am

Maestro del ruido como género musical y de la electrónica como arma política, el músico y Dj alemán Alec Empire (1972) presenta esta noche en Moncofa (Castelló), en el festival FOC&Sound, su penúltima reencarnación -finiquitado Atari Teenage Riot, grupo que le dio fama de terrorista sonoro-. Empire ha montado un nuevo proyecto, The Hellish Vortex Group, un colectivo de músicos y artistas, y ha grabado un disco, The Golden Forestate of Heaven, en el que, ¡sorpresa!, parece haber optado por un mensaje positivo o, al menos, bastante más hedonista y disfrutable para el oyente.

El propio Empire ha escrito en MySpace: “Sentía la necesidad de reorientarme completamente; de conducir mi música por otros caminos”. Su metamorfosis, además de musical, parece ser personal. “También. Mis amigos me comparan con un científico o con un escritor de novelas de crímenes. Puedo emplear semanas enredando con mis sintes. No me veo como un entertainer: me gusta explorar el sonido y cómo puede tener un impacto en la mente. Es una de las cosas más excitantes de hacer música”, explica en conversación con Público.

Futuro imperfecto

Empire, eso sí, asegura que este giro ni tiene una lectura política, ni es tan sorprendente en alguien que busca “estímulos continuamente”. Aprovecha para matizar sobre su fama de pesimista: “Es uno de los grandes errores de interpretación sobre mi música. He encontrado interesante crear imágenes de un futuro de pesadilla, pero siempre con el objetivo de criticar y cuestionar el presente. Pero un pesimista no siente la necesidad de crear nada nuevo o diferente. La mayoría de los músicos de pop no creen en el futuro y repiten una fórmula existente. Yo me enfrento a mis miedos”.

Dueño de una prolífica discografía en solitario igualmente dolorosa para los oídos, Empire es especialista en encontrar amigos para aventuras de todo tipo. Incluso se parodió a sí mismo con Nintendo Teenage Robots, donde montaba jaleo digital con los sonidos de su Game Boy. Para plasmar en directo The Golden Forestateof Heaven, ha llamado a Nic Endo (compañera en Atari) y Zyan Lyons. “Y varios músicos en Berlín dijeron que éramos más ruidosos en directo que My Bloody Valentine…”, avisa.

Hablando de conciertos, ¿recuerda aquel Festimad de 1998, cuando acabo enseñando la entrepierna al respetable, que le tiraba botellas y salivazos? “Claro. Desde entonces, Asian Dub Foundation no nos hablan, tienen reparos morales con estas cosas. Acabamos cubiertos de barro, nos lanzaron de todo. Por eso amo España. La gente es apasionada y emocional. ¡Están vivos!”.

Lo de esta noche, asegura, será más tranquilo, “algo parecido a un viaje. Nada de promoción”. Embarcado en la producción de tres bandas sonoras a la vez, Empire concluye que “las películas y los videojuegos no tienen las limitacionesde la música pop, una industria que vive de vender basura a los adolescentes”.

Publicado en Público. es el 22/8/2008

Sunn O))): El ruido como ceremonia religiosa

In Ruidismo on 22 febrero, 2010 at 12:40 am

La semana pasada, un grupo de aficionados británicos al heavy puso en marcha una campaña para que el rock duro sea reconocido como religión. Más de uno tendría en mente a Sunn O))), grupo considerado en la vanguardia del metal y cuya propuesta tiene algo de religión y mucho de ceremonia colectiva: sus integrantes salen al escenario vestidos con togas y su forma de tocar, repitiendo y estirando las notas hasta crear una atmósfera densa y espesa, invita al trance, casi al éxtasis.

El grupo de Stephen OMalley y Greg Anderson visitan esta semana nuestro país para presentar Monoliths & Dimensions (ayer, en Vigo; mañana, en Madrid, y el jueves, en Barcelona), su séptimo disco y un álbum que sólo puede compararse con una catedral: es fruto de un largo proceso de gestación (dos años), está compuesto por cuatro temas únicos a modo de grandes pilares (de unos diez minutos cada uno) y cuenta en sus créditos con más de treinta colaboradores, un coro y arreglos solemnes de cuerda y viento.

Desde Francia, OMalley avisa a Público de que de religioso, nada: “No soy creyente, pero sí es cierto que la ceremonia es importante para nosotros como grupo. La música abstracta tiene potencial para ser percibida como algo espiritual. Ayuda a abrir la mente y la percepción. Y escuchar música no deja de ser una experiencia muy personal, así que es posible que invite al trance y la meditación”.

Un comentario escuchado tras uno de sus conciertos es que su música es física, que golpea en el estómago y los pulmones. Que duele. ¿Son conscientes de este efecto secundario de sus directos? “No creo que sea secundario para nada”, corrige OMalley. “Es un efecto principal de la música: la vibración. Y si encima la tratas con amplificadores [una de las señas del grupo es levantar sus muros de sonido gracias a montañas de amplis], puede convertirse en algo físico. El sonido no deja de ser un fenómeno físico compuesto de ondas. El hombre puede experimentar con todo el cuerpo, escuchar con cada órgano”.

Incluso con lo que tenemos dentro del cráneo: artífice de un sonido que se presta a desarrollarse y completarse en la cabeza del oyente, OMalley confiesa que las imágenes son importantes a la hora de componer y de “crear estados mentales”. Eso permite que sus composiciones sean interpretadas de manera diferente. Para algunos sólo será ruido. “La otra noche tocamos en Ámsterdam y hablé con tres personas. Lo que para unos fue un discurso posmodernista, para otros fue una experiencia cercana a la fantasía. Estados mentales diferentes, algo que me satisface mucho”.

Y hablando de ruido, según la revista Wired, Sunn O))) encabeza la lista de conciertos más ruidosos de los que se tiene registro, con 133 decibelios. OMalley no es un tipo que etiquete fácilmente su trabajo o el de otros: “Entre ruido y música la única diferencia es que la música tiene una estructura reconocible. Pero hay mucha gente que considera ruido al R&R o la electrónica. Es estúpido”. No concibe sus discos como trabajos comparables, sino como un único corpus en permanente desarrollo: “Puede parecer un cliché, y no quiero parecer una madre hablando de sus hijos, pero cada disco es diferente”.

Y tampoco tiene intención de llevar el metal a terrenos vanguardistas: “Esto no va de parecer la banda más extrema del planeta. Es más bien como el deporte: se trata de ponerte retos a ti mismo como persona y como músico. No quiero probar al mundo lo bueno o lo único que soy. Me importa una mierda. Esto es música, no política, y tiene que producirte placer”.

Publicado en Público el 2/2/2010