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Archive for the ‘NoFicción’ Category

Una tarde en el circo (con Leopoldo María Panero)

In NoFicción, Versus on 6 marzo, 2014 at 4:56 pm

Panero pide tabaco.

Llegó ayer de Las Palmas, por la mañana visitó la Residencia de Estudiantes y por la tarde la Feria del Libro.

Dice que fuma cinco paquetes al día.

Parece que la butaca alta sobre la que se sienta en el interior de la caseta 295 le quema por dentro de los pantalones.

Es media tarde y ya se agrupan al otro lado un montón de rostros apretados que se esfuerzan por guardar la distancia de seguridad, como si estuviesen ante el animal más exótico y peligroso del zoológico.

«Leo –le dice la mujer de la editorial–, te voy a presentar a un periodista».

Y Panero se levanta, extiende su mano y vuelve a garabatear para alguien un ejemplar de su último libro, «Prueba de vida. Autobiografía de la muerte» (Huerga y Fierro).

***

«¿Tú cómo te llamas?», repite a todo el que le pide una firma, con el mismo tono que emplearía alguien que ha descubierto a un extraño en su casa en plena noche y le pregunta quién es.

«Dicen que el loco hierra y miente, pero no miente nunca».

Sus respuestas son tan caóticas como malas las preguntas del periodista.

Le traen tres paquetes de «Nobel».

Panero está rodeado de platos de cacahuetes y apoyado en un cenicero repleto de colillas, vacío al minuto, lleno de nuevo al siguiente.

«Los curas están patogénicos, amenazan con el infierno, y la guardia civil tiene manía persecutoria», le cuenta al periodista.

Una lectora le comenta que le vio en el programa de Sánchez Dragó.

«Por ti, no por él», aclara la lectora.

Panero pide más zumo de naranja y apaga un cigarro por la mitad.

Ahora es una chica vestida de negro la que se le acerca.

«¿Te acuerdas de mí», le dice.

Panero dice que sí con la cabeza y baja la mirada.

Ella se acerca más y le susurra al oído.

Panero no contesta. No mira.

«No te pongas tenso», le dice la chica.

«Nos vemos».

Y se despide.

***

El periodista siente miedo.

Y Panero lo huele.

Ve el miedo en su rostro de niñato con peinado de futbolista. Lo ve en esa mirada rara, la misma que tienen muchos de los que se le acercan.

El periodista vuelve al ataque con algo tonto sobre si la Feria le parece un circo.

«Es un aburrimiento. Oscar Wilde, cuando salió de la cárcel, ya no era Wilde. Lo mejor de esto es el contacto humano. Me gusta, porque estoy más solo que la una».

***

Hoy es la penúltima jornada de la Feria.

No hay nada que recuerde las multitudes del fin de semana pasado. Será por el bochorno, será por la lluvia intermitente que ha llenado El Retiro de olor a barro.

El periodista le pregunta si tiene interés en ver a algún autor, y Panero se levanta. «Sí, estaría bien dar una vuelta por las casetas», y se dispone a salir.

«No, Leo –le dice alguien de la editorial–, tienes que quedarte y firmar hasta las nueve».

Publicado originalmente en La Razón el 15/06/2003.

La foto la he cogido de aquí.

Review: Creation Stories: Riots, Raves and Running A Label

In Dance usted, Hooliganeo, Lecturas, NoFicción, Nostalgia de mierda on 23 noviembre, 2013 at 5:31 pm

Creation Stories: Riots, Raves and Running A Label
Creation Stories: Riots, Raves and Running A Label by Alan McGee
My rating: 2 of 5 stars

Creation Records ha formado parte mi vida y de mi formación cultural desde antes incluso de que supiera que existía Creation Records ni de que tuviera una formación cultural de la que preocuparme. Por eso me lancé como loco a comprar en Amazon este libro en cuanto vi las primeras reseñas en la prensa británica, tan dada a exagerarlo todo con tanta pasión, con la idea de empaparme y conocer mejor los detalles de una época, un sello y unos discos a través de los cuales, en serio, puedo trazar una línea autobiográfica y hacerlos míos. El título del libro, como siempre, esconde mucho más de lo que parece: es difícil no fijarse en esa gigantesca leyenda que ocupa toda la portada y que dice ‘Alan McGee. Creation Stories. Riots, raves and running a label’. Marca una jerarquía clarísima en los asuntos que trata:

1)”Alan McGee”. El capo que se ponía hasta las cejas en fiestas, con algunos de los grupos más “peligrosos” de la época, se va convirtiendo a medida que pasan las páginas en una diva calva con claros síntomas de ‘attentionwhorismo’. Y, en serio, sus batallitas son lo peor entre mucha, mucha paja de líos familiares, amorosos, sus problemas con las drogas, sus viajes transatlánticos, sus salidas de tono con personalidades y medios de comunicación, alguna pelea, la preocupación por la imagen que cree que todos tienen de él como escocés de acento y modales poco delicados. Poco a poco, McGee aparece dibujado como un tipo que va perdiendo interés en la música y de pertenecer al mundo de rock’n’roll en el papel que sea (con su propia banda, con su propio sello, ejerciendo de manager) e incluso va perdiendo el interés en sus propios grupos: para cuando pilla a Super Furry Animals, que él considera la última gran banda de Creation, allá por 1996, ya reconoce que apenas tiene nada que ver en los asuntos del sello. Lo que vendría después sería cuesta abajo.

2)”Creation Stories”. Aquí debería estar lo bueno. En el backstage, en las negociaciones, en las relaciones que cualquier sello establece con sus grupos. La mirada de McGee hacia ellos suele ser terriblemente condescendiente, del tipo yo-lo-sabía-pero-no-me-escuchasteis, o bien del todo triunfalista (del tipo sois-lo-que-sois-gracias-a-mí), aunque durante esos años la cosa bascula entre una dictadura y la complicidad mutua, como un Tony Soprano que sabe cuidar de los suyos y sabe cuándo tiene que atar en corto o soltar las riendas para que los grupos no terminen frustrados. Depende de quién seas, claro: no es lo mismo ser Primal Scream, un grupo con el que en todo momento se establece una relación de igual a igual (McGee y Bobby Gillespie fueron juntos al cole), que Ride (creo que es de ellos de los que llega a decir algo así como que “es raro que tuvieran éxito cuando todos sus miembros eran tan feos”) o incluso My Bloody Valentine, a los que parece que tiene que soportar como se soporta a un familiar loco. El libro es abundante en lo que quiere, en anécdotas con las bandas grandes, aunque casi siempre centradas en los escándalos, las drogas y en resaltar que, por sus orígenes, McGee se ha sentido siempre mejor entre macarras que entre “genios” como Kevin Shields. Por cierto, aunque personaje cretinesco, McGee fue un genio en muchos aspectos, uno de ellos fue manejando a la prensa, a la que sabía contar buenas historias (aunque no fueran del todo ciertas) y con la que ha terminado ganándose una imagen bien merecida como cretino. Con todo, se aprecia que de vez en cuando reconozca sus propios errores.

3) “Riots, raves and running a label”. Bueno: “riots” hay aquí pocas, quizá más en la época de J&MC, cuando el grupo conseguía que su público destrozara los locales y todo el mundo terminara en el hospital con algo roto. Eso mola. Las “raves” de aquí son las que se pegó McGee durante su época más flipada, en la que viajaba a menudo a Manchester, carentes de interés musical, más allá del yo-fui-quien-abrí-la-mente-de-Primal-Scream-a-las-raves y de lo que supuso en ese contexto un disco como ‘Screamadelica’, que supo conjugar rock y música de baile. El resto, el “running a label”, se resume, en los primeros años, en los sucesivos amagos de quiebra y de posterior recuperación económica, casi siempre debido a golpes de suerte (ya se sabe: grupos que venden mucho ayudan a que los que no venden tanto puedan editar sus trabajos) y, en los últimos tiempos, en un intento desesperado por llegar a un acuerdo con una major a la que vender Creation. A veces, como lector, dudo de si no fue esa la intención inicial de McGee: especular con la música, con las bandas (como lo hizo a la hora de negociar derechos y licencias en Estados Unidos, por ejemplo) y de inflar y especular con el valor de su propio sello para su posterior venta. “¡Ya soy multimillonarios!”, grita McGee en un momento dado, triunfal.

Durante la lectura, trufé el libro con subrayados con la idea de hacer un post largo para el blog solo con las palabras de McGee, que fueran ellas las que lo describieran como personaje, algo que ahora me parece un tremenodo coñazo. Me cansé de subrayar frases en las que hablaba de todo lo que se drogaba y de lo que sufría su cuerpo con ello. Me cansé de subrayar frases en las que hablaba del dinero y que iba a convertirse en multimillonario. Uno tiene sus límites: el mío está en leer sus anodinas anécdotas con Tony Blair. He de confesar que no acabé este libro: al 65%, la historia de Creation echó el cierre. Atrás quedó un acuerdo millonario con Sony. Su último disco fue uno de mis discos favoritos de todos los tiempos, ‘XTRMTR’. Lo que vino después, según lo he hojeado, fue un nuevo sello, Poptones, una nueva época, el siglo XXI, y una nueva superbanda en la que centrarse, The Libertines, lo dejo para cuando recupere algo las ganas. Es casi la mitad del libro.

Pero, eh: ha habido cosas importantes que he hecho durante estas páginas. He descubierto o profundizado en grupos como The House of Love o Felt, que resulta que no están tan alejados de mis gustos ochenteros (de la rama Cocteau Twins). He recuperado discos de shoegaze que aún no tenía y me he enterado de por qué la trayectoria de Ride fue tan errática. Y me ha servido para escuchar después de algunos años el primer disco de Oasis, que justifica por si solo la existencia y la estupidez y el devenir y la decadencia de los hermanos Gallagher. Adoro cómo suena ese disco.

Y he elegido una cita que creo que podría resumir el libro y el ego de McGee y resumir también su labor en Creation durante sus años de vida:

“I’d always love Malcolm [McLaren]. I’d even tried to ‘be’ him for a while when I was managing the Jesus and Mary Chain. We’d met first in 1996 when we’d done an interview together por ‘Punch’ and I pulverized him in it. I was a right cunt. I said if I’d had the Sex Pistols they’d still be going, I’d have sold 60 millons records. He couldn’t really answer back about that, because I had the biggest group in the world by then in Oasis.

Of course, to be fair, with the Sex Pistols he changed culture and I never did. Unless you count inventing Shoegazing”.

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Arqueología tecno-pop: Oviformia SCI

In Aviador Dro, Lecturas, NoFicción, Sci-fi on 16 febrero, 2013 at 6:45 pm

[Escribo un libro sobre Aviador Dro y debo hacer parada obligatoria en su Simposium Tecno, celebrado el 9 marzo de 1981 en la sala Marquee de Madrid, días después del 23-F.  Allí se dieron cita, junto al Aviador y sus Obreros Especializados, otros grupos de la “escena tecnopop” de la capital, como Oviformia SCI o El Humano Mecano, y allí también terminó entrando la Guardia Civil para poner orden a tanto libertinaje tecnológico. Hablando de eso: Internet es un medio cojonudo para hacer arqueología: en la red he encontrado las maquetas de Oviformia SCI, grabadas entre 1981 y 1984, acompañadas de un “misterioso” texto en Word publicado en febrero de 1996 en el fanzine ‘Self’, que me parece una joya y del que reproduzco aquí solo un fragmento. Por cierto, Aviador volverá a celebrar su Simposium el próximo 21 de marzo, junto a Oviformia SCI, tras un primer intento fallido el 21 de diciembre del año pasado, sí, el día de los mayas, y que yo aproveché igualmente para tener una larga charla y tomar unas cañas en mi antiguo barrio con los obreros Placa Tumbler, Fox Cycloide, CTA 102 y X]

Oviformia SCI (Oviformia Secuencial Circuits) se forma a comienzos de 1981 en Madrid, a raíz de la escisión de una extraña agrupación musical denominada Falsos Fantasmas. En un principio el grupo estaba integrado por K-Lois (teclados), Clara Morán (caja de ritmos, secuenciador y coros), Ger (voz y efectos), Paco Iriarte, antiguo guitarrista de Sissi (el grupo de glam-pop de Joe Borsani) y el ex teclista de Neopreno, un efímero grupo de 1980 en el que militó Manolo Campoamor (ex Kaka de Luxe y por aquel entonces cantante de Los Pegamoides). El grupo vio reducida muy pronto su formación al prescindir de los servicios del ex Neopreno y orientar su música de forma rotunda hacia grupos británicos y germanos de pop electrónico y tecno como Kraftwerk, Ultravox, Heaven 17, Depeche Mode, Yazoo, etcétera. El prestigio de O-SCI creció vertiginosamente en los ambientes musicales de la época, y en algunos círculos llegó a asegurarse que Fernando Márquez ‘el Zurdo’, admirador declarado del grupo, había intentado –sin éxito- convertir el proyecto musical de Lucho y Clara en su nueva banda tras la disolución de Paraíso.

K-Lois (de nombre real Luis ‘Lucho’ Prosper) era el compositor y líder de Oviformia SCI, y venía de hacer pop-rock en un grupo en el que también militaba Ignacio (Chokes); Ger (Germán Espada) se estrenaba de cantante con Oviformia SCI; a su vez, Clara Morán, con apenas 17 años llevaba un lustro educándose musicalmente a través del glam-rock y el punk, siendo a los 12 años una de la más reconocidas seguidoras de Kaka de Luxe. Además, Clara, criada en la Inglaterra pre-punk, era hija del diplomático Fernando Morán (posteriormente ministro de Exteriores con el primer gobierno socialista) y sobrina de Leopoldo Calvo Sotelo (presidente del gobierno con UCD), peculiaridades estas que, en aquella época, atrajeron con avidez el interés de los medios de comunicación sobre el grupo, que arrastraría desde entonces una injusta imagen de ‘niños bien que juegan con maquinitas-de-hacer-música’, viéndose restada su credibilidad.

Inmersos de lleno en la primera oleada ‘futurista’ de la nueva ola madrileña (El Aviador Dro y sus Obreros Especializados, Terapia Humana, Esplendor Geométrico, Los Iniciados, el Humano Mecano, Metal & CA, Ángeles Caídos…), Oviformia SCI difundió su primera maqueta a través de emisoras locales de radio, actuando con éxito en salas como Rock-Ola, Golden Village o el Marquee, donde participaron en el histórico Simposium tecno allí celebrado en marzo de 1981. Con una imagen a medio camino entre el look new romantic y la puesta en escena futurista, el trío supo despuntar entre el aluvión de grupos que ya invadía Madrid en los primeros años 80, disfrutando incluso de dos sonadas apariciones en Televisión Española. Así pues, Oviformia SCI apareció en el programa ‘Estudio Abierto’ y en el especial ‘Locos por la Música’ de Pista Libre (1982), donde se emitió un magnífico (para la época, se entiende) video-clip de su tema más popular, ‘Hablamos de nosotros’. A pesar de su gran calidad y de su emergente popularidad, paradójicamente, el grupo no consiguió editar ni un solo disco en aquella época. Algunos de sus temas más significativos y recogidos en maquetas o videos fueron; ‘Teletipo’, ‘Fashion magazines’, ‘La Luna, la nuit’, ‘Touché’ o la popular ‘Hablamos de nosotros’. Posteriormente, el fanzine Self editó en 1995 algunos de estos temas en su recopilatorio ‘Selftape 2’.

Texto: Taludio Rativo – Publicado en SELF 4 /Enero-Febrero 1996

Foto: Oviformia SCI con Jesús Ordovás, sin créditos.

El fin del mundo será tuiteado (reprise)

In Apocalipsis YA, NoFicción on 6 marzo, 2012 at 12:59 am

[Antes de acabar el año, en Público nos pidieron a cada responsable de área escribir una columna con las previsiones de cada sección para 2012. Cuelgo aquí el texto que ya se publicó en el periódico del 31 de diciembre]

Dos premoniciones apocalípticas para 2012, una de coña y otra muy seria. La primera es que el próximo diciembre desaparecerá la civilización tal y como la conocemos. El día 21, para ser exactos, ocurrirá una especie de Alt + Ctrl + Supr a escala global. Lo dice calendario maya y si lo cuentan en una película tiene que ser verdad. Para el segundo presagio me voy a apropiar de un titular reciente usado por la revista Wired para resumir 2011, pero condenado a justificarse en los próximos meses: 2012 será el año en que la propiedad intelectual choque definitivamente contra otros derechos fundamentales. Digamos que el asalto no será definitivo pero sí crucial para adelantar el futuro que nos espera en internet, que es donde el negocio de la cultura se la juega.

2011 hasido un año fascinante para el pulso que las industrias culturales mantienen con el etéreo, imparable y maldito progreso. Los periódicos se han llenado de conflictos que han salpicado al sector del libro, el cine y la música, pero también al consumidor final, al que parece que es mejor fidelizar con miedo. Ya sea en EEUU con la SOPA, la Hadopi en francia o la ley Sinde en España, habrá que estar atentos a los juzgados, porqué ahí es donde se verá el alcance de estas normas “antipiratería”, muchas de las cuales nacen ya con la práctica de los jueces en contra.

Hablando de Wert, el nuevo titular de Educación, Cultura y Deporte promete no moderse la lengua y dar declaraciones con chicha. Otra cosa es que sean exactas, como eso de que España es un país “líder” en piratería y que las descargas son ilegales. El programa del PP en cultura augura jaleo: desmontar “la trasnochada estrategia de la subvención” y apostar por el mecenazgo de empresas y “sociedad”, supresión del canon digital y tratamiento de “cultura” para los toros como blindaje de la llamada fiesta.

Otros grandes temas de 2011 seguirán dando que escribir en 2012: la trama Sgae y el anunciado renacer de la gestora; el escándalo del Diccionario Biográfico dela RAH, que ha puesto sobre la mesa que hay una parte de la Academia a la que ya le falla la memoria; los recortes en festivales y la manipulación política en instituciones culturales (ahí está el maltrecho Niemeyer); y las implicaciones del 15-M en la vida cultural, entendida en su sentido más amplio. Porque las páginas de cultura de un diario también deben dar herramientas para que el lector construya su pensamiento.

¿Qué queda? El pop: este año iremos a un Primavera Sound muy heavy; leeremos lo último de George R. R. Martin en castellano; seguiremos a Springsteen por España; y hablaremos de la nueva estrategia de Hollwood para hacernos pasar por caja: el reestreno en 3D de Titanic. Y seguiremos desayunando con los titulares en Twitter, intentando ordenar el ruido que hay ahí fuera.

A pesar de todo, me temo que el protagonista cultural de 2012 será la neolengua orwelliana, convertida en tiempos de crisis en código fundamental para no entender nada de lo que parece ser una estafa global. ¿“Crecimiento negativo”, dices? ¿“Desaceleración”? ¿Dónde demonios está la RAE cuando de verdad se la necesita?

Un apunte al cierre de ‘Público’

In Asuntos internos, NoFicción on 25 febrero, 2012 at 1:05 pm

Anoche, leyendo la entrada Para cerrar la herida, abran el periódico en el blog Solución Salina de Henrique Mariño, me topé con este comentario de un lector en relación al cierre de Público, que como diría Quinta Tinta, es el periódico que me ha dado de comer en los últimos cuatro años y medio.

«Ahora es cuando algunos os recordarán, con razón, que para qué comprar el periódico pudiendo leerlo gratis en Internet y que lo que tenéis que hacer es adaptaros a los nuevos tiempos y a los nuevos “paradigmas”. Revisad los artículos de vuestro periódico sobre las descargas de música y me entenderéis mejor.

Y no, no me dedico a la música ni nada parecido, pero…»

Mientras lo rumiaba caí en que en realidad le tenía ganas a este debate. Hace un par de semanas mantuve una conversación ejemplar -en cuanto al tono empleado- en Twitter con un productor musical y un periodista especializado en medios digitales. El punto de partida era la incapacidad de la ley sinde para satisfacer los intereses de la industria del entretenimiento y de las tecnológicas al mismo tiempo. Cuando la conversación nos llevó a los “modelos caducos” actuales de la “creación”, en general, y a que nadie estaba tomándose la molestia en repensar estos modelos, me pareció que el mejor ejemplo de todo aquello era mi propia situación en Público, así que le dije al productor de música:

-Mi modelo, el de mi periódico, también está caduco, en crisis y no es rentable.

-Mis artículos pueden leerse gratis en internet a la vez que previo pago en papel.

-Mis artículos pueden leerse gratis incluso blogs de otra gente vía corta y pega.

-No puedo considerar eso un robo porque no sé si toda la gente que me lee en internet estaría dispuesta a comprar el periódico en papel.

Y algo más, que entonces no dije porque la conversación fue avanzado por otro lado: no puedo llamar ladrón a todo el que me lee gratis y decide no pagar en el kiosko. Ni siquiera puedo evitar que dos personas lean el mismo ejemplar en el metro, aunque solo pagara por él la primera. Tampoco puedo cobrar un canon a los bares donde una sola copia de mi periódico es leída por decenas. Toda esa gente que no paga y nos lee es nuestra audiencia.

Así que estamos ante un reto parecido. Si miramos a un periódico con la lente de la industria del entretenimiento, parece que la peor competencia para Público siempre ha sido Publico.es, de la misma forma que la peor competencia para el cine español parecen ser sus propias películas españolas en la red. Más: alguien debería estar exprimiendose el cerebro y pensando en cómo sacar partido a 5,5 millones de usuarios únicos, y de la misma forma, a esa audiencia más millonaria todavía que está pidiendo a gritos (y no necesariamente gratis) acudir a un estreno de cine en el salón de su casa. Una pista para nosotros: no es buen gancho de compra llevar como noticia en portada algo que ya reventó las televisiones o las redes sociales la mañana anterior. Una pista para ellos: es frustrante para el consumidor no encontrar una oferta legal en internet, un ciclo de vida para las películas del tipo estreno en cine-canales de pago-DVD-televisión no es suficiente. Parece que la nariz, no obstante, ya empieza a picarle a algunos.

La diferencia entre estos dos “modelos caducos” creo que está en la actitud. Actitud frente al medio (internet, ese puto Moby Dick ingobernable) y frente a la relación que mantenemos con nuestras audiencias. La información, aunque maltratada y necesariamente pasada por la línea empresarial, se sigue considerando hoy un bien digno de respeto y protección, un derecho al que hay que tener acceso libre, que marca nuestra salud democrática, etc, etc. Somos conscientes de que ya no es lo que era, de los intereses de grupo, de los favores políticos, de la publicidad. Pero seguimos guiándonos por la informacion de los medios de comunicación porque aunque mercancía, las noticias solo pueden ser verdaderas o falsas, y para eso lo mejor es leer también lo que dicen otros. Mi bola de cristal me dice que el verdadero fin de los periódicos solo ocurrirá cuando las noticias no puedan verificarse y se implante la semiverdad y, oh, espera…

Sigo. No sé qué consideración general o social hay ahora mismo hacia la música, sobre qué tipo de bien es y qué respeto merece. Ni siquiera sé qué consideración de la música tiene más valor, si la que tiene el venerado coleccionista de vinilos o la del chaval que escucha Rhianna en el móvil. Los respeto exactamente igual. Mi consideración personal la tengo clara, y es muy solemne: es la forma más elevada de la creación humana, algo con lo que conectamos de manera primitiva, sin necesidad de aprendizaje, y una forma de expresión autosuficiente que no necesita para explicarse nada más que ella misma. Algo superior. Algo en lo que me he gastado mucho dinero a lo largo de mi vida y que en parte es responsable de que decidiera ser periodista cultural.

Lo que sí creo conocer es la consideración que tiene de la música gran parte de eso que llamamos industrias culturales o del entretenimiento, porque trabajo a diario con ellas: hoy por hoy, es su modelo negocio. La explotación de la música, de cada reproducción que hacemos de una canción. Para hablar en los mismos términos, la industria de la música debería referirse no tanto a la propiedad intelectual sino de una suerte de derecho a acceder a la música como bien superior que es. Ellos defienden su modelo y que se mantenga la cadena que hace posible que una canción o una película llegue a su destinatario, y yo lo entiendo porque también un periódico da de comer a intermediarios, tira de distribuidores, hace promociones y tiene que contentar a los kioskeros. Pero también veo las consecuencias en mi trabajo de ello: hablamos de discos y de películas más en términos de consumidores, de formatos anticopia, de pago por reproducción, de leyes antipirateria, de cuotas de pantalla, y menos de sonidos, de sensaciones, de experiencias.

Y aquí es donde quería llegar. Ahora piensen: qué se puede hacer desde una seccion de cultura de un periódico nacional como Público. Nosotros no destapamos la trama Gürtel, si acaso, el escándalo del Diccionario Biográfico de la Academia de Historia. En la sección enterramos a los ilustres como nadie y estamos atentos, como todos, a lo que diga el ministro Wert. Hemos perseguido como sabuesos a la SGAE. Recomendamos lecturas porque creemos que invitan a una reflexión de actualidad que merece la pena hacer. Escribimos crítica de cine. Nos intentamos adelantar a la rígida campaña de promoción de majors y ser los primeros en publicar una entrevista. Y, ¡claro!, vigilamos por la actuacion de esas industrias culturales porque afectan a la sociedad de la misma manera que los compañeros que llevan Sanidad miran con recelo a la industria farmacéutica o en Dinero a cualquier movimiento que hagan los bancos, por simbólico que sea.

En Culturas (y en Ciencias primero, y a ellos les debo en gran medida la visión que tengo hoy sobre el conflicto cultura/tecnología) hemos intentado luchar contra ideas preconcebidas ya instaladas con el esfuerzo de estas industrias y de la propia prensa (España es un país de ladrones; una descarga equivale a un disco no vendido; ¡los videojuegos son malos!) y la manipulación de lenguaje para contaminar el debate (las descargas son ilegales y son piratas), pero también las medidas desproporcionadas (el canon digital) y lo que son claramente atentados contra derechos fundamentales, como el derecho a una tutela judicial efectiva (Ley Sinde) o el de la intimidad, como vemos con los conflictos recientes con el tratado europeo ACTA pero también aquí mismo. Informar. Enseñar algo a quien no lo conoce. Eso es lo que creemos que debería hacer una sección que hasta ayer se autodenominaba Culturas.

Acabo de ver cerrar mi periódico. Y leo el comentario de arriba. ¿Por qué debería ahora entender mejor a la industria musical? Si la entendiese, ahora mismo debería estar aquí expresando mi relación con los lectores en términos de amenaza, con lo que sólo me quedaría una salida: amenazarles más todavía. Cómprame o me suicido. Me toca hacer autocrítica, eso no se me escapa, pero es internet lo que ahora me permite sentarme, vomitar esto y lanzarlo, algo impensable cuando se me ocurrió que esto de ser periodista pasaba por estar en una redacción el resto de tu vida. Los lectores vienen luego. O no. Como podría ser el caso.

AGRADECIMIENTOS

Pero yo en realidad he escrito todo lo anterior para poder ponerme un poco tontorrón y colgar esta foto de los primeros días en Público (sí, en los que rellenábamos ocho o diez páginas del tirón cada día sólo en la sección de Culturas). Y hacer una hueco para los agradecimientos a todos los que han pasado por ella y que ya se fueron (Eduardo Bravo, Jesús Centeno, Isabel Repiso, Guillaume Fourmont, Braulio García Jaén, Rocío Ponce) y los que se han quedado (Jesús Miguel Marcos, Paula Corroto, Carlos Prieto, Rebeca Fernández, Alejandro Torrús), a Magda Bandera y Javi Salas como guest stars, y a Sara Brito que estás en el sierra, así como a los colaboradores, corresponsales y columnistas que han firmado en nuestras páginas: Santiago Alba Rico, Kiko Amat, Roberto Arnaz, Carlos Barreiro, Daniel Basteiro, David Bollero, Elena Cabrera, Álex Carrasco, Miguel Ángel Criado, Roberto Enríquez, Víctor Fernández, Carlos Fuentes, Pablo G. Polite, Patricia Godes, Abel González, Ana Gorría, Bernardo Gutiérrez, Eulalia Iglesias, Antonio J. Rodríguez, Antonio Jiménez Morato, Beatriz Juez, Víctor Lenore, Luis Matías López, Luna Miguel, Alberto Olmos, Antonio Orejudo, Carlos Pardo, Néstor Parrondo, Gonzalo de Pedro, Isabel Piquer, Rubén Romero, Iñigo Sáenz de Ugarte, Marta Sanz, Lorenzo Silva, John Tones, Joan Vich, Paul Viejo y el increíble Álex Vicente. Y seguro que se me olvida más de uno.

Un recuerdo especial a los primeros redactores jefes de Culturas, José Manuel Costa, con quien dimos nuestros primeros pasitos, y sobre todo a Peio H. Riaño, que plantó después las raíces de la sección y le puso el corazón.

Y a Nacho Escolar, claro, por aquella portada de GTA4.

Música para elefantes: mi 2011 en canciones (parte 1)

In Magia y Psicodelia, NoFicción, Ruidismo on 9 diciembre, 2011 at 1:47 pm

Canciones como elefantes. Majestuosos. Lentos o en estampida, incontrolables. Negrísimos y ásperos. Arenosos. Elefantes indios, de colores. Elefantes de circo. Elefantes que tocan la trompeta. Y elefantes que vuelan. Canciones que se mueven como paquidermos fabulosos. Pum. Pum. Pum. Y que luego estallan en llamas.

1. …And You Will Know Us By The Trail Of Dead: ‘Pure Radio Cosplay’ (Reprise)
2. The Go! Team: ‘T.O.R.N.A.D.O.’
3. Cage the Elephant: ‘Shake Me Down’
4. The Vaccines: ‘Blow It Up’
5. Deerhunter: ‘Desire Lines’
6. M83: ‘Midnight City’
7. The Black Angels: ‘Yellow Elevator #2’
8. Tame Impala: ‘Alter Ego’
9. Battles: ‘Ice Cream’
10. Mogwai: ‘George Square Thatcher Death Party’
11. Justice: ‘Civilization’
12. Games: ‘Midi Drift’
13. Gold Panda: ‘Quitters Ragga’
14. James Blake: ‘Why Don’t You Call Me’
15. Tyler the Creator: ‘Yonkers’
16. Smith Westerns: ‘Smile’

Me guardo las otras canciones de 2011 para una segunda parte. El elefante de la foto lo he cogido de aquí. Es obra de Nick Brandt.

Dios y el ejército de EEUU buscan seguidores entre los videojugadores

In Gamefilia, NoFicción on 12 junio, 2011 at 4:45 pm

No es la primera vez que leo algo sobre el interés que despiertan los videojugadores en el ejército de EEUU, no sé si desesperado ante la falta de vocación en sus filas o porque de verdad confían en que los shooters bélicos son una buena escuela para formar a futuros soldados. De mi viaje a Los Ángeles para cubir el E3 (Electronic Entertainment Expo) he vuelto con una pila de revistas de videojuegos, perfecta para amenizar un trayecto de 12 horas. Entre las páginas de varias de ellas me topé con dos versiones de un anuncio de la marina norteamericana que me sorprendieron por su utilización de unos recursos que me son familiares, camuflados con el lenguaje propio de los gamers. Dos anuncios serios que bien podrían pasar por publicidades de los últimos títulos ambientados en conflictos bélicos.

Precisamente dos de los juegos que más ruido han hecho en esta edición del E3 han sido Call of Duty: Modern Warfare 3 y Battlefield 3, cuyo cartel, con varios soldados en primer plano, ocupaba el principal espacio publicitario de la feria: la fachada de Los Angeles Convention Center. Los dos prometen llevar al jugador hasta el corazón de la guerra.

El primero de los anuncios es el que ilustra esta entrada. Estaba insertado en la Revista Oficial de Xbox, al principio del número de julio (página 11). Mi mirada se fue directa a la imagen que muestra un grupo de soldados cogidos en movimiento, a punto de entrar en acción, especialmente a ese bicharraco metálico aéreo que parece sacado de un escenario de ficción. Es más: en un principio, me dediqué a tratar de averiguar hasta qué punto aquello era un montaje photoshopeado para acercar la más bien sucia realidad del ejército a la sofisticada visión de ella que dan los videojuegos, donde se luce maquinaria pesada, unos muy completos arsenales y gadgets de última generación. Y donde nadie se muere por muchos disparos en la cabeza que reciba.

Después caí en el mensaje. “Aquí no hay un camino fácil”, dice en caractéres gigantescos. “Eso por eso que mandamos a los marines”. Y me pareció que lo del “camino fácil” apuntaba directamente al corazoncito de todo hardcore gamer, que suele medir lo bueno que es en un videojuego a partir de los diferentes niveles de dificultad que éste le ofrece. Cuanto más infernal resulta, mejor. El resto era propaganda épica: estamos ante un cuerpo de élite preparado para “proteger nuestra nación y modo de vida”.

En el segundo anuncio encontré lo que buscaba. Estaba insertado en Game Informer, en un número dedicado especialmente al E3, en la página 5. Esta vez la imagen me pareció más explícita en cuanto a referencias: en ella se ve a un marine en un campo de pruebas  exagerado, como si estuviera dentro de un nivel de acrobacias de un Tomb Raider, en los que hay que saltar con precisión y agarrarse a lo que sea para no tocar el suelo. Y después de volver a apelar a la dificultad de tal empresa (“nuestros estándares son inflexibles”, “debes darlo todo”), me topé con un llamamiento a jugones de gatillo rápido: “Si crees que tienes lo que hay que tener para defender nuestra nación como uno de los privilegiados, demuestralo”. Supersutil.

Pero el ejército no es el único interesado en los shooters bélicos. Durante la presentación de los dos niveles de Modern Warfare 3 que Activision ofrecía a la prensa, me crucé ni más ni menos que con Steven Spielberg, que quiso comprobar con sus ojos la efectividad de la demo, lo que ilustra el buen momento de la industria con Hollywood. MW3 es espectacular y resume lo mejor del cine de acción: hiperrealismo, pirotecnia, ritmo imparable y una cámara en primera persona colocada en una variedad de situaciones que ya quisieran muchos blockbusters, desde sabotear un submarino enemigo a una persecución en el metro de Londres con el objetivo de evitar un ataque terrorista, lo que ya ha levantado algunas suspicacias por su parecido con hechos reales.

Pero mi gran sorpresa fue otra. Y es que Jesús también busca fieles entre los jugones. Miren con lo que me topé entre los pasillos del E3:

Los responsables de este manual, que regalaban en su propio stand dentro de la feria, son Game Church, también activos en Twitter y Facebook. Su idea es modernizar a Jesús y traerlo hasta los tiempos actuales, de ahí eso de representarlo con un mando de Xbox 360 entre las manos: “Jesus juega” y “Para ganar, Jesús” son algunos de sus mensajes. Dentro, leo cómo se enfrentan a la doctrina transmitida durante siglos: “¿Y si Jesús hubiera llegado a la Tierra por los jugadores? En contra de lo que hayas podido oír antes, ¡Él lo hizo! Jesús ama a los Jugadores [en maýusculas en el original] tanto como ama a los ladrones, a las madres que llevan a sus hijos a jugar al fútbol e incluso a los pastores”.

Por lo visto, también quieren romper con la imagen tradicional de iglesia (“la iglesia no tienen que ver con ir bien vestido, cantar o con la gente: tiene que ver con Jesús”), dejando claro que lo que les gusta en el fondo es bastante normal: divertirse jugando entre ellos… y hablando sobre la Biblia. Lo más parecido a que tienen a una sede se parece, en sus propias palabras, a un escenario de Desafío Total o Blade Runner: “Ahí es donde trabajamos. Nos encanta. Somos jugadores”.

El manual en cuestión incluye pasajes del Evangelio de San Juan, que consideran el más centrado de todos en la historia de Jesús y sus discípulos. Y no teme en recurrir a citas de Matrix para enganchar al lector, e incluso en comparar la Bilbia con un disco duro de 500 gigas. Entre otras cosas, ofrecen una versión de la misma ultra-comprimida tipo .zip en 500 palabras (que repasa desde la creación del universo al Arca de Noé, la resurrección y la posterior creación de la iglesia por los discípulos) y un índice con sus temas principales explicados para novatos, con citas a las tentaciones, las drogas, el alcohol, el sexo, el perdón, la culpabilidad y hasta el divorcio. Finalmente, ofrecen en su página web una red para estar conectados con otros jugadores que vivan en el mismo área geográfica. En sus foros se pueden leer discusiones sobre si Jesús jugaría a Halo o sobre cuáles serían sus consolas favoritas. Los logos que manejan y otros elementos gráficos me parecen fascinantes.

Y una vez escrito todo esto, no sé si pensar que la cultura gamer está empapando efectivamente otros ámbitos ajenos de la sociedad, como la religión o el ejército, o si, en realidad, he asistido en el fondo a sendas campañas de márketing de toda la vida, dirigidas a la cada vez más heterogénea población videojugadora. Y es que no soy capaz de quitarme de encima la sensación de que todo esto tiene algo de truco hollywoodiense, de puro merchandising. Y de que sólo es posible que ocurra en América. Como cuando te traes un recuerdo curioso después de un viaje para demostrar que tú también estuviste allí.

Crónica Primavera Sound 2010: esplendor y mugre en Barcelona

In Dance usted, Hooliganeo, NoFicción, Nostalgia de mierda, Ruidismo on 31 mayo, 2010 at 1:19 am

Jueves 27 de mayo: no es mugre todo lo que reluce

Dos maneras de comerse un filete: atacando el centro, donde está la chicha y la sangre, o devorarlo desde los márgenes, buscando el nervio y sin evitar la grasa, que es donde muchos encuentran la gracia. El suculento Primavera Sound se presta a meter cuchillo de ambas formas, en función del hambre del oyente, que en ningún caso se va del recinto con el estómago en su sitio. El jueves arrancó la primera jornada con la mirada puesta en marcas anteriores: más actuaciones que nunca y la previsión de que se tocará techo en asistencia, unas 100.000 personas a lo largo de tres días. Proteínas por un tubo, que para eso el festival cumple diez ediciones. Felicidades.

La chicha: los noventa son nuestros. No es que la década de Kurt Cobain esté de nuevo aquí: es que en el caso del Primavera Sound, nunca se fue. El jueves The Fall fueron los encargados de recordarnos que el mundo ya existía antes. Dicen que su líder, Mark E. Smith, ha perdido kilos pero en escena no le falta ni un gramo de mala hostia. Su banda suena actualmente antipática, por aquello de buscarle coartada con la crisis económica, y sus estallidos encuentran equilibrio en los recitados verborréicos marca de la casa, como un mantra cabreado y hoy algo cascarrabias.

Tras The Fall, con las actuaciones de Superchunk y Pavement, el escenario principal quedó consagrado como templo a la nostalgia. Vale, suenan profesionales (adiós al lo-fi) pero con todo el calor que exigen este tipo de reuniones, en muchas ocasiones fofas y en baja forma. No es el caso de Stephen Malkmus, que lleva más de una década al margen de Pavement, y que se creció bajo unas lucecitas que recordaban a Terror Twilight (1999). El llenazo lo consagró como el concierto del día a nivel popular: el publico llegaba hasta la pradera frente al escenario, donde los que no coreaban sus uh-uh-uhs aprovechaban para echarse un sueñecito. Era la hora de irse al hotel. O visitar la zona del kebab para tomar fuerzas.

Pero no es mugre todo lo que reluce: el escenario ATP ofrecía un viaje por los noventa más experimentales. Es el caso de Circulatory System, proyecto de Will Cullen Hart, uno de los responsables de hacer cool el acid folk desde el colectivo Elephan Six en la época. Su concierto, eso sí, sonó más folk que acid. Y de Tortoise, para recordar que entonces el post-rock llenó páginas sesudas sobre el futuro de las guitarras. Supergrupo de virtuosos, su concierto tuvo algo de fiesta privada, donde son los músicos los que se lo pasan chachi sin importar que el público se quede a medias. Y fue muy noventas incluir Bis, el neo-grunge de Comanechi y hasta Chrome Hoof, capaces de sonar a Chemical Brothers con guitarras de Slash. Aunque para eurodisco, Delorean: ellos han saltado de los ochenta a los noventa para reivindicar el eurobeat, que en el Primavera sonó, ahora sí, a las mil maravillas, y con buena mano para adaptarse al formato directo: coros al cielo y líneas de piano que, recordemos, en su día no eran del gusto de ningún indie kid.

Los márgenes: la radiofórmula desintonizada. Había ganas de ver a The XX y The Big Pink, habituales en las listas de lo mejor del pasado 2009. Los primeros ofrecieron el otro llenazo de la jornada con un concierto que creció como una bola de nieve: tan frágiles, parecen más adecuados para una sala, aunque el repaso de su único disco terminó siendo inmenso (y breve) con Infinity como supernova. Su inusual apuesta por la limpieza y el minimalismo y su apoyo en voces tímidas chocó con The Big Pink, que entraron en escena como elefante con la trompa fuera. Saturados y con mucho de pose, pusieron broche a un concierto oscuro y ruidoso con su gélida y dormilona versión de Sweet Dreams de Beyoncé.

Pero si hay que elegir un concierto sería el de Fuck Buttons. El salto que ha dado el dúo (que ya nos dejó mareados en el Primavera 2008) es espectacular: del amateurismo y onanismo por los cacharros han pasado a ser jefazos de la pista, gracias a Andrew Weatherall, otro nombre imprescindible para entender los 90. Cómo explicarlo: hacen bailar a base de ruido, como una radio desintonizada marcada por arañazos y chirridos. Tenían hasta su propia bola de espejos. En cierta manera, su directo fue como aquel mítico de Animal Collective hace un par de años en cuanto a valentía y entrega de público. Tras ellos, y con los oídos llenos, lo de Moderat, a las 4 de la mañana, no consiguió levantar ni a los que seguían con ganas de fiesta.

[Lista del primer día en Spotify]

Viernes 28 de mayo: Pero siguen siendo los reyes

Después de la calma llega la tormenta. ¿O era al revés? Segunda jornada del Primavera Sound marcada por las aglomeraciones y las actuaciones solapadas, lo que en algunos casos llegó a ser dramático. Hubiera sido un día para no salir del reducido Auditori, aunque allí tampoco había manera de librarse de algunos desajustes en los horarios: ¿Owen Pallet y su proyecto de orquesta-pop a las 16 horas? ¿Pero es que aquí no duerme nadie? Algo similar ocurre con programar a los soleados A Sunny Day in Glasgow a las 18: es una cuestión de luz. Hay demasiada luz.

Mejor arrancar con uno de los hypes de la temporada, Best Coast, que con tres singles y la promesa de un disco ha levantado expectación y más de una ceja. Como una Courtney Love recién encendida (tiene su propio pasado como emergente ídolo pop), la tía encandila aunque su fórmula hoy esté de moda: pop rollo 50-60s difuminado entre capas de baja fidelidad, ecos de California y, ay, un tontorrón magnetismo melódico. Que alguien suba al escenario y le bese, por dios.

Como aquellos que son capaces de predecir el mal tiempo viendo moverse las hojas de los árboles, el inexplicable éxito de público de una propuesta lateral, como es Beak> (proyecto kraut del Portishead Geoff Barrow: menudo directazo fue el suyo) debía habernos avisado de lo que estaba por llegar al escenario ATP.  El horror, el horror: los esperados Beach House y una marea de gente que desde una hora antes se movía torpemente buscando dónde acoplarse, arriba, abajo, a los lados o en el escenario de atrás, donde gracias a su impoluto sonido, cristalino y expansivo, temas como 10 Mile Stereo conseguían colarse entre canción y canción de unos Wire que, siendo ya casi abuelos, no parecen bajar la guardia nunca.

Lo de Wilco, digámoslo ya, es para dormir a las ovejas. Beeeeh. Es decir: nada que objetar a su impecable técnica, un repertorio sobrado y bla-bla-bla, pero no hay que olvidar que son casi habituales cada año en el Primavera y en España, cuyo público les ha visto crecer. ¿Correctos? ¿Profesionales? ¿Es que se podía esperar otra cosa? Lo mejor para despertar fueron Japandroids: nada del otro mundo, más allá de un cabreadísimo dúo formato guitarra-batería que, de nuevo, trae a la cabeza el estruendo de Nirvana.

A partir de aquí la cosa sólo pudo ir a peor. Dramático fue tener que correr para ver quién salía victorioso entre una promesa (Panda Bear), un veterano con tablas y vozarrón (Marc Almond) y una novedad chulísima (Cold Cave). Panda Bear ofreció posiblemente el peor concierto del día: en lugar de playero, su directo fue una versión aguada de Animal Collective o como ver a El Guincho enredado en una eterna prueba de sonido, ante un público desconectado, casi zombie, y encima se permitió el lujo de no tocar sus hits más reconocibles. Almond es de una especie en extinción, entregado y agradecido, pero apenas consiguió llamar la atención de menos de la mitad del aforo del escenario Ray-Ban, que se desangraba para ir a coger sitio para los Pixies. Por eliminación, victoria para Cold Cave con un directo más rudo que en disco, y una facilidad pasmosa para pasar del techno-pop al ruidismo.

Y entonces llegaron los Pixies para salvarnos la vida (y el día). La banda lo había avisado en su Twitter: éxitos de todos los discos y algunos que temas poco tocados desde su reunión en 2004. Su actuación no tuvo nada que ver con el frío espectáculo del Festimad de aquel lejano año; casi se podía apreciar buen rollo entre un Frank Black con el piloto automático y una educadísima Kim Deal. Eso fue lo que ofrecieron ante cientos de móviles que les enfocaban desde la arena: himnos de dos minutos (todos, de las más punk a las más pop, de Debaser a Wave of Mutilation, de Here comes your man al bis Where is my mind?), dos versiones (de Neil Young y Jesus & Mary Chain) y temas que se les resistían, como U-Mass y Dig for Fire. Decir que la gente estuvo como loca (por la pradera corrían chicas en bikini, de verdad que no era una alucinación) es quedarse corto. Salir de allí para ver a otro de los hypes de la temporada, Yeasayer (autores de la tema del anuncio televisivo del festival), tampoco valió la pena, ni siquiera por las pullas al anunciante. Para entonces ya estábamos de vuelta al duro hormigón del Parc del Fòrum. Qué rollo.

[Lista de segundo día en Spotify]

Sábado 30 de mayo: Volando voy, volando vengo

Lo prometido es deuda: visto el sold out del viernes, que hacía del Parc del Fòrum a ratos un infierno con superpoblación (35.000 almas vagando de un escenario a otro), el sábado era obligado hacer parada en el Auditori. Van Dyke Parks (1943), colaborador de Brian Wilson y los Byrds, visitaba Barcelona con un recital centrado en piezas de piano más allá del pop, sin orquesta, con citas añejas al espíritu de Nueva Orleans y mensaje político omnipresente, del racismo al ecologismo (el tema Black Oil está inspirado en el desastre del Prestige, como explicó). Anécdota: en una esquina del anfiteatro estaba sentado J, de Los Planetas.

Pero la actuación que más éxito atrajo en el Auditori fue “Camarón. La leyenda del tiempo 30 años después”, un homenaje all-star a artista y obra tres décadas después, “desde la alegría, no desde la nostalgia”, como dijeron sus responsables, el guitarrista Juan Gómez Chicuelo y el cantaor Duquende. Una propuesta entre el flamenco (que no suele entrar en la programación del festival) y el jazz que emocionaba a la audiencia conforme hacían aparición colaboradores como la bailaora Rafaela Carrasco, y, sobre todo, Kiko Veneno en la recta final. “Un día vino Camarón a mi casa, me escuchó esta canción y desde entonces me ha alegrado la vida”, dijo, para inmediatamente darle al volando voy, volando vengo.

Y volando a la zona de escenarios. Había ganas de ver cómo ha digerido el éxito Florence + The Machine y si sus nuevos temas acentúan su condición de diva pop o le dan nuevos estados de euforia con una banda que no es en absoluto de acompañamiento. De entrada, el exceso de drama de Florence no desentonó en un show onírico, con ese aspecto de haberse saciado en un festín griego, entre su ropa y el arpa. Sus seguidores celebran el histrionismo (hizo cantar Happy Birthday) y ella les regala Dog days are over. Sobre el nuevo material, parece que no se le han subido los pulmones a la cabeza.

Dentro de los homenajes a los 90, en el escenario principal, The Charlatans repasaron entero su disco Some Friendly (1990), y confirmaron que, aunque llenazo, y por comparación, el sábado no pudo haber sold-out. La otra mirada a la década es en dirección opuesta a Madchester: Sunny Day Real State, hardcore hiperemocional desde Seattle, a flor de piel, que es como se veía a su público, ejemplar y endogámico, sentir aquello. Con Gary Numan retrasándose 20 minutos en la otra punta, era la hora de ir a cenar. Con ZA! de fondo.

Pet Shop Boys se repartieron entre su último disco, Yes (estupendas Did you see me coming? y Love etc), y unos grandes éxitos para cualquier público imaginable: Go West, Always on my mind, It’s a Sin o West End Girls. Aparatosos en el escenario (a sus espaldas, un muro de cubos se tira y se levanta una y otra vez, haciendo formas), llegaron a dar pereza en las partes más tranquilas (Being Boring, parece un chiste pero no lo es) y con unos bailarines que lo mismo hacían coreografías tontísimas disfrazados de edificios que escenifican una pelea de pareja entre bailes de salón.

La de Orbital fue la última gran actuación de la noche y del festival por este año (también el último rastro de los 90): menos flexibles que en el SOS de Murcia, consiguen estropear su propia electricidad cuando cuelan fragmentos de Bon Jovi y Berlinda Carlisle. Como si les hiciera falta. Una pena que Health coincidieran en horario. Volando, y viniendo.

[Lista del tercer día en Spotify]

FOTOS: Mª Ángeles Torres

El gráfico (casi) definitivo de Los Planetas

In Asuntos internos, Mareo, NoFicción on 20 mayo, 2010 at 6:03 pm

La historia fue más o menos así: ante el lanzamiento del nuevo disco de Los Planetas, Álvaro Valiño, Jesús Miguel Marcos y yo nos planteamos hacer “el gráfico definitivo, cósmico y total” del grupo para acompañar su entrevista a doble página, con todas las canciones, temáticas y estilos que J y compañía han tocado desde los tiempos de maricastaña. Parecen un grupo perfecto para ser mostrado en círculos concéntricos. Así que nos dividimos el trabajo, escuchamos todo lo publicado por el grupo, y cruzamos los datos. ¿Qué pasó al final? Como manda el maldito periodismo, lo que ahora tiene mucha importancia puede dejar de tenerla 20 minutos después: de la idea de las 2 páginas se pasó poco menos de una y, con ello, se optó por otro gráfico, más modesto. Éste último, actualizado con los temas de Una ópera egipcia, fue el que finalmente salió publicado, mientras el original, grande y mareante, como debe ser, quedaba pendiente de revisión y en peligro de morir en una carpeta olvidada del ordenador. ¡Por encima de nuestros cadáveres! De ahí el “casi definitivo”: lo cuelgo, aún sabiendo su naturaleza imperfecta y perecedera: en cuanto lo actualicemos (calculo que para veranos sacaremos algo de tiempo, ejem), lo sustuiré por este, que podría haberse titulado como muchas de las canciones de Los Planetas pero que se me antoja un “Segundo Premio” en toda regla.

Crónica del SOS 4.8: baile y televisión

In Dance usted, NoFicción, Postmoderneo on 3 mayo, 2010 at 10:06 am

Viernes 30 de abril

Inaugurada queda la temporada festivalera. La propuesta del SOS 4.8 ya se puede considerar consolidada. La primera jornada se cerró el viernes con 35.000 personas, un sold out que no fastidió el buen ritmo, la puntualidad y la ausencia de cuellos de botella: resulta inaudito poder ver a grupos como Los Planetas o Franz Ferdinand casi en primera fila y sin agobios. Es un logro, buscado o no.

En lo musical, fue Carl Craig quien abrió boca a primera hora a base de teoría y se encargó de volver a cerrarlas, con práctica, pasadas las 3 de la mañana: a media tarde, ofreció un encuentro reducido donde repasó los 25 años del nacimiento del techno de Detroit, una fecha que también celebra con una gira titulada D25 y que fue el cierre de la noche. Su charla entroncó el techno con otras músicas de raíz negra y americana, como el jazz, el blues y el góspel, y a Cybotron con Stevie Wonder, “que hacía techno antes de que el techno se llamara así”, dijo.

El público entregó sus primeros piropos a La Bien Querida, hasta llegar a hacer sonrojar a la propia Ana Fernández-Villaverde. Comodidad, buen rollo, todos los clichés del indie pop, pero ventilados con palmas y aires castellanos, además algunos problemas con las guitarras y un invitado: Joe Crepúsculo, que poco después también arrancó su chatarrero directo tras superar líos con los cables y lamentarse por el Barça. En el escenario principal, The Horrors tardaron en ponerse en marcha, pero hicieron entrar en calor: tienen canciones, aunque el sonido expansivo de su último disco, que repasaron entero, no ensucia ni amenaza como debería.

Los Planetas fueron los únicos que triunfaron sin hacer bailar, trasladando al directo su visión del flamenco como punto de partida para tormentas sonoras y largos desarrollos de rock espeso y psicodelia arenosa (Yo no me asomo a la reja, Romance de Juan Osuna) y algunos hits, para que no se diga (Santos que yo te pinte, Rey Sombra). Mientras, en la otra punta, los canadienses Crystal Castles ofrecieron, con todo lo contrario, uno de los mejores directos del festival con un estupendo segundo disco recién lanzado: como robots cortocircuitados, fue un ataque físico de punk digital (Fainting Spells), pop electrónico salvaje (Baptism, Empathy) y dance de calculadora (Suffocation). Algunos estribillos suenan tan averiados que son difíciles de bailar si no es haciendo pogo. Dejaron paso a Uffie, francesa de adopción, un terremoto en maillot que conectó pop y baile a lo Justice con los conceptos de cabaret bizarro y burlesque, a los que el festival presta especial atención.

La traca final insistía en el baile. Franz Ferdinand domina ya de tal manera su directo que, visto una vez, visto todas. Nada que objetar: ha asimilado su último e infravalorado material y la máquina se mueve sola, como los pies de su público. A Hot Chip les falta actitud: tienen canciones y un sonido más orgánico que en estudio, lo que les hace parecer una banda de músicos serios haciendo hits de discoteca, un poco Elton John en versión nerd.

Para actitud, Delorean: había curiosidad por ver cómo los de Zarautz trasladan Subiza, un disco dirigido a la pista pero con un sonido muy particular. Cumplieron creando atmósferas, aunque el público todavía parece encogido, esperando alguno de los bombazos de su aplaudido y popular Ayrton Senna EP para ponerse a saltar. DJ Amable fue el encargado de tomarles el relevo y echar el cierre el chiringuito, para los que aún conservaban los pies en su sitio.

Sábado 1 de mayo

Un susto: la segunda y última jornada del festival Estrella Levante SOS 4.8, que volvió a tocar techo de asistencia el sábado con otras 35.000 personas, comenzó con un chaparrón repentino. El agua impuso que se suspendiera la primera actuación (la de los murcianos Varry Brava, prevista para las 18.30 horas) y obligó a parte del público a buscar refugio en el auditorio y el edificio Mustang (donde tras una lectura de poesía de mano de Houellebecq se proyectaba la película adaptación de su novela La posibilidad de una isla). Aunque los nubarrones se quedaron, la cosa paró y el resto se desarrolló con normalidad.

Un fenómeno extraño: hasta medianoche, un impulso empujaba a la gente hacia el escenario Jägermeister, más modesto y especializado ayer en grupos españoles que ya han tocado al gran público de una manera u otra, como We Are Standard, Dorian y Love of Lesbian. “Desde aquí no se ve el final”, decía desde el escenario uno de los miembros de Dorian, impresionado por aquel mar de cabezas que sabía sus letras. Los afectados fueron los grupos del escenario principal: Mystery Jets, enérgico y poderoso, con un líder que impresiona como Blaine Harrison, que se eleva por momentos de la silla a la que está atado a causa de espina bífida. Y los más hippies y familiares, los componentes de The Magic Numbers, que son como ositos de peluche (son dos parejas de hermanos) y que conectan sin dificultad con el público a la hora de la cena.

Lo que valen las tablas: la leyenda del ska pop Madness era uno de los conciertos que había que ver. Formados en 1976, se mostraron en un estado envidiable: son elásticos y entrañables, impusieron el trote como estado de ánimo y parada obligatoria en sus temas más universales (Our House, It Must Be Love). Y otras dos leyendas del buen rollo cerraron el escenario principal, Orbital y Fatboy Slim, tan curtidas en música de baile para estadios que era imposible fallar. Más atmosféricos, Orbital invita al trance y tiene tantos hits que puede soltar de golpe Lush 3, Satan y Chime para dar la bienvenida. Lo de Fatboy Slim es más homogéneo que etéreo, más físico que mental, y deja impresión de verbena pasada, con los lásers y sus gestos de hooligan animando al personal.

Lo más interesante: a la vez, en el escenario Jägermeister, dos propuestas interesantes que juegan con las imágenes. El misterioso Chris Cunningham, conocido por sus videclips tecno-terroríficos para Aphex Twin, Björk y Madonna, consiguió inquietar alternando ritmos retorcidos y crujientes con ambientes opresivos, mientras pasaba imágenes de su universo, túneles, alienígenas, carne rara y un verde tóxico impregnándolo todo. Addictive TV hizo bailar jugando a poner música a escenas de películas montadas con ritmo y guasa: de Antonio Banderas de mariachi a un Star Trek bailongo, Prodigy con dagas voladoras a Guns N’Roses y después AC/DC para hacer el jevi. Así más o menos.

FOTOS: Equipo Helmet